El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 95
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- Capítulo 95 - 95 Capítulo 95 Una noticia para mamá
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95: Capítulo 95: Una noticia para mamá 95: Capítulo 95: Una noticia para mamá Por primera vez en días, amanecí sin explosiones, gritos o entrenamientos mortales al estilo “¡o esquivas o mueres!”.
Solo el canto de los pájaros (y Ahyeli), el olor a pan recién horneado y Lunito roncando boca arriba en el suelo como si ni hubiera dormido nunca.
Así que sí… se sentía bien estar en casa.
—Víctor, levántate, el desayuno está listo —me gritó mamá desde la cocina.
—Cinco minutos máaaas… —respondí como héroe derrotado por su verdadero enemigo: la cama.
Pero el olor a huevos con carne me convenció más rápido que cualquier motivación épica.
Me senté a la mesa medio dormido, con el cabello como si hubiera peleado contra un huracán.
Ahyeli y Alice ya estaban allí, ambas radiantes.
Lunito, por supuesto, él estaba devorando pan como si fuera el fin del mundo.
Mamá nos sirvió con esa mezcla de amor y autoridad que solo las madres saben usar.
—Coman bien, que están en los huesos —dijo, ignorando por completo que Ahyeli probablemente podía levantar un edificio y Alice tenía reflejos de asesina.
—Sí mamá —respondí automáticamente.
Reflejo condicionado.
Fue entonces cuando me di cuenta de que… era buen momento para contarle.
Tragué saliva, respiré hondo y solté: —Mamá… tengo que contarte algo.
Sobre papá.
Ella se detuvo en seco con la cuchara en el aire.
—¿Qué pasa con tu padre?
—preguntó con esa mezcla de curiosidad y preocupación nivel jefe final.
—Lo… encontramos —dije.
Y la cuchara cayó en la sopa.
—¿¡Qué!?
—dijo alzando la voz, y Lunito pegó un brinco creyendo que había empezado una pelea.
—Sí, sí… tranquila, no es nada malo —dije rápido levantando las manos —Papá está bien.
Vive en el reino demoníaco… y trabaja… en un bar.
Silencio.
Ni un grillo, ni un soplido.
Solo mamá parpadeando, como si tratara de reiniciar su cerebro.
—¿En un… bar?
—repitió lentamente.
—Sí.
Y no cualquier bar, uno de los buenos.
Tiene clientes importantes, demonios ricos, todo muy elegante (mentira) —dije, moviendo las manos como si hiciera propaganda turística.
—¿Y qué hace ahí?
—preguntó.
—Pues… sirve tragos, canta, arregla broncas entre demonios borrachos… lo atraparon robando, trabajó para pagar el dinero, y ya que lo pagó siguió en eso para reunir más para tí …típico de papá.
Ella se llevó una mano a la frente.
—No sé si matarlo o abrazarlo… —susurró.
—Lo importante —continué con tono más serio —es que está bien.
Me dijo que no me preocupe por él, que está amasando una buena fortuna, y que… —hice una pausa dramática, porque me gusta sufrir —va a regresar para mi boda con Ahyeli.
Y ahí fue cuando toda la mesa me miró.
Alice levantó una ceja.
Ahyeli sonrió como si le acabaran de decir que le regalarán diez cachorros.
Y mamá… se quedó inmóvil.
—Es verdad, tu boda… —repitió con voz suave, peligrosa.
—Sí… bueno… Ahyeli y yo… quedamos que cuando volviéramos del Reino Demoniaco… —dije bajando la voz.
—¡Nos vamos a casar!
—interrumpió Ahyeli feliz, brillando como si tuviera fuegos artificiales detrás.
Gracias, amor, sutileza cero.
Mamá me miró largo rato.
Después suspiró, se secó las manos y dijo: —Al menos será después de que limpies el granero.
—¿Tenemos granero?
—dije atónito.
—Pasaron muchas cosas mientras no estaban, además, nada de boda si esta casa parece una mazmorra.
Y se fue tan tranquila como si no acabara de dejarme en shock.
Alice se rió.
Lunito, con la boca llena de pan, gritó: —¡Sí, boda!
¡Y diez hermanitos!
—¡NO DIEZ!
—grité de inmediato.
Ahyeli solo rió con esa sonrisa traviesa que me preocupa más que cualquier demonio.
Después del desayuno, mamá y yo nos quedamos un rato en el porche.
Ella miraba el cielo, yo jugaba con una piedrita para evitar contacto visual.
—Víctor… —dijo de pronto —me alegra que lo hayas visto.
A tu padre.
—Sí… a mí también.
—Siempre supe que estaba vivo.
No sé por qué… pero lo sentía.
—Bueno, ya sabes, papá tiene más vidas que un gato borracho —dije con una sonrisa pequeña.
Ella rió suave, y por un momento… todo fue perfecto.
Sin batallas, sin peligros.
Solo madre e hijo, sentados en casa, hablando del pasado y soñando con el futuro.
Y sí… ese futuro parece que viene con boda incluida.
Y suegra feliz… o al menos resignada.
Pero primero…
Debo terminar de reparar la casa y ese granero…
Yo no quería un granero…
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