El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 96
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- Capítulo 96 - 96 Capítulo 96 Viejos amigos
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96: Capítulo 96: Viejos amigos 96: Capítulo 96: Viejos amigos A veces la vida de aventurero se siente como una telenovela con demasiados personajes secundarios.
Y justo cuando crees que ya entendiste la trama… el destino te mete a tres leyendas por la puerta principal del gremio.
Alice fue la primera en reconocerlos.
—¡Lucy!
¡Rose!
¡Rigo!
—gritó corriendo hacia ellos.
Las dos mujeres, veteranas con más cicatrices que la pared del castillo del rey demonio, se iluminaron al verla.
Lucy, la elfa de sonrisa peligrosa y brazos capaces de aplastar un yunque, la alzó como si aún fuera una niña.
Rose, la caballera con armadura pesada, la abrazó fuerte, y por un instante Alice pareció volver a tener cinco años.
—Mira nada más, si no es la pequeña Blaze —dijo Lucy con cariño —todavía recuerdo cuando tu madre nos obligaba a callar porque te despertábamos de la siesta.
—Y cuando intentaste levantar mi espada y casi te partes el pie —añadió Rose riendo.
Yo los observaba desde el fondo del salón del gremio, preguntándome si debía sentirme conmovido… o fuera de lugar.
Rigo, el mago del grupo, los alcanzó con su inseparable libreta en mano.
—Agatha Blaze debe estar muy orgullosa de tí —dijo —ver que su hija se ha vuelto aventurera como ella.
Y así, sin más, todo el gremio supo que Alice era la hija de la reina del Reino Demoniaco.
Yo tosí para disimular el pánico.
Sí, perfecto, ahora todos saben que convivo con la princesa demonio.
Genial, Víctor.
Muy bajo ese perfil.
Pero como nada de lo que pasa en mi vida importa, nadie realmente hizo caso a tan semejante afirmación.
Alice nos presentó con entusiasmo.
—Ellos son mis amigos: Ahyeli, fénix lunar… y Víctor, mi guardaespaldas.
—“Amigo”, ¿eh?
—dijo Lucy con una sonrisa maliciosa.
Ahyeli sonrió como si no hubiera entendido la insinuación.
Yo fingí interés por una grieta en el suelo.
Con ellos venía un chico joven.
No parecía guerrero, ni mago, ni noble.
Más bien… campesino.
—Él es Damian —explicó Rigo —nuestro aprendiz.
Lo estamos entrenando para que se convierta en aventurero.
El chico saludó, nervioso pero decidido.
Tenía esa mirada que uno solo ve en los ingenuos o en los que aún creen que el mundo es justo.
—Un placer conocerlos.
Alice insistió en llevarlos a casa.
Y, claro, todos aceptaron.
Yo no tuve voto.
En casa, el caos fue inmediato.
Lucy y Rose quedaron encantadas con Lunito.
—¡Por el manantial sagrado!
¿Una manticora bebé domesticada?
—exclamó Rose.
Rigo, mientras tanto, tomaba notas frenéticamente.
—Primer espécimen registrado de convivencia armónica con humanos.
Fascinante.
—Es mi hijo —dijo Ahyeli, orgullosa.
Los tres se quedaron paralizados.
Alice levantó la mano.
—Adoptado.
Muy adoptado.
La cena fue un banquete de historias.
Lucy, Rose y Rigo contaban anécdotas de su pasado con Agatha Blaze (la madre de Alice) cuando eran aventureros en el Reino Demoniaco.
—Tu madre era fuego puro —dijo Lucy —una vez hizo huir a un dragón con solo mirarlo.
Nadie lo sabe pero ese dragón era el tío de Alice, me contó él, cuando nos quedamos en casa de su abuela.
—Y tu padre, el Rey Demonio, era tan insistente, hasta que logró conquistar a tu madre —añadió Rose —ustedes dos son iguales, si lo pienso, no desisten hasta lograr lo que quieren.
Alice se reía, aunque podía notarse que aquellas palabras le dolían un poco.
No es fácil ser hija de leyendas y tener que mejor de lo que los demás esperan.
Mientras tanto, Damian escuchaba en silencio, casi con reverencia, como si esperara aprender algo de esas conversaciones.
Ese chico… parece entender el peso de esas historias mejor que nadie.
Cuando cayó la noche, todos se acomodaron.
Lucy y Rose durmieron en la habitación de Alice.
Rigo y Damian compartieron la de Ahyeli.
Yo, en la mía, con Ahyeli y Lunito… porque la vida no respeta mi necesidad de espacio personal.
No podía dormir.
Bajé a la cocina por algo a lo que pudiera llamar “Cena 2: más hambriento que hace rato” y me encontré a Damian en la cocina, con un vaso de agua.
—¿Tú tampoco puedes dormir?
—le pregunté.
—No mucho, señor Víctor.
Todavía no me acostumbro a estar bajo techo después de tanto viaje.
Nos sentamos frente al fuego.
—¿Y qué hacías antes de unirte a los aventureros?
—pregunté.
—Era granjero, cerca de la capital del Reino.
Mis padres son agricultores.
Quiero volver a casa cuando pueda mantenerlos con orgullo.
Había algo muy sincero en su voz.
Me recordaba a cuando yo aún no había cometido suficientes errores como para llenar un libro.
—Tu grupo parece tener historia —dije.
Damian asintió.
—Lucy, Rose y Rigo fueron los compañeros del Héroe Esteban, el que trajo la paz entre reinos hace años.
Hablan de él como de un hermano.
Yo… intento seguir sus pasos, aunque sé que nunca podré igualarlo.
Lo miré fijamente.
Había una calma extraña en ese chico.
—Entonces estás entrenando con leyendas.
No está mal para un principiante.
Él sonrió, humilde.
—¿Y usted?
¿Qué hacía antes de ser aventurero?
—Yo… era ladrón —dije con naturalidad.
Damian casi escupe el agua.
—¿Ladrón?
—Sí.
Y un día terminé robándome a la hija del Rey Demonio.
—¿Qué?
—Alice —añadí, señalando hacia arriba—.
La princesa demonio.
El silencio fue glorioso.
—No te preocupes —dije con un suspiro —no fue intencional… al menos nunca lo planee.
Damian se rió, entre incrédulo y divertido.
—Tiene una vida muy rara, señor Víctor.
—Sí, pero no la cambiaría por nada.
Excepto quizá por un mes de vacaciones pagadas.
Nos quedamos callados unos segundos.
—Sabes —dije —si sigues con ellos, aprenderás más de lo que imaginas.
Lucy, Rose y Rigo son de los buenos.
De los que hacen falta en este mundo.
—Eso mismo pienso —respondió Damian —quiero ser alguien que los haga sentir orgullosos… y quizá, algún día, entender por qué el héroe Esteban dio tanto por salvar este mundo.
Lo miré con más atención.
Había un fuego en sus ojos que no era común.
Tal vez él no lo sabía… pero ese fuego venía de su alma de héroe.
—Lo lograrás, chico —le dije finalmente—.
Pero ten cuidado: los héroes suelen terminar con problemas para dormir.
Sonrió.
—Como usted.
—Exacto.
Nos reímos suavemente, y cada uno volvió a su habitación.
Esa noche, antes de cerrar los ojos, pensé en todo lo que había escuchado.
El pasado del héroe Esteban, las antiguas amistades, el chico con un destino muy grande.
Y no pude evitar pensar: Cuando ese día llegue… el mundo va a cambiar, otra vez.
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