El diablo que me reclamó - Capítulo 26
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26: Efecto del fármaco 26: Efecto del fármaco Los ojos de Dominic ardían rojos de furia.
En el momento en que Ethan levantó la vista del suelo y se encontró con su mirada, un escalofrío le recorrió la espalda.
Esa mirada…
era asesina.
Ethan tragó saliva.
Las palabras que estaba a punto de decir murieron en su garganta.
El impulso de defenderse también desapareció.
Dominic siguió lanzándole una mirada mortal.
No deseaba otra cosa que acabar con él allí mismo.
Un movimiento.
Eso era todo lo que haría falta.
Pero entonces, escuchó el débil gemido de Mila a sus espaldas.
Se giró de inmediato y la vio en un estado lamentable.
Tenía la ropa rasgada.
Su piel estaba extrañamente sonrojada; sus ojos, desenfocados.
Estaba claro que la habían drogado.
Darse cuenta de esto solo avivó su ira.
Deseó golpear a Ethan hasta que muriera desangrado.
Pero el estado de Mila lo alarmó.
«Tengo que sacarla de aquí.
Ahora».
Reprimiendo la tormenta en su pecho, se quitó la chaqueta y la colocó sobre el cuerpo tembloroso de Mila, cubriendo su piel expuesta.
Mila se aferró a la chaqueta con fuerza de inmediato.
El alivio inundó su rostro cuando vio a Dominic.
—Has…
has venido —susurró ella.
—Estoy aquí.
—La sostuvo en sus brazos.
Mila se aferró a él, con los dedos agarrados a su camisa.
—Gracias…
Me han drogado.
Por favor, sácame de aquí.
—Nos vamos.
—La levantó en brazos con cuidado.
Antes de irse, giró la cabeza lentamente y le lanzó a Ethan una mirada de advertencia.
—Si crees que esto acaba aquí, te equivocas —su voz tenía un peso aterrador—.
No tienes ni idea de con quién te has metido.
Salió.
Ethan permaneció en el suelo durante varios instantes antes de levantarse lentamente.
Le temblaban ligeramente las piernas.
La chaqueta de su traje estaba arrugada y el pelo le caía desordenadamente sobre la frente.
Cuando miró hacia la puerta, se dio cuenta de que varios empleados se habían reunido allí, susurrando y mirando a hurtadillas dentro de la oficina.
—¿Qué estáis mirando?
—rugió Ethan—.
Volved al trabajo.
Todos saltaron asustados.
En cuestión de segundos, el pasillo se vació mientras el personal se dispersaba.
Ethan apretó los puños, con el rostro contraído por la rabia.
—Esa mujer…
—su voz temblaba—.
Haré que pague por esto.
Dentro del coche…
Mila se apoyó en Dominic, con las manos explorándole el cuerpo.
Dominic se tensó.
Le costó todo lo que tenía contenerse.
Pero aún no quería ceder al impulso.
—Mila, ¿puedes quedarte quieta un momento?
—Apretó los dientes, tratando de apartarla un poco.
Pero el efecto de la droga no hacía más que aumentar.
El calor era insoportable.
Mila le rodeó el cuello con los brazos aún más fuerte.
—Me arde el cuerpo —susurró—.
Ayúdame.
—Deslizó los dedos lentamente hacia el pecho de él.
—Mila…
—Antes de que él pudiera reaccionar, ella se inclinó hacia delante y presionó sus labios contra el cuello de él.
Dominic se tensó aún más.
Su cuerpo ya había empezado a reaccionar a ella.
Aun así, dijo: —Para, ahora mismo.
Pero no lo hizo.
La droga le había nublado la mente.
Lo besó, esta vez en la barbilla.
—Ayúdame.
—Su aliento caliente le dio en la cara, empeorándolo todo.
Quiso atraerla hacia sí en un abrazo.
Pero, en vez de eso, la apartó con suavidad.
El cuerpo tembloroso de Mila solo se apretó más contra él.
—Por favor.
No me apartes.
Dominic dejó caer la cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos.
Su resistencia se desmoronó lentamente.
—Para —ordenó—.
Y sal del coche.
El conductor aparcó rápidamente el coche y salió sin decir palabra.
Tan pronto como la puerta del coche se cerró y solo quedaron ellos dos dentro, Dominic la apretó contra el asiento y la besó con fuerza.
—Tú te lo has buscado —dijo él con voz áspera—.
Ahora, no me culpes a mí.
La besó de nuevo.
El beso fue intenso y apresurado, impulsado por la urgencia.
No hubo ternura.
Momentos después, el silencioso interior se llenó con el sonido de respiraciones agitadas y susurros.
El cuerpo de Mila se arqueó contra el de él, sus uñas clavándose en sus hombros.
—Oh, um…
me estoy corriendo.
No pares.
En unas pocas embestidas, ella alcanzó el clímax.
Gritó de éxtasis, su cuerpo temblando bajo el de él.
Dominic la mantuvo pegada a su pecho.
—¿Estás satisfecha ahora?
—preguntó lentamente.
—Mmm…
—Apenas podía abrir los ojos.
Su cuerpo exhausto se apoyaba en él sin fuerzas.
Para cuando el coche llegó al apartamento, Mila ya se había quedado dormida en los brazos de Dominic.
La llevó dentro y la depositó con delicadeza en la cama.
La arropó con la manta.
En lugar de marcharse al instante, se quedó junto a la cama, observándola.
—Mujer tonta —masculló—.
Podrías habérmelo dicho a mí.
Sus facciones se endurecieron.
—Primero déjame encargarme de ese cabrón.
Luego hablaré contigo.
Salió rápidamente de la habitación.
El teléfono de ella sonó dentro de su bolso, pero ninguno de los dos lo oyó.
Al otro lado de la ciudad, Max frunció el ceño cuando otra de sus llamadas no obtuvo respuesta.
—¿Qué le pasa?
¿Por qué no coge el teléfono?
Desde que había recibido el informe del novio de Mila, había estado inquieto.
El informe indicaba claramente que no había ningún daño cerebral grave, ni coágulos de sangre, nada que pudiera provocar amnesia.
Era obvio: el hombre lo estaba fingiendo.
Y eso preocupaba mucho a Max.
Quería advertir a Mila, pero ninguna de sus llamadas era atendida.
«Puede que esté ocupada atendiendo a los pacientes.
Mejor le mando un mensaje.
Ya me llamará ella».
Escribió un mensaje rápidamente: «Llámame en cuanto estés libre.
Hay algo importante que tengo que decirte sobre tu novio.
Es urgente».
Lo envió, esperando que ella se pusiera en contacto con él pronto.
Mientras tanto, Dominic estaba en el balcón de su habitación, hablando por teléfono.
—Lucas.
—Su voz era suave, pero la ira subyacente era inconfundible—.
Quiero borrar la existencia del Grupo Shaw de la ciudad.
—¿Por qué te estás metiendo en sus asuntos?
—preguntó Lucas, ansioso—.
Deberías centrarte en tu misión.
La isla está lista.
Podemos irnos cuando queramos.
La mirada de Dominic se volvió gélida.
—Ahora Mila es mía.
Sus asuntos son mis asuntos.
Nadie puede intimidarla.
Su tono no dejaba lugar a discusión.
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
Luego Lucas suspiró con resignación.
Solo ahora comprendía que el despiadado rey de la mafia se había enamorado.
—Prometí que siempre te apoyaría, pasara lo que pasara —dijo—.
Ya que te gusta, la aceptaremos.
Pero déjame decirte algo.
—Su tono se volvió aún más serio—.
Esto no será fácil para ti.
Dominic no respondió.
—Se trata de su elección.
¿Te aceptará después de saber quién eres en realidad?
¿Qué vas a hacer si quiere romper contigo?
—En lugar de hacer preguntas, limítate a hacer lo que te digo —refunfuñó Dominic—.
En cuanto a Mila, ella es mi problema.
Yo me encargaré de ella.
Lucas se rio entre dientes.
—Bien.
El Grupo Shaw empezará a derrumbarse pronto.
Ethan vendrá a suplicarle a Mila.
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