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El diario de samantha - Capítulo 10

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10: El diario de samantha 10: El diario de samantha Capítulo -10: La propuesta  Viernes -16 de octubre de 1998  Querida Aylin Desperté con el peso de dormirme más tarde de lo habitual.

El silencio del departamento era más grande que nunca, así que decidí salir.

Caminar hasta el parque, donde me senté en un banco cerca de los árboles de sauce que se mueven con el viento.

Necesitaba unos minutos para respirar: Rogue ya se había ido.

Me había dejado una carta de despedida sobre la cama, doblada en cuatro.

Me había abandonado, igual que kitty lo hizo hace meses.

Ojalá le vaya mal, me dije.

Así como me dejó sola con el problema del alquiler que tengo que pagar para el fin de semana.

Maldita perra.

Estaba sentada en el banco, apoyada en el respaldo, mirando cómo pasaban los vehículos mientras reflexionaba sobre mi realidad triste.

¿Qué hubiera pasado si mis padres no se hubieran muerto?

¿Qué hubiera sido de mi vida?

Tal vez ya estaría casada, con hijos corriendo por la casa y un buen marido a mi lado.

Solo era una fantasía, nada más que un sueño de lo que nunca podría ser.

Entonces me levanté y regresé al departamento.

Al llegar, antes de meter la llave en la cerradura, de repente un señor se acercó: se frotaba las manos y evitaba mi mirada, claramente nervioso.

Me habló con voz baja y respetuosa:  — Disculpe, perdón por molestarla.

¿quisiera considerar un trato?

usted sí podría…

acostarse conmigo.

Claro que le pagaría lo que usted me diga.

—dijo ese hombre Me puse tan nerviosa que sentí cómo se me tensaba mi espalda al enterarme de que ese tipo podría descubrir lo que me dedico.

Si me acuesto con él…

Miedo de que se hagan rumores de que era una chica fácil, pero necesitaba el dinero para pagar el alquiler.

Así que lo único que hice fue reflexionar un rato, luchando entre lo que necesitaba y lo que quería fingir.

Le contesté con una voz fría y fingidamente molesta por su pregunta.

—¿Qué me estás diciendo?

¿me quieres proponer que me acueste con usted?

¿qué se cree de mí?

yo no soy esa clase de mujer.

—le dije — Yo lo sé, perdón si te ofendí.

pero me llamas muchísimo la atención.

tu cuerpo delgado, tus bustos pequeños…

con todo respeto, señorita, me fascinan.

no quise faltar el respeto, pero te ofrezco doscientos dólares.

—dijo ese hombre Era bastante dinero, justo lo que necesitaba para completar el alquiler.

Si aceptaba de golpe, me hubiera visto como alguien fácil; como si no supieran lo que me dedico.

Y seguro que él hubiera sospechado.

Así que esperé unos minutos, como si lo pensara de verdad, y le contesté.

—¿Es enserio lo que me ofreces?

si le digo que sí…

¿en dónde?

sería en tu departamento o en el mío?

—le dije Ese señor se animó un poco pero seguía con prisa, mirando hacia los lados.

Pero de repente dijo ese hombre: —Vamos hacia mi departamento, pero que seas hoy mismo.

—Pero me quedé en silencio y luego me dijo con voz firme, tranquilo y temblando un poco al hablar.

— Primero sígueme, camina como si fueras a otra parte.

yo abro la puerta y te metes rápido.

—dijo ese hombre —De acuerdo, pero antes de irme contigo ¿tienes condones?

porque sin protección no pasa nada.

entre nosotras.

—dije Ese señor se mordió los labios hasta ponérselos rojos y me dijo que sí.

Entonces lo seguí.

Él entró primero, dejó la puerta entreabierta y yo crucé el umbral.

Enseguida se colocó detrás mío: empezó a manosearme, metió su mano ebajo de mi blusa y me susurró al oído: Qué rico se siente tu brasier tan pequeño.

Comenzó a lamer mi cuello mientras seguía tocándome.

Sentía una gran repugnación fría se me instaló en el pecho, haciendo que me estremeciera un poco.

De repente, el señor me colocó de rodillas para que le hiciera sexo oral.

No tuve más remedio que hacerlo.

Se quitó el pantalón de un jalón me lastimó un poco de garganta.

Por hacerle sexo oral.

Nos fuimos a su habitación, y después de acabar el acto, me levanté de un salto y me volví a vestir.

Ese hombre me miró con ojos suplicantes y me dijo: —¿Crees que podamos vernos de nuevo?

Al menos en secreto.

—contestó ese hombre  — Yo te aviso.

—le respondí.

Parecía un viejo ridículo, pero me pagó lo acordado y más.

También me contó que era la primera vez que terminaba tan rápido, que no entendía qué le había pasado conmigo.

Por eso estaba tan empeñado en repetir.

Pero para mí era un viejo precoz.

Cuando me disponía a salir de la habitación, le dije que si me pagaba lo mismo la próxima vez, sí aceptaba.

Y me despedí de él guiñando un ojo.

Al regresar a mi departamento, la primera cosa que quería hacer era ir con el administrador para pagarle, pero lo primero que tenía que hacer era bañarme.

Me sentía sucia, sentía su aroma del viejo impregnado en mi piel, y eso me daba repugnación antes de ir con la administración.

Me metí en la ducha con agua fría que me despertó un poco, luego me seque rápido y me vestí.

Fui hacia su oficina para pagar el alquiler y el atrasado: ya me sentía más relajada, aunque solo me quedaran cien dólares en la cartera.

Pero al menos tenía un lugar donde dormir, entonces me decidí ir a dormir un rato porque en la noche tenía que volver a trabajar.

También me sentía más segura: los asesinatos de las prostitutas habían parado.

Tal vez el asesino se había fugado, tal vez lo habían arrestado y matado.

No me importaba, solo quería seguir trabajando sin miedo.

Al llegar a mi puerta, metí la llave en la cerradura y entré.

Luego fui a mi habitación y coloqué la alarma.

Sobre la mesita de noche, estaba el saco de Christopher.

Me hizo sonreír de golpe, sin pensar.

Lo agarré el saco de vestir.

Me recosté con el en la cama y abracé el saco con fuerza, metiéndolo entre mis brazos como si fuera él.

El dolor por él seguía ahí, tan presente como siempre: cada vez que lo recordaba, se me cerraba la garganta y se me llenaban los ojos.

De lágrimas no entendía por qué me pasaba eso a mi.

Sin darme cuenta, me había quedado mirando la ventana, donde los rayos del sol, entraban iluminaba la habitación.

Me había quedado.

Profundamente dormida.

Mientras me adormecía del todo, una lágrima solitaria recorrió por mi mejilla y, al mismo tiempo, se me dibujó una pequeña sonrisa al recordar lo que él había hecho ayer.

De repente, la alarma sonó y me despertó: era hora de levantarme.

Me fui al baño y, en el espejo roto, que tenía me vi un chupetón en el cuello, y dije, en voz.

Alta ah, estúpido viejo.

Lo único que hice fue meter una cucharada en el congelador del refrigerador.

Para borrar el chupetón.

Eso me había enseñado Kitty, pero no recuerdo qué hubiera hecho.

Tal vez fue el momento cuando comenzó a lamerme mi cuello.

pero no me di cuenta.

Entonces me quedé mirándome un rato en el espejo y me reí un poco: mis bustos pequeños parecían dos toronjas chiquitas.

Se me vino a la mente si a Christopher le gustarían las mujeres con bustos pequeños.

De repente comencé a manosearme a mí misma mis pechos sin darme cuenta.

comencé a sentirme un orgasmo y me detuve solo por imaginarme a christopher  de que él estuviera.

Manoseándome y volví a mirarme.

En el espejo me dije a mí misma: ¿Qué estás pensando, estúpida?

Probablemente él ya está casado.

Después de al salir de mi departamento, al llegar a mi esquina donde la luz del poste se reflejaba en un charco de agua de la lluvia anterior, llevaba ya unas cuantas horas ahí sin tener ningún cliente.

La calle estaba tan quieta que solo se escuchaba el zumbido de los cables eléctricos.

De repente se acercó kim, otra compañera, me tendió un cigarrillo y me dijo: — Se ven las calles muy solas, verdad samantha?

¿qué opinas tú?

será mejor que nos vayamos a descansar.

—dijo kim  — Esperaré una media hora más.

—le contesté En ese momento apareció tatiana, caminando con paso firme hasta llegar a nosotras y con una sonrisa en su rostro se fue acercándose más.

Contestó una voz relajada y tranquila: — Oye, chicas, regálame un cigarro!

Tengo bastante frío….

Carajo, esta noche está tan desierta.

tan solitario en las calles que parece que todo el mundo se quedó en casa.

será mejor que nos retirarnos chicas, en verdad, no ganamos ni un centavo.

si nos quedamos aqui —dijo Tatiana Tenía razón, tatiana: no íbamos a ganar nada allí.

Las calles se miraban solitarias, con apenas algunas luces amarillas de los faroles que se reflejaban en el pavimento mojado.

Pero kim decidió quedarse unos minutos más, apoyada en el bordillo, para ver qué podía hacer.

Entonces tatiana y yo nos fuimos caminando por la acera.

Ya no me preocupaba demasiado, porque había pagado el alquiler y el atrasado también.

Pero de repente, tatiana me comenzó a hablarme en un tono más bajo que de costumbre, y me comentó algo que me dejó pensativa, con la mirada fija en el camino.

— Samantha, dime algo.

¿no te gustaría dejar la prostitución?

empezar de nuevo, ser alguien diferente.

yo ya estoy harta de vivir así: cama entre cama.

—dijo tatiana  — Claro que sí.

pero tatiana, dime qué me voy a dedicar…

¿no sé hacer nada más?

lo único que sé es vender mi cuerpo.

esa es la verdad.

—dije  — Te quiero proponer algo, samantha.

he estado pensando en irme de aquí, de esta ciudad de mala muerte.

—contestó tatiana — Me propones algo?

¿de qué estás hablando, tatiana?

—le pregunté  — Ven conmigo a nueva york.

las dos juntas, tal vez en nueva york tengamos suerte.

¿qué te parece?

—dijo tatiana  — Irme a nueva york?

no puedo irme así nada nada mas, tatiana.

hay algo que tengo que resolver primero.

—le respondí El motivo era.

Christopher.

Tenía que encontrarlo primero y devolverle su saco.

Sabía muy bien que estaba perdiendo la oportunidad de salir de ese infierno que era cada una de mis noches, pero no podía marcharme sin cumplir con eso.

— ¿De verdad no te animas a salir de esto?

¿quieres pasar toda la vida en la prostitución?

samantha yo he estado pensando mucho en irme a nueva york.

y la verdad es que me gustaría que vinieras conmigo.

podríamos empezar de cero, una vida nueva sin nada de esto.

piénsalo bien.

—dijo Tatiana Le contesté con la mirada fija en el suelo, sin dejar de caminar.

No podía irme antes de devolverle el saco a christopher.

Sabía que era una locura: no sabía su dirección, no sabía ni dónde vivía, pero necesitaba verlo una vez más.

Muy dentro de mí, algo me decía que lo volvería a encontrar.

Pero Tatiana, al notar que no le respondía, me tocó el brazo suavemente y preguntó: Con Cariño Samantha Muy buenas noches, querido lectores!

Les quiero explicar mi ausencia y por qué no he subido tantos capítulos últimamente: trabajo de noche y casi no tengo tiempo libre.

Pero incluso con eso, ustedes me dan tantos ánimos para seguir escribiendo…

Solo les pido una cosa: un voto.

Nada más.

Muchas gracias a toda mi comunidad por estar conmigo — realmente se lo agradezco con todo el corazón.

¡Espero seguir compartiendo más capítulos con ustedes pronto!

💛

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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