El diario de samantha - Capítulo 11
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11: El diario de samantha 11: El diario de samantha Capítulo -11: Quebrada Viernes -16 de octubre de 1998 Querida Aylin.
Mientras íbamos caminando, me encontraba en silencio.
Una parte de mí quería aceptar la propuesta de tatiana, pero la otra me decía que debía quedarme para buscar a christopher.
— ¿Qué sucede, samantha?
por qué estás tan callada.
¿dije algo malo que te incomodara?
dime, samantha.
—contestó tatiana con la mirada fija en mí mientras caminábamos sobre el pavimento mojado.
— Claro que no, pero estoy analizando la propuesta que me hicistes, pensando tomar una decisión—le dije — Samantha, discúlpame lo que te voy a decir, pero…
¿por qué motivo no deseas irte de esta ciudad de mala muerte?
¿a poco te gusta que los hombres te maltraten emocionalmente y físicamente?
dime, ¿cuál es tu motivo de que te detiene?
—dijo tatiana No le contesté nada a tatiana.
Al llegar a mi departamento, me despedí con un solo adiós bajo y ella se fue caminando hacia su propia casa, desapareciendo en la oscuridad de la calle.
Necesitaba dormir: había estado en pie horas y el cansancio me pesaba en las piernas.
Al entrar en mi habitación, me relajé de golpe al sentir el aroma familiar de mi cama sin hacer….
Esa noche no había sacado nada más en la calle, pero en realidad había tenido una excelente noche.
Había regresado al departamento temprano, ya había pagado el alquiler y no me quedaba ningún otro problema inmediato sobre la cabeza; la luz de la lámpara de mesillero caía en rayos tenues.
Me recosté en la cama, y ahí mismo, a mi lado, estaba el saco de vestir de christopher, doblado con cuidado, sus pliegues bien definidos y el tejido suave al tacto.
Me acerqué al saco y lo abracé con todo mi fuerza, sintiendo su textura contra mi rostro.
Me acomodé hasta quedar frente a él, imaginándome que christopher estaba acostado al lado mío, su respiración calmada y su presencia cerca, y comencé a hablar sola, susurrando contra la almohada: No te dejaré escapar, Christopher.
Encontrarte voy.
Pero lo más extraño era que no podía sacarme su imagen de la mente; era como si se hubiera grabado ahí, sin poder borrarse ni por un segundo.
su recuerdo : Sábado -17 de octubre de 1998:” Me había despertado un poco más tarde de lo habitual.
Era la primera vez en meses que dormía bastante, sin despertarme de golpe por el silencio del departamento o por preocupaciones.
Me levanté con movimientos lentos, acariciando el edredón de algodón que aún conservaba el calor de mi cuerpo, y fui a la cocina para prepararme una taza de café.
Usé la cafetera, el mismo aparato que solían usar por las mañanas, y unté una rebanada de pan blanco con mermelada de sabor fresa.
Entonces, mientras soplaba el café para que se enfriara, recordé las palabras de tatiana de la noche anterior.
Tatiana era algo alocada, sí, con su forma de hablar rápido y sus manos que nunca se quedaban quietas, pero tenía razón: podríamos comenzar una nueva vida, irnos a nueva york y dejar la prostitución atrás.
Pero no podría dejar de pensar en christopher.
Por favor, samantha, sácatelo de la mente…
me dije a mí misma: ni lo conoces, y ni te conoce.
De repente, mi mano derecha golpeó la mesa tan fuerte que la taza de café tembló y una pequeña cantidad se derramó sobre la superficie de madera.
Me sentía tan frustrada de saber que tenía sentimientos extraños hacia alguien que había cruzado mi camino solo por un instante.
Necesitaba salir a respirar un poco de aire fresco.
¿Cómo podía creerlo?
Alguien como christopher, me había ayudado esa noche sin pedir nada a cambio, sin nada de nada.
Al salir del departamento, me dirigí al parque y mientras caminaba, las palabras de tatiana seguían girando en mi cabeza.
No sabía qué decidir: quería dejar la prostitución más que todo, pero el miedo me invadía por completo.
¿Y si no era capaz de nada más?
Lo único que sabía era vender mi cuerpo…
¿qué pasaría si fracasaba en nueva york?
Sin darme cuenta, aún llevaba puesta la pijama, una pieza oscura con rayas finas, el último regalo que.
Kitty me hizo, pero no me importó ni un poco.
Al llegar, me senté en la banca de sauce de siempre, la misma banca, y miraba con nostalgia a las parejas que pasaban: algunas jugaban con sus hijos en el césped húmedo, otras se abrazaban con ternura.
Me recargué todo el peso en el respaldo y solté un suspiro profundo, que se desvaneció en el suave susurro de las hojas de los sauces.
Después de sentarme un rato más en la banca de sauce del parque, decidí irme.
Caminé por las calles húmedas, con la pijama todavía puesta y los pies que empezaban a dolerme por caminar.
El viento soplaba suavemente, moviendo las hojas de los árboles y llevándose con él el olor a tierra mojada.
Cuando llegué a mi departamento, abrí la puerta con esfuerzo; la cerradura siempre se atascaba, y entré en la oscuridad.
Encendí la luz del pasillo, me quité los zapatos y me dirigí al sals, donde me recosté en el sofá de cuero desgastado que había comprado de segunda mano.
Me quedé ahí un rato, respirando hondo y mirando al techo, mientras el cansancio se apoderaba de mí.
Necesitaba dormir un rato para la noche que venía, ya que había estado caminando y de pie horas sin descanso.
Cuando me desperté, la oscuridad ya había cubierto la ciudad por completo, así que me vestí rápidamente y me dirigí a mi esquina, donde me quedé esperando a que llegaran los clientes.
De repente, apareció tatiana, acercándose con pasos firmes y mirándome fijamente a los ojos.
—¿Qué has pensado de la propuesta?
—preguntó tatiana — Lo estoy pensando, tatiana —le contesté sin desviar la mirada del tráfico que pasaba.
En ese momento, un vehículo negro se detuvo a mi lado.
Eran dos hombres; el que iba al volante extendió la mano por la ventana bajada y me dijo que me acercara.
Miré a tatiana por un instante, luego le contesté: —Disculpame, tatiana, tengo que irme a trabajar —le dije —Está bien dolo ve con cuidado —respondió tatiana “Me acerqué al vehículo, y al percibir que dentro iban dos hombres, mis piernas empezaron a temblar.
No encontraba explicación, pero sentía un miedo silencioso al dirigirme a ellos.” —¿Quieren pasar un rato increíble, inolvidable?
Conmigo, mis amores —respondi — Claro, si pero tenemos una fantasía: hacer un trío.
¿qué dices?
¿cuándo nos cobras para hacerlo?
—dijo ese hombre — Por supuesto que aceptó —respondi — Te ofrezco quinientos dólares por una hora.
¿qué dices?
—dijo el otro hombre Entonces acepté: era bastante dinero por una hora.
Me subí al vehículo después de llegar al motel.
Cuando nos bajamos del vehículo, mis piernas comenzaron a temblar, tenía miedo.
Al entrar al motel, entonces cuando entré a la habitación, uno de esos hombres me contestó —¿Cómo te llamas?
oh bueno, cómo te dicen —preguntó ese hombre.
— No tengo apodo, pero me pueden llamar samantha oh sam.
—le respondi — Entonces eres la adorable sam, ¡qué bueno!
—dijo otro hombre —Así es, en persona….
y ya saben, como quieran hacerlo: conmigo va ser uno por uno…
oh los dos al mismo tiempo —respondi —¿Qué te parece, ralph?
—preguntó danny — Mira qué flaca está danny, dile que se quite la ropa para verla desnuda.
—dijo ralph Me quité la ropa, de pie en el centro de la habitación, hasta quedar completamente desnuda.
Ralph me pidió que me diera vueltas, y obedecí — giré lentamente, sintiendo la luz del techo sobre mi piel.
Después, me acerqué discretamente a mi bolsa, que estaba apoyada en una silla en la esquina.
Al acercarme más, me di cuenta de que estaba abierta: entre los objetos revueltos, alcanzé a ver mi frasco de gas pimienta, pequeño y negro.
En ese instante, comencé a vestirme de nuevo, movimiento a movimiento, porque una sensación nítida de advertencia me indicaba que aquello no iba a salir nada bien.
— Yo no me acostaré con ella, ralph.
si quieres, tú hazlo, yo me voy: en el estacionamiento ahí te espero —dijo danny — Entonces, ¿los quinientos dólares que me prometiste me los vas a dar?
no es mi culpa que tu amiguito no quiera mis servicios; tú me aseguraste esa cantidad, y tienes que cumplir con tu palabra.
—le contesté De repente, ralph me agarró el rostro con tanta fuerza que me empujó de golpe hacia la pared de la habitación..
mi cuerpo chocó primero con la superficie fría, luego mi rostro se estrelló contra ella.
Un cosquilleo agudo se extendió por mi sien.
Lo miré con los ojos llenos de miedo, la voz apenas audible al intentar calmar la situación: — Tranquilo, por favor…
olvídense de lo del dinero, no importa, solo déjame ir.
—dije — Ninguna prostituta me va dar órdenes.
oístes…
¿qué tiemblas?
¿me tienes miedo, maldita, perra quereres el dinero?
te lo doy sí me lo suplicas de rodillas.
estúpida —dijo ralph En ese instante, me lanzó brutalmente al suelo.
El impacto fue tan fuerte que me quité el aliento por un segundo, y cuando volví a respirar, noté que mis labios comenzaron a sangrar…
gota a gota, formando pequeñas manchas rojas en el suelo de la habitación.
Danny, de pie justo al lado mío, miraba a ralph con una sonrisa contenida mientras le hablaba…
Dale su merecido, hombre.
se están poniendo muy entretenidas.
las cosas y me quedé ahí, tirada en el suelo, y le grité con todas mis fuerzas a ralph: — Maldita sea, al carajo!
no te voy a suplicar que me des el dinero —le contesté De repente, se subió encima de mí y empezó a darme bofetadas fuertes..
cada una resonaba en mi oído, haciendo temblar mi cabeza.
Me decía que le suplicara, por el dinero pero sin pensar, lo mordió en su mano hasta sentir su propia sangre mezclándose con la mía en mis labios.
Él gritó de dolor, y en ese desorden, no sé cómo logré levantarme: agarré mi bolso, saqué el gas pimienta y se lo rocié a los dos de un golpe rápido.
Salí corriendo de la habitación, gritando que me ayudaran, que me querían hacer daño, pero nadie me hizo caso.
Corrí hasta alejarme completamente del motel y me quedé en una esquina oscura, apoyada contra una pared, intentando respirar mientras me calmaba el aliento, las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas.
Maldije mi suerte en voz baja, y las palabras salieron solas: —¿ Por qué me has abandonado, dios?
¿qué hice para merecer todo esto?
—contesté Con Cariño Samantha “¡Muy buenas noches, comunidad!
Quiero decirles algo con toda sinceridad: no sabía que para votar tenía que gastar dinero.
Si quieren votar, háganlo — pero si no, no hay ningún problema, lo entiendo perfectamente.
La verdadera manera de apoyarme es dejando un comentario y leyendo mis capítulos, es la única forma en que realmente puedo crecer.
Muchísimas gracias a todos por el cariño que me han dado, se los agradezco un montón ❤️”
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