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El diario de samantha - Capítulo 20

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20: El diario de samantha 20: El diario de samantha Capítulo – 20: El adiós de tatiana parte – 05  Martes – 20 de octubre de 1998 Querida aylin, :en el presente:” :9:50 de la noche:” Después de que tatiana terminara de llorar, se apreciaba en ella un ligero aire de relajación.

Había terminado de contar su relato y, al encender otro cigarrillo, miró la cajetilla: solo quedaban ocho piezas de cigarrillos.

Sacó una segunda caja del bolsillo de su chamarra y volvió a empezar su relato.

— Cuando mi hija nació, estaba sin vida.

entré en una depresión intensa, samantha.

sentía culpa plena; consideraba que se trataba de un castigo divino, producto de haberme enamorado de mi hermano y haber tenido relaciones sexuales con él.

durante todo el embarazo, edward no apareció ni se hizo presente.

transcurrió un año completo antes de que volviera a casa—dijo tatiana — ¿Un año sin aparecer?

perdón, pero realmente fue un cobarde edward, habiéndote dejado en esa situación tan difícil—le respondí  Sentía mucha tristeza por tatiana.

Había tenido que enfrentarse sola a tanto: la pérdida de sus padres, la muerte de su hijo y el abandono del hombre que amaba.

No podía imaginar el peso de todo ese dolor.

Tatiana tiene una fortaleza que yo no creo tener, y por eso la admiro profundamente.

Encendí otro cigarrillo mientras ella volvía a empezar a contar su historia.

:Flashback – jueves 18 de junio de 1992:” De repente sonó el timbre.

Me acerqué a la puerta y, al abrirla, reconocí a edward de inmediato, la sorpresa me dejó inmóvil al verlo de nuevo.

— Edward, ¿qué haces aquí?

¿por qué regresaste ahora?—contestó tatiana — Tatiana, perdóname por haberme marchado así durante todo un año.

me sentía terriblemente culpable de haberte dejado sola en esa situación y estoy profundamente arrepentido.

quiero volver… quiero ver a mi bebé—dijo edward — ¿Contento ahora?

lo que tanto deseaste se te concedió.

tantas veces me insististe para que abortara a nuestro bebe, y ahora nació muerta.

¿eso no es lo que querías?

¿para qué vuelves?

¿crees que voy a volver a abrirte las piernas como antes?

¿o crees que después de todo esto voy a hacerlo?

—dijo tatiana En ese instante se le escaparon las lágrimas; me rogaba perdón, contando que en aquel momento solo sintió miedo y no supo cómo actuar.

Yo solo pude desviar la mirada, durante doce meses no tuvo noticias suyas, ni una carta, ni nada.

Pero al final, no pude dejarlo fuera: no soy tan dura.

Se lo dije claro: podía dormir en la habitación de invitados, porque no tenía intención de compartir cama con él.

— No sirve de nada ser buena persona en un mundo lleno de traidores como tú, edward —dijo tatiana — Perdóname, tatiana.

si te causé tanto daño, espero un día puedas ser feliz.

nunca tuve la intención de hacerte mal; perdóname —dijo edward Yo me dirigí hacia mi habitación, sintiéndome profundamente enfadada.

Me había abandonado en un momento de extrema vulnerabilidad, sin parecerle importante dejarme a mí ni al bebé que esperábamos.

Al día siguiente, me levanté antes del amanecer para organizarme y marcharme al trabajo.

Al pasar junto a la habitación de edward, vi que la puerta estaba medio abierta.

Al divisarlo en la cama, pensé que seguía dormido, aunque resultó extraño encontrar una hoja de papel sobre la mesita de noche.

Al acercarme, observé que varios frascos de pastillas habían caído al suelo.

Salí corriendo por el pasillo pidiendo ayuda, exigiendo que llamaran a una ambulancia.

Mis lágrimas no paraban de brotar.

Cuando llegaron los paramédicos, ya no hubo nada que hacer: él se había quitado la vida.

Al leer la carta que había dejado, continué llorando.

:en el presente:” — “La carta decía así: ‘mi monstruo favorito soy yo.

aquel que luce una cara alegre ante todos, mientras en el interior me desmorono en silencio.

lloro en las noches oscuras, cuando nadie me ve ni me busca.

siento profundamente haberte lastimado.

nunca tuve la intención de hacerte daño de verdad; quise construir todo bien a tu lado, pero no puedo soportar el pensamiento de que te haya fallado…

y…

dejado sola en este camino.'” —respondió tatiana En ese instante yo también empecé a llorar.

Al escuchar estas líneas, el sentimiento que llevaba guardado muy dentro no pudo mantenerse a raya.

Cuando tatiana logró tranquilizarse, se limpió las lágrimas con el dorso de sus manos y me respondió con más calma.

— “Samantha, no tengo palabras para agradecerte.

sentirme escuchada y poder desahogarme contigo fue justo lo que necesitaba.

realmente eres una buena amiga, samantha” —dijo tatiana —”No hace falta agradecerme.

me alegro mucho de haberte podido ayudar y de que me hayas elegido para contarlo todo.

hace años que no tengo una charla tan abierta como esta con nadie” —le respondí — “Samantha, tengo algo que preguntarte…

me gustaría que me acompañaras a nueva york.

quiero que dejes esa vida de prostitución, que dejemos todo atrás.

acompáñame, empecemos de cero en nueva york.

vamos, ¿quieres venir conmigo?

realmente me gustaría que estuvieras conmigo —dijo tatiana — No puedo irme, tatiana —le respondí  — Dime, samantha: ¿acaso te enamoraste de ese christopher?

—preguntó tatiana.

— Claro que no…

no es cierto que resulta ser atractivo, pero no estoy enamorada de él..

ni siquiera lo conozco personalmente…

lo único que busco es entregarle lo que me prestó, para poder irme de aquí —respondí Al día siguiente Mi miércoles 21 de octubre 7:30 de la mañana Me levanté temprano para desayunar con tatiana.

Hoy era el día de su viaje a nueva york, así que quería estar con ella antes de ir al centro de autobuses.

Desayunamos juntos en el pequeño local de la esquina, pero cuando el reloj marcó que faltaban pocos minutos para la salida, no pude contenerme y empecé a llorar.

No quería que se marchara, no soportaba la idea de quedarme sola de nuevo.

No me dejes sola, murmuré entre lágrimas; el miedo a la soledad me pesaba en el pecho.

— No llores así, samantha; me harás llorar a mí también.

vámonos de aquí.

Quizás nunca vuelvas a cruzar el camino de christopher.

vamos, no lo pienses más—dijo tatiana — Sabes perfectamente que no puedo irme en este momento.

por ahora nuestro camino se separará; en ese momento, pero sé que pronto nos volveremos a encontrar.

es una promesa, pero lo siento muy dentro de mí—le dije  Al llegar a la estación de autobuses, nos quedamos frente a frente, mirándonos fijamente.

Una lágrima se deslizó por mi mejilla al comprender que ya no volvería a ver a tatiana.

En ese instante, consideré irme con ella; sin embargo, algo me detuvo y no pude dar un paso más.

— Entonces… ese es el adiós, ¿verdad tatiana?

cuídate mucho, amiga mía —contesté — Tú también, samantha, cuídate mucho —respondió tatiana  Al ver partir el camión, lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas.

Me quedé ahí varios minutos; me preguntaba si no había cometido un error al no irme con ella.

Después me dije a mí misma que juraría no volver a encariñarme con nadie más en el resto de mi vida.

Estoy harta de terminar siempre sola.

No quiero llegar a mi departamento sintiéndome así, no quiero hablar con nadie en este momento, ya no puedo pensar más.

Necesitaba encontrar un lugar en paz.

Al llegar al parque, me recosté sobre el césped, con la mirada fija en el cielo.

Todavía no dejaba de llorar, y unos susurros se escaparon de mis labios: ya estoy bien, ya lo superé.

Todo va a estar bien.

Estoy feliz por tatiana.

Lágrimas caían sobre la hierba, resbalando por mi rostro.

Estoy feliz por tatiana, se lo juro, repetí, pero de repente mi voz se quebró en un sollozo cargado de dolor.

Tenía miedo de terminar sola.

A veces me pregunto hasta cuándo podré aguantar.

No por debilidad, sino porque la vida no se parece en nada a lo que esperaba.

Me levanto cada día, intento mostrar una sonrisa, hago lo que corresponde.

Escucho cómo las personas me juzgan sin siquiera conocerme.

Algunas veces trato de echarle una mano a los demás, pero cuando cae la noche, la soledad es la única que me acompaña.

Todo queda en silencio.

Qué aborrezco ese cansancio que me invade al seguir adelante…

Entonces me levanté del césped y me dije una y otra vez: Estoy bien.

Estoy bien.

Estoy bien.

Al llegar a mi departamento, lo primero que hice fue ir directo a mi habitación.

Quería descansar: tal vez con el sueño desapareciera esa tristeza, ya que por la noche tenía que acudir a mi trabajo.

Con Cariño  Samantha 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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