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El diario de samantha - Capítulo 24

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Capítulo 24: El diario de samantha

Capítulo – 24: Desesperación

Jueves – 22 de octubre de 1998

Querida aylin,

10:39 de la noche

Aún me mantenía en silencio, no sabía qué decir. Era la primera vez que un hombre me ofrecía su ayuda sin nada a cambio, y eso me generaba en mí una sensación de confusión. Me preguntaba a mí misma cómo podía ser posible que alguien quisiera ayudarme sin esperar nada a cambio aunque conociera mi situación: Si rechazaba su ayuda, imaginaba que más adelante tendría que enfrentar las consecuencias de haber desaprovechado una buena oportunidad, y quizás nunca me perdonaría por ello. Me hubiera gustado tener el valor de enfrentar la situación por mi cuenta, ya que no me sentía cómoda dependiendo de nadie. Pero en realidad, esa era mi única posibilidad de salir de la prostitución y empezar una vida distinta. Quizás sí era una señal de Dios.

— Christopher, no cuento con el dinero suficiente para cubrir los gastos de mis análisis. además, no tengo un lugar donde vivir: me informaron que dispongo de dos semanas como plazo máximo para abandonar mi actual vivienda… al saber que podría ser portadora de vih, me encuentro bastante estresada… por el momento, no tengo apoyo de nadie más, y no podré pagarte por tu ayuda —le dije

— Lo sé, samantha, pero la decisión depende de ti. no pretendo cobrarte nada. si aceptas, te ayudaré con los costos de los estudios para confirmar si llevas el virus. pero la elección es tuya; no puedo obligarte a hacer algo que no quieras —respondió christopher

Entonces acepté la ayuda de Christopher. Nos abordamos en su vehículo; cuando él lo puso en marcha, bajé la mirada y las lágrimas volvieron a brotar. Mientras conducía, el único sonido que rompía el silencio del vehículo eran mis sollozos. Intentaba contenerlas, pero no podía hacerlo: era un sentimiento que venía desde adentro. Por primera vez en mi vida, un hombre me miraba como a una persona, no como a un objeto que se puede desechar. Era la primera vez que me sentía valorada, y la sensación era agradable. Con el dorso de mi mano continuaba secando mis lágrimas;

gotas pequeñas resbalaban por la mejilla antes de ser absorbidas por la tela de mi manga. Pero era la primera vez que me permitía mostrarme tan vulnerable. De repente el vehículo se detuvo. Christopher dijo que ya habíamos llegado a su casa, y nos bajamos y entramos a su departamento; mientras avanzábamos por el pasillo, me pasé el dorso del brazo por mi rostro para quitar las lágrimas, y en ese momento Christopher empezó a dirigirse a una habitación.

— Mira samantha, por hoy te puedes quedar en la habitación de invitados. no es muy grande, pero cuenta con baño privado y regadera. puedes ducharte tranquila, y mañana saldremos temprano hacia el laboratorio… mientras te bañas, iré a buscarte una pijama mía. te prepararé un plato de cereal —dijo christopher

Mientras me estaba bañando, comencé a llorar de nuevo. Tenía miedo de estar contagiada de sida; se trataba de una sentencia de muerte tan lenta. ¿Qué pasaría si lo tuviera? ¿Qué le sucedería a mi cuerpo? ¿Qué haría entonces? Al salir del baño, miré el reloj de la pared: apenas eran las doce de la madrugada. Me había mantenido tan concentrada en mis pensamientos que no me percaté de la hora hasta ese momento. De repente, sonó un toque en la puerta de la habitación. Me sobresalté y llamé: ¿Christopher?

— ¿Puedo pasar? —comentó christopher

Sin darme cuenta, le dije que sí. Solo llevaba una toalla que me cubría del torso hacia abajo. Al entrar, se notaba algo de nerviosismo en él, al verme así; sin embargo, para mí no era extraño estar en esa situación frente a un hombre. Christopher dejó una pijama sobre la cama y un plato con cereal a un lado, luego se dio la vuelta para no mirarme. Antes de que cerrara la puerta al salir, le expresé:

— Christopher, gracias. de verdad, gracias por todo lo que estás haciendo por mí —le respondí

— Ya me lo agradecerás cuando estés segura, samantha… lo mejor es que intentes dormir ahora —respondió christopher

— Gracias, lo intentaré —le dije

Sin embargo, antes de que abandonara la habitación, le comenté a Christopher que no contaba con la forma alguna de pagarle por todo lo que estaba haciendo por mí. Él se giró hacia mí, me dedicó una sonrisa y después se retiró de la habitación.

Al día siguiente

viernes, 23 de octubre de 1998

Me desperté más temprano de lo usual; no había logrado dormir bien. Me había levantado y estaba sentada en la orilla de la cama, reflexionando sobre la situación que vivo. Me sentía nerviosa, sin tener claro qué camino tomar. Pero los pensamientos negativos empezaban a invadir mi mente. Me preguntaba si moriría; temía la idea de terminar sola, nunca haber conocido qué es el amor. La probabilidad de estar infectada con el VHI era considerable. Decidí entonces meterme a bañar, en busca de algo de relajación. Mientras el agua tibia se deslizaba por mi piel, las lágrimas

comenzaron a brotar, pensando en cómo sería mi vida si padecía esa enfermedad. Es imposible imaginar qué implicaría un resultado positivo en la prueba de VIH: la soledad se convertiría en mi única compañera. Sentía que el suicidio era mi única salida, pues no podría soportar el rechazo de quienes me rodean ni ver cómo esa enfermedad me iba consumiendo poco a poco, en un futuro que me parecía aterrador. De pronto, se escuchó un toque en la puerta de la habitación y la voz de. Christopher se hizo presente, dirigiéndose a mí.

— Buenos días, samantha; discúlpame por haberte despertado tan temprano. tenemos que irnos al laboratorio para que te hagas esos análisis —dijo christopher

Me moví de la bañera para responderle que estaba bañándome y que me diera un momento para cambiarme. Al terminar de hablar, el pasillo quedó en silencio; pensé que se había retirado para dejarme concluir con mi baño. Una vez terminada la ducha, salí para vestirme. No tenía otra opción que usar la misma ropa de ayer que llevaba puesta. Salí de la habitación. Al verme así christopher vestida, no pronunció ninguna palabra, pero su mirada revelaba cierto asombro. Ese estilo de vestir era el que utilizaba para el trabajo, algo que resultaba evidente. Subimos a su vehículo. Mientras él conducía, yo estaba en el asiento y mis manos empezaron a temblar.

— Escúchame, samantha: lo que te voy a decir no será fácil de asimilar, pero en este momento lo mejor que puedes hacer es mantener calma. no te estreses, no te preocupes todo va a salir bien.—dijo christopher

— Entiendo lo que intentas explicarme, pero es muy duro aceptar que estoy entre la vida y la muerte, colgando de un hilo. tengo mucho miedo, y además… —respondí

— Entiendo tu posición, pero no debes desesperarte ni dar por hecho algo que aún no está confirmado.—dijo christopher

Al llegar al laboratorio, me hice la prueba de vhi. Luego de salir del consultorio, la recepcionista indicó que el tiempo de espera para los resultados podría tardar entre una semana y dos. Al salir, christopher condujo hasta un restaurante para desayunar. Al ingresar, noté que algunas personas me observaban; la causa parecía ser mi forma de vestir. Al asentarnos a una mesa le pregunté a christopher,

— Te quiero hacer una pregunta: ¿estás casado, christopher? —le pregunté

Al observar que su expresión había cambiado, dejé de lado la cuestión. Pero finalmente, con tono serio, respondió a mi pregunta.

— No, samantha, no soy casado —contestó christopher

Sin embargo, me pareció extraño: en su dedo lucía un anillo de matrimonio. Eso me generaba dudas sobre lo que acababa de decir; aunque tenía curiosidad por conocerlo mejor, no me animé a profundizar más en el tema. Una vez terminado el desayuno, nos levantamos de la mesa y abandonamos el restaurante. Christopher me ofreció llevarme a mi casa, pero me negué. Justo antes de irse, me solicitó mi número de teléfono para ponerse en contacto conmigo en unas dos semanas, con el fin de saber cómo habían salido con los análisis. Al comentarle que no poseía

teléfono, entonces me entregó su número telefónico para que fuera yo quien lo llamara en ese período. Me quedé inmóvil en el lugar, viéndolo marcharse, y luego me dirigí a mi departamento. Al llegar a mi departamento, observé que varias personas estaban recogiendo sus cosas y empacándolas. Esto indicaba que pronto tendría que buscar otro hogar. Me dirigí a mi habitación para reposar; además, debía encontrar un empleo nuevo, ya que no quería seguir dedicándome a la prostitución. En ese momento lo único que anhelaba era descansar. Al entrar a mi habitación, directamente me acosté en la cama, fijándome en el reloj colgado en la pared: eran apenas las 11:40 de la mañana. Sin darme cuenta, caí en un sueño profundo.

A las 6:25 de la tarde

De pronto, un golpe en el timbre me despertó. Me incorporé con un poco de sueño y al abrir la puerta, encontré a personas vestidas de traje acompañadas de oficiales. Uno de ellos se identificó como propietario del edificio y me comunicó que debía abandonar el lugar ese mismo día. Me propuso una cantidad de dinero para ayudarme a alquilar otra habitación. No tenía más alternativa que aceptar; en cualquier caso, me vería obligada a mudarme pronto. Solo recogí algunas cosas personales y mis documentos. Al abandonar el edificio, me encontraba un poco indispuesta. Me

dirigí hasta donde vive una amiga, con la intención de preguntarle si podía quedarme a dormir esa noche con ella y mañana dedicarme a buscar un departamento al día siguiente. Sin embargo, me cerró la puerta; solo me dijo que no estaba sola. Así que me fui hacia un parque, me acomodé en una banca y empecé a reflexionar sobre mi situación. En ese instante, vino a mi mente christopher. No sabía qué hacer. Quedarme en una casa abandonada no era una opción segura; dormir en el parque había sido mi única alternativa hasta ahora, pero hacía bastante frío. No pude sacar casi

nada de mis pertenecías útiles, como cobijas. ¿Qué debería hacer? Christopher me había dicho que no era casado, pero tampoco me había mencionado que tenía una novia. Tenía que arriesgarme a enfrentar la pena y pedirle ayuda: que me dejara dormir una vez más en su casa. Sabía dónde era su dirección.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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