El diario de samantha - Capítulo 26
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Capítulo 26: El diario de samantha
Capítulo – 26: Miedo
Sábado – 24 de octubre de 1998
Querida Aylin,
Desperté un poco más tarde de lo habitual. Al girarme hacia el reloj, marcaba las 9:20 de la mañana, algo tarde para mí. Me levanté de la cama y noté que llevaba la pijama que christopher me había regalado; en mi rostro se formó una sonrisa tranquila. Miré por la ventana: era un día hermoso, con aire claro y luz cálida que llenaba el espacio. La vista me provocó una profunda nostalgia al recordar cómo había permitido que pasaran oportunidades en mi vida. Pero sabía que aún contaba con una segunda posibilidad de transformarla. Al salir de la habitación y
encaminarme a la cocina, una sola lágrima resbaló por mi mejilla. La sequé rápidamente con el dorso de mi mano. Al llegar a la cocina, me encontré con. Christopher y sarahí. Al verme llegar, me saludaron: “Buenos días, samantha”. Les respondí con el mismo saludo. No lograba asimilar que había escapado de mi vida anterior como prostituta. Aún era difícil de creer que podría salir de aquella realidad tan miserable. En ese momento recordé a kitty, quien también había buscado un camino diferente alejado de la prostitución. Yo la había juzgado por intentar lo mismo que ahora
intentaba yo. Siento un gran arrepentimiento por haberla criticado entonces e incluso por haber deseado su muerte. Entonces agradecí a. Dios por aquella segunda oportunidad que me había dado. Ahora dependía de mí no fallar a. Christopher ni cometer ningún descuido. Al fijarme en la pequeña sarahí, sentí curiosidad por saber cuántos años tenía.
— Sarahí, ¿qué edad tienes? —le pregunté.
— Tengo trece años, pero el 12 de noviembre cumplo catorce —dijo sarahí
Pensé en lo complicado que debió ser para ella no tener a una madre a su lado. Me quedé en silencio por unos instantes, recordando lo que christopher me había contado el día anterior: su esposa había fallecido hace trece años. El hecho de que Sarahí no hubiera podido conocer a su madre, al igual que esta no había podido conocer a su hija, me parecía una situación injusta. Pensar en la vida de Sarahí despertaba esa percepción. De repente, se me vinieron a la mente las ocasiones en que debió pasar dificultades: las navidades, su cumpleaños, posiblemente el año nuevo. No quería imaginar cómo sería para ella el día de las madres.
— ¿Cuáles son tus hobbies, sarahí? —le contesté
— ¿Hobbies? ¿qué significa esa palabra, samantha? —contestó Sarahí.
En ese instante, christopher le explicó a sarahí que un hobby consiste en una actividad practicada por gusto en el tiempo libre. A continuación, preparó y sirvió platos de comida para ella y para mí. Pero antes de que comenzáramos a desayunar, ella respondió la pregunta que le había formulado.
— Me gustan los videojuegos —respondió sarahi
Cuando sarahí terminó de desayunar, se retiró a su cuarto para vestirse. Yo seguía con la pijama puesta, no tenía más ropa para usar para el día, así que mientras ella se cambiaba, me puse a lavar los platos, y christopher se unió a mí. Estaba tan cerca que no pude evitar notar lo bien parecido que era.
— Christopher, realmente te agradezco tu ayuda. todo lo que estás haciendo por mí… nunca podré pagártelo. nunca nadie me ha ayudado… de verdad como tú lo haces; todavía me sorprende que existan personas tan buenas en el mundo —le respondí
— ¿Crees eso de verdad, samantha? —dijo christopher
— Por supuesto que sí, christopher ¿pero por qué lo dudas tanto, christopher? —le respond
:Flashback viernes 05 de agosto de 1983:”
perspectiva de christopher
— Mi amor, tienes que saberlo: te amaré siempre, hasta el final de mis días. quiero pasar el resto de mi vida a tu lado —dijo christopher
— No digas eso… ¿cómo puedes querer compartir tu vida conmigo si sé que no tendré mucho tiempo? no quiero dejarte solo, no… quiero que sufras cuando ya no esté. mi partida será pronto —dijo maritza
:En el presente:”
perspectiva de samantha
La preocupación me invadía. Christopher estaba como ausente, sus ojos fijados en nada en particular. Le hablaba una y otra vez, pero no parecía escucharme hasta que tuve que llamarlo fuerte por su nombre. Entonces se sobresaltó, mirándome con culpa y pidiéndome perdón en un susurro, retomando lavar los platos con movimientos lentos y pesados. Me preguntaba qué era lo que lo atormentaba tanto para quedarse así en trance; su expresión reflejaba una decepción y una melancolía que me dolía ver. Una vez terminado de lavar los platos y ordenar la cocina, encontré a
psarahí esperando en la sala, lista para salir del departamento. Mientras nos dirigíamos hacia el automóvil de christopher, pisábamos el pavimento desgastado que bordea la avenida. Al subirnos, ajustamos los asientos para encontrar una posición cómoda. Christopher tomó el volante y puso en marcha el vehículo; yo me encontraba hablando con sarahí, intercambiando opiniones sobre los cambios que habían hecho en la zona comercial. El trayecto fue corto, y al llegar a la boutique, notamos que la puerta principal estaba decorada con un lazo de tela color crema. La boutique que
habíamos acordado visitar es un local de dos plantas especializado en ropa casual y de ocasión; íbamos a elegir algunas prendas para mi armario. Al pasar por el mostrador de entrada, un vestido de verano de algodón estampado con flores amarillas llamó mi atención, así que pedí permiso para probarlo. Al salir del probador con el vestido puesto, noté que sarahí y christopher estaban de pie cerca de la sección de pantalones, mirándome. Sus miradas se detuvieron en mis brazos y piernas, donde se veían claros moretones de diversos tamaños. Sarahí se acercó hasta quedarse frente a mí, con la expresión seria:
— Samantha, ¿qué te pasa? ¿por qué tienes esos moretones en los brazos y las piernas? —preguntó sarahí
Me agaché el rostro, dirigiendo la mirada hacia el suelo. Sentía una fuerte vergüenza al ser vista en mi estado más vulnerable por las dos personas que más confiaba. Christopher se adelantó un paso y habló con calma:
— Sarahí, ve a revisar la sección de corbatas; necesito una que combine con mi traje gris —dijo christopher
— Está bien, papá; yo te buscaré tu corbata, no tardaré mucho —dijo sarahí
— Samantha, ¿quién te hizo esto? —dijo christopher
De repente christopher tomó mi brazo con suavidad, evitando tocar las zonas inflamadas, y me condujo hasta el interior de un probador cerrado. Me mantuve de espaldas a él, sin atreverme a enfrentarlo. Con movimientos cuidadosos, christopher bajó la cremallera del vestido, dejando al descubierto mi espalda. Al ver las marcas que cubrían mi piel, su voz se hizo grave y enfadada:
— Dios mío, ¿quién fue el imbécil que te causó tanto daño, samantha? por favor, dímelo —respondió christopher
En ese momento, las lágrimas comenzaron a brotar y a rodar por mis mejillas. Mi respuesta salió entrecortada por los sollozos; aún continúaba mirando al suelo, fijándome en las costuras del tapete del probador. Intentaba secar las lágrimas con el dorso de mi mano, pero apenas lograba hacerlo antes de que nuevas llegaran. Sentí cómo las manos de christopher se posaron suavemente sobre mis hombros, dándome un leve apretón. Sin girarme para no verlo, le expliqué:
— Era el oficio de mi trabajo en la prostitución, christopher. cuando me negaba a aceptar las condiciones que me imponían, me pegaban, me hacían daño físico. eso era parte de mi vida todos los días. antes de conocerte, llegué a tener pensamientos suicidas… ya no podía aguantar más aquello —le dije
Hubo un silencio entre nosotros. Yo seguía de espalda, y christopher empezó a cerrar el cierre del vestido. Luego habló de nuevo, con una voz más tranquila. Los dedos de sus manos deslizaban sobre la costura, haciendo cada movimiento con precisión, el aire permanecía quieto, y el único sonido perceptible era el ligero rasgo de los dientes del cierre al encajar uno tras otro.
— Samantha, en verdad nunca me imaginé la magnitud de lo que pasabas durante las noches. pero ¿todavía tienes esos pensamientos tan oscuros en la cabeza? —preguntó.
— He tenido una vida difícil, christopher. tomé mis propias decisiones, y todas fueron equivocadas; diría que soy responsable de todo lo que estoy atravesando, que mis actos me llevaron a esta situación—, le respondí.
— Todos hemos pasado por momentos difíciles en la vida, samantha, y todos hemos cometido errores en algún momento. pero solo tú puedes darte la oportunidad de comenzar de nuevo—, dijo christopher
Intenté quitarme las lágrimas con el dorso de mi mano, pero Christopher aún tenía la mano sobre mi hombro. Buscaba transmitirme seguridad, pasando sus dedos suavemente por el borde del vestido que seguía puesto.
— Mis padres murieron y me dejaron sola en este mundo tan cruel. a veces pienso que hubiera sido mejor que yo fuera la que no hubiera muerto en lugar de ellos —le dije
— La vida tiene momentos de gran dolor, pero también hay personas que pueden transformar tu forma de ver las cosas y hacerte descubrir lo maravilloso que puede ser existir… tu motivo para vivir llegará, samantha; te lo aseguro —respondió christopher
— Supongo que lo que siento es miedo… miedo a volver a empezar, a vivir de verdad —le respondí,
Tras salir del probador y salir de la boutique, nos encaminamos hacia al vehículo mientras. Christopher se encargaba de la conducción mientras yo me mantenía en silencio. Sentía la necesidad de llorar, pero me contuve ya que sarahí estaba ahí. Al llegar al departamento, me fui directa a mi habitación, donde guardé todos los objetos que christopher me había comprado. Justo en ese instante, un golpe leve en la puerta me hizo dar un sobresalto. Al abrirla, encontré a sarahí de pie en el umbral; pude distinguir que sostenía un regalo entre sus manos.
— Samantha, aquí tienes. espero que te guste.—contestó sarahí
Cuando tomé el paquete, ella se retiró silenciosamente, dejándome con mis pensamientos. Volví a mi habitación y, al abrirlo, encontré un collar con diseño en forma de corazón. Dentro de la caja, además, reposaba una carta. En el momento en que iba a abrir la carta para leer su contenido, se hizo oír de nuevo un golpe en la puerta. Dejé la hoja sobre la cama y me acerqué a abrirla; quien estaba allí era christopher.
— Samantha, solo pasé para decirte que la cena ya está lista. ¿te gustaría venir a comer con nosotros?— comentó christopher
Aunque no sentía hambre, no deseaba menospreciar el esfuerzo con el que christopher había preparado la comida, ni tampoco herir los sentimientos de sarahí. Por lo tanto, acepté. Al dirigirme hacia la cocina junto a ellos, solté un suspiro. Aún no conseguía asimilar que mi vida estaba en pleno proceso de transformación, que ya no me dedicaría a la prostitución.
Con
Cariño
Samantha
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