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El diario de samantha - Capítulo 27

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Capítulo 27: El diario de samantha

Capítulo – 27: El enfrentamiento parte 01

Sábado – 24 de octubre de 1998

Querida Aylin,

4:23 de la tarde

Después, los tres nos sentamos alrededor de la mesa para cenar. El silencio se instaló entre nosotros, ya que aún no logro adaptarme a esta rutina ni asimilar el cambio: hace tan solo unos días, mi única forma de ganarme la vida era la prostitución. Lo que más me preocupa es que christopher y sarahí vieran los moretones que cubrían mis brazos, manos y piernas. Al terminar la comida, sarahí se acercó hasta donde estaba para dirigirse a mí.

— Samantha, ¿te molesta si te pido un favor? —preguntó sarahí

— Por supuesto que no, sarahí. ¿en qué puedo ayudarte? —le respondí

— Quisiera que vinieras conmigo a mi cuarto. tengo algo en lo que he estado trabajando y me gustaría enseñártelo; con mis otros amigos me da vergüenza mostrarlo, pero me interesaría mucho saber qué opinas de lo que estoy haciendo —contestó sarahí

—Me encantaría verlo, pero primero quiero ayudar a lavar los platos y colaborar un poco con tu papá —le comenté.

En ese momento, christopher interrumpió nuestra conversación señaló que no era necesario que me quedara para ayudarlo con los quehaceres: él se ocuparía de todo lo pendiente, así que podía acompañar a sarahí sin ningún problema. Sin necesidad de decir más, me levanté de la silla y la seguí hacia su habitación. Mientras íbamos camino a su habitación, de repente sentí cómo sarahí me tomaba la mano. Sus dedos se entrelazaron con los míos de forma natural; su piel estaba cálida, a diferencia de la mía que siempre llevaba un poco de frío. No supe qué hacer ni qué decir

en ese momento, solo noté cómo el ritmo de mis pasos se alineaba con el de ella mientras recorríamos el pasillo iluminado por un solo foco de pared. Nunca antes alguien me había sujetado la mano así, con una ternura que no estaba acostumbrada a recibir, y sentí cómo un ligero cosquilleo recorría mi brazo hasta llegar al pecho. Al entrar a la habitación, comprendí de inmediato que no se trataba de un espacio cualquiera, era un santuario. En una pared destacaba un cuadro de paisaje, tan majestuoso que parecía abrir una ventana a otro mundo. Sarahí se acercó

hacia el mueble del rincón se dirigió; abrió un cajón y extrajo una libreta de considerable grosor. En cada página, dibujos de animales compartían espacio con pasajes escritos a mano, entrelazándose de forma ordenada. Al examinar con cuidado las ilustraciones que sostenía en mis manos, comprobé que eran de gran belleza. Girándome luego hacia sarahí, le di una sonrisa.

— Sarahí… ¿tú hiciste todo esto? —le dije

—Sí… ¿qué te parece, samantha? —contestó sarahí

— Es increíble. tienes un verdadero talento, te lo aseguro con toda sinceridad —le contesté

En ese instante, una sonrisa tímida iluminó su rostro, como si alguien encendiera una luz en medio de la penumbra. Entonces le pregunté por qué, a pesar de su habilidad con los animales y los paisajes, nunca había intentado dibujar personas. Entre todos los dibujos, uno me había robado la atención: mostraba un lugar con flores dispersas, árboles altos y los primeros rayos del sol calentando el cielo. Un venado permanecía inmóvil en el prado, mirando hacia el horizonte vacío, y en cada trazo se adivinaba tristeza y nostalgia.

— Nunca me atreví a dibujar personas. sin embargo, he sentido ganas de dibujar un retrato: el de mi madre. el inconveniente es que no dispongo de ninguna fotografía suya, ni la menor noción de cómo era su rostro.—dijo sarahí

Y de repente, las facciones del rostro de sarahí se volvieron un reflejo de inmensa tristeza. En ese instante no hubo lugar a dudas en mi mente; me dirigí hacia ella y la envolví en un firme abrazo. Sus ojos, brillantes y llenos de lágrimas, se mostraban ante mí cuando ella me estrechó con igual intensidad. Sin emitir ninguna palabra, permanecimos allí, abrazadas las dos.

— Samantha… te puedes quedar esta noche conmigo; me gustaría que me hicieras compañía hasta que me duerma. claro, siempre que no te moleste—dijo sarahí

— No me molesta en absoluto. ¿por qué crees que quedarme contigo me molestaría, sarahí?—le respondí

Entonces nos dirigimos a la cama para recostarnos. Sentía cierta preocupación, pues sabía cómo, reaccionar christopher al verme en la cama de su hija. Primero le ayudé a colocar las almohadas en su sitio; Sarahí se metió debajo de las mantas y se acomodó a mi lado, apoyando su cabeza sobre mi brazo. Conforme iba adentrándose en el sueño, me di cuenta de que no estaba acostumbrada a este tipo de cercanía: pocas veces alguien me había abrazado, y menos aún se había dormido a mi lado. La sensación resultaba extraña. No puedo precisar cuánto tiempo permanecí así, pero de pronto tuve la necesidad de pasar mis dedos por su cabello con lentitud. La

propia acción me sorprendió, y me mantuve atenta a su respiración, observando cómo se aflojaba con el sueño. Empecé a sentir cómo la somnolencia me ganaba, impulsada por el calor que desprendía el cuerpo de sarahí. Justo en ese momento, escuché el ruido de pasos que venían del pasillo. Al girar la mirada hacia la entrada, distinguí a christopher que se aproximaba. Intenté incorporarme, pero no pude moverme: Sarahí tenía los brazos alrededor de mí, presionando sus caderas contra las mías y apoyando su rostro en mi hombro. Cuando llegó hasta la puerta, se dirigió hacia mí. Entonces me habló, christopher

— Perdóname, christopher. me recosté en la cama de tu hija, es que ella me pidió que le hiciera compañía hasta que se durmiera… no fue mi intención hacer algo que te pueda molestar; tal vez me estoy involucrando demasiado en sus vidas, —le respondí

— No te preocupes, samantha. soy yo quien debería agradecerte por comportarte así con mi hija, sin necesidad de que te lo pidiera —dijo christopher

Me levanté con mucho cuidado, apoyando los pies en el suelo poco a poco para no sacudir la cama y despertarla, a sarahí. Nos salimos de la habitación de sarahí y cerramos la puerta con sigilo. Christopher me deseó buenas noches justo antes de girar hacia su habitación, y yo continué hasta la mía. Al encender la luz, vi en el reloj de la pared que eran las 11:30 de la noche. Me pareció extraño tener sueño tan temprano, pero al recostarme sobre la cama, me quedé dormida profundamente en pocos instantes.

:Al día siguiente:”

Domingo – 25 de octubre de 1998

Al despertar, miré el reloj de la mesita: marcaba las 8:23 de la mañana. Me levanté despacio y me puse las nuevas pantuflas de goma que me habían regalado, ajustándolas bien a los pies. Después me dirigí al baño pequeño del pasillo, donde me lavé el rostro con jabón neutro y sequé la piel con cuidado. Cuando salí, me encaminé a la cocina; tenía ganas de tomar una taza de café, como de costumbre. A medida que me acercaba, percibí voces que venían del interior, y al llegar pude distinguir una voz femenina discutiendo con christopher. Al entrar completamente en la cocina, me

mequedé sorprendida: era la misma mujer cuando conocí por primera vez a christopher….me quedé sorprendida: era la misma mujer cuando conocí por primera vez a christopher, en aquel restaurante. Me paralicé en el lugar, impactada, y ella al notar mi presencia también se quedó quieta, con la mirada fija en mí. Era evidente que me había reconocido. Christopher se volvió hacia mí y me saludó:

— Buenos días, samantha. ¿cómo te encuentras hoy? —respondió christopher

Apenas iba a devolverle el saludo a christopher cuando esa mujer se acercó a mí y me preguntó si podíamos conversar en privado. Al echarle un vistazo a christopher, este permaneció en silencio unos segundos, luego le dirigió la palabra en tono firme: diciéndole

— Basta, estefanía. no puedes venir hasta aquí para dar órdenes. eres mi hermana, claro, pero no tienes derecho a decidir en mi casa. te pido, con toda la amabilidad posible, que te vayas —dijo christopher

— De acuerdo, acepto su petición. si eso es lo que deseas, entonces salgamos fuera; no hay necesidad de que discutan, menos frente a sarahí —le dije.

Entonces la mujer, llamada estefanía, me miró fijamente con una expresión de desprecio. Luego ambas salimos de la casa y caminamos hasta el jardín, donde el césped, recién mojado por el rocío de la mañana, olía a tierra húmeda. Nos detuvimos cerca de la verja de hierro forjado, y yo intenté iniciar la conversación de forma formal.

—¿Qué es lo que quieres saber de mí, señorita estefanía? —le respondí

— No me vengas con esas cosas de señorita ni nada por el estilo, ¡déjate de estupideces! sé exactamente quién eres: esa prostituta maldita y asquerosa. ¿qué diablos haces aquí? ¿o acaso piensas robarle a christopher? —dijo estefanía

— Claro que no le robaré nada… pero bueno, ¿y qué piensas hacer al respecto, estefanía? la verdad es que me harías un gran favor si tú misma le cuentas la historia —le dije

— ¿De veras crees que con esas palabras me vas a amedrentar, prostituta? ¿y qué creerá sarahí cuando se entere de que su padre permite que alguien como tú pise esta casa? —dijo estefanía

Me quedé callada, invadida por una inmensa tristeza, por lo que había dicho. Estefanía me miraba fijamente, con una sonrisa triunfal en los labios y sus ojos brillantes de satisfacción. Me sentía completamente atrapada: entre el peso de mis emociones y el miedo a que sarahí tuviera que enfrentarse a mi verdad, no sabía qué hacer.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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