El diario de samantha - Capítulo 31
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Capítulo 31: El diario de samantha
Capítulo – 31: Un corazón vulnerable
Lunes – 26 de octubre de 1998
Querida Aylin,
12:26 de la tarde
Al llegar al restaurante, el lugar seguía en silencio. Sentía que había fracasado, con mi primera sesión de terapia no había salido como esperaba. Cuando me senté en la silla, christopher revisó el menú y solicitó filete mignon; sarahí optó por camarones teriyaki. Por mi parte, pedí espagueti con camarones. Una vez finalizada la cena, sarahí anunció que iría al baño. En ese instante, aproveché para iniciar una conversación con christopher.
— Christopher, puedo hacerte una pregunta? pero prométeme que me responderás con sinceridad —le respondí
— Por supuesto, samantha. cuéntame, ¿qué quieres saber? —respondió christopher
—¿Te sientes decepcionado de mí? en mi primera sesión de terapia no logré responder las preguntas de la psicóloga. si es así, te pido perdón por haberte fallado hoy… realmente me siento como un fracaso —le dije
— Escucha, samantha: te comprendo es normal. tener miedo es algo completamente normal. cuando me quedé viudo y tuve que ser padre soltero a tan temprana edad, no tenía idea de cómo actuar; el miedo a lo desconocido es algo natural. no te preocupes tanto —dijo christopher
Lo miré fijamente, sin poder contener una lágrima que deslizó silenciosamente por mi mejilla. christopher alargó la mano con una servilleta; la agarré con fuerza, apretándola contra mi rostro mientras las lágrimas comenzaban a fluir con más intensidad. Me sentía como una basura, inútil… Sabía que necesitaba abrirme, que la ayuda de la psicóloga era lo único que podría sacarme de este pozo, pero en el momento de hablar, la voz se me quedó atascada en la garganta.
— Gracias, christopher… realmente. no sabes lo bien que me hace escuchar esto. todo el tiempo pienso que solo soy un problema para ti, que te estoy quitando tu tiempo. es terrible despertar cada mañana y sentirte a ti misma como algo repugnante —le dije
— Samantha, por favor… no digas eso. has pasado por cosas que nadie debería tener que vivir, y aún así te esfuerzas cada día por ser mejor y, por seguir adelante. eso no es debilidad, eso es valentía pura. tienes más fuerza de la que crees —dijo christopher
Cuando sarahí volvió del baño, le pidió a su padre que si le comprara una nieve. Él accedió, y los tres salimos del restaurante. Mientras christopher conducía, me apoyé en la ventana del automóvil. Los árboles del camino desfilaban a un ritmo lento, con su follaje iluminado por la luz del día. Poco a poco, la somnolencia fue invadiéndome; sin darme cuenta, me quedé dormida. No sé cuánto tiempo duró, pero lo primero que noté fue cuando el vehículo se detuvo completamente. Al abrir los ojos, vi que habíamos llegado a un parque local, en una esquina de la avenida principal. Entonces
nos bajamos del vehículo y avanzamos hacia el lugar. Sarahí cruzó el césped a paso rápido, llegando primero al puesto de neveria. Ella quería una nieve combinada de chocolate y fresa, mientras que yo me quedé con la de vainilla, sin más adornos. Al echar un vistazo a mi reloj, veía que eran apenas las 3:40 de la tarde. Después, de que sarahí se terminó su nieve se encaminó hacia el área de columpios y se colocó en uno, soltando pequeños balanceos que hicieron crujir ligeramente la estructura. Mientras tanto, christopher y yo nos acomodamos en una banca
cercana, con la vista puesta en ella mientras las sombras de los árboles dibujaban formas sobre el suelo. Entonces, christopher me fijó con atención y me preguntó por qué mantenía esa expresión pensativa. Lo miré fijamente a los ojos y le respondí con voz firme, secándomelas lágrimas con la manga de mi blusa mientras los puños se me apretaban de forma involuntaria.
— Christopher, ¿por qué eres tan diferente de todos los hombres que he conocido? porque los que he tenido cerca nunca han sido como tú —le dije
— Claro que hay muchos como yo, samantha. solo que la mayoría somos invisibles para ellas y, no llamamos la atención de algunas mujeres —respondió christopher
— Los hombres que he conocido solo quieren una cosa de mí: tener relaciones sexuales conmigo, sin importar nada más. es asquerosamente repugnante; tan solo pensar en cómo me dejé dañar mi cuerpo por ellos me hace sentir náuseas—le respondí
Me agaché la mirada al suelo en ese instante, pero de pronto sentí cómo christopher tomaba mi rostro con delicadeza para levantarlo, y me contestó. Nunca debes bajar la mirada, con voz baja. Esa sonrisa tuya no tiene por qué estar escondida. Sonreí levemente y nos quedamos mirándonos Nuestras miradas se encontraron la una en la otra. En el momento en que iba a hablar, el celular de christopher comenzó a sonar. Se puso de pie para contestar la llamada, mientras yo me quedaba en la banca, con la vista puesta en sarahí. Después de unos minutos regresó christopher. Sus
facciones del rostro habían cambiado notablemente; su expresión habitual había cedido paso a una apariencia estresada, con líneas marcadas entre las cejas y la mirada más sombría. En seguida, le informó a sarahí de que era hora de regresar a casa, y comenzamos a prepararnos para el regreso. Mientras christopher conducía, manteniendo un ritmo constante en la carretera, yo me volví a recargar en la ventana, dejando que el aire suave rozara mi rostro. Entonces sarahí le habló a su padre con una voz seria y medida.
— Papi, ¿estás enojado? se te nota en el rostro —dijo sarahí
— Claro que no, cariño. solo estoy algo preocupado, ya que tendré que salir de viaje de nuevo en unos días —dijo christopher
Al escuchar esas palabras, mi primer impulso fue mirar a sarahí. Su pequeño rostro se había entristecido de inmediato; sus ojos se humedecieron ligeramente y movió la cabeza con desánimo. Entonces sarahí respondió una vez más, pero esta vez su voz transmitía tristeza y un toque de enojo.
— ¿Por cuántas semanas? ¿o por cuántos meses? ¿esta vez me quedaré sin padre durante mucho tiempo? al menos, ¿estarás ahí para mi cumpleaños esta vez? —dijo sarahí
Después, desvió la mirada hacia el costado izquierdo, fijándose en el suelo del auto o en cualquier punto que no fuera su padre. Se le notaba claramente que lloraba: las mejillas estaban rojas y brillantes por las lágrimas, y movía la cabeza lentamente de un lado a otro sin decir más. Christopher se quedó en silencio, manteniendo la vista en la carretera. Apretaba el volante con fuerza, hasta que los dedos se le tensaron; su expresión mostraba que estaba alterado, pero era un enojo dirigido completamente a sí mismo.
— Perdóname por ser un mal padre y no poder estar en tu cumpleaños. nunca es mi intención dejarte sola —dijo christopher
mirándola brevemente por el espejo retrovisor antes de volver la vista a la carretera. Entonces sarahí pasó los dedos por sus mejillas para secar las lágrimas, luego se apoyó en el respaldo del asiento y trató de componer su expresión. Le ofreció a su padre una sonrisa algo forzada, con los labios entrecerrados.
— No está bien, pero ya pasó. debería disculparme yo contigo, papá. fui muy egoísta al hablarte así, sé que no es por gusto que te vas, es tu trabajo… papi, ¿entonces para cuándo te vas esta vez? ¿ y con quién me quedaré esta vez? ¿será con mi abuela? —dijo sarahí
pasándose una mano por el rostro para asegurarse de que no quedaran más lágrimas. Y de nuevo hablando con claridad aunque su tono revelara que aún no se había recuperado del llanto. Al escucharla preguntar de esa manera tan madura y responsable, me sorprendió profundamente. Aunque intentaba sonar segura, su voz se notaba un poco quebrada al mencionar el viaje. christopher suspiró suavemente antes de responder:
— Me tengo que ir este sábado en la mañana; debo llegar a massachusetts para el inicio de la jornada laboral —dijo christopher
— Me prometes que estarás en mi cumpleaños, por favor. ya sé que si no puedes, no es tu culpa, así que no pasa nada —dijo sarahí
sujetando el volante con firmeza, y mientras. Sarahí se limpiaba sus ojos, y su voz volvió a entrecortarse a pesar de sus esfuerzos por mantenerse serena: jugueteando con el cierre de su mochila que llevaba en el asiento. Al ver a christopher, una lágrima se le rodó silenciosamente por la mejilla mientras trataba de contener la tristeza, manteniendo la espalda rígida y la mirada fija en el camino. Le dirigió una sonrisa a sarahí, pero en sus ojos se notaba que estaba sufriendo profundamente. En ese instante, no supe cómo actuar, así que me quedé inmóvil, observándolos en silencio.
— Claro que sí, mi princesa. haré todo lo que esté en mis manos para estar presente ese día – te lo aseguro – dijo christopher
Entonces sarahí se secó de nuevo las lágrimas con la manga de su blusa, se enderezó en su asiento y, con una voz más calmada, le respondió: de nuevo hacia su padre
— Papi, ¿crees que esta vez pueda quedarme con samantha? – dijo sarahí
jugueteando con el puño de su manga mientras hablaba. Me quedé mirando a christopher, y él me fijó la mirada por un breve momento. No supe qué hacer ni qué decir en ese instante, pero su expresión dejaba claro que estaba dudando mucho la opción. Era entendible, si estuviera en su posición, haría lo mismo, ya que estaba solo pensando en proteger a su hija. Entonces christopher se dirigió a ella con voz calmada:
— Sarahí, ¿no te parece mejor quedarte con el tío diego esta vez? él vive más cerca y podría cuidarte con más facilidad –contestó christopher
le sugirió, mirándola por el espejo retrovisor. Pero sarahí respondió de inmediato, con una voz firme y sin titubear: con la palabra no, papá. Luego se volvió hacia mí, con los ojos un poco brillantes pero con una actitud decidida: agarrándose del brazo del asiento.
— Samantha, ¿verdad que puedo quedarme contigo? no será ninguna molestia, ¿cierto? – dijo sarahí
— Sarahí, claro que no será ninguna molestia pero la decisión final la tiene tu papá, no yo. si él da su aprobación, con gusto te cuidare, pero todo depende de él. —le respondí
Entonces christopher cerró los ojos brevemente, tomó una respiración profunda y luego habló con sarahí, con un tono que dejaba claro que era una condición no negociable:
— Está bien, pero con una cosa: mi madre o tu tío diego tendrán que visitar la casa todos los días para chequear cómo te va —le dijo christopher
Sarahí asintió rápidamente, respondiendo sin vacilar: claro que sí, papá, no hay problema. Al llegar a la vivienda, apenas eran las 5:30 de la tarde. Mientras sarahí se instalaba en su escritorio para hacer la tarea, christopher me acompañó hasta la cocina y empezó a darme instrucciones precisas:
— Si surge algún problema, llama primero a maría, y si no la encuentras, llámame sin pensarlo dos veces. además, mañana temprano vamos juntos a comprar un celular para ti, así podremos mantenernos en contacto todo el tiempo, tanto tú conmigo como con sarahí.
Acepté con una sonrisa, aunque cuando me propuso pagarme por el cuidado de su hija, mi respuesta fue un no inmediato. No deseaba recibir dinero, debido a que él me brinda su apoyo económico: no exige el pago de la renta y se hace cargo de los costos de mi terapia. Finalmente, accedí a aceptar el pago, únicamente para que el se pudiera sentirse tranquilo.
—Christopher no puede hacerlo, no me sentiría tranquila. tú siempre has estado ahí cuando lo necesité, así que esto es solo un favor —le dije.
— No, samantha. lo que hago por ti no tiene costo, pero no debes pensar así. no des tu tiempo y tu trabajo de manera gratuita: aceptarás el dinero, ya sea que quieras o no —dijo christopher
Entonces decidí aceptar su oferta, para que no se preocupara más. Después de organizar algunas cosas en la casa, me fui a mi habitación a descansar; me sentía completamente agotada por todo lo ocurrido ese día. Al ir camino a mi habitación, pasé junto a la de sarahí la puerta estaba media abierta, con la luz de su lámpara de mesita filtrándose al pasillo. Cuando pasé, me incliné un poco hacia adentro sin darme cuenta, atraída por un sonido suave. Estaba cantando una canción, y ya estaba a punto de terminarla. La voz de sarahí era suave, pero se notaba claramente la tristeza y la nostalgia en cada nota, como si cada palabra la conectara con algo o alguien que extrañaba profundamente.
🎵CANCIÓN DE SARAHÍ🎵
*Todo lo que tengo…
Es una imagen en mi memoria…
De cómo serías tú, mamita…
Si estuviéramos juntas…
Poder escucharte hablar…
Y jamás estaría sola…
Cuando papi se va de viaje…
Lo único que hago…
*Es fingir que estás de viaje tú también…
Para soportar…
No tener una madre…
Digamos que me escribirás…
Cartas los domingos libres…
Y en ellas me prometes…
Que llegarás pronto…
Y volveremos a estar juntas como siempre…
Te quisiera conocer…
*Mami…
Mi corazón está vacío sin ti…
Cuando vuelvas de tu camino…
Estaremos juntas…
Nunca más separadas…
Por mientras…
Yo seguiré soñándote…
Aquí a mi lado…
Aunque empiece a creer que no volverás…
Lo único que hago…
*Es fingir que estás de viaje tú también…
Para soportar…
No tener una madre…
Digamos que me escribirás…
Cartas los domingos libres…
Y en ellas me prometes…
Que llegarás pronto…
Y volveremos a estar juntas como siempre…
Espero que vuelvas pronto, mami…
*Espero que vuelvas pronto…
Mi corazón llora por ti…
Tu casa es mi corazón…
Necesito a mi mamá…
Te quiero, mami…
🎵Buenas noches…*🎵
La melodía se desvaneció en el silencio de la noche. Me quedé un rato más de pie fuera de su habitación, sin atreverme a entrar, sintiendo cómo el nudo en mi garganta se hacía más grande con cada palabra que había escuchado…Una lágrima se deslizó por mi mejilla sin poder evitarlo, mientras la escuchaba llorar en silencio detrás de esa puerta entreabierta. Me sequé la lágrima con la manga de mi blusa, tratando de mantenerme quieta para no molestarla. Cada uno de sus pequeños gemidos de dolor me partía el corazón, sabiendo que estaba hablando con la mamá que solo conocía en sus sueños. La noche se hizo más pesada alrededor mío, llena del sentimiento que ella no podía ocultar ni siquiera en su canción.
Con
Cariño
Samantha
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