El diario de samantha - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- El diario de samantha
- Capítulo 32 - Capítulo 32: El diario de samantha
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 32: El diario de samantha
Capítulo – 32: Secretos
Martes – 27 de octubre de 1998
Querida Aylin,
Me había despertado por el sonido de la alarma. Al observar el reloj de la mesita de noche, eran las 5:46 de la madrugada. La luz del amanecer comenzaba a iluminar suavemente las ventanas, dejando entrando un resplandor pálido en el cuarto. Me levanté lentamente de la cama y me dirigí al baño, donde lavé mi rostro con agua tibia y me sequé con la toalla que estaba sobre el lavabo. Cuando salí y me dirigí a la cocina, vi que christopher ya estaba despierto; estaba frente a la encimera, sacando ingredientes de la nevera. Me acerqué a él para intentar ayudarle a cocinar.
— Buenos días, samantha. ¿cómo te encuentras esta mañana? —preguntó christopher
— Un poco más tranquila, gracias por preguntar… sabes, todavía no me he acostumbrado a cómo es la vida ahora, pero la verdad es que jamás imaginé que mi existencia tomaría un giro así —le respondí
Entonces sin darme cuenta, cuando me gire hacia, la mesa derribé. La taza cayó hacia el suelo de cemento pulido y al impactar se partió en varios trozos que quedaron esparcidos en el pasillo. Mire los restos en silencio, y murmuré entre dientes que era una imbécil torpe por no haber visto lo que estaba a mi alrededor. Christopher permanecía a un lado, observándome con calma, y finalmente me dirigió la palabra:
— Samantha, solo es una taza. no hace falta que te preocupes por algo tan insignificante —dijo christopher
agarré el recogedor y comencé a recoger los trozos de la taza, pasándolo cuidadosamente por cada parte del suelo para no dejar restos. Mientras lo hacía, mis ojos se dirigían de vez en cuando a christopher, quien permanecía quieto observando cada movimiento. De repente, sin pensarlo mucho, le comencé hablar:
— Oye, christopher… el otro día quería preguntarte algo, me hizo muy curioso. en serio, se me hizo bastante extraño, pero bueno… ¿cuánto tienes que haber pasado para saber tantas formas de levantar el ánimo a la gente? sé que te esfuerzas muchísimo; aunque lo poco que te he conocido no es mucho, ya me di cuenta… y lo peor es que te presionas a ti mismo todos los días, —le dije
mientras depositaba los últimos pedazos de vidrio en la bolsa de basura. Observé a christopher. Me miraba fijamente, tal como lo haría alguien que se hubiera quedado sorprendido al escuchar mis palabras. Su expresión era inmóvil; las cejas mantenidas en su posición habitual, los dedos entrelazados sobre la superficie pulida de la mesa. Entre ambos, el aire permaneció quieto mientras su mirada no se desviaba de la mía.
— Me dejaste sin palabras, realmente no sé qué decirte —comentó christopher
— Sabes qué? eres increíble, christopher. te admiro muchísimo. eres el primer hombre en mi vida que me trata con verdadero respeto. dé que no tengo por qué meterme en tus cosas ni hablarte así, teniendo en cuenta cómo me va ahora mismo, pero realmente quiero que escuches esto: ya no te… seas tan duro contigo mismo. yo… me gustaría poder ser tu apoyo cuando lo necesites —le dije
Acercándome un poco más a él. Al mirarlo bien, vi que bajó la mirada hasta el suelo y me susurró tan solo dos palabras: Gracias, samantha. Le correspondí con una sonrisa tranquila y volví a hablar de nuevamente. Mi voz se escuchaba entrecortándose; las palabras iban saliendo de mi garganta
— ¿Por qué siempre estás aquí cuando te necesito? ese es uno de los motivos por los que te admiro tanto. entre tú y yo, siento que nadie más me presta atención, que paso desapercibida. pero tú… se puede decir que eres mi valor, y no tengo ningún problema en reconocerlo. si mi presencia te sirve de algo, si al menos logro sacarte una sonrisa de vez en cuando, lo haré con mucho gusto. —le respondí
poniendo una mano ligera sobre la mesa mientras hablaba. Christopher intentó, de hablar pero intervenir, pero lo interrumpí de inmediato. Necesitaba que supiera todo mi agradecimiento: por lo que había hecho por mí, por haberme salvado la vida y por darme una oportunidad de vivir que nunca antes nadie me había ofrecido. Entonces continué hablando.
— La verdad es que me preocupo: nunca piensas en ti mismo. sé que tienes muchos sueños por cumplir y que vas logrando progresos con ellos, entre ellos, ver crecer a tu hija, pero no deberías someterte a tanta presión, christopher. ¿qué te parece si volvemos con del desayuno? la cafetera sigue caliente y sarahí, tal vez, ya se despertó; de lo contrario, estará despertándose en cualquier momento —le dije
Mientras colocaba los platos en la mesa y movía la taza de té sobre la mantelera. Al mirar, a christopher que había alzado su mirada hacia mí con una sonrisa suave, mientras se secaba las lágrimas de sus ojos con el dorso de su mano. Ese gesto me llenó de alegría; en todo el tiempo que le conocía, era la primera vez que lo veía ofrecer una sonrisa tan sincera y relajada. Y de repente apareció, sarahí, lista y vestida con su uniforme, escolar. Entonces nos sentamos para desayunar juntos. Mientras comían, sarahí preguntó a su padre, si le permitiría ir a la casa de sus amigas en la
tarde para trabajar en una tarea. Él tuvo dudas al principio, pero finalmente accedió. Después de dejar a sarahí en la escuela, nos dirigimos a una tienda de celulares. Mientras christopher manejaba, le lancé una pregunta:
— Christopher, ¿aparte de tu esposa, alguna vez has sentido amor por otra mujer? —le dije
De repente, christopher detuvo el vehículo. Al mirarme directamente, emitió un largo suspiro y volvió a centrar su vista en la carretera. Lo único que hice fue observarlo lentamente. Después de un breve instante, christopher respondió la pregunta que le había hecho con anterioridad.
— No puedo decir que me haya enamorado de ella, pero sí existió alguien que despertó mi interés. ciertamente salimos juntos, creo que fueron dos o tres veces… qué salí con ella, era demasiada atractiva. un día de la tarde, la lleve a mi casa, nos empezamos a besar. la verdad es que en ese momento pensé que íbamos a tener sexo —comentó christopher
Christopher se interrumpió de repente, dejando un silencio que duró varios segundos. Su voz se había vuelto más baja y entrecortada, notorio signo de que recordar ese momento le resultaba difícil. Soltó un profundo suspiro, luego se volvió hacia mí, mostrando una sonrisa que parecía esforzada, y retomó la conversación donde la había dejado.
— Pues se puede decir que me rechazó por ser padre soltero, pero lo que realmente me dijo fue lo peor que un padre podría escuchar. —dijo christopher
—¿Y esa mujer, christopher? ¿qué te dijo? ¿podemos saberlo? —le contesté
Justo en ese instante llegamos a la tienda de celulares. Nos bajamos del vehículo y entramos juntos. Aunque me compró un celular, su semblante se mostraba solemne. Cuando salimos del local, le repetí la pregunta sobre lo que había ocurrido con aquella mujer.
— Samantha, ¿te animas a ir por un helado conmigo? —contestó christopher
— ¡Por supuesto! —le contesté
Subimos de nuevo al vehículo y nos fuimos hasta una nevería cercana. Al llegar al local, entramos juntos y elegimos sentarnos en las bancas, de fuera. Justo en ese instante, christopher volvió a continuar con su relato. Mientras escogía un banana split con fresa topping, dirigí mi mirada fija a christopher, poniéndome a escucharle atentamente.
—Todo lo que te voy a decir ocurrió hace dos años. la conocí a través de estefanía… ¡qué ironía es la vida! —contestó christopher
—¿Por qué lo dices así? —le pregunté
— Porque fue precisamente gracias a estefanía que conocí a mi esposa también —respondió christopher
:Flashback: Lunes, 10 de junio de 1996:”
perspectiva de christopher
— Mira, christopher. ella es alice, mi amiga.—dijo estefanía
— Encantado de conocerte; soy christopher.—dijo christopher
— El gusto es mío, christopher. me llamo alice.—dijo alice
Estefanía dio un paso atrás, dejándonos a. Alice y a mí para que pudiéramos conversar sin interrupciones. Comenzamos hablando de nuestras ocupaciones y de cómo estaba estructurada cada una de nuestras vidas. Ella me dijo que mantenía soltera su vida sentimental; era una persona atractiva, con rasgos marcados y una figura envidiable. Después me preguntó si estaba casado, y le conté que había quedado viudo hacía algunos años, aunque contaba con la compañía de mi hija.
— Tengo una hija. se llama maritza sarahí, pero a ella le gusta más que la llamen sarahí; es mi princesita.— dijo christopher
— Tengo una pregunta: ¿no es celosa tu hija contigo, christopher? por lo que he observado, a muchos niños les ocurre que son celosos con sus padres, sobre todo cuando aparecen nuevas personas en su entorno —respondió alice
— Para nada. es muy comprensible y madura, aunque solo tiene once años. y tú, alice… ¿cómo es que una mujer tan agradable sigue soltera?— dijo christopher.
— No ha llegado el hombre ideal para mí, supongo que soy un poco exigente. ¿a usted qué le gusta en una mujer? yo prefiero los hombres que tengan claro lo que quieren, que no vengan con juegos ni busquen solo una noche. lo mío es que quiero algo estable. ¿y tú, christopher? ¿qué es lo que buscas?— dijo alice
— No soy un hombre exigente con las mujeres. lo único que pido es que me acepten a mí y a mi hija, porque jamás la abandonaría ni mucho menos por una mujer… hay muchas mujeres en el mundo, pero una hija es reemplazable… por eso te hablé de ella desde que empezamos a conversar. ¿si realmente quieres conocerme, alice? debes saberlo: no dejaré a mi hija por nadie, ni siquiera por ti. si aún así quieres seguir adelante, perfecto. pero si tu decisión es no, entonces mejor que lo dejemos aquí. —dijo christopher
— Eres tan directo, christopher. justo eso es lo que me llama la atención de ti: que eres claro y sabes exactamente lo que quieres. eso me parece muy bien. —dijo alice
Al observar el reloj de pulsera, me di cuenta de que ya era algo tarde. En ese momento, alice sacó una libreta pequeña de su bolsillo, anotó una serie de números y me la entregó para que le hablara posteriormente.
— Un gusto conocerte, alice. espero volverte a ver pronto —dijo christopher
inclinándose ligeramente hacia ella antes de tomar mi abrigo del respaldo de la silla. Pero antes de que pudiera salir del bar, alice se levantó rápidamente y me detuvo sujetándome del brazo izquierdo. Su mirada era tierna, con los ojos entrecerrados en una leve sonrisa. Luego se acercó a mi oído y con susurro: seductor, me contestó. Te veo luego y me dio un beso ligero en mi mejilla, mientras sus dedos acariciaban suavemente mi rostro con ternura. Quedé impactado e inmóvilllevaba once años sin tener el tacto de una mujer cerca de mí.
:En el presente:”
— ¿Es en serio lo que me estás diciendo? ¿once años sin estar con una mujer, christopher? ¡no me lo puedo creer! —le dije
— No, no, samantha, no te equivoques. sí he tenido relaciones sexuales con mujeres, aunque no sea muy frecuente como antes. pero lo hacía, soy. hombre, claro que tengo mis necesidades… cómo todos pero lo que quiero decir es que nunca antes había sentido el tacto de alguien con quien quisiera establecer algo formal —dijo christopher
Me quedo un poco sorprendida. Nunca hubiera imaginado que alguien como christopher tuviera esas aventuras ocasionales, pero claro, es un hombre y tiene sus necesidades. Biológica aun así, lo que realmente me deja perpleja es por qué se conforma con eso en lugar de buscar algo que pueda formalizar.
— Entonces, ¿qué sucedió con alice, christopher? —le digo
— Bueno, llegó el momento en que la invité a mi casa para que conociera a sarahí. ella siempre ha sido amable con todo el mundo, igual que te recibió cuando te conocío; así es como siempre ha sido. lo que no logro entender es por qué ese día alice se encontraba algo alterada y molesta —comenta christopher
Con
Cariño
Samantha
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com