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El diario de samantha - Capítulo 38

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Capítulo 38: El diario de samantha

Capítulo – 38: Paz

Viernes – 30 de octubre de 1998

Querida Aylin,

Antes de que sonara la alarma del despertador, ya permanecía despierta. El sueño no había llegado con facilidad; se había limitado a breves períodos, interrumpidos por pensamientos recurrentes. Decidí iniciar la rutina diaria con un baño, para así prepararme y acudir a recoger los resultados de mis análisis. Me sentía inquieta. Me preguntaba cuál sería el diagnóstico, si el examen confirmaría la infección por el virus del VIH/sida. La idea de morir a causa de esta condición generaba preocupación. Mientras secaba mi cuerpo con una toalla, evaluaba las posibilidades: en el

supuesto de que los resultados fueran positivos, consideraba que preferiría poner fin mi vida antes que enfrentar el desarrollo de la enfermedad. Descendí hasta la cocina para preparar mi desayuno: una tostada con mermelada de fresa y una taza de café. Mientras me llevaba el pan a la boca, mis pensamientos se detuvieron en la misma pregunta: ¿sería esta la última vez que probara mi café matutino o mi tostada favorita? Lo que me llamó la atención fue el cielo en proceso de amanecer. Se mostraba tan majestuoso, con sus luces desplegándose poco a poco sobre el paisaje. Una

lágrima resbaló por mi mejilla al comprender que, debido a mis decisiones pasadas, estaba a punto de dejar de disfrutar todo lo bello que la vida tiene para ofrecer, por no haber tomado las medidasnecesarias para cuidarme. De repente, una mano se posó sobre mi hombro. Al girarme para identificar a quien pertenecía, era christopher. Al advertir que una lágrima recorría mi mejilla, él la limpió con su dedo índice y me dirigió la palabra:

— Te preocupas por los resultados de tus análisis, ¿no es así, samantha? no te preocupes, todo va a salir bien; estoy seguro de que no tienes el virus.—dijo christopher

— Gracias, christopher, por tus palabras de apoyo. pero debo ser realista: estuve trabajando como prostituta durante un buen tiempo… hubo dos o tres ocasiones en las que sufrí violencia, y en otras oportunidades se me rompió el condón. nunca se me ocurrió hacerme análisis de VIH, ni le presté importancia a la idea.—le respondí

— No pienses en lo negativo, samantha. sé que tienes miedo, pero no dejes que ese miedo te controle. porque si lo permites, serás presa fácil—dijo christopher

— Lo sé, christopher, lo sé. pero llevé cinco años en la prostitución, cinco años enteros de sufrimiento… entregué mi cuerpo a hombres desconocidos, sin saber si tenían gonorrea, sífilis, herpes, tuberculosis… ¡nada! me importo solo pensaba en ganar dinero para sobrevivir —le dije

En ese momento mi voz se quebró por completo, comencé a llorar sin poder contenerme, mis manos temblaban. Me acerqué a christopher y lo abracé con todas mis fuerzas, tan fuerte que casi no podía respirar. Sentía que me había convertido en una niña pequeña de nuevo, que necesitaba ser consolada. De repente apareció sarahí bajando las escaleras; vestía su uniforme escolar y se sostenía el estómago con ambas manos al verme. En ese momento, sentí preocupación. Me pasé la palma de la mano por las mejillas para limpiar las lágrimas y me acerqué a ella.

— ¿Qué te pasa, sarahí? —le pregunté

— No sé bien. me desperté con dolor estomacal, similar a cólicos. algunos momentos se atenúa, pero luego regresa con intensidad. —dijo sarahí

Christopher, que estaba cerca de la cocina, mostraba claros signos de nerviosismo: jugueteaba con el borde de la encimera y paseaba la mirada por los muebles. Susurró que probablemente se tratara de algo que había consumido la noche anterior y que no le había sentado bien. Posteriormente, los tres tomamos el desayuno en la mesa del comedor. Una vez finalizado el desayuno, condujimos hasta la escuela de sarahí para dejarla. Después, nos encaminamos hacia el laboratorio para recibir los resultados de mis análisis. En el trayecto, mis manos empezaron a

temblar de forma notable, haciendo difícil mantener el reposo. Luego, christopher me fijó la mirada; su expresión mostraba nerviosismo, y se pasaba la mano por el pelo varias veces antes de hablar. Me hizo algunas preguntas que me causaron cierta extrañeza.

— Samantha, ¿quiero hacerte una pregunta personal? espero que no te moleste —dijo christopher

— Claro, adelante —le contesté

— ¿Cuándo te llegó tu primer periodo? o sea, tu menstruación, la regla… ya sabes de lo que hablo —dijo christopher

— Christopher, ¡eso sí que es algo personal! —le dije

De repente todo cobró sentido: era inevitable que tarde o temprano le llegara el primer periodo a sarahí. Me quedé callada un instante, con la boca entreabierta, al darme cuenta de cómo había pasado por alto los síntomas tan claros. Después, le hablé a christopher con tono más calmado.

— Ahora sí entiendo todo. el dolor y los cólicos que tuvo esta mañana no tenían nada que ver con la comida, eran síntomas de su primer periodo… entonces, ¿por qué le dijiste a sarahí que probablemente se había comido algo que no le sentó bien? —le pregunté

— Pues claro que no, ¿cómo iba a hacerlo? no entiendo nada del cuerpo de la mujer, así que nunca se lo mencioné… siempre creí que en la escuela les darían esas explicaciones —dijo christopher

— Es cierto que usualmente los períodos comienzan entre los trece y catorce años, aunque en algunos casos pueden llegar a los doce. yo tuve el mío a los catorce, y como sarahí está a punto de cumplir esa edad… quizás para mañana ya empiece su primera menstruación —le dije

— Uuuh… entonces no podré explicarle porque en dos horas me voy de viaje. ¿podrías tú explicarle todo a sarahí, samantha? y además, me da mucha vergüenza tratar este tema con mi hija. si ni yo mismo entiendo cómo funciona el cuerpo de las mujeres, ¿qué le voy a contar? —dijo christopher

— No te preocupes, christopher, yo me encargo de explicarle… mi mamá me lo enseñó hace tiempo, así que sé cómo abordar ese tema —le dije

Por fin llegamos al laboratorio. Al bajarme del vehículo, christopher me acompañó hasta la entrada. caminé hacia la recepción con los pies un poco vacilantes, pues los nervios me hacían temblar las piernas cada vez que pensaba en los análisis. La mujer de la recepción me sonrió brevemente y me pidió que le diera mi nombre; se lo entregué en un susurro casi inaudible.

— Los tenemos listos desde ayer por la tarde —dijo la recepcionista

En cuanto sostuve el sobre con los análisis, mis manos empezaron a temblar de manera notable. Lo alcancé hacia Christopher para que revisara los resultados, pero de pronto se me fue la palabra y apareció la tartamudez que tanto detestaba —sobre todo en estos instantes de mucha presión.

—T-t-tú… puu-e-des le-e-érr-m-lo, c-chris-stopher —le dije

Christopher recogió el sobre con mucho cuidado, fijándose en mi rostro por un segundo antes de abrirlo. Sacó la hoja con los resultados y comenzó a leerla en voz baja, pasándose la mano por la frente mientras seguía las palabras con el dedo. Mientras tanto, mis pensamientos iban a lo peor: ¿qué pasaría si el resultado fuera positivo? Si realmente estuviera contagiada por el virus. Una lágrima se deslizó silenciosamente por mi mejilla hasta caer sobre mi mano.

— “Resultados de pruebas de detección de VIH…”método: inmunoensayo enzimático. valor de referencia: negativo. resultado obtenido: negativo”. —dijo christopher

Luego levantó la mirada, con la boca ligeramente abierta. Se quedó callado un segundo, como procesando lo que acababa de leer, y después soltó un suspiro profundo que parecía haber estado reteniendo desde hacía tiempo.

— Samantha… el resultado es negativo. no tienes vih, no tienes sida. ¿lo escuchaste? es negativo. —dijo christopher

—¿De verdad? lo dices de verdad christopher —le pregunté

— .Aquí dice claramente que el resultado es negativo. todo está bien, samantha. —contestó christopher

No podía creérmelo: no estaba contagiada. De repente, lágrimas de felicidad y alivio brotaron de mis ojos al confirmar que mi estado era bueno. Tenía otra oportunidad en la vida. Decidí leer de nuevo el resultado. Con las manos temblorosas, me limpiaba las lágrimas y trataba de calmarme, aunque no lograba hacerlo. En ese momento, christopher posó su mano en mi hombro y susurró que me acompañaría a hacer la compra de despensa, ya que debía irse de viaje aproximadamente una hora. Nos fuimos inmediatamente al mercado. Aunque él mencionó que su viaje duraría solo

entre una y dos semanas, decidió adquirir provisiones para dos meses completos. Al regresar a la casa, me entregó dinero para necesidades cotidianas y, además, me entregó el pago correspondiente a mi primer período de trabajo. Intenté rechazarlo, ya que consideré que su ayuda hasta ese momento había sido más que suficiente, pero me advirtió que no debía desestimar el esfuerzo de mi labor. Christopher hacia su habitación. Al consultar el reloj, comprobé que eran apenas las 11:25 de la mañana. Cuando christopher bajo, de nuevo hacia la sala, con su maleta ya hecha. En ese instante, decidí preguntarle algo. A christopher

— Christopher, ¿por qué me ayudas tanto? no eres como otros hombres: cualquiera en tu posición habría intentado aprovecharse de mi situación vulnerable, pero tú no… —le pregunté

— Toda persona merece una segunda oportunidad, samantha. aunque en un momento dado las cosas parezcan complicadas, nunca estarás estancada en el mismo punto. el cambio en tu vida depende solo de ti —respondió christopher

— Gracias, christopher. de verdad eres un hombre excelente. perdón por lo que voy a decir, pero alice fue una estúpida al dejarte ir: cualquier mujer en el mundo desearía tener a alguien como tú a su lado —le respondí

— Te agradezco, samantha. pero tienes que recordar una cosa importante: no podemos obligar a nadie a formar parte de nuestra vida. si alguien no quiere estar aquí, no hay manera de forzarlo —respondió christopher

Tras decirle, christopher se despidió y abandonó la casa. Antes de partir, me prometió que en cuanto llegara al hotel se pondría en contacto con nosotras, además de pedirme que estuviera atenta y cuidara mucho de sarahí. Al consultar el reloj, marcaban las 11:45 de la mañana. Decidí dirigirme inmediatamente a la escuela para esperar la salida de, sarahí pero al cruzar la puerta de la casa sentí una gran alegría. Al contemplar el día que comenzaba, me sentía llena de vida, como si hubiera vuelto a nacer, ahora que sabía con certeza que no había contraído el virus del sida.De

camino a la escuela, bajé la ventanilla del taxi. El aire frescor rozó mi rostro, y en ese instante me sentía realmente agradecida por el nuevo comienzo que se abría en mi vida. Al llegar a la escuela, encontré a sarahí esperándome sentada en una banca. Al verme acercarme, dijo que solo quería volver a casa. Noté que se veía triste, así que le pregunté qué le sucedía.

— Joseph se enfadó conmigo. me pidió que fuera a su casa porque sus padres no estarían allí, pero le expliqué que no podía ir sin pedir permiso a mi padre. por eso se enojó mucho conmigo. —dijo sarahí

— Sarahí, ¿realmente sientes amor por joseph? —le pregunté

— ¿Por qué preguntas eso, samantha? claro que lo amo, y estoy segura de que él también me ama —respondió sarahí

Ya percibía que joseph tenía un lado manipulador, pero no podía tomar medidas al respecto. Sabía que si sarahí realmente lo amaba, la elección debía ser únicamente suya. Intervenir por mi cuenta solo traería consecuencias negativas: podría hacer que ella perdiera la confianza que depositaba en mí, y además, existía el riesgo de que empezaran a ocultar cosas o a actuar a escondidas. Después terminar la, conversación nos fuimos de la, escuela. De camino a casa en el taxi, sarahí se recostó contra la ventana de la puerta, encogiéndose sobre sí misma. Vi cómo empezaba a llorar, con las lágrimas cayendo silenciosamente sobre su ropa. Sentía una enorme impotencia al verla sufrir de ese modo.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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