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El diario de samantha - Capítulo 40

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Capítulo 40: El diario de samantha

Capítulo – 40: Creciendo juntas – Parte 02

Sábado – 31 octubre del 1998

Querida Aylin,

9:20 de la mañana

Mientras desayunábamos en la mesa, pude observar que sarahí se miraba más tranquila. Habíamos conversado hacía unos minutos sobre cómo enfrentar el asunto de la pubertad, un tema que la había preocupado mucho debido a los cambios que estaba experimentando en su cuerpo. Verla con esa calma después de abrirse conmigo me hacía sentir más tranquila a mí también; era un alivio saber que había podido ayudarla a entender lo que le sucedía. Mientras comíamos, cereales con leche, jugo de naranja casero, además de huevo con tocino, todo parecía estar en

calma. Pero al terminar el desayuno, sarahí se acercó hasta donde estaba y me abrazó tan fuerte, y de repente empezó a llorar de nuevo. En un principio, no sabía porque tenía la necesidad de llorar de nuevo, así que le comenté que esos momentos son normales: durante la pubertad, los cambios corporales y hormonales pueden provocar cambios de ánimo súbitos, como enojo, tristeza o ganas de llorar sin razón aparente. Le aseguré que no tenía de qué preocuparse, que la comprendía completamente porque había vivido lo mismo cuando tenía su misma edad. Entonces se limpió los

ojos con el dorso de su mano. Luego, Sarahí me preguntó… si le podía maquillar solo por ese día; quería verse un poco diferente. Dudé unos minutos, ya que no estoy tan acostumbrada a hacerlo, pero finalmente acepté. Mientras me dirigía a mi habitación, ella se retiró al suyo para cambiar de ropa. mientras estaba. En mi habitación, saqué del estante el estuche con pinturas y utensilios de maquillaje que uso para ocasiones especiales. Pasaron unos minutos y sarahí entró en la habitación. Al verla, que lucía bien: llevaba una falda negra midi y una blusa blanca de cuello vuelto,

con medias de color natural y zapatos de charol. Se sentó en la silla del tocador para que la maquillara. Primero le apliqué un lápiz labial rosa claro para delimitar los labios, luego le pinté las uñas con un esmalte rosita suave. Después, le puse una sombra beige en los ojos y la difuminé cuidadosamente. Al terminar, me pidió un peinado distinto al habitual. Tenía una cabellera pelirroja larga y brillante, con tonos que variaban desde el cobrizo hasta el rojizo intenso un color particular que le daba mucho carácter. Cuando terminé el arreglo completo, me sorprendió lo hermosa que

se veía. Entendí por qué joseph se había enamorado de ella: su belleza era discreta, casi escondida en su estilo cotidiano, pero al resaltarla se hacía evidente. Decidí arreglarme también, así que me preparé en cuestión de minutos. Las dos salimos de casa y esperamos unos cinco minutos en la acera hasta que llegó el taxi. Fuimos primero al supermercado a comprar toallas sanitarias y algunos víveres. En el camino, sarahí me dijo que si podíamos pasar después por una boutique de ropa, Había decidido hacerse un cambio de look, así que sarahí y yo fuimos a una boutique ubicada en una calle lateral con vitrinas decoradas con flores artificiales. Al poco tiempo de entrar, una dependiente se acercó a nuestro lado.

— Muy buenos días. soy molly. ¿en qué puedo ayudarla? ¿busca prendas para usted o quizás para su hija? —preguntó molly

Me sorprendió las palabras que la dependiente considerara a sarahí como mi hija. La miré y noté que. Sarahí permanecía en silencio, a lado mio fijando su atención en mí para ver cómo reaccionaría. No me incomodaba la equivocación, aunque resultaba extraño escucharla expresada de esa manera.

— Estoy buscando para mi hija. estamos en busca de prendas con un estilo más jovenil —le contesté

— Mamá, quiero verme más jovenil, pero no como una niña de doce años. quiero un aire distinto, —dijo sarahí

Entonces sarahí se acercó hacia abrazarme por la cintura y quedándose pegada a mí. Al escuchar que la llamaba mi hija, su rostro se llenó de felicidad. Ella recorrió la tienda hasta detenerse frente a una sección de ropa oscura, eligiendo una minifalda negra de mezclilla, una blusa negra con hombros descubiertos y varias gargantillas de elástico en tonos oscuros. Después de probar el conjunto, salió del probador. Con su cabello largo y vestida de esa forma, me sorprendió el cambio; parecía una niña con un estilo completamente nuevo. Después, adquirí varias prendas para sarahí,

entre ellas la minifalda, la blusa y varias de las gargantillas, además de un pantalón de vestir para mí. Una vez que pagamos, salimos de la boutique caminando hacia la calle principal. En ese momento, sarahí me dijo que quería volver a cortarse el cabello y me pidió llevarla a una estética cercana. Al ingresar al local, las paredes de color crema y los espejos grandes daban una sensación de orden. Una estilista se acercó a nosotras enseguida.

— Buenos días a ambas. ¿las dos van a hacer algún cambio en el cabello, o solo una de ustedes?—preguntó la estilista

— Solo yo, pero quiero cortarme mi cabello al estilo de mi mama —respondió sarahí

No podía creer lo que escuchaba: mi corte es un bob asimétrico, con flequillo lateral y longitud hasta la mandíbula, mientras que el de ella es denso y largo desde hacía años. Me acerqué a ella y le pregunté con calma si estaba segura de querer el mismo estilo que yo. Sin dudar, ella me respondió que sí, que llevaba unos días pensándolo. Después, sarahí solicitó que además de cortarlo, le pintara su cabello del mismo tono que el mío: castaño claro. No podía creerlo, su melena era de un hermoso color pelirrojo y llegaba hasta la cintura. Me detuve un momento antes de responder y le pregunté:

— Sarahí, ¿estás realmente segura de querer hacer todos estos cambios? todavía puedes cambiar de opinión—le dije.

— Sí, quiero hacerlo. sé perfectamente lo que estoy decidiendo—respondió sarahí

— Es normal, que a veces las hijas siempre buscan imitar a sus madres, ¿no es cierto, cariño?—dijo la estilista

Después de que sarahí terminara su nuevo look, nos fuimos de nuevo a la casa. Sarahí se mostraba una apariencia decaída, aunque se consideró que podría deberse a los procesos de la pubertad. Al llegar, nos esperaban dos personas: fuera de la casa eran. Estefanía y la madre de christopher, la señora naría. En cuanto bajamos del taxi, al ver el cambio de corté de cabello de saraí, estefanía inició una pequeña discusión conmigo. La señora maría se dedicó a intentar calmarla. A su hija

— Mírate bien. ¿por qué te cortaste el cabello y te lo pintaste? del mismo color de ésa mujer ¿qué necesidad tienes de imitar a esa mujer? eres una señorita no eres una cualquiera sarahí dime la verdad, sarahí. ahora mismo sube a tu cuarto, junta tus pertenencias: te vas conmigo. —expresó estefanía

— Estefanía, por favor, controla tus nervios. solo venimos a checar cómo está sarahí. no hay motivo para ponerte así. Si ella decidió cambiarse el peinado y el color del cabello, está bien; no encuentro nada reprobable. es su decisión de sarahí —manifestó maría

— Te estoy diciendo que subas a tu habitación y saques tus cosas: te vas conmigo, sin discutir.—contestó estefanía

— No, estefanía. no me grites ni me hables con ese tono. si pides respeto, primero respeta. porque si no, te responderé de igual manera. ¡ya basta de que siempre quieras hacer las cosas a tu manera! estoy cansada de ti.—respondió sarahí

— ¡Basta ya, estefanía! sarahí está a mi cargo, tal como lo determinó christopher, y yo no tengo objeciones que vengas a visitarla al respecto. todos pueden visitarla, pero no toleraré que le hables con ese tono. sarahí, y Ella no se irá de aquí, y yo no permitiré que lo hagas. —le dije

En ese momento, estefanía se acercó a sarahí y le agarró con firmeza el brazo. Actué de inmediato para separarlas. Pero sarahí, le contestó con una voz enérgica y llena de furia, hacia estefanía pero sarahí la, miraba con. coraje y le contestó: Sarahí

— No vuelvas a tocarme así. que esta sea la última vez que me agarras con tanta fuerza. no te diste cuenta de que me hiciste daño. la próxima vez no me limitaré a hablarte, te voy a golpear estefanía —respondió sarahí

—¡Niña estúpida! ¿quién te crees para dirigirte asi de ese modo? ¡aprende a respetar, o te haré pagar por tus palabras! —dijo estefanía

Me posicioné frente a estefanía. Aunque temía su reacción, era evidente que se encontraba furiosa conmigo y con sarahí, mantuve la postura erguida. Mis piernas empezaban a temblar de forma leve, un temblor que apenas se notaba bajo la tela de mi pantalón. Sin embargo, no dejé traslucir debilidad alguna y le hablé con tono severo a. Estefania

— Sería conveniente que te calmaras estefanía y te retiraras. no deseo recurrir a medidas bruscas contigo, por consideración a maría. —le respondí

— ¡Escúchame bien! eso no se queda así, ¡ya verás lo que te espera!— dijo estefanía

De repente, maría se interpuso entre nosotras para evitar que la situación escalara. Le hablaba suavemente mientras le pasaba una mano por el hombro, haciendo esfuerzos constantes por calmar a su hija. Cuando finalmente logró que esta relajara la tensión de sus músculos y bajara la voz, se dirigió a nosotras con una inclinación leve de cabeza y se disculpó formalmente por el arranque de estefanía. Antes de marcharse, estefanía se acercó sigilosamente hasta mí, acercando su boca a mi oído de modo que nadie más pudiera escuchar: lo que me decía

— Escúchame, prostituta. dale gracias a dios que no te descubrí perra, ni delante de mi madre ni de sarahí —dijo Estefania

— Haz lo que te plazca, estefanía. no temo que se sepa que ejercí la prostitución; ya estoy cansada de que uses eso para manipularme. si vamos a poner todo sobre la mesa, ¿qué pensaría christopher al conocer la verdad? que su hermanastra le tiene sentimientos románticos. hacia el —le dije

La reacción de Estefanía fue inmediata y brusca. Se alejó un par de pasos, pero continuó observándome con una mirada indecifrable. Tras un breve instante, se dio la vuelta y se fue del lugar. Sarahí se acercó poco después, me saludó con un ligero gesto y me dio las gracias por haber intervenido en su defensa durante la discusión. Ambas entramos a la casa. Sarahí tomó el camino hacia su habitación en el segundo piso, mientras yo pasé al comedor y luego a la cocina para empezar con la cena. Al consultar el reloj de la estantería, eran las 12:30 de la tarde. De repente, el

timbre de mi celular rompió el silencio de la cocina. Al reconocer el número, supe que era christopher. Sentí cómo mi corazón latía con más fuerza; aunque ya imaginaba el motivo de su llamada, la emoción que me invadió fue inesperada. Aún así, deslicé el dedo para contestar. la llamada

— Hola, christopher. ¿cómo estás? desde ayer estaba esperando tu llamada, nunca me contactaste… jeje. pero bueno, ¿cómo te encuentras?— le pregunté

— Perdóname, samantha. no pude llamarte ayer porque en cuanto el avión aterrizó, los socios estaban ahí esperándonos. pasamos horas conversando sobre el proyecto y se nos fue el tiempo, pero todo está bien. ¿y sarahí, cómo está?— dijo christopher

— Ella está bien. ahorita está en su habitación descansando. ¿quieres que la llame para que hable contigo? puedo ir a buscarla. —le respondí

— No, mejor déjala reposar. muchas gracias por cuidar de ella, samantha. bueno, tengo que despedirme de ti ahora, pero cuando tenga un rato libre te llamo de nuevo. por favor, cuídense a ambas. —expresó christopher

— Claro, está bien. tú también cuídate mucho, christopher. nos vemos pronto luego. — le dije

No pude contener una sonrisa al escuchar la voz de christopher; simplemente escucharlo me llenaba de alegría. Sentía que lo extrañaba muchísimo, y no lograba comprender por qué esa sensación era tan intensa, cuando anteriormente había mantenido con él una relación fría y distante. Me detuve un momento, absorta en mis pensamientos, hasta que advertí que la cena estaba lista sobre la encimera. Había preparado caldo de res, así que serví un plato y me dirigí a la habitación de sarahí. Al entregárselo, ella me preguntó si quería comer con ella, y le respondí que

un si. Bajé rápidamente a la cocina por mi propio plato y volví a subir hasta su cuarto. Una vez que terminamos de cenar, me puse de pie para ir a ordenar la cocina. Al echar un vistazo al reloj colgado en la pared, eran las 4:40 de la tarde. Pero justo cuando iba a retirarme, sarahí me sujetó suavemente la mano. Al volver la vista hacia ella, ella fue la que habló:

— Samantha… ¿podrías dejarme salir mañana con joseph al cine? por favor. —dijo sarahí

— Solo con una condición: yo te acompañaré. no puedo permitir que vayas sola; si te sucediera algo, el problema que me, voy a meter… con tu papá — le dije,

— ¡Claro que sí! me parece genial. entonces nos quedamos en encontrarnos mañana a las 11 de la mañana para ir al cine. —respondió sarahí

Mientras estaba en la cocina limpiando los platos, de repente surgieron imágenes en mi mente: ¿Y si christopher estuviera con otra mujer? ¿quizás en este momento estuviera teniendo relaciones con alguien desconocida? vi mi celular sobre la mesa del comedor, me acerqué y busqué su número en los registros más recientes. Ya tenía el dedo sobre el botón para llamar, pero me detuve en seco. ¿Por qué iba a importarme eso si no tenemos nada entre nosotros? Me puse a fregar con más fuerza, tratando de deshacerme de esas ideas. Él era libre de hacer lo que quisiera; no tenía

Ningún compromiso, estaba solo, una vez terminada la limpieza, me fui directo a mi habitación a tomar un baño; lo necesitaba urgentemente para desconectar. El día había sido realmente agotador, ya que no estoy acostumbrada a estar tanto tiempo en la calle. Mientras el agua corría sobre mí piel desnuda en la ducha, volvieron a invadirme los pensamientos sobre christopher: ¿Sería capas christopher estar con alguien me lo. Decía una y otra vez en este momento estáteniendo relaciones sexuales con alguien? Solté un suspiro profundo y comencé

auto-convencerme, diciéndome en voz baja que debía mantener la calma y no preocuparme por cosas que no me competían. Cuando salí, del baño me puse mi pijama de algodón y estaba a punto de tumbarme en la cama cuando sonó un toque en la puerta. Al abrirla, encontré a sarahí de pie ahí.

— Samantha… ¿me dejarías dormir contigo esta noche? solo por hoy. —preguntó sarahí

— ¡Claro que sí, cariño! pasa tranquila. —le dije

Una vez acostadas, sarahí se acercó hacia mi y me envolvió con sus brazos; de pronto, escuché cómo soltaba un llanto callado que sacudía su cuerpo. Le pregunté qué le pasaba, pensando que quizás se tratara de alguna cuestión de la pubertad, pero lo que me dijo sarahí me dejó sin saber qué responder.

— Siempre he deseado tener una madre. mis amigos tienen a las suyas para todo, y yo estoy sola mucho tiempo. mi padre se va de viaje de negocios y se queda entre tres y cuatro semanas fuera… sé que él hace lo imposible por estar conmigo y que es el mejor padre que alguien podría tener… pero aún así, anhelo saber cómo es tener a una madre en las fiestas navideña, en mis cumpleaños… yo no tengo a nadie más que mi padre.— expresó sarahí

La abracé con todas mis fuerzas, hasta sentir que sus lágrimas empapaban la manga de mi pijama. Le deposité un beso en la frente; aunque ya tiene trece años y en poco tiempo cumplirá catorce, era claro que necesitaba alguien en quien apoyarse como una madre. Me sorprendió cómo me sentía: antes era fría, distante, no me interesaba lo de los demás. Pero conocer a sarahí ha cambiado eso; me duele profundamente verla sufrir. Aunque al principio me pareció extraño abrazar a una niña, la mantuve cerca hasta que su llanto se calmó por completo. Al mirarla, veía que ya dormía profundamente, con las mejillas aún húmedas.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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