El diario de samantha - Capítulo 41
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Capítulo 41: El diario de samantha
Capítulo – 41: La decepción de sarahí
Domingo – 01 noviembre del 1998
Querida Aylin,
Al despertar, observé que sarahí aún permanecía dormida. El reloj de la mesita indicaba las 8:15 de la mañana. Con movimientos cuidadosos, me levanté sin hacer ruido para no interrumpir su sueño, y me dirigí hacia la cocina. Primero preparé una taza de café, luego procedí a organizar los alimentos para el desayuno. Una vez listo todo, fui a despertar a sarahí; debía salir con su novio para ir al cine. Sarahí descendió hasta el comedor, terminó su desayuno, y después se retiró a bañarse y vestirse. Cuando volví a consultar el reloj, eran las 10:20 de la mañana. Mientras sarahí se encontraba bañándose, el teléfono de la casa sonó de golpe. Al suponer que era christopher quien llamaba, me acerqué a contestarlo. Al levantar el auricular, una voz juvenil se dirigió a mí:
— Buenos días, sarahí. soy joseph. llamo para avisarte que tengo que cancelar nuestra salida; tengo un partido justo a la hora que habíamos acordado. —dijo joseph
— Disculpe, no soy sarahí, soy samantha ella está bañándose en este momento, se está preparando específicamente para ir contigo al cine. —le dije
— Ya veo. bueno, por favor dígale que hoy no podré ir: con ella al cine el juego es mucho más importante que ir al cine. podemos quedar en otro momento. hasta luego. —dijo joseph
Aún antes de que pudiera responderle, la llamada me colgó la llamada. Me quedé pensando cómo explicarle lo sucedido a sarahí y me dirigí hacia su habitación. Tras tocar la puerta y obtener su autorización para entrar, la encontré cambiándose de ropa. Entonces le conté lo que había pasado: Con joseph había cancelado la cita. De inmediato, sarahí decidió llamar a la casa de joseph. De repente, sarahí se puso a hablar por teléfono. Aunque suponía que era con joseph, no alcanzaba a distinguir sus palabras. De pronto, la voz de sarahí comenzaba a entrecortarse cuando hablaba:
— Está bien, mi amor, no pasa nada. entiendo perfectamente que tu juego tenga más importancia que salir conmigo… no, claro que no estoy enojada, y menos llorando. cuidate mucho, tienes toda la razón: el cine se puede esperar pero tú partido no —dijo sarahí
Maldito imbécil manipulador. Me invadió una gran frustración por sarahí; ¿cómo podía dejarse manipular por ese imbécil ? En ese momento, la vi pasar el dorso de su mano por los ojos lo que significaba, de que estaba llorando por ese idiota
— Mira mi amor, ¿qué tal si en vez de ir al cine, yo voy a verte jugar? no, no, está bien, tienes razón, seguro que me aburriré ahí… bueno, entonces nos vemos mañana en la escuela. es que en realidad quería mostrarte algo… me hice un nuevo look. sí, está bien, bye. te quiero mucho, cuídate.—respondió sarahí
Tras colgar la llamada, sarahí se volvió hacia mí y forzó una sonrisa, pero las lágrimas ya le cubrían su rostro. Me acerqué hasta ella, intenté sacar las lágrimas, en su mejilla con mi mano y le limpie con el pulgar, luego le comenté:
— ¿Estás de verdad bien, sarahí? tienes derecho a estar enojada, no es bueno que te guardes todo eso adentro. —le respondí
En ese momento, sarahí habló con la voz entrecortada y me pidió que fuéramos juntos al parque. Caminamos hasta allá, y todo el camino ella se quedó en silencio, con la cabeza baja. Sentía la necesidad de decirle que joseph la estaba manipulando y que sería mejor que pusiera fin a lo que tenían entre ellos. Al llegar al parque, encontramos a leonardo ahí. Al vernos, se acercó rápidamente y nos saludó cordialmente. Sarahí le preguntó qué hacía por esos lugares , y él respondió:
— Estoy haciendo un trabajo temporal: cuido los perros de mi vecino y la paga está bien. realmente necesito el dinero. —dijo leonardo
— Ya me imagino, ¿para ahorrar para tu mudanza, no? así tendrás algo de fondo cuando llegues a San Francisco —dijo sarahí
— Exacto. además, tu cumpleaños está a la vuelta de la esquina y quiero regalarte algo antes de irme. sarahí, ¿sabes una cosa? —comentó leonardo
Leonardo se sentó sobre el césped, junto con sarahí. De pronto, leonardo se rió al observar a sarahí de su nueva apariencia nueva: Y sarahí se quedó sorprendida, ver a leonardo, de que se estaba riendo, entonces sarahí. le pregunto a leonardo de que estaba riéndose y el le contestó
— Me había acostumbrado tanto a ver tu cabello largo y pelirrojo natural. pero ahora, con el mismo corte que de samantha… ¡ahora sí se parecen madre e hija! —dijo leonardo
En ese momento, sarahí le contó cómo joseph le había cancelado la cita y lo que había sucedido en la llamada entonces. Leonardo observó fijamente a sarahí, y lo único que hizo leonardo era contestarle a sarahí, pero la forma que lo hizo. para lo hizo con madurez
— En serio, joseph prefirió cancelar la cita para ir a jugar su partido. te quiero hacer una pregunta, sarahí; ya sabes que soy muy directo —dijo leonardo
— Claro, adelante —respondió sarahí
—¿De verdad sigues amando a joseph? ¿quieres seguir con él? no te das cuenta de cómo te maneja a su manera. te aseguro que samantha piensa lo mismo que yo —expresó leonardo
Sarahí se giró hacia mí, como esperando que yo confirmara lo dicho. Intenté dar un paso atrás para dejarles espacio para hablar, pero leonardo y sarahí me agarraron del brazo para detenerme. Sabía que leonardo tenía toda la razón, pero la decisión solo la puede tomar ella. Aunque me costara aceptarlo, es su lucha y solo ella puede librarse de alguien que la manipula así. No me atrevo a pensar qué pasaría si esto sigue así cuando sea mayor; y siendo sincera, siempre me pareció que leonardo y sarahí se veían mucho mejor juntos que ella con joseph.
— Samantha, por favor, responde la pregunta de leonardo —contestó sarahí
Me quedé en silencio, sin poder articular ni una palabra. Entonces sarahí me miró a los ojos, llenos de lágrimas, y volvió a preguntarme: una vez más sentía un nudo en mi garganta, no sabía que decirle si le dijera la verdad. Tal vez sarahí me odie para siempre, eso no deseaba
— Samantha, ¡necesito que me digas la verdad! sabes que te quiero mucho, y tú siempre me has dicho que me quieres a mí… ¿también crees que joseph me manipula? ¿ si o no? —dijo sarahí
Un nudo se me formó en la garganta. Sin decir nada, asentí con la cabeza para confirmar que sí. de repente sarahí comenzó a derramar sus lágrimas y soltó mi brazo, se tapó la boca con su mano y comenzó a llorar en silencio, sin emitir ningún sonido, mientras las lágrimas deslizándose por su rostro caían sobre el pasto. Me acerqué a sarahí y le sequé las lágrimas con la manga de mi blusa. En ese instante, ella me abrazó con todas sus fuerzas, mientras leonardo pedía perdón por haberla hecho llorar. Entonces sarahí se separó un
— De verdad, quiero que me entiendan… sé que quizás crean que joseph no me da el valor que merezco, pero yo sé que sí me quiere como yo lo quiero a él. lo admiro muchísimo: no se ha esforzado tanto para estar en el equipo de fútbol por nada, él dice que algún día cambiará. lo quiero por quien es: es inteligente, trabaja duro y a veces es muy dulce conmigo… he guardado cada detalle de los momentos que hemos compartido y estoy segura de que tenemos algo único. sé que va a ser alguien muy importante en mi vida.—dijo sarahí
Al escucharla, leonardo se quedó en silencio, con una expresión de decepción en el rostro. Antes de irse del parque, solo le dijo a. Sarahí: Si así lo crees, sarahí. Está bien cuídate mucho. Sarahí se quedó sentada en el pasto, mirando a la gente que pasar por allí. Me senté a su lado y la envolví en un abrazo, entonces empezó a llorar de nuevo y me confesó: Todo lo que acabo de decir era falso… sabía perfectamente de que. Leonardo y hasta yo tienen la razón, pero el corazón no obedece a la mente. y comenzó a susurrar que sentía mal con ella misma.
— Sabes algo? sarahí cuando tenía casi tu misma edad, también tuve un novio. su nombre era víctor y era manipulador, justo como joseph. yo también pensaba que me quería de verdad, que algún día cambiaría y que nuestro vínculo era único. entonces llegó un día en que… le entregué lo más valioso, que tenía. mi virginidad. la virginidad de una mujer es los más importantes que tiene una mujer, y yo se lo di porque él me hizo creer que si no lo hacía, me abandonaría. sentía que lo amaba profundamente… hasta que mis padres tuvieron un accidente y fallecieron —le conté
De pronto mi voz se me quebró al mencionar. A mis padres sarahí se giró hacia mí, me tomó la cara entre sus manos y me secó las lágrimas. Empecé a reírme un poco, seguro que por nervios, porque nunca me había permitido mostrarme tan vulnerable, mucho menos con una niña a la que debía estar apoyando. Ahora era ella quien me sostenía, estrechándome la mano. Comencé a contar todo lo que pasó; parecía increíble haberme abierto así con alguien de trece años, aunque con mi psicóloga nunca había podido pronunciar ni una palabra de esto.
— Sabes qué, samantha? tú tuviste la suerte de conocer a tu mamá y a tu papá… ¿podrías decirme cómo fue que ellos fallecieron? —preguntó sarahí
— Fueron víctimas de un accidente automovilístico… eran los mejores padres que alguien pudiera pedir… es cierto, ¿por qué no tienes ni una sola fotografía de tu mamá? —le pregunté
— La verdad no lo sé. mi papá solo me dice que todas las fotografías de mi madre están guardadas las casa de mis abuelos en san francisco. pero realmente quisiera tener una fotografía de mi madre en mis manos —dijo sarahí
— ¿De verdad tanto lo deseas? te prometo que hablaré con tu papá para que vaya por esas fotografías a san francisco. ¿te haría feliz tenerlas? —le contesté
— ¿En serio lo harías? eso por mí samantha, y claro que me haría feliz… quiero conocerla, aunque sea solo con una fotografía. no sé nada de ella: ni siquiera sé cómo era su rostro, si era clara o morena, si tenía mis ojos o mis labios. lo único que sé es que se llamaba maritza sarahí frentz atkinson… ahora, cuéntame, ¿cómo era tu mamá contigo? —contestó sarahí
Entonces mi voz volvió a quebrarse de golpe. Sarahí me dio un fuerte abrazo, apoyó su cabeza en mi pecho y me dijo que si no estaba cómoda contándolo, no había problema, para no volverme a lastimarme. Le respondí que quería contarle todo, que sí podía hacerlo:
— Mi madre se llamaba aylin y mi padre peter. mi mamá era una mujer llena de amor para mí; fue ella quien me enseñó todo sobre el cuidado y la salud del cuerpo femenino, una madre maravillosa. cuando ellos murieron, yo tenía dieciséis años… me llevaron a una casa hogar de menores, pero no pude aguantar ahí y me escapé… pasé unos años en las calles soportando el frío y el hambre hasta que conseguí trabajo —le contesté
Me aseguré de no mencionar nada sobre mi antigua vida como prostitución; me daría una tremenda vergüenza que una niña de su edad supiera esa parte más oscura de mi vida. Entonces sarahí me hizo una pregunta que me dejó un poco sorprendida, aunque sé que era solo por curiosidad:
— Me dijiste que la virginidad es lo más valioso para toda mujer, ¿cierto? ¿cuando tú lo perdiste, realmente te duele mucho? Porque una amiga mía ya vivió eso y me dijo que no le dolió tanto como se cree —dijo sarahí
— Entonces, ya sabes cómo es que se pierde, la virginidad ¿verdad sarahí? pero te voy a hacer una pregunta más personal —le dije.
— Claro que sí, ya sé de qué se tema: se pierde al tener relaciones sexuales, o ¿no? —respondió sarahí
— Exacto, pero ¿tú ya has tenido alguna intimidad… o relaciones con joseph? —le pregunté
— ¡Claro que no! una vez él me dio a entender que quería experimentar, pero yo le dije que no porque aún no estoy lista. y además, en la escuela nos hablaron de esto: y de los riesgos de embarazo, enfermedades de transmisión sexual y demás. sé que es un tema importante y que tengo que estar preparada, pero aún quiero disfrutar mi niñez —dijo sarahí
Escuchar sus palabras me hizo sentir orgullosa de ella. Aunque aún insista en estar con joseph, el hecho de que entienda los riesgos y sepa decir que no es un buen signo. Le dije que estaba muy orgullosa de ella por entender las consecuencias y por saber decir que no cuando no está lista. También le comenté que cuando tenga más edad tomará mejores decisiones, pero por ahora lo importante es que se divierta y disfrute su niñez yo no pude disfrutar mi propia, niñez tuvo que madurar en una corta edad.
— Entonces, ¿qué sucedió con víctor, samantha? —preguntó sarahí
— Sus padres no estaban en la casa en ese día cuando salimos de clases fuimos a la, casa de Víctor. estaba dispuesta entregarme, porque yo lo amaba profundamente, tal como tú amas a joseph. lo triste es que no tuve un amigo como leonardo que me hiciera ver la verdad que me estaba manipulando… las personas con las que compartía tiempo me decían que era hora de perder mi virginidad, y aunque no estaba segura, hacerlo les hice caso. cuando llegué allí, el miedo me invadía, pero la presión… que sentía me empujó a tomar una decisión que luego lamenté. el resto de mi vida le entregué lo que en ese momento consideraba mi mayor tesoro: mi virginidad. y ¿sabes qué pasó? apenas el día siguiente —le respondí
— ¿Que paso? —contestó sarahí
— Victor ¡me abandono al día siguiente! me cambio por otra mujer después, esa misma tarde, mis padres fallecieron, perdí a mis padres y mi virginidad —le respondí.
— Entonces, ¿te arrepientes lo que hiciste con victor? —le contestó sarahí
— Por supuesto que sí, sarahí. ese día no solo perdí mi virginidad, sino que cuando regresé a casa esa misma tarde, me encontré a mi madre. en ese momento me invadió una inmensa vergüenza: ella siempre me había enseñado que debía guardar mi virginidad para la persona que realmente amara, para quien fuera mi futuro esposo. y yo sentí que le había fallado, que no cumplí la promesa que le había hecho. al día siguiente. al llegar a la escuela victor me terminó conmigo y esa misma mañana me avisaron que mis padres habían fallecido, ellos fallecieron en un accidente que los llevó a la muerte —le respondi
— ¿Pero dime algo samantha cómo puedo estar segura de que alguien es la persona correcta? sé que joseph tiene sus defectos, que puede ser manipulador, pero en mi corazón siento que él me quiere de verdad, y yo lo quiero mucho. ¿crees que estoy loca, samantha? ¿que soy una tonta por sentir eso por joseph a pesar de todo? —preguntó sarahí
— De ninguna manera. simplemente estás enamorada, y el amor tiene ese poder: nos hace enfocarnos en lo mejor de la otra persona. incluso cuando los demás ven sus fallas, cuando se ama de verdad, esos aspectos no parecen tan graves —le respondí
— Dime, samantha: ¿qué debería hacer si joseph me vuelve a preguntar sobre tener intimidad? —preguntó sarahí
— Escúchame bien, sarahí: la niñez y la adolescencia son etapas que solo vivimos una vez. yo nunca pude disfrutar de ser adolescente; aunque pasé algunos buenos momentos de niña, tuve que hacerme adulta en muy poco tiempo. tú tienes la oportunidad de ser una niña normal, de vivir como cualquier adolescente de tu edad. concéntrate en eso, en vivir tu vida sin apurar los pasos. todavía estás aprendiendo quién eres y cómo moverte en el mundo —le respondí
Después permanecí en silencio, quedándome unos minutos asi mientras observaba a sarahí. No soportaría que ella cometiera los mismos errores que yo. Mi vida fue llena de dificultades: de joven me vi envuelta en la prostitución, para sobrevivir y esa cicatriz nunca se borrará de mí. No quiero que sarahí siga ese camino. Cuando la vi con el mismo corte de cabello y el mismo y color de cabello que yo, sentí un escalofrío en el cuerpo. Porque yo no soy nadie a quien valga la pena imitar; si soy sincera, me siento como basura, como si fuera la propia destrucción hecha en
persona. Miré la hora en mi reloj de pulsera: eran las 12:15 de la tarde. Estábamos sentadas en el césped del parque, yo apoyada en un árbol y sarahí a mi lado. Con cuidado, se puso de pie, sarahí sacudiéndose las hojas secas que se habían pegado a su ropa, y me tendió la mano. La agarré para levantarme.
— Samantha, quiero un helado —dijo sarahí
— Sabes, yo también tengo ganas de un helado —le respondí
Empezamos a caminar por el camino de tierra batida del parque, buscando una nevería. El aire llevaba el olor a pasto recién cortado y se oía el ruido suave de los juegos infantiles al fondo. Mientras avanzábamos, sarahí se volvió hacia mí con una expresión seria la que usaba cuando quería una respuesta verdadera.
— Samantha, ¿cómo conociste a mi padre? no me creo la historia que contaste en el cumpleaños de mi abuela sobre cómo se conocieron. y el día que fuimos a la boutique, tenías moretones en las piernas y los brazos. ¿dónde se conocieron de verdad? ¿acaso no confías en mí? —preguntó sarahí
Me quedé mirándola, sin poder articular palabra alguna. ¿Cómo explicarle que su padre me habia salvado mi vida esa noche me encontró cuando estaba en la prostitución? Que el día que conocí a christopher, yacía inconsciente en una calle desierta, después de escapar de un hombre que me había intentado matar. De pronto, las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Sentía que se me cerraba la garganta, que no podía respirar; me esforcé por calmarme. No quería asustarla, ni hacer que se preocupara más de la cuenta. Porque mi deber es cuidar de ella
— Sarahí, necesito un momento para descansar vamos. a sentarnos en ese banco por favor necesito descansar un poco, no me siento bien. —le dije
Después de unos minutos de descanso, logré calmar mis nervios y evitar que la ansiedad se apoderara de mí. Me levanté del banco y continuamos nuestro camino en busca de la nevería. Mientras caminábamos lado a lado por la acera, el sol empezaba a dar un poco de sombra entre los árboles de la calle, y decidí abrirme un poco, aunque omitiera la parte de la prostitución.
— Sarahí, lo que te voy a contar no debería ser para oídos de una niña como tú. pero he visto que confías en mí para hablarme de tus cosas, así que creo que también debo ser honesta contigo, aunque sea en parte mi historia —le dije
— Está bien, samantha —dijo sarahí
Con
Cariño
Samantha
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