El diario de samantha - Capítulo 47
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Capítulo 47: El diario de samantha
Capítulo – 47: Cosas del pasado
Jueves – 05 noviembre del 1998
Querida Aylin,
Me encontraba pensativa, apoyada mi rostro en la ventana del taxi. Había leído algunas páginas sueltas del diario de christopher, y sabía que había hecho mal al leer algo sin permiso. En ese momento, sarahí me estaba hablando, así que reaccioné y le pedí disculpas por estar tan distraída.
— Samantha, ¿qué sucede? ¿te encuentras bien? te noté desde la mañana que estabas muy distraída. ¿qué pasa, samantha? —dijo sarahí
— No es nada, sarahí. mejor dime: ¿ya terminaste la pintura que estabas dibujando? —le pregunté
— Aún no, pero ¿sabes qué, samantha? Me siento muy feliz. y ala vez emociónada, por el motivo… que ¿crees que mi novio me va a regalar algo en mi cumpleaños? falta seis días para que llegue la fecha. —dijo sarahí
Sentía que ni siquiera su novio asistiría al cumpleaños de sarahí, y que probablemente le inventaría una excusa para justificar su ausencia. Quedaban apenas unos minutos para llegar, al destino así que nos preparamos para descender del taxi. Una vez en la escuela, al entrar por la puerta, sarahí observó a su alrededor, mirando: sus compañeros estaban abrazándose a sus madres. Enseguida, ella bajó la mirada. Al darme cuenta de que se había entristecido con la escena, no lo pensé dos veces y me arrodillé para ponerme a su altura, dándole un abrazo firme. Sabía que sarahí mostraba
una madurez mayor a la de otras niñas de su edad, pero en ese momento se notaba claro que seguía siendo una niña que anhelaba tener a su madre cerca. Cuando la abracé, solo escuché unos suaves sollozos que temblaban en su pecho, y. Comenzó a hablar
— Samantha… ¿por qué dios me castigo sin dejarme tener una madre? ¿será que hice algo mal para merecer esto? —dijo sarahí
— No, cariño, claro que no. no eres mala persona, y tampoco dios te castigo. solamente diosito tenía un propósito con tu mamita: tal vez su ciclo aquí terminó, pero en el cielo te está cuidando. tal vez al verte así ella se sienta triste, porque tú fuiste su mejor regalo de la vida que ella pudo…tener. ahora ven, vamos a secarte estas lagrimillas, y cuando venga a buscarte en la tarde… ¿qué tal si vamos al parque a comer helados de tu sabor favorito? —le dije
— Sí, está bien… gracias, samantha. siempre estás ahí para mí, antes de conocerte, incluso teniendo a mis amigos y a mi padre, había un hueco enorme en mi vida. pero ahora… ese vacío se va llenando poco a poco, y eres tú quien lo hace. no sé si me estoy explicando bien lo que quiero dar entender —preguntó sarahí
— Claro que te entiendo, cariño. y yo te agradezco mucho por permitirme estar en tu vida —le respondí
Cuando sarahí ya había entrado a su clase, estaba saliendo de la escuela cuando escuché una voz masculina llamándome: “Samantha”. Al voltearme, me topé con víctor paxton, mi antiguo novio de del infancia.En el instante en que lo vi, un oleaje de odio me invadió por completo.
— Samantha, ¿es que no me conoces? soy yo, víctor. eramos novios cuando éramos jóvenes, ¿te acuerdas? de mi —dijo victori
Me acerqué hacia él lentamente; su rostro mostraba una felicidad que me pareció insultante. Cuando estuve tan cerca que casi podíamos tocar nosostros, víctor abrió los brazos como si fuera a envolverme en un abrazo. Sin pensarlo dos veces, le di un fuerte puñetazo directamente en el
— ¡Maldito perro! ¿qué haces aquí? ¿cómo te atreves a dirigirme la palabra después de lo que me hiciste? ese golpe no es ni la mitad de lo que te debes, bastardo desgraciado —le respondi
Al observar a víctor mientras se limpiaba sus labios, manchados de sangre por el golpe que le había propinado, transcurrieron unos segundos antes de que pronunciara unas palabras que intensificaran mi enojo. “Me da gusto verte, samantha; parece que a ti también te alegró volverme a encontrar”, expresó él. No encontré otra forma de actuar; lo único que hice fue escupirle directamente en el rostro.
— Ahí tienes tu recibimiento, cobarde. ya olvidaste lo que me hiciste, hijo de tu puta madre —le dije
— Samantha, sé que te hice mucho daño, pero en aquel entonces éramos muy jóvenes ¿te parece si vamos a un café para conversar? al verte de nuevo esperaba un recibimiento más cálido, pero entiendo que todavía estés enojada conmigo. —contestó victor
— ¿Qué esperabas? ¿que al verte de nuevo te recibiera abriendo mis piernas, para ti… mi majestad? te diré algo: no pienso malgastar ni un minuto más en alguien que no vale la pena. quítate de en medio, de mi camino imbécil —le contesté
Cuando me disponía a retirarme del lugar, víctor me tomó del brazo, manifestando que necesitaba hablar conmigo. Con un movimiento brusco, aparté mi extremidad de su agarre. Él se quedó quieto, mirándome: en sus ojos se leía a la vez sorpresa y enojo. Le susurré que no permitiría que me tocara nuevamente, puesto que su contacto generaba en mí una intensa sensación de repugnancia y asco. Entonces, nuevamente, víctor comenzó a dirigirme la palabra.
— Samantha, por favor… solo necesito hablar contigo. tan solo… dame cinco minutos. necesito que me escuches —dijo víctor
— Entonces habla de una vez, maldito desgraciado. ¿a qué esperas? tus minutos están contando —le respondí
— Sé perfectamente lo que te hice. pero tienes que recordar que éramos muy jóvenes, los dos no teníamos idea de lo que hacíamos. yo también he pagado el precio: me casé una vez y me engañaron. ahora estoy casado de nuevo, pero no siento nada por ella; solo estoy con ella por mi hija. lo que… realmente quiero decirte es que nunca te he olvidado —explicó víctor
— Aún sigues siendo el mismo manipulador de siempre. ¿cómo te atreves a hablar así de tu esposa, diciéndome que no la quieres? ¡menuda falta de hombría! y encima te justificas diciendome que éramos muy jóvenes… cuando tuvisted relaciones sexuales, ¿ahí no éramos tan jóvenes? dime, víctor, ¿qué esperabas que te dijera? ¿ven, llévame a la cama, hazme el amor? si eso es lo que esperabas, eres un imbécil total… escúchame bien y no lo olvides nunca: prefiero que un perro roñoso se acueste conmigo y tener sexo con el perro antes que tú…tú me das asco, víctor. tan solo respirar el mismo aire que tú me produce repugnancia. si estuviera en el lugar de tu mujer, desde hace tiempo me habría pegado un balazo en la cabeza —le dije
Lo aparté de un empujón y me dispuse a retirarme de inmediato. Me dirigí hacia la salida, donde un taxi esperaba en la esquina. Pero víctor no dió por vencido; me agarró del brazo derecho, y antes de que pudiera hacer algo, me dio un beso a la fuerza. Traté de alejarme de un movimiento rápido, pero él me sujetó mi mandíbula entre sus manos y siguió besándome. En ese momento cerré los dientes con tanta intensidad que sentí su sangre correr por mi boca; al mismo tiempo, le di un rodillazo preciso en el estómago. Al caer al suelo, se arqueó de dolor mientras se apretaba la zona abdominal. Me pasé la mano por los labios y escupí la sangre sobre el adoquín justo delante de él.
— Asqueroso perro, no te atrevas a besarme nunca más. ya no soy aquella niña ingenuamente y sin defensa a la que abusaste usando tus manipulaciones si vuelves a tocarme tal solo con. un dedo, te haré pasar por el mismo infierno que tú me hiciste sufrir. —le dije
Sin esperar a que dijera nada, me acerqué al taxi y me acomodé en el asiento trasero. El conductor, que había presenciado parte del hecho, solo asintió con la cabeza y comenzó a conducir mientras yo miraba por la ventana, viendo cómo se alejaba la escuela. Pasaron apenas unos minutos y el vehículo se detuvo en la puerta de casa. Al bajar del taxi, lo único que pensé fue en meterme a bañar; me sentía contaminada, como si aún quedaran huellas de los labios de víctor en los míos y su contacto en mi cuerpo. Me causaba profundo asco. Me paré a echar un vistazo al reloj de
Muñeca: eran las nueve en punto de la mañana. Tenía… Tiempo suficiente para bañarme, hacer algunos quehaceres en la casa y después ir a recoger a sarahí de la escuela. Mientras caminaba por el pasillo hacia mi habitación, pasé junto a la de christopher. Me detuve frente a su puerta: sentía una enorme ansiedad que me atraía hacia adentro, aunque bien sabía que estaba mal, ya había leído su diario en otra ocasión. Sin embargo, sentía la necesidad de entrar. Estaba pensando en ello cuando, sin darme cuenta, ya había cruzado el umbral. Me repetía a mí misma que debía
Salir inmediatamente, pero mis dedos abrieron el cajón donde guardaba su ropa. Agarré una de su camiseta, la apreté contra mi pecho con fuerza; antes de darme cuenta, me había acostado en su cama, empezando a imaginar que era christopher quien me sostenía en sus brazos. Justo en ese instante, mi teléfono empezó a sonar, regresándome de golpe a la realidad. Busqué el teléfono en mi bolso y vi que la llamada era de christopher. Todavía estaba acostada en su cama, con la cabeza un poco confusa, pero atiendo la llamada. En cuanto escuché su voz del otro extremo, una ola de felicidad, paz y alegría recorrió cada parte de mi cuerpo.
— Buenos días, samantha. ¿cómo te encuentras? el día de hoy necesito que me hagas un pequeño favor —dijo christopher
Pero en ese momento la peor idea se apoderó de mí: me imaginé que venía a proponerme algo indebido, ya que vivía bajo su techo y él era quien pagaba mis sesiones de terapia. Pensé que al volver de su viaje, me pediría que mantuviera relaciones sexuales con él. Pero me sacudí la cabeza con fuerza para expulsar esas dudas.
— Buenos días, christopher. estoy bien, espero que tú también… ¡Claro que sí! dime, ¿qué necesitas? —le respondí
— Mi hermano pasará por la casa y te dejará algo de dinero para que me hagas un favor: compra un regalo a sarahí… de mi parte por su cumpleaños. ¿te podrías encargar de eso? y antes que se me olvide, también cómprale un pastel, ¡de sabor chocolate! —contestó christopher
— ¡Perfecto! de chocolate verdad será, dime christopher. y ¿qué regalo tienes pensado para sarahí? —la respondí
— Unas muñecas de barbie, eso creo que es lo que le gusta —respondió christopher
— ¿En serio crees que aún le gustan? me parece que ya es mayor para eso. ¿qué tal si yo elijo algo que se ajuste más a ella ahora, y pongo que es de tu parte? ¿qué te parece? —le dije
— Entonces hazlo y gracias, samantha. sé que harás la mejor decisión confío en ti…pero hazme el favor, te lo encargó, me despido; cuando tenga un rato libre, me comunicaré con ustedes. ¡hasta luego! —dijo christopher
Cuando terminé la llamada con Christopher, me quedé con un mal sabor de boca por haber pensado así de él. Salí de su habitación, pero antes guardé la camiseta donde correspondía. Me fui a bañar: necesitaba un momento de calma después de todo lo que había pasado hoy con Víctor.
Con
Cariño
Samantha
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