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El diario de samantha - Capítulo 49

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Capítulo 49: El diario de samantha

Capítulo – 49: la niña de mi interior

Sábado – 07 noviembre del 1998

Querida Aylin,

Luego de despedirme de leslie, sarahí y yo nos fuimos a desayunar a un local de mariscos situado en una esquina del parque principal. Mientras el mesero tomaba nuestra orden, de pie junto a la mesa con su libreta y bolígrafo en mano, sarahí mantenía una expresión seria; parecía distraída,con la mirada fija en el suelo o en el horizonte a través de la ventana. Me imaginé que su actitud se debía a su cumpleaños, que estaba a punto de llegar, por lo que le dirigí la palabra.

— ¿Qué pasa, sarahí? te noto distraída. ¿quieres hablar de ello, pequeña? —le dije

— Samantha, a veces me pregunto si joseph me ama tanto como yo a él. siempre está tan ausente, nunca está presente. intento ser comprensible, pero en verdad a veces siento que no me ama —expresó sarahí

— Pero sarahí, te vuelvo a hacer la misma pregunta, en serio: ¿tú realmente lo amas a joseph, o ya no es así? —le respondí

— Claro que sí, pero ¿él no lo percibe? le he demostrado mi amor en muchas ocasiones; he hecho miles de cosas que no me agradan nada —contestó sarahí

—¿Qué clase de cosas has hecho, sarahí? dimelo, por favor —le contesté

— En una ocasión, vi a joseph besando a otra chica. después me dijo que había sido un error y me pidió perdón; yo lo perdoné porque lo amo, pero siento que él no nota nada de todo lo que he hecho por él —dijo sarahí

—¿En serio? ¿lo viste con tus propios ojos besando a alguien más y aún así lo perdonaste? perdóname la sinceridad, ¡pero qué desgraciado es ese chico! —le contesté

Una vez que terminamos de desayunar, eché un vistazo al reloj: eran las 11:00 en punto de la mañana. Sarahí sugirió ir al parque para poder despejar la mente. Mientras nos balanceábamos en los columpios, el día estaba templado; el aire fresco rozaba nuestros rostros con cada movimiento. De repente, sarahí dejó de mirar al frente, y su mirada se fijó en mi y empezó a hablar.

— Samantha, ¿sabes qué? me gustaría mucho que fueras la pareja de mi padre. eres una excelente persona, siempre estás ahí cuando me siento triste o sola… te puedo asegurar que incluso mi madre estaría de acuerdo con lo que digo —expresó sarahí

Produce un pequeño suspiro y me dije a mí misma: Sarahí, si supieras la verdad de lo que soy, seguro que no dirías esas cosas de mí. En ese instante, sarahí continuó hablando, y sus palabras me dejaron sorprendida.

— Te puedo asegurar que ni a mi padre ni a mí nos importaría tu pasado. lo que fuiste, lo que eras, lo que te dedicabas antes… todas las personas tienen una segunda oportunidad, ¿no crees, samantha? —dijo sarahí

Al escuchar esas palabras, sentí una gran emoción que me hizo querer llorar. ¿Cómo era posible que yo no pudiera aceptarme a mí misma, pero una niña de trece años sí pudiera aceptarme? En ese momento, sentí cómo unas lágrimas rodaban por mis mejillas. Sarahí dijo esas palabras como si supiera algo de mi pasado; su mirada me hizo sospechar que intuía más de lo que decía. Se descolgó del columpio de madera que ocupábamos en la plaza y se colocó frente a mí, empujando el asiento con movimientos rítmicos y moderados. El balanceo lento me relajó, y de repente comencé a reírme, sin poder explicar bien el porqué. En ese instante, sarahí continuó hablando, mientras sus manos mantenían el ritmo del columpio.

— Samantha, no dejes de disfrutar la vida. aunque seas adulta, muy dentro de ti sigue viviendo esa niña que siempre fuiste. no sé qué ocurrió contigo, pero si no te perdonas a ti misma, jamás podrás seguir adelante. —expresó sarahí

¿Esa niña que vive dentro de mí…? ¿A qué se refiere exactamente con esas palabras? Me pregunté mientras el columpio iba perdiendo velocidad. Sarahí dejó de empujar y se quedó quieta al lado mío; en su rostro había una sonrisa de clara felicidad, como si hubiera dicho lo que necesitaba decir. El cielo comenzaba a tornarse naranja, indicando que era hora de dirigirme a casa. Al llegar a la casa, entré en la sala y me recosté sobre el sofá de tela gris que quedaba frente a la ventana. Sarahí cerró la puerta principal detrás de nosotras y me dijo que subiría a su habitación para

Continuar dibujando en el lienzo que tenía sobre su mesa de trabajo. Le respondí que estaba bien, asintiendo con la cabeza mientras la veía alejarse por el pasillo. Al levantar la vista hacia el reloj de pared que había junto al televisor, comprobé que eran las 12:30 de la tarde aún era algo temprano, y sentía una fuerte somnolencia en mis párpados. Decidí dormir una siesta corta, así que saqué mi celular del bolsillo y configuré la alarma para las 1:30 de la tarde.Mientras me acomodaba mejor

sobre el cojín, mis pensamientos volvieron a lo que Sarahí me había dicho en el parque. También no dejaba de preguntarme por la fotografía que había visto en el diario de Christopher: ¿acaso la mujer que aparecía en ella era Maritza? Sin darme cuenta de cuándo sucedió, mi respiración se hizo más pausada y me quedé profundamente dormida.

:Perspectiva del sueño:”

Desperté sobresaltada y algo agitada, con la respiración un poco acelerada. Al mirar el reloj de pared, vi que eran las 2:30 de la tarde, ni siquiera había oído el sonido de la alarma sonar. Me incorporé del sofá, pasándome una mano por la frente para aclarar mis ideas. ¿Qué significaba ese sueño que acababa de tener? Me pregunté mientras me ponía de pie, sintiendo un ligero mareo, y me volví a sentarme, y recordándome el sueño. Estaba completamente desorientada, moviendo mi rostro de un lado a otro para intentar ubicar mi paradero: ¿dónde estaba exactamente? Y, aún más importante, ¿dónde se encontraba sarahí? El espacio a mi alrededor parecía desconocido, aunque

Algo en él me generaba una extraña sensación de reconocimiento. De repente, divisé a una niña de edad aproximada a la de sarahí, vestida con un vestido blanco simple que ondeaba con el ligero movimiento del aire. Me acerqué lentamente hacia ella, llamándola sin darme cuenta en voz baja. Cuando la niña se giró hacia mí, su rostro me resultó inquietantemente familiar. Fruncí el ceño, intentando recordar a quién podía parecerse, pero en mi mente no lograba identificar a nadieconcreto, como si el recuerdo estuviera a punto de salir a la luz pero se quedara atascado en alguna parte de mi memoria. Me acerqué hacia esa niña preguntando con voz un poco agitada:

— ¿Oye niña. sabes dónde nos encontramos?, si sabés exijo que me lo digas —le respondí

Al voltear, la niña solo sonrió y emitió una risa suave, cargada de una clara sensación de felicidad. Al verme, me dijo: ¡Cuánto tiempo sin verte!. Al escuchar esas palabras, sentí una paz cálida y constante dentro de mí; sin embargo, en ese momento no quería reconocer lo que eso significaba. Solo le formulé la misma pregunta.

— ¿Acaso ya te olvidaste de mi y dónde te encuentras? ¿acaso no recuerdas tu pasado? ¿ya me olvidaste tan pronto? —dijo esa niña

— No estoy para juegos. déjate de estupideces estoy buscando una niña casi de tu misma altura; dime si no la has visto, su nombre es sarahí —le dije

— ¿Realmente qué es lo que buscas, samantha? dímelo —dijo esa niña

— ¿Cómo sabes mi nombre? ¡dímelo! —le dije

— ¿Acaso no te acuerdas de mí? soy tu niña interior. si no te perdonas lo que hiciste en el pasado, jamás podrás avanzar. yo te perdono lo que me causaste, pero ¿acaso tú te perdonas? si buscas… respuesta, ve a esa luz —dijo la niña

— ¿Quién eres tú para decirme que me perdones? estúpida no eres nadie para juzgarme ni darme ese consejo. tan idiotas no tienes la mayor idea de lo que tuve que vivir… todo lo que sufrí. solo estás aquí para hacerme sentir mal, igual que todos los demás. es fácil que digas “te perdono” cuando no conoces lo que pasé, ni todo lo que tuve que dejar atrás y sacrificar solo para poder seguir sobreviviendo —le contesté

— ¡Claro que sé lo que pasaste! cada vez que te hacían daño, cada vez que te abusaban sexualmente, yo lo viví cada vez que te golpeaban, o te obligaba hacer algo asqueroso, yo estaba ahí: lloraba a escondidas, temblaba de miedo. cada vez que tenías que entregarte a hombres… desconocidos, me preguntaba si alguna noche no llegaríamos a salir con vida. pero fuiste tú quien me mantuvo encerrada, quien me obligó a callar. yo nunca te olvidé: cada vez que intentaba abrirme al mundo, tu ira me frenaba; cada vez que quería construirme como persona, tu rencor me cerraba cada día endurecía tu corazón más aún. hoy sí puedo ser libre… y eso se debe a ti —dijo la niña

— ¿Cómo te liberé? —le dije

— Fue cuando sonreíste por primera vez: no por obligación, sino por felicidad, allí en los columpios. tú me liberaste. en ese momento, fuiste quien se convirtió en una niña —dijo la niña

Lo único que hacía era taparme los oídos con las manos, no quería escucharla no quería escucharme a mí misma. Me daba asco pensar en todo lo que había hecho para sobrevivir. Entonces, mi niña interior se acercó despacio, colocó su mano pequeña y cálida sobre mi hombro y y me decía esa niña que ya era suficiente con guardar todo ese rencor, que era hora de dejar el pasado atrás y construir mi vida de nuevo. Después, la niña se levantó y tomó mi mano con la suya. A medida que caminábamos hacia donde brillaba el resplandor, fui viendo cómo ella iba

Cambiando poco a poco, su figura comenzaba a tomar forma adulta a medida que nos acercábamos hacia el resplandor. Cada paso hacia la luz parecía afinar sus rasgos, desvaneciendo la apariencia infantil para dar paso a una silueta más desarrollada. Al llegar cerca del borde luminoso, alcancé a distinguir su rostro tal como había sido cuando tenía diecinueve años: tan joven, tan inocente, con la mirada clara y llena de esperanza que alguna vez habría tenido antes de que comenzaran las dificultades. Al verme detenerme, mi niña interior se paró a la entrada del

Espacio luminoso y me miró directamente, con una sonrisa amplia y llena de felicidad. Mientras la observaba, su cuerpo empezó a desvanecerse en miles de mariposas de colores vibrantes, naranjas, azules, amarillas y rojas, que revoloteaban suavemente alrededor nuestro. Antes de disolverse completamente en el aire, me guiñó un ojo y acercó sus dedos pequeños para dejar un beso ligero en mi mejilla. No comprendí por qué en ese instante sentía la necesidad de llorar, pero una sola lágrima rodó silenciosamente por mi mejilla hasta perderse en el cuello de mi ropa. Luego,

respiré hondo y crucé hacia ese lugar desconocido. Allí, me recibieron extensos campos de flores silvestres de todos los tonos imaginables: margaritas blancas, amapolas rojas, jacintos morados y claveles rosados, dispuestas sobre un suelo cubierto de césped suave y húmedo. Una luz dorada cálida bañaba todo el paisaje, difundiendo un ambiente de absoluta calma y paz. En el centro del

Espacio, a la sombra de un árbol frondoso con hojas de un verde intenso, había una figura de mujer de pie. En sus brazos, sostenía a un recién nacido envuelto en una Manta de algodón blanco. Al girarse al escuchar mis pasos, vi que era la mujer de la fotografía que había visto antes en el diario de christopher pero dónde me impacto más claro escucharla hablar y su voz, era idéntica a la de sarahí.

— Samantha, te agradezco por estar con sarahí. ella tiene mucha necesidad de tener una madre en ti, buscó esa figura y sé que no habrá ningún obstáculo que no puedas superar juntas. debes cuidarla mucho —dijo la mujer

— ¿Quién eres tú? ¿cómo es posible que me conozcas y también a sarahí? ¡dime la verdad, quién eres! ¿acaso tú eres su? —le contesté

De repente, la mujer me interrumpió. Solo me dirigió una sonrisa que me llenó de paz y de seguridad. Entonces, di un paso hacia adelante en su dirección, intentando tocarla, pero en ese momento ella comenzó a hablarme de nuevo.

— Cuando viajes a san francisco, encontrarás todas las respuestas que buscas. solo te pido una cosa: cuida a mi peque sarahí, por favor samantha eres la persona ideal para ser su madre. —dijo esa mujer

De repente, sentí cómo sarahí me sacaba de mi trance al sacudirme suavemente el brazo; ya llevaba unos segundos hablándome, preguntando si me había puesto mal o si algo pasaba. Al ver su rostro preocupado frente a mí, no pude evitar abrir los brazos y abrazarla con todas mis fuerzas. sarahí me abrazó de inmediato, sujetándome con ternura.

— Samantha, ¿puedes venir conmigo a mi habitación? tengo algo que quiero mostrarte —dijo sarahí

Me puse de pie del sofá y la seguí mientras se dirigía por el pasillo hacia su cuarto. En el camino, mis pensamientos no dejaban de girar en torno al sueño: ¿qué tenía de especial la mujer de la fotografía? Con el sueño de mi niña interior sí entendí perfectamente lo que pasaba, era el momento de liberar todo el dolor acumulado dentro de mí. Decidí que en la próxima sesión de terapia contaría todo, me permitiré que me ayuden a sanar. Pero esa mujer del sueño… ¿por qué su voz era exactamente igual a la de sarahí. ¿Sería posible que maritza tuviera la misma voz? Tal vez.

Mi inconsciente la había interpretado de esa manera porque nunca la había conocido: no sabía cómo era su forma de hablar, así que mi mente tomó la voz de sarahí como referencia. Al entrar en la habitación de sarahí, mis ojos se dirigieron de inmediato al lienzo colgado en un caballete frente a la ventana: había terminado de dibujarlo, y los colores aún tenían ese brillo característico de la pintura recién aplicada. Al mirar con atención la escena plasmada, me di cuenta de que éramos nosotras dos: Sarahí aparecía recostada sobre mis piernas, con la cabeza apoyada en mi pecho,

Mientras yo la sostenía en un abrazo protector. El dibujo estaba hecho con una precisión y sensibilidad increíbles, tenía un talento grandísimo, no tenía duda alguna. En la parte inferior del lienzo, justo debajo de la figura, leía un texto escrito a mano:

“El cariño de una madre verdadera no siempre viene ligado por sangre. A veces puede llegar de quien menos te lo esperas, pero cuando llega, es el amor más profundo que puede existir.”

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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