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El diario de samantha - Capítulo 5

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5: El diario de samantha 5: El diario de samantha Capítulo – 05: El peso de la noche  Martes – 13 de octubre de 1998  Querida Aylin, Desperté sobresaltada, agitada, con la respiración entrecortada como si me faltara el aire.

Me levanté de la cama de un salto, las piernas todavía temblorosas, y caminé hacia la ventana; pero antes de llegar, alcancé a mirar el reloj de la mesita: de la noche apenas eran las nueve de la mañana.

¿Cómo había podido dormir tanto después de lo que pasó?

Cuando cerré los ojos por un instante, volvía a sentir esa vulnerabilidad de la noche anterior, cuando estaba con esos hombres en el callejón.

Aún estaba en shock.

No sabía cómo había logrado sobrevivir.

“En ese momento oscuro y solitario, cuando me emboscaron, sentí con claridad que esos hombres me iban a matar.” Pero por milagro, había salido con vida.

Ahora, el miedo no se iba: me perseguía como un fantasma que caminaba a mi lado, listo para aparecer en cualquier momento.

Entonces me dirigí al baño.Al entrar, vi el espejo roto que colgaba de la pared; sus esquinas rotas reflejaban mi rostro en trozos.

En uno de ellos, vi el moretón que cubría parte de mi mejilla izquierda.

Me quedé en silencio, mirándome.

y “me dije a mí misma: ¿Es esto el precio de ser una prostituta?

Rango bajo’, me dije a mí misma en voz baja sin sentir rabia ni lamento, solo aceptación.

“Luego me quité los vendajes de la mano.

La herida ya se estaba recuperando” y en el centro le había salido una cicatriz delgada, como un hilo negro, que cruzaba la palma.

La miré un rato, corrigiendo el nuevo vendaje con cuidado, pensando en cómo esa marca sería una memoria física de lo que había pasado, igual que el miedo en mi cabeza.

Comencé a tener hambre, “así que me coloqué maquillaje del mismo tono que mi piel y entonces comencé a maquillarme con cuidado sobre el moretón” para cubrirlo lo mejor posible; no quería que nadie viera el golpe que me habían dado.

Cuando terminé de maquillarme, salí de mi departamento.

A una cuadra de donde vivía había un parque que tenía que cruzar sí o sí para llegar al supermercado.

Mientras caminaba por sus senderos de grava, se me acercó un niño de menos de diez años, con el pelo despeinado y la camisa manchada, “y ese niño me pidió con voz baja: ‘¿si le podría regalar unas monedas?

‘”Porque no había comido nada desde ayer.

Pero noté que su mano derecha tenía una bolsa de papel que olía a pegamento; sabía de inmediato que estaba inhalandopegamento.

Lo único que hice fue darme la vuelta y alejarme de ese niño…

con un nudo en la garganta y “sentía lástima por su vida miserable.

Pero luego me dije a mí misma, ¿él realmente había elegido su propio mal?” ¿No debería tener lástima por personas que eran adictas?

pensé.

Y de repente, escuché su voz detrás de mí, diciéndome que tenía bastante hambre.

Por unos minutos me detuve, apretando mis manos hasta que los nudillos se me pusieron blancos, pero luego seguí mi camino ¿Por qué me siento tan mal?

Pero a la vez no era mi responsabilidad, ni siquiera era mi familia, repetí en mi cabeza.

Entonces llegué al supermercado y compré lo necesario: pan, café, leche y una lata de mermelada de fresa…

ya no quedaba ninguna en casa, y la crema de cacahuate nunca me había gustado.

Cuando volví al departamento, “me encontré a Rogué en la cocina: estaba consumiendo cocaína, apoyada en la encimera y tenía la mirada perdida.

Y me preguntaba: ¿Qué hacía ella ahí?” No le puse tanto importancia, solo desayuné un trozo de pan con mermelada y café caliente, sin hablarle.

Al verla así apoyada con esa mirada tan vacía, solo me daba una gran “Solo me daba una gran repugnación de verla así.”Me quedé un rato mirándola sin que se diera cuenta, luego volví la vista y empecé a guardar lo que había comprado en el supermercado.

De repente, alguien tocaba la puerta del departamento.

Fui a investigar quién era y, al abrir la puerta, vi que era el administrador.

— Buenos días, señorita samantha.

discúlpame por venir así sin avisarle, pero quiero recordarle que su alquiler del mes pasado…

aún nos debe, y ya se acerca el del mes que viene.

espero que esta vez nos dé el dinero del alquiler atrasado —dijo el administrador.

— Buenos días.

estoy consciente que le debo un alquiler atrasado, lo sé, te lo pagaré lo antes posible, le prometo.

gracias por el aviso —respondí.

—Rogué, eres estúpida.

¿qué hubiera pasado si la administración te hubiera visto drogándote?

¿por qué no puedes ser más discreta?

—dije.

—Lo siento mucho, samantha.es que se me hizo tan fácil y no medí las consecuencias…

perdóname —contestó rogué Al regresar a la cocina, alcancé a ver esa perra de rogué que estaba consumiendo más cocaína; tenía la mesa desordenada, con una cuchara y un pequeño paquete blanco al lado.

Me senté en la silla del comedor y empecé a pensar: ¿Qué hubiera pasado si el administrador hubiera entrado ese en momento?

nos hubieran desalojado por el contrato que firme porque la cocaína estaba a la vista en la mesa ¿Qué habría hecho rogué en esa situación?

Me dio miedo solo de imaginarlo, pero necesitaba hablar con rogué, antes de irme a dormir….

y entonces le dirigi unas palabras rogué al ver de que rogué aún no reaccionaba, continuaba, en la misma posición en la mesa.

Era inútil mantener la calma, le dije con una voz seria.

— Aquí tenemos reglas.

rogué, antes de firmar el contrato del departamento, me advirtieron de que estaban estrictamente prohibidas las drogas y las mascotas.

pero tú…

estás rompiendo la regla, y de manera tan clara.

si nos ve el administrador, nos van a desalojar de un día para otro.

¿eso es lo que quieres?

—respondí Mirándola directamente a los ojos, sin dejar espacio para malentendidos.

Ella no respondió, nada, solo siguió con la cabeza baja.

No quise escuchar más, “así que me fui a mi habitación y me acosté, porque tenía que trabajar” para sacar el dinero para el alquiler necesitaba descansar lo más posible.

“Al entrar a mi habitación, me quedé profundamente dormida”sin darme cuenta, hasta que desperté a las cinco de la tarde.

Me levanté para bañarme y, luego de salir baño rápidamente, me vestí y salí del departamento; me fui caminando hacia la esquina donde trabajo.

:8:00 pm:”  Al llegar a la esquina, me quedé de pie, esperando.

Solo necesitaba unas cuantas horas de trabajo para empezar a juntar el dinero del alquiler.

A lo lejos, vi un vehículo que se acercaba hacia mí; cuando se acercó un poco más el vehículo, me puse tan nerviosa: era una camioneta de patrulla.El oficial abrió la puerta del pasajero sin decir nada.

“me tuve que subir de inmediato.

Sabía que si ponía resistencia, me iría mucho peor” no era la primera vez que corría el riesgo de ir a la cárcel.

“La manera más amable de evitarlo era acceder a tener sexo con ellos” Al menos esta vez era solo un oficial; en ocasiones pasadas, me había tocado tener intimidad con dos a la vez.Luego de llegar a un callejón oscuro y desierto, el oficial se bajó del vehículo, dio la vuelta hacia la puerta del pasajero donde me encontraba sentada y la abrió.

Recostó el asiento trasero hasta que quedó plano, luego se subió encima de mí, cubriéndome con su cuerpo.

Le pedí con voz baja que fuera al menos gentil.

—Sí, claro que voy a ser gentil contigo, pero debés comportarte bien, ser una buena niña conmigo y cariñosa hacia mí, y obedecer todo lo que yo te diga.

entonces…

¿qué vas a hacer?

—dijo el oficial.

Mi respiración comenzó a acelerarse, los pulmones me pedían aire que no lograba tomar bien.

Él estaba encima de mí, y de repente me apartó mi rostro con sus manos, con fuerza suficiente para hacerme sentir vulnerable.

—Vas a ser cariñosa conmigo, ¿no vas a comportar mal como en otras ocasiones?

—dijo el oficial.

La luz de la patrulla se reflejaba en sus ojos, y yo le miraba con odio, aunque lo ocultara lo mejor que podía.

Al final, le contesté, mi voz apenas un susurro.

con bastante miedo: —Sí…

voy a ser cariñosa contigo.

pero por favor…

no me golpees otra vez —dije.

—No te preocupes, ya no me vas a volver a ver: me cambiaron de estado, por eso vengo para despedirme de ti.

mírame.

cuando te esté hablando te estoy diciendo que me mires, maldita sea —respondió el oficial.

Yo aparté mi rostro hacia otro lado, no quería verlo.

Pero las manos de ese desgraciado me sujetaron con fuerza por la mandíbula, apretando hasta que me dolió, obligándome a girar la cabeza y lo mirara a los ojos.

—Entonces ocupas que te corrija de nuevo, verdad?

te estás comportando mal, prometiste comportarte bien conmigo.

¿por qué estás temblando?

acaso me tienes miedo, estúpida —contestó el oficial.

Mis piernas temblaban sin poder controlarlas, y antes de poder responder, el oficial movió mi ropa interior de un jalón brusco.

tan solo sentí una penetración tan fuerte que me hizo estremecer…

lo sabía, lo había hecho a propósito para causarme más dolor.

Luego comenzó a lamer mi rostro, “con su asquerosa lengua, sentí que la recorría mi rostro” como si yo fuera su presa.

—Entonces ya no me tienes miedo —dijo el oficial Me lo dijo con una sonrisa sarcástica.

Mientras me estaba penetrando, me dio unas bofetadas en mi rostro de repente, comencé a sentir el sabor de la sangre en mis labios.

Esta vez no grité, ni tampoco cerré mis ojos como las otras ocasiones.

Luego colocó su codo en mi estómago y sentí cómo me estaba presionando mi estómago con tanta intensidad, como queriendo obligarme a emitir algún sonido.

Pero no emití ningún sonido de dolor, solo lo miraba con odio, y con rabia  —¿Qué sucede?

¿por qué me miras con ese odio?

acaso me odias?

yo pensaba que las prostitutas como tú le fascinaban que les trataran así.

¿a poco no te duele lo que te estoy haciendo?

—dijo el oficial.

—Solo termina —respondí mi voz apenas audible, sin desviar la mirada.

De repente, ese desgraciado me hizo llorar.

fueron los golpes, ni por el dolor físico: fue lo que me dijo a continuación.

Sentía tanto vergüenza que se me acumulaba en la garganta.

Las lágrimas que corrían por mi rostro, mezclándose con el sabor de la sangre de mis labios rotos.

Él no se detuvo.

Al contrario, siguió hablando, con voz más baja pero igual de cruel: —¿Cómo se sentirían tus padres al verte así, convertida en una puta?

¿estarían orgullosos de saber que su hija tiene sexo por quince dólares o por treinta y cinco dólares?

—contestó el oficial.

Luego de terminar de tener sexo, me dejó en la misma esquina donde me había encontrado.

Se retiró, dejándome sola en la oscuridad.

Estaba tan harta de saber que mi vida no tenía ningún sentido, para qué seguir luchando no tenía sentido.

No había conseguido ningún otro cliente, ni siquiera había podido juntar un centavo para el alquiler.

Mientras caminaba hacia mi departamento, las lágrimas comenzaron a correr de nuevo, sin poder pararlas.

por desesperación comencé a maldecir a dios, diciéndole: “¿por qué me has abandonado?” al llegar al departamento, entré Al departamento, mi mirada se posó en un cuchillo de carnicero sobre la mesa de la cocina: grande, con la hoja brillante.

Lo sujeté con fuerza; mis manos comenzaron a temblar.

Un suspiro tan fuerte se me escapó que me dolió la garganta, y las lágrimas caían sobre la hoja fría.

Me coloqué el filo en la piel de la garganta, justo debajo de la mandíbula.

Mi respiración se aceleró hasta casi no poder respirar: quería acabar con todo, con esta vida que me estaba destrozando.

Pero en el último momento, arrojé el cuchillo.

Cayó al suelo con un ruido seco.

Me recargué en la pared del pasillo, las piernas temblando tanto que casi me caigo, y comencé a maldicir mi suerte.

No tenía el valor para hacerlo.

Con Cariño, Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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