El diario de samantha - Capítulo 50
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Capítulo 50: El diario de samantha
Capítulo – 50: Cicatrices del pasado
Domingo – 08 noviembre del 1998
Querida Aylin,
9:30 de la mañana
Me encontraba, en la cocina, mientras iba a preparaba los alimentos para el desayuno, sarahí permanecía en un rincón hablando por teléfono con su novio joseph. Su tono de voz transmitía decepción, ya que el joven no podría acompañarla como habían acordado. Escuché algo de la conversación
— Joseph, me habías prometido estar conmigo el día de hoy. sé que tienes un juego de fútbol, pero ¿qué pasa con lo que nos dijimos?…claro que te entiendo, pero también necesito pasar tiempo con mi novio. siempre los viernes y sábado y domingo, nunca estás conmigo está bien, nos vemos mañana en la escuela. no estoy molesta, mi amor. bueno, adiós. —dijo sarahí
Estaba seguro de que joseph la estaba manipulando otra vez. Nuevamente me dirigí hacia ella con la intención de comentarle que debía prestar más atención a su actitud, pero justo en ese instante llegó una nueva llamada. Sarahí la atendió, y su expresión cambió completamente, mostrando una sonrisa y un aire alegre. En ese momento, me detuve. No quería arruinarle el día a sarahí. Al poco tiempo, sarahí se volteó hacia mí y me dio una pequeña sonrisa; pude notar que tenía algo en mente.
— En serio, con tu abuelita judith en el rancho… me gustaría ir, pero primero tengo que pedir permiso. estoy bajo su cuidado. sería buena idea a ver si ella quiere ir también. déjame preguntarle —dijo sarahí
Me preguntaba con quién hablaba sarahí, y por qué había mencionado todo eso. No podía tratarse de joseph; se trataba claramente de alguien más. Sarahí me fijó la mirada, se mordió el labio inferior, sonrió de nuevo y soltó una pequeña carcajada. nunca antes la había visto comportarse así. En ese instante, su tono cambió por completo y me respondió con voz seria.
— Samantha, ¡leonardo! nos esta invitando a la casa de su abuelita. ¿te gustaría ir? Por favor, di que sí — dijo sarahí
— Claro que sí, sarahí. me parece genial —le contesté
Me pareció una buena oportunidad para que ella pasara tiempo con su mejor amigo, así quizás dejara de pensar por la cabeza lo que había hecho joseph. sarahí inmediatamente llamó a leonardo para confirmar que íbamos las dos. después se retiró a su habitación a cambiarse, ya que el aire comenzaba a sentirse frío. No es de extrañar, ¡el clima en chicago estaba volviéndose loco! Hacía apenas unos días hacía algo de calor, y ahora estaba algo fresco y frío así sarahí colgó el teléfono y nos fuimos a cambiar de atuendo. Yo me vestí con un pantalón de mezclilla y unas botas cálidas.
Cuando terminamos de prepararnos, salimos de la casa y nos pusimos a esperar el taxi que nos llevaría hasta la casa de la abuelita de. Leonardo al ver pasar un taxi libre, subimos las dos de inmediato. Sarahí indicó el destino al conductor y, mientras avanzábamos por las calles, me dediqué a observar el paisaje urbano que se deslizaba junto a la ventana. Al rato, empecé a tener hambre. Cuando llegamos, al destino nos bajamos del vehículo y en la puerta de la propiedad ya nos esperaban leonardo y una señora mayor; era fácil adivinar que se trataba de su abuela. Me acerqué para saludarla.
— Mucho gusto, soy samantha —le contesté
— El gusto es mío, señorita. me llamo judith —dijo ella
— Hola, sarahí. ¡volviste a crecer de nuevo! hace mucho que no venías por aquí. ¿cómo has estado? —dijo judith
— Bien, señora judith. he estado muy ocupada estudiando, por eso no he podido venir, pero me da muchísima alegría volver a verla —respondió sarahí
Entonces entramos a la casa, y leonardo me saludó educadamente como siempre lo hacía. Los cuatro desayunamos juntos en un amplio comedor con ventanales que daban al jardín. Al ver el lugar, con muebles antiguos cuidadosamente conservados y terrenos extensos al otro lado del cristal, pensé que la señora judith debía ser millonaria para tener una propiedad tan grande. Luego de terminar la comida, sarahí y leonardo se dirigieron hacia los establos para preparar los caballos, mientras judith y yo nos quedamos afuera, sentadas en unas cómodas sillas de madera mecedora
Que estaban en el porche, protegidas del ligero viento de la mañana. Me sentía un poco inquieta, ya que no sabía si sarahí sabía montar a caballo. Me levanté y le dije a judith que volvería enseguida. Ella me sonrió y la miré fijamente no entendía porque se estaba riendo y al final me respondió:
— No te preocupes, samantha. ellos sí saben montar. christopher venía a visitarme antes y les enseñó tanto a leonardo como a sarahí. pero para que te sientas más segura, ve si quieres —dijo judith
Me dirigí hacia los establos, pero me perdí unos momentos no sabía, dónde me encontraba entre los senderos del jardín, ya que no conocía el lugar. Al final, escuché a las voces ellos. Estaban justo en el proceso de ajustar las munturas; al verme llegar, un poco agitada y me preguntó: sarahí
— ¿Qué sucede, samantha? veo algo agitada también, deseas ¿montar con nosostros? —dijo sarahí
— ¿En serio, sarahí? ¿sabes manejar a estos animales tan grandes? no quiero que te pase nada malo —le contesté
Sarahí permaneció en silencio, pero leonardo intervino de inmediato. Me dijo que no tenía por qué preocuparme: los dos conocían el manejo de caballos, y con el fin de que me calmara, iban a intentar no galopar con demasiado despacio entonces cuando logré calmarme me disponía irme, antes de volver con judith, le di un fuerte abrazo a sarahí. Los dejé solos y regresé hasta donde estaba la señora, sentándome de nuevo en la silla mecedora. Al verme regresar judith me ofreció un caballito de tequila y un cigarro. Me reí un poco de la situación y le respondí a. Judith:
— Le acepto el caballito, pero me lo tomaré despacio… tengo a una niña a mi cuidado —le dije
— Entonces tú eres la nueva niñera. sarahí esa niña te ve como una figura maternal verdad samantha… me lo dijo leonardo pero pobrecito christopher, cómo ha batallado para criar a su hija solo. sin embargo, no hay duda de que ha hecho un excelente trabajo. para educar a su hija…al menos sarahí tiene el amor de su padre, no como mi leonardo —comentó judith
—¿A qué se refiere con eso, señora judith? —le pregunté
— Llámame judith, samantha. te diré que mi nieto tuvo que madurar muy rápido: sus padres nunca están con él. mi hijo es un abogado muy reconocido y su esposa es diseñadora también, exitosa en su campo… pero se les olvidó algo más importante: que tienen un hijo —dijo judith
— Sarahí, sabes algo se nota: que samantha te quiere mucho. es buena suerte tener personas que te quieren de verdad.—dijo leonardo
— Sabes qué, leonardo? antes de conocerla, me sentía vacía. tuve siempre el amor de mi padre, de mi novio, o al menos eso quiero creer, y también de mis amigos… pero tu leonardo eres tan especial para mí… aun así, había un espacio en mí que nadie llenaba. desde que samantha llegó a mi vida, ese vacío desapareció.—dijo sarahí
— Mira ahí, sarahí. ese es el río que te mencioné. detengámonos aquí para darles agua a los caballos.—dijo leonardo
:perceptiva de sarahí:”
Me sentía a gusto cabalgando. Los caballos me llenaban de paz; por esa razón, quería estudiar medicina veterinaria, para estar con los animales. Mientras acariciaba el cuello del caballo, ajustaba las riendas con cuidado, avanzando por un sendero estrecho que discurría junto al río. La superficie del agua reflejaba el cielo claro, y juncos altos se mecían al compás del viento a orillas del cauce. El pelaje oscuro del animal se enfriaba con el rocío que cubría la hierba baja, mientras sus pasos dejaban huellas en la tierra húmeda cerca de la orilla. Mientras descendíamos
Suavemente por la ladera hacia la orilla, observé a leonardo. Su postura era firme pero relajada, y las sombras de la tarde dibujaban líneas claras en su rostro. Se veía bien… En ese momento se miraba tan lindo. Sin embargo, tuve que detenerme a mí misma. Él es mi mejor amigo y además.Tengo un novio, y lo quiero; aunque es cierto que rara vez está a mi lado, y que alguna vez lo vi besar a otra chica. Él dijo que fue un error, y yo quiero creerlo. Al llegar al lugar, leonardo se acercó para ayudarme a descender del caballo. Mientras me sostenía por la cintura para bajar con
Seguridad, no nos dimos cuenta de lo cerca que quedaron nuestros rostros. Estaba tan cerca que casi estuvimos a punto de besarnos: sentía su respiración caliente sobre mi piel, y veía claramente la suavidad de sus labios a centímetros de la mía. Me aparté lentamente, y él hizo lo mismo, ambos guardando un silencio breve antes de dirigirnos hacia la orilla. Nos sentamos en el suelo cubierto de hierba baja, mirando cómo los caballos bebían agua del río, moviendo ligeramente sus hocicos en la superficie del líquido.
— Leonardo, en serio… ¿te tienes que mudar a san francisco? ¿por qué no te quedas aquí, conmigo?— dijo sarahí
— Sarahí, realmente me tengo que ir. mis padres consiguieron un puesto mejor en san francisco, y a mi madre también le ofrecieron un trabajo en la misma área.—dijo leonardo
— ¿Y no se te ocurre quedarte aquí, viviendo con tu abuela?—preguntó sarahí
— Lo he considerado mucho, pero no puedo hacerlo. ella lleva años con su rutina, su tranquilidad… no quiero perturbarla ni causarle más preocupaciones de las que ya tiene.—dijo leonardo
Al oír las palabras de leonardo, comencé a sentir tristeza. Apoyé mi barbilla en mis manos, permaneciendo inmóvil mientras observaba el agua. El lugar transmitía calma: el agua corría con un ruido constante, las patas de los caballos hundíanse levemente en la tierra húmeda y el aire llevaba el olor a barro y pasto fresco. Mientras los animales acababan de beber, inclinándose uno tras otro sobre la orilla, leonardo se levantó del suelo y, sin decir nada más, me extendió la mano para ayudarme a ponerme de pie. Cuando vi su mano tendida hacia mí, la sensación de querer
Besarlo volvió con fuerza: sentía su presencia cerca, el aroma de su ropa y el calor que desprendía. Pero me contuve enseguida, él era mi mejor amigo, y no quería arruinar todo lo que habíamos construido juntos. Me puse de pie sola y lo miré a los ojos; una lágrima rodó por mi mejilla antes de que pudiera evitarlo. En ese instante, leonardo frunció el ceño y se acercó.
— ¿Qué pasa, princesita? ¿por qué lloras? dime dije algo malo.—dijo leonardo
— Es solo que… te voy a extrañar muchísimo, leonardo. mañana en la escuela llevaré mi cámara, para tomarnos varias fotografías y así siempre recordarte —dijo darahí
— Claro que sí, princesita. cuantas quieras.—dijo leonardo
:Perspectiva samantha:”
— Mira, samantha: sarahí tal vez sufre al no tener una figura materna cerca. ¿te imaginas cómo se sentiría si, además, sus padres no le prestaran ninguna atención, actuando como si no tuvieran en cuenta a su propio hijo? una vez fui a la casa de mi hijo, y leonardo estaba discutiendo con sus padres le decía que, cuando cumpliera dieciocho años, se iría de la casa. ¿sabes qué fue lo que le respondieron? —dijo judith
— No tengo idea… ¿qué le dijeron?—le respondí
— “Haz lo que quieras. cuando llegue el momento, simplemente avísanos para que saquemos tus cosas a la basura” —dijo judith
No podía creérmelo. Las palabras de judith me hicieron comprender que leonardo tenía padres, aunque era como si no los tuviera en absoluto. Estábamos sentadas en las sillas de madera pulida, las únicas merecedoras del lugar. El aire helado rozaba en mi rostro; era agradable estar afuera. Entonces judith extendió la mano hacia la botella más cercana, me sirvió otro caballito y lo colocó delante de mí sobre la superficie de cristal. Lo tomé con cuidado y lo bebí despacio, moviendo el líquido por mi boca antes de tragarlo; no quería ponerme borracha, necesitaba mantener la mente
Clara, después, judith saco un paquete de cigarrillos de su bolsillo, agarré un, cigarrillo lo coloqué entre mis labios y lo encendí con un encendedor de metal que producía un chasquido seco. Entonces ella habló:
— Dime, samantha, ¿cómo conociste a christopher? ese hombre es muy reservado. y ahora, dime algo con sinceridad. —dijo judith
Di una fuerte inhalación al cigarrillo y dejé salir el humo despacio. Le conté cómo lo había conocido, ocultando una parte de mi vida… Luego me serví un poco más de alcohol en el caballito entonces coloqué un poco de sal. En mi boca y, mordí un limón y me terminé el trago. judith me sirvió otro más, tequila pero me dije a mí misma que esperaría entre 20 y 30 minutos antes de volver a beber. Después le respondí a judith
— Dime, judith, ¿qué mas te gustaría saber de mi? ¿qué quieres que te cuente con sinceridad? solo dime.—le dije
Antes de que judith hablara, se bebió dos caballitos de un solo trago; la quedé observando mientras ella los terminaba de un jalón. Ya comenzaba a sentirme algo mareada, así que decidí no volver a beber hasta que me tranquilizara de nuevo. Entonces me dijo que iba a hacer una pregunta y esperaba que no me ofendiera. Le respondí que sí, no me ofenderia que estaba bien.
— Dime, samantha: tú eres una muchacha guapa y joven, y christopher es un señor, aún siendo joven, tiene entre treinta y treinta y tres años. los dos sin compromiso, esto me lo imagino. y lo que me ha dicho leonardo de que tú vives en su casa… ¿a poco no te ha dado ganas de intimar con él?—dijo judith
En ese momento, una sonrisa se me escapó, pero al mismo tiempo mi rostro se enrojeció por la pregunta. No sabía qué decir. Solo sabía que judith era una mujer muy lista y observadora, en lugar de que yo fuera la más astuta, ella me había estado vigilando desde el momento en que llegué a su propiedad.
— ¿Quieres que te diga la verdad?… a veces sí he llegado a pensar en cruzar ese límite, pero me detengo por dos razones. no puedo hacerlo con christopher: él ni siquiera me ve como una mujer, y nunca me ha dado ningún motivo para pensar que quiera algo más… y la otra razón es por maritza sé que ella lleva años fallecida, pero realmente no sé si christopher aún la ama sigue sintiendo algo por ella… no lo sé ¿por qué más seguiría usando su anillo de compromiso en el dedo, desde el primer día que lo conocí lo ví con su anillo?—le respondí,
— Ya veo, pues tiene toda la lógica del mundo tu respuesta.—dijo judith
A lo lejos distinguí las figuras de leonardo y sarahí, avanzando paso a paso hacia donde estábamos sentadas. Al llegar hasta nosotros, se acercaron directamente y nos comunicaron que tenían hambre. Después de cenar, ya era hora de irnos. Me despedí de leonardo y de judith; al echar un vistazo al reloj, marcaba las 4:00 de la tarde. Al salir de la casa, me sentí un poco mareada por lo que había bebido.Cuando llegó el taxi, subimos las dos y le di la dirección al conductor. En seguida, sarahí se recargó en mi hombro y se quedó profundamente dormida. De repente, se me
Escaparon unas lágrimas por las mejillas. No estaba segura de si era por el alcohol o por pensar en christopher… Porque muy adentro, él ya ocupa un lugar en mi vida. No puedo negarlo: me estoy encariñando con él, aunque aún no sepa lo siente por él.
Con
Cariño
Samantha
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