El diario de samantha - Capítulo 51
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Capítulo 51: El diario de samantha
Capítulo – 51: Niña rota
Lunes – 09 noviembre del 1998
Querida Aylin,
— Sólo relájate, samantha, y cierra lentamente tus ojos. respira con calma: inhala despacio por la nariz, y suelta el aire despacio por la boca. inhala el olor de incienso que impregna la habitación; se trata de una mezcla de sándalo y lavanda, colocada en un cuenco de barro en el estante de madera claro del rincón… recuérdate que yo no estoy para hacerte daño, estoy para ayudarte—dijo mariska
Respiraba lentamente. Me sentía nerviosa en ese momento; la temperatura de la habitación estaba ajustada a veintidós grados, pero mis manos seguían frías. Tenía ganas de salir del consultorio y terminar la sesión de terapia, incluso sentía un nudo en la garganta que me hacía pensar en vomitar, pero mariska repetía que sólo necesitaba relajar todo mi cuerpo. Inhalé despacio, notando cómo el aire fresco llenaba mi pecho, y solté el aire con cuidado. Entonces escuché el ruido de la cubierta de metal al abrir su libreta de notas, seguida del crujido del bolígrafo al empezar a escribir, y después el preciso click de su grabadora pequeña de mano, que reposaba sobre la mesa de madera al lado suyo.
— Lunes, mes 09 de noviembre año 1998. con la paciente samantha poots tyler; iniciamos la sesión. ¿cómo has estado, samantha?, —preguntó mariska
Mordía mis labios y apretaba las manos. Todavía estaba acostada en el diván, me sentía incómoda. Si no hablaba, mariska se comunicaría con christopher, y lo último que quiero es causarle más problemas. Intenté hablar, pero no lograba emitir sonido. Me invadía la frustración: si no expresaba nada en esa sesión, la comunicación con christopher sería segura de que lo haría. Solo moví la cabeza de lado a lado, apreté tanto las manos y los labios que acabé sintiendo el sabor de mi propia sangre.
— Samantha, te repito la pregunta: ¿cómo has estado? ¿qué has hecho en estas semanas? ¿qué actividades realizaste hoy? cuéntame algo de tu pasado, —dijo mariska
¿Por qué resultaba tan difícil hablar? Me repetía a mí misma que debía hacerlo, que solo tenía que abrir la maldita boca, pero me sentía como una niña espantada. Era cuestión de pronunciar incluso un simple hola, pero me costaba demasiado.
— Samantha, te vuelvo a preguntar directamente: ¿no te sientes cómoda conmigo? porque de lo contrario, estar aquí sería una pérdida de tiempo para ti. si realmente no estás a gusto o te resulta incómodo, podemos gestionar tu traslado a otro terapeuta con quien te sientas mejor —expresó mariska
— Perdóneme. estaba bastante nerviosa para hablar de mi pasado; aún me produce dolor, y esperaba que usted lo comprendiera, pero parece que no es así, — le expresé
— Escucha, samantha: yo sí te entiendo. pero si te hice sentir mal de alguna manera, te pido disculpas de corazón… solo quería confirmar si realmente deseas continuar con la terapia, porque de lo contrario sería un desperdicio de tiempo para ti. para mi ahora que ya has podido hablar un poco, ¿por qué no cuentas más cosas? por ejemplo, ¿qué te dedicabas antes de conocer a christopher? es claro que vives con él, ¿no? es asi, — comentó mariska
— Me dedicaba a la prostitución. ahora puedes reírte de mí, mariska; ahora puedes juzgarme como la peor escoria del mundo… pero ya estoy acostumbrada a recibir ese tipo de insultos, —le dije
— Claro que no voy a reírme, y mucho menos criticarte. mi labor es escuchar y ayudarte a liberarte de ese dolor que llevas muy adentro. y para mí, tú no eres escoria: en este momento, tal como te encuentras, eres como una niña que no sabe qué hacer… te lo explico así: eres una niña atrapada en un cuerpo de adulto, que no conoce su camino. yo estoy aquí para orientarte y para que puedas conectar con la parte adulta de ti misma, la samantha que realmente eres, —contestó mariska
Me provocó de ganas de reír a carcajadas y luego le dije a mariska: Mi niña interior está intentando ponerse en contacto conmigo, comenté. Lo que me dijo me parecía tan absurdo, pero a la vez sentía lo que decía tenía algo de realidad, que mi niña. Interior era quien limitaba mi libertad. Entonces le respondí: A mariska con una, voz sería de lo normal
— ¿Entonces se puede entender que mi versión infantil busca el camino para convertirse en adulta? ¿entonces qué soy yo? ¿acaso soy un “dopplergengar”? —le dije
— Entonces, ¿por qué temes mostrar tu verdadero ser? ¿por qué recurrir a la violencia y la ira para defenderte? dime, samantha: ¿cuál es tu verdadero miedo?, preguntó mariska
Quedé callada, la mirada vacía y perdida. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, mientras murmuraba una y otra vez: No me abandones, una vez más. Repetía la frase una y otra vez, como si la estuviera dirigiendo a alguien invisible. Después, me recosté de nuevo sobre el diván, apartando la mirada hacia el costado. El único sonido en la habitación era el de mis sollozos, hasta que sin darme cuenta dejé escapar unas palabras suaves:
— Mamá… no me dejes… tengo miedo de estar sola, le dije
— ¡samantha, escúchame! estás aquí conmigo, no estás con tu mamá, respira, —dijo mariska
— ¡Mamá, mamá! no te mueras me quiero despedir de ti… no quiero que te vayas sin decirte que te quiero, mamá, por favor… —le dije
Una voz parecía llegar desde muy lejos, llamándome por mi nombre. Al levantar la vista para buscarla, el consultorio se desvaneció por un instante y no reconocí nada a mi alrededor, entonces empecé a llorar sin poder contenerme. Esa voz seguía hablándome: Samantha, respira hondo, ya terminó, debes mantener la calma… Cubrí mi rostro con las manos, murmurando cosas que ni yo misma entendía, tratando de parar pero sin lograrlo en absoluto.
— Samantha, has revivido un momento difícil del pasado, un flashback. solo relájate, estoy aquí contigo todo el tiempo. soy mariska, si me reconoces. estás en mi consultorio, estás a salvo, — dijo mariska
Después de que cesara el temblor, me levanté del diván con movimiento brusco y agitado; mi cuerpo se sentía tan agotado como si hubiera corrido un maratón. Me costaba mucho respirar sentía que mi pecho me dolía demasiado y mi respiración me faltaba. Al fijarme en mariska y pasar mis manos por el rostro, lo sentí húmedos en la parte de mis ojos
— ¿Qué me pasó, mariska? ¿qué fue todo eso? ¿dónde estuve? no me acuerdo lo que me sucedió nada… pero ¿por qué mi cuerpo está tan agotado? ¿qué diablos sucedió?, con mi cuerpo —le pregunté.
— Es mejor que terminemos la sesión por hoy. has dado un paso muy grande, te espero el próximo lunes, samantha. antes de irte, respira hondo y relájate: toma este vaso de agua, y te voy a entregar un pañuelo con un aroma calmante para que lo inhalés… no te preocupes, no te hará daño te ayudará a estabilizarte, es algo muy común en estos casos, —dijo mariska
— ¡Mariska, ¿qué me pasó? siento como si hubiera llorado mucho… ¿qué ocurrió? es la primera vez que me pasa esto, no recuerdo nada… si realmente quieres ayudarme, por favor, dime la verdad ¿qué me sucedió?, —le dije
— Primero relájate, inhala el trapo con ese aroma, todo está bien, te lo prometo. te espero el próximo lunes. por ahora, ¿puedes irte a tu casa, tomar un baño? caliente y descansar mucho, ya te enseñé a manejar el estrés la próxima semana veremos si necesitas algún medicamento para ayudarte. pero antes de irte, debo preguntarte algo importante: ¿has tenido pensamientos suicidas de hacerte d alguna vez?, —dijo mariska
— Sí… antes de conocer a christopher y a su hija. pero ahora ya no pienso en eso, creo que es porque por fin me siento protegida. cuando trabajaba en la prostitución… había un hombre que yo le decía el monstruo. discúlpame no me di cuenta de que ya había terminado la sesión —le comenté.
Entonces mariska me indicó que siguiera hablando, mientras yo me sentaba con el trapo cerca de mi rostro. Sin darme cuenta, las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas al contar más: esa parte de mi vida había, pensando de que esa parte de mi historia habia sido borrada de mi
— Cuando estaba en esa vida, mis clientes a veces me pegaban, me humillaban, me obligaban a hacer cosas tan asquerosas… siempre me decían que era una perra, si intentaba defenderme ellos me iban enseñar a las malas obedecer, sus órdenes. ahí intenté varias veces acabar con mi vida, pero nunca tuve el valor de hacerlo. pero cuando conocí a christopher y a su hija, por ellos quise seguir viviendo. desde entonces no he tenido esos pensamientos, pero tengo miedo de estar sola… siento que… el —le dije
De repente me tapé mi rostro con mis manos y comencé a llorar sin poder parar. Mariska habló primero; su voz sonó un poco emocionada al principio, pero luego se volvió a hacerse firme: Me decía maritza ¿Qué sientes cuando piensas en estar sola, samantha?
— Siento que va a volver por mí… y me haré daño —le dije
— Quien samantha el monstruo —respondió mariska
— Si… no es un monstruo de cuento ni de película, era un cliente, un hombre despreciable. cuando me contrataba mis servicios, me decía todo el tiempo: “¿crees que tu madre estaría orgullosa de ti sabiendo de que su hija, de que se convirtió en una puta?”—le dije.
— ¿Y qué más pasó con ese hombre, samantha? —dijo mariska
— De repente dejó de ir a buscarme… no sé si se fue, o si se murió nunca lo supe. era un señor muy gordo, obeso, y cada vez que venía por mí me obligaba a hacerle sexo oral mientras íbamos en su vehículo rumbo al hotel. si me negaba, me daba puñetazos en el estómago o me cacheteaba, pero siempre cuidaba de no dejar marcas en mi rostro. cuando obedecía, me repetía una y otra vez: “ojalá tu madre pudiera verte ahora… ¿qué diría de ti al observar como me haces sexo oral? —le dije
Bajé mi mirada hacia al suelo, tapándome mi rostro con ambas manos mientras las lágrimas seguían cayendo. Escuché a mariska, su voz tembló un poco antes de sonar más segura: Samantha, entiendo lo difícil que es recordarlo… Después de un instante de silencio, y. Al mirar mi reloj, eran las 11:20 tenía que irme a recoger a sarahí. Me levanté del diván con esfuerzo.
— ¿Te sientes lo suficientemente bien para irte?, y por cierto… ¡qué bonito ese collar con forma de corazón! ¿quién te lo regaló?. —dijo mariska
— Me lo regaló la hija de christopher su nombre es maritza sarahi, y ella también tiene uno igual que el mío, — le dije.
— Ya veo, qué bonito detalle es como una señal de que tienes a alguien que te quiere tal como eres, —dijo mariska
— Cuidate mucho, samantha, —dijo mariska
Antes de salir por la puerta del consultorio, me volví hacia mariska y le hice una pregunta: ¿Podría abrazarte por unos minutos? Solo necesito sentir que alguien está ahí. A mí lado Ella dudó un instante pero me observo fijamente y al verme que tan vulnerable me contestó mariska
— Samantha, debes entender que mi labor es ser tu terapeuta, no tener una relación más cercana… —contestó mariska
Pero al ver mi rostro, suspiró y al final. Me abrazó tan fuerte que comencé a llorar de nuevo, pero esta vez no eran lágrimas de dolor oeran lágrimas de agradecimiento. Mariska me acarició suavemente la espalda, manteniendo el abrazo profesional pero cálido.
Con
Cariño
Samantha
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