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El diario de samantha - Capítulo 52

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Capítulo 52: El diario de samantha

Capítulo – 52: Darling

Martes – 10 noviembre del 1998

Querida Aylin,

Me sentía decaída, así que decidí salir de casa mientras sarahí cursaba sus clases. Recorrí varios cuadras hasta estar alejada del hogar; cuando quedaban pocas calles para llegar al edificio donde viví anteriormente, seguí acercándome al lugar. En ese momento, noté a un niño que estaba inhalando pegamento, con los ojos entrecerrados y apoyando la cabeza en sus manos. Al divisar al niño, de edad similar a la de sarahí, se me desvaneció el olvido de cómo era la vida en esta zona. Esa era la cruda realidad: la situación de quienes no cuentan con oportunidad alguna de recibir

Apoyo. Yo por suerte logré escapar del mundo de la prostitución, pero al verlo me invadió una gran tristeza. Continué caminando hacia el edificio donde viví antes, solo sabía que estaba destinado para ser demolido. Allí, me topé con una joven que no debía tener más de diecisiete años; revolvía entre la basura, y su vientre daba fe de que estaba embarazada. Al contemplar aquello, quedé completamente impactada. Avancé hacia ella, las piernas temblando bajo mi peso. Si christopher no hubiera llegado a mi vida en aquel entonces, sin duda habría acabado como ellas: sumida en las drogas y embarazada. Al alcanzarla, me detuve y le pregunté:

—¿Tienes hambre, muchacha? quiero invitarte a comer algo —le dije

Pero la joven no respondió; de mis palabras pero sus labios apenas se movían, murmurando una y otra vez “brown sugar”. Me giré y la dejé allí. Lo único quería era su heroína. Por dios, santo parecía que ni siquiera consideraba cómo podía dañar a su bebé. Al llegar al edificio, me di cuenta de que estaban haciendo remodelaciones en él. De repente, a lo lejos escuché una voz diciéndome mi nombre; al girarme, descubrí que era darling, una vieja amiga mía y de kitty.

— ¡Samantha! ¡no te esperaba por aquí! ¡qué cambio tan grande! te ves con ropa nueva y te ves muy bien. ¿o sea que sí te casaste con algún hombre rico? —contestó darling

— Darling, ¿pero qué está sucediendo en este lugar? todos los que he visto parecen ser adictos a las drogas. no me lo puedo creer, cómo ha cambiado todo desde que me fui. y a tu pregunta: claro que no estoy casada, solo trabajo niñera —le contesté

Al fijarme en sus manos y su expresión, me di cuenta de que no estaba en buenas condiciones. Lo sabía de sobra: ella también había caído en la adicción. Me quedé en silencio mirándola, hasta que darling empezó a hablar con la voz entrecortada…

— No todos tenemos tu misma suerte, samantha. al menos tatiana se fue a nueva york, pero de kitty no tenemos ni rastro… solo esperemos que esté bien. mírame bien: ya no puedo escapar de la prostitución —dijo darling

— ¡Claro que sí puedes escapar! yo lo conseguí, déjame ayudarte… si yo, siendo tan débil, logré salir de aquí, tú que eres fuerte, ¡cómo no vas a poder hacerlo! —le respondí

— ¿Quieres saber por qué consumo heroína? ¿crees que mi delgadez es solo por la droga? —preguntó darling

— Por supuesto que es culpa de esa droga… pero si quieres dejar la prostitución, yo te ayudaré con todo lo que pueda —le dije

— Si hubieras llegado unos meses antes, te habría escuchado. pero hace una semana me hice unos… análisis y resulta que tengo vih. estoy muriendo poco a poco. intenté conseguir ayuda: fui a hospitales y lugares que dan medicamentos gratuitos o subsidiados, pero los que me dan no me sirven para nada… la enfermedad avanza cada día más, y la única manera de aguantar el dolor es con la heroína. tú al menos tienes la oportunidad de tener un final feliz, samantha —dijo darling

En ese momento, darling comenzó a toser con tanta fuerza que su cuerpo se estremeció ligeramente. Entonces me acerqué hacia ella, extendiendo mi mano para apoyarla en el hombro intentar ayudarla. Sin embargo, darling me empujó hacia un lado y se cubrió la boca con sus mano derecha. Cuando la apartó lentamente, observé que en sus dedos y en la palma había manchas oscuras de sangre, que se adherían a la piel y a las uñas cortas.

— Ya ves… no es solo el dolor en mi cuerpo, samantha. tarde o temprano mi vida llegará a su fin. ese es el precio que, como prostitutas, tenemos que pagar. el mío ya está aquí. antes de que suceda, prefiero morir con dignidad —dijo darling

Al ver el rostro de darling, el miedo era evidente en sus rasgos. Después se pasó la manga por los labios para limpiarlos. No pude contenerme y una lágrima recorrió mi mejilla: la escena era realmente triste, su mirada reflejaba un temor profundo. Que tenía en ese momento,

— Samantha, hay días y noches en que la tos no me deja ni respirar, ni siquiera dormir. la vida que llevo es tan miserable… a veces he preferido no volver a despertar —dijo darling

— ¿Qué piensas hacer, darling? ¿tienes pensado suicidarte? aún queda tiempo: hoy existen tratamientos para el sida, no todo está perdido. sé que los medicamentos no actúan de inmediato, pero no te dejes llevar por la desesperación —le dije.

— ¿Por qué insistes en verme sufrir? si hay una forma sencilla de poner fin a todo esto, ¿por qué quieres que siga pasándolo mal? tú no sientes lo que estoy sintiendo… prefiero tener el control de mi propia vida, samantha —dijo darling

— Todos tenemos derecho a una oportunidad de vivir; para todo problema hay una solución. darling, no te rindas ahora… ¿acaso el miedo a morir no te alcanza, darling? dímelo claro: ¿no tienes ningún deseo de seguir adelante? —le dije

— Sí, claro que tengo miedo de morir, samantha… pero ya me he resignado a mi destino. no importa qué haga, pronto moriré… todos tenemos miedo de lo desconocido, de no saber qué hay después de la muerte: si iremos al infierno o al cielo. pero hay algo por lo que le agradezco a dios: no tener hijos. imagínate cómo sería si me vieran así, tan enferma… y lo peor sería dejarles huérfanos, como me sucedió a mí cuando era pequeña. ¿sabes qué es lo que más me duele? que solo tengo veinte años de edad —dijo darling

Entonces me acerqué a darling, que estaba sentada en la banqueta. Coloqué mi brazo en su hombro; ella me miró y me pidió si le podía comprar un cigarro. Dudé un instante, pero al verla así tan enferma, no pude decir que no. Fuimos a la tienda cerca del parque para comprarle una cajetilla, aunque sabía que estaba mal. Pero aún así lo compré después nos sentamos en un banco del parque; al observar mi reloj, eran las 10:50 de la mañana. Mientras fumábamos, una lágrima rodó por mi mejilla. De repente, darling comenzó a toser con fuerza ya no era solo una sacudida leve, cada vez que tosió escupía sangre en cantidad considerable, no más manchas pequeñas. Cuando la tos cesó un instante, habló con voz débil:

— Estoy bien, samantha… gracias. por preocuparte por mi dime, ¿qué has hecho? yo pensaba que te habían matado. “¡tajjjj… tajjjj… tajjjj…!” tajjjj…!” pero me da gusto que estés bien —dijo darling

Mientras tanto, seguimos sentadas en la banca del parque, bajo la sombra de un gran sauce. A nuestro lado, darling sostenía su cigarro entre los dedos; inhalaba lentamente y, apenas un instante después, una tos fuerte la sacudía, haciéndole inclinar el torso hacia adelante. Entonces le hablé.

— Oye, darling. ¿cómo te contagiaste de sida? —le pregunté

— Mira, samantha, realmente no lo sé. cada vez que mantenía relaciones sexuales, en algunas ocasiones el condón se rompía. en esos momentos, lo único que quería era que terminara y poder marcharme. me pasó varias veces lo mismo. cuando empecé a notar los primeros síntomas del virus era fatiga constante y algunas lesiones en la piel, lo único que hice fue ignorarlos por completo, sin buscar ayuda médica —contestó darling

Darling sacó inmediatamente otro cigarrillo del paquete arrugado que llevaba en el bolsillo, lo encendió con un movimiento rápido y se lo llevó a la boca. Al inhalar con fuerza, el humo le provocó una nueva ráfaga de tos; esta vez, no pudo contenerse y escupió una pequeña cantidad de sangre sobre el césped verde de al lado de la banca. Al notar mi mirada, me dirigió una sonrisa nerviosa, cargada de dolor.

— Es difícil estar así… enferma. ya no puedo trabajar ni siquiera un día completo. este mes he estado sobreviviendo gracias a un hombre que tenía algo de dinero. también él era portador del virus y falleció la semana pasada. mientras vivía, estuve con él en su casa. ese hijo de puta tenía relaciones sexuales conmigo cuando yo estaba bajo los efectos de la heroína —dijo darling

De repente, darling apoyó el cigarro en el borde de la banca, dejándolo encendido sobre la superficie de madera desgastada. Se quedó inmóvil un instante, luego llevó la manga de su camisa a los labios para limpiar la sangre que se acumulaba en el rincón de la boca. Al observarla más de cerca, noté que su pecho se elevaba y bajaba de forma irregular, y que cada respiración parecía requerir un esfuerzo considerable. En aquel momento comprendí la frase que me había dicho anteriormente: que ya no era vida estar así. Entonces, sin poder contenerme más, una sola lágrima

Resbaló por mi mejilla, caliente y pesada, hasta caer sobre la palma de mi mano que llevaba apoyada en la banca. Recordarla como era antes, fuerte y sana, mientras la veía ahora tan vulnerable, me producía un profundo dolor. Antes había sido una mujer tan fuerte, tan sana… ¿Es este el precio de ser sobrevivientes en la vida? ¿Por qué, dios, tenemos que ser infelices para que tú seas feliz? Darling tomó el cigarro entre sus dedos y, empezando a fumar de nuevo. Al instante, un ataque de tos la sacudió por completo, haciéndola sujetarse el pecho con una mano, pero no abandonó el cigarro. Luego, con mucha dificultad para articular las palabras, me dirigió una pregunta:

— Dime samantha, ¿ese hombre es tu novio? ¿te has acostado con él? —dijo darling

— No es mi novio, y tampoco me he acostado con él. pero sé que es un buen hombre: aunque no me conocía, no dudo para ayudarme… está pagando mi terapia, estoy viviendo en su casa con habitaciones aparte, me ha comprado ropa y zapatos, no tengo que gastar en comida, y además me paga por cuidar a su hija —le expliqué

— Al ver tu expresión, cómo hablas de él… me da la impresión de que te estás enamorando de él, samantha… ¿el sabe de tu pasado? —preguntó darling

— Sí… él lo sabe —le respondí

— ¿Y por qué no te acuestas con él? tú bien sabes que la manera de dominar a un hombre es a través del sexo, ¿verdad? nuestro arma es nuestro cuerpo, para poder manejarlo como nos plazca —dijo darling

— No podría hacerlo. el ha sido demasiado generoso conmigo, y hacerle algo así sería estar mal, sería traicionar su confianza —le expliqué

— Me imagino qué bonito debe ser: levantarte cada mañana de tu cama, sabiendo que estás a salvo… y poder acostarte en ella sin estar obligada a estar con tantos hombres. es una vida tan maravillosa, ¿no crees, samantha? —dijo darling

Me quedé en silencio, sin poder encontrar las palabras para responder. Claro que sí: era una vida tranquila, sin tener que temer lo que la noche pudiera traer. Pero en lugar de decir algo, me limitaba a verla, observando cada detalle de su rostro mientras la escuchaba. Entonces darling se puso de pie en la banca y se alejó un poco. Cuando dio vuelta para mirarme, llevaba una sonrisa en el rostro y me contestó:

— Nos veremos de nuevo, samantha. ya sea en el infierno o en el cielo, donde sea que termine… cuídate —dijo darling

— Darling, ¿podría ir a verte mañana? —le pregunté

— Preferiría que no vinieras mañana, samantha —respondió darling

En ese instante, un llanto desconsolado me invadió por completo, no pude contener las lágrimas ni un segundo más. Sabía perfectamente qué iba a hacer darling. Entonces, al verme en ese estado, darling se acercó rápidamente y me estrechó en un fuerte abrazo, mientras me decía que dejara de llorar, al volverme a ver le hacía muy feliz. Luego, alzar la mirada para mirarme directamente a los ojos, me habló con voz firme:

— No tengo tiempo de hacerme la víctima, samantha. yo decido quién maneja mi propia vida —dijo darling

Con

Cariño

Samantha

Esta historia es de ficción y toda la trama relacionada con Darling, así como las circunstancias que la rodean, está creada desde la imaginación. Mi intención nunca es ofender ni generar malentendidos sobre personas que viven con VIH/SIDA, ni mucho menos normalizar situaciones como la prostitución, la adicción o el suicidio.

Es importante aclarar que en 1998 los tratamientos para el VIH/SIDA estaban en desarrollo, pero hoy en día existen avances médicos que permiten controlar la enfermedad y garantizar una calidad de vida adecuada a quienes la padecen. Además, si tú o alguien que conoces está atravesando por pensamientos suicidas o necesita apoyo respecto al VIH/SIDA, por favor busca ayuda profesional inmediata o contacta a líneas de apoyo especializadas en tu país — siempre hay una manera de encontrar esperanza y ayuda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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