El diario de samantha - Capítulo 53
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Capítulo 53: El diario de samantha
Capítulo – 53: El regreso de christopher
Martes – 10 de noviembre del 1998
Querida Aylin
11:20 de la mañana
Mientras me alejaba del parque, mis pasos eran lentos sobre el camino cubierto de hojas secas de roble y sauce, que se acumulaban en montículos pequeños a los lados de la vereda. Mis pensamientos giraban sin cesar en torno a darling, revisando cada palabra de nuestra conversación y tratando de adivinar qué planeaba hacer. En ese instante, el silencio del lugar se rompió cuando mi celular comenzó a vibrar y a emitir su tono corto y repetitivo. Al mirar el dispositivo, reconocí el número de christopher en la pantalla. Acepté la llamada al instante, aunque
Mi voz salía entrecortada, cargada de la tristeza que aún pesaba en mi pecho por lo que había vivido con mi amiga. Mis manos temblaban por la impotencia que sentía en ese momento: no podía hacer nada por darling, ni siquiera ayudarla a encontrar un motivo para seguir adelante.Se me cerraban los dedos en puños sin que yo lo notara, y cuando intenté sujetar firmemente el teléfono contra mi oreja, las puntas de mis dedos temblaban tanto que apenas lograba agarrarlo sin que se resbalara de mi mano. Había ofrecido todo lo que estaba en mi poder, pero la realidad de su situación y su determinación me dejaban completamente desamparada.
— Hola, samantha. ¿cómo te va? dime, ¿cómo está mi sarahí? —preguntó christopher
Le respondí que sí, sarahí se encontraba bien y que en breve iría a buscarla a la escuela. Pero christopher notó mi voz entrecortada y me preguntó directamente qué pasaba. Entonces le expliqué todo sobre darling: cómo la había encontrado, su enfermedad y lo que me había contado. Al escucharme, christopher se quedó en silencio por varios minutos, sin decir palabra alguna. Cuando llegué a mencionar que ella pensaba ponerle fin a su vida, él me contestó con voz seria que vivir con el VIH/SIDA era una carga extremadamente difícil de llevar.
— Samantha, déjame hablarte claro. sé que no es lo que quieres oír, pero debes entenderlo: tú le ofreciste toda tu ayuda y ella decidió no aceptarla… tú siempre estás ahí para apoyarme, y no me atrevo a pensar cómo sería mi vida sin ti. pero por favor, no te cargues con la culpa de esto, no fue tu responsabilidad en absoluto… a veces en la vida tomamos decisiones muy difíciles, sin tener claro cuáles son las mejores. pero no, samantha, no te lleves esa carga que no te corresponde. solo trata de recordar los buenos momentos que compartiste con ella —dijo christopher
— No sé qué haría si alguna vez te perdiera —le dije
—¿De verdad, samantha? porque yo sé muy bien lo que haría —respondió christopher
—¿Y qué harías… christopher? —le pregunté
— Te buscaría, samantha. porque… porque eres una persona muy especial para mí y para mi hija. ella y yo estamos profundamente agradecidos por haberte conocido; gracias a dios que nuestro camino se cruzó con el tuyo —contestó christopher
Entonces christopher se despidió, ya que tenía que asistir a una junta. Yo también me despedí de él, pero cuando sentí que la llamada se cortó y el teléfono quedó en silencio, no sé por qué me invadió una sensación extraña en lo más hondo, unas palabras que llevaba guardadas en mi pecho, pero que no había podido decirle. Así que me quedé ahí, sosteniendo el aparato en mi oído como si aún estuviera hablando con él, y comencé a hablar en voz baja, como si estuviera teniendo una conversación con christopher de nuevo:
— Desde la primera vez que te conocí, ya no quise estar con nadie más. no tengo mucho que darte, solo todo mi cariño… gracias por estar siempre a mi lado y dejarme formar una parte de sus vida. sin ti, no sé qué haría, —contesté
Cuando terminé de hablar, unas lágrimas recorrieron por mis mejillas. No entiendo del todo lo que siento por él: una parte de mí está llena de gratitud por todo lo que ha hecho por mí, porque por primera vez alguien me trata con verdadero respeto, sin verme como un objeto. En ese momento, de repente, observé un taxi vacío que circulaba por la calle; le hice la señal con la mano para que se detuviera. Al abordarlo y cerrar la puerta trasera, le dije al conductor la dirección de la escuela. Mientras avanzábamos, seguí llorando por darling y por esos sentimientos mezclados que no logro
Definir. al llegar a la escuela, al verme sarahí corrió rápidamente hacia mí y me abrazó con tanta fuerza que sus brazos apenas alcanzaban a rodearme. Ese abrazo tan cálido me hizo sentir un poco mejor, aunque el peso de lo que pasa con darling no desapareció del todo. Luego partimos juntas hacia la casa; ya me sentía más tranquila, pero en mi mente no dejaba de repetirme: “Espero que encuentre la paz que tanto buscas” Darling
:Al día siguiente:”
miércoles – 11 de noviembre de 1998 querida aylin
¡Buenos días, mi querida Aylin! Hoy cuando abrí tus páginas para escribirte, me di cuenta de dos cosas: la primera es que ya casi no me quedan hojas, así que esta tarde iré a comprarme un nuevo diario. Y la segunda… ¡ay, qué torpe soy! Me di cuenta que en todas mis entradas anteriores me olvidé de poner la palabra “de” en las fechas. Antes escribía simplemente “martes 10 noviembre” o “lunes 9 noviembre”, pero ya no va a pasar más de ahora en adelante, te pondré la fecha completa, como debe ser. Porque bueno, incluso en las cosas pequeñas hay que ser cuidadosas, ¿no? ¡Ja ja! Perdóname por ese descuido, pero he estado tan abrumada con tantas cosas últimamente… como
Lo que pasó ayer con mi amiga darling. Me encuentro con ánimos bajos, sin embargo, la situación no es responsabilidad de sarahí. Mañana tendrá su cumpleaños, y en este momento me encuentro comprando todo lo requerido para la ocasión. Además de los elementos para la celebración, y me compré tres ejemplares de diario y una cajita de lapicero. Mi única esperanza es que christopher asista al cumpleaños de su hija; ojalá pueda estar allí. Justo en ese instante, el celular empezó a sonar mientras yo abordaba las bolsas con los preparativos para el cumpleaños de sarahí. Al revisar quién llamaba, comprobé que se trataba de christopher; atendí de inmediato.
— Christopher, ¡qué sorpresa recibir tu llamada a esta hora temprano! —le comenté
— Buenos días, samantha. ya estoy en el aeropuerto; llegué hace aproximadamente una hora. ¿dónde te encuentras en este momento? porque escucho demasiado ruido —preguntó christopher
— ¿De verdad estás aqui? ¿estás seguro? yo creía que no regresarías sino hasta mañana me encuentro comprando para los preparativos del cumpleaños de sarahí —le expresé.
— Yo también contaba con volver hasta mañana… pero ayer cerraron todos los puntos pendientes del proyecto y ya no hay motivo para permanecer en ese lugar regrésate a la casa y cuando llega a la casa, y en seguida vamos a completar la compra de todo lo que haga falta para el cumpleaños de mi hija; así no te tienes que aguantar con todas esas bolsas —indicó christopher
— De acuerdo —le respondí
Al mirar el reloj, comprobé que eran apenas las 9:50 de la mañana. Mientras abordaba el taxi, mis pensamientos se dirigieron a darling, cuestionándome si su elección había sido la adecuada. Jamás había considerado vivir en semejantes circunstancias. Yo misma lo había pensado cuando me realicé los estudios de VIH: Había llegado incluso a pensar en poner fin a mi propia existencia. Cuando llegué a la casa y crucé la puerta, me recosté en el sofá para tomar un pequeño descanso; posiblemente me quedaría dormida hasta que christopher llegara. Al mencionarme su nombre entre mis pensamientos, la felicidad fue poco a poco invadiéndome, hasta que la fatiga y el sueño
Me hicieron cerrar los ojos. Me desperté de un salto al percibir el sonido de la puerta que se abría poco a poco. Al observar el reloj, marcaban las 10:48 de la mañana. Cuando christopher cruzó la entrada, me incorporé rápidamente; mis ojos se llenaron en seguida de lágrimas. Me dirigí hacia él corriendo y lo abracé con firmeza, pero al tomar conciencia de mi acción, me alejé poco a poco de su lado.
— Disculpa mi actitud, christopher. pero de verdad me alegro muchísimo de volverte a ver —le respondí
— El sentimiento es mutuo, samantha. ¿cómo te encuentras tú? —dijo christopher
Después de terminar de comprar todo lo que nos faltaba, nos dirigimos a buscar a sarahí, ya que faltaban exactamente cinco minutos para que saliera de clase. Mientras christopher manejaba, no conseguía dejar de mirarlo: me parecía realmente apuesto, hasta demasiado; se parecía mucho al actor de la película top gun: maverick. Volté mi rostro con discreción para que no se diera cuenta de mi mirada. Al llegar a la escuela, pero christopher se notaba claramente una combinación de nerviosismo y enorme alegría, a punto de volver a ver a su hija. Al salir del vehículo y entrar a la
Escuela, vimos a sarahí desde la entrada; ella nos había divisado ya. su mochila cayó de sus manos al suelo, pero leonardo se adelantó para recogerla enseguida. Entonces sarahí corrió hacia su padre entre lágrimas de felicidad, lanzándose a sus brazos. Mientras presenciaba aquella escena, una sola lágrima se deslizó por mi mejilla.
— ¡Papi, papi! ¡cumpliste tu promesa de estar en mi cumpleaños, papi! —dijo sarahí
— Claro que sí, mi pequeña sarahí. ¿cómo iba a faltar al cumpleaños de mi mujercita que ya va a cumplir catorce años? —dijo christopher
— Princesita, aquí tienes tu mochila. mejor me voy, nos vemos mañana, sarahí —dijo leonardo
— ¡No, espera! quiero que te quedes. te dije que este día lo pasaría con mi mejor amigo —dijo sarahí
— No te preocupes, nos vemos mañana. es mejor que estés con tu papá, ¿está bien sarahí? cuídate mucho, sarahí. nos vemos en tu cumpleaños mañana. —dijo leonardo
— Pero mañana no vas a presentarte a clases, el día de ¡hoy es tu último día! de clases y justo mañana te vas a ir… quiero estar a tu lado —dijo sarahí
Sarahí soltó el abrazo de su padre y se acercó lentamente a Leonardo. Ambos se quedaron quietos, mirándose fijamente sin decir nada. Después, sarahí lo abrazó con tanta fuerza que me sorprendió; sus ojos estaban llenos de lágrimas al pensar en lo que vendría al día siguiente. Entonces susurró, con la voz entrecortada, que se había concentrado tanto en su cumpleaños que había olvidado por completo que él se iría ese mismo día.
Con
Cariño
Samantha
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