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El diario de samantha - Capítulo 54

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Capítulo 54: El diario de samantha

Capítulo – 54: El cumpleaños de sarahí

Jueves – 12 de noviembre del 1998

Querida Aylin

Al comprobar que los invitados comenzaban a llegar, sarahí seguía en su habitación. Me dirigí hacia allí y, tras tocar la puerta, entré sin esperar respuesta. Estaba sentada en el borde de la cama; sus ojos mostraban rastros de llanto. Entonces me di cuenta de que joseph no podría acudir a su cumpleaños, ya que debía ocuparse de asuntos personales que requerían su presencia en otro lugar. Intenté convencerla de que abandonara su habitación, puesto que la mayoría de los asistentes ya habían llegado para la celebración. Entonces sarahí pasó las yemas de sus dedos por sus ojos para secarlos y empezó a hablar.

— Samantha, te voy a decir algo: creía que mi padre no alcanzaría a llegar a mi cumpleaños por cuestiones de trabajo, pero finalmente está aquí. también pensé que me reprocharía el nuevo corte de cabello y el hecho de haberlo pintado. ¿pero sabes qué me dijo hace unos momentos? —dijo sarahí

— Cuéntamelo, sarahí —le respondí

— Me dijo que, si esa era la decisión que había tomado, él me daría todo su apoyo. cuando apenas tenía ocho años, no me dejaba cortarme mi cabello porque él nunca me lo permitía. ¿por qué crees que ahora sí está de acuerdo? —preguntó sarahí

— El cambio en tu papá tiene una explicación… ya no eres la niña que era antes; para él, ya eres una mujercita, y está permitiéndote tomar tus propias decisiones para que crezcas. pero eso no quiere decir que dejes de ser su pequeña en lo que realmente importa —le respondí

Entonces sarahí me solicitó que la ayudara a vestirse y maquillarse. Me detuve a pensarlo por un momento, pero no pude decir que no: era el día de su cumpleaños, y quería que se sintiera bien. Primero, seleccionamos su atuendo: una falda negra midi, y le ayudé a poner una gargantilla de plástico, de diseño sencillo y líneas rectas, que reposaba sobre su cuello; el material tenía un acabado mate que contrastaba con la tonalidad clara de su piel. Mientras ella se cambiaba de ropa, regresé a mi habitación para traer mi estuche de pintura, un estuche de tela gruesa, cerrado

Con cremallera negra, donde guardaba los pinceles de pelo de cabra y los tubos de acuarela. Al llegar de nuevo a la habitación de sarahí, coloqué una silla frente a ella y me senté. Entonces saqué mis cajas de maquillaje y dispuse los pinceles sobre la superficie. Mientras iba trabajando en su rostro, sarahí rompió el silencio.

— Samantha, tengo algo que decirte, pero tienes que prometerme que no se lo contarás a nadie —dijo sarahí

— Por supuesto que puedo guardar tu secreto, sarahí —le respondí

— No sé si estoy equivocándome en algo, pero siento que mi relación con joseph no es la misma. ya no me presta la misma atención que cuando empezamos —respondió sarahí

Me quedé en silencio por unos segundos. Sabía que joseph no estaba cumpliendo con lo que ella necesitaba, pero no quería arruinar su cumpleaños con comentarios negativos. Lo que ella me contó después me dejó pensativa: reconocía que tenía ganas de besar a leonardo, su mejor amigo, y no comprendía de dónde venía esa sensación. No supe qué decir al instante, ya que yo experimentaba algo parecido con su padre, pero supe que debía responderle sin demora.

— Es normal sentir cosas así cuando alguien como leonardo sabe cómo hacerte sentir bien. quizás ahora, con lo que estás pasando con joseph, te sientes atraída por la cercanía que tienes con leonardo… o porque leonardo ya se va a mudar, y muy dentro de ti no deseas que se vaya. pero si no estás segura de tus sentimientos, es mejor no actuar así: leonardo podría malinterpretarlo y confundirse, y el dolor que eso causa no vale la pena, sarahí —le dije

— Entonces tú también has sentido esa confusión por alguien, ¿no? —preguntó sarahí

Una vez terminado el maquillaje, descendimos juntas por la escalera de la casa. Yo llevaba puesto un vestido rojo y zapatillas negras. Al llegar a la zona donde se encontraban todos los invitados, la mayoría dio un sonoro aplauso al ver a la festejada acercarse. Al observar el grupo, pude distinguir a los familiares de christopher: su madre, y también estefanía, quien al instante se dirigió hacia christopher

— Christopher, ¡mirá cómo está vestida tu hija! se ha cortado el cabello, lo ha teñido y lleva esa falda tan corta… ¡parece una cualquiera, una chica de mala vida! no puedes dejar que se vista así en su cumpleaños, tienes que decirle algo —dijo estefanía

— Estefanía, estás hablando de mi propia hija. ten más cuidado con tus palabras, porque te estás metiendo en terreno peligroso. te lo advierto: ten cuidado con lo que dices —respondió christopher

— Discúlpame, christopher. no buscaba ofender a tu hija; simplemente me sorprendió el cambio. será mejor que me retire de la fiesta, para que sigan disfrutando —dijo estefanía

— Discúlpame, estefanía. entiendo tu sorpresa, pero mi hija está primero que cualquier consideración —dijo christopher

De repente, un silencio incómodo se instaló entre christopher y estefanía. Sin decir más palabras, ella se dio media vuelta, fue hasta la silla donde había dejado su abrigo y se lo colocó con movimientos precisos. Luego, se encaminó hacia mí con pasos lentos, casi calculados, mientras todos los invitados seguían conversando ajeno a lo que pasaba. Al llegar junto a mí, se inclinó cercana, poniendo su boca cerca de mi oído, y susurró en tono rasposo y helado:

— “Me lo pagarás. Maldita prostituta. cómo te odio. ¿por qué no te mueres de una vez, prostituta?” —dijo estefanía

En ese momento no pronuncié ni una palabra; mi única preocupación era no arruinar el día tan esperado de sarahí. Mientras estefanía se alejaba y cerraba la puerta tras de sí, la madre de christopher se dio media vuelta y la siguió hasta el umbral, extendiendo una mano como si quisiera detenerla o decirle algo más. Al ver que ambas ya no estaban en la sala, todos los invitados fueron acercándose de nuevo a la mesa donde la festejada esperaba, reanudando las conversaciones y devolviendo la alegría al ambiente.Entonces todos nos reunimos alrededor de la mesa donde estaba el pastel, con las velas encendidas, y comenzamos a cantarle la canción de cumpleaños en un coro unido:

🎵Happy birthday to you

Happy birthday to you

Happy birthday, happy birthday

Happy birthday to you🎵

Al terminar la primera vuelta, algunos invitados quisieron cantarla de nuevo, así que todos volvimos a acompañar con voz cálida:

🎵Happy birthday to you

Happy birthday to you

Happy birthday, happy birthday

Happy birthday to you🎵

Una vez que la canción terminó, todos nos acercamos hacia sarahí con sonrisas en los rostros. Christopher fue el primero en ofrecerle su regalo: una caja envuelta con papel decorado que parecía tener un peso considerable. Ante los gritos unánimes de “¡Ábrelo! ¡Ábrelo!”, Sarahí se puso los ojos brillantes de emoción, agradecida de que su padre estuviera ahí para ese momento. Al abrirla, descubrió que se trataba de una consola playstation. No soy muy fanática de los videojuegos, así que no capté de inmediato su importancia, pero al ver cómo sus mejillas se iluminaron y sonrió de felicidad, supe que era un sueño hecho realidad para ella.

A continuación, le di el mío: el obsequio era un kit de pintura para lienzo, con varios tamaños de pinceles, una gama completa de colores acrílicos y un lienzo preparado para empezar a crear. Al reconocerlo, me dio un abrazo cálido y dijo sarahí: “Gracias, samantha, por saber de mis gustos”. Solo quedaba el regalo de Leonardo. Cuando sarahí retiró el envoltorio, se encontró con una casita de muñecas de gran tamaño, con muebles miniatura, ventanas con cortinas y hasta detalles en las paredes que la hacían ver increíblemente realista. Una vez que la fiesta llegó a su fin, sarahí y leonardo salieron hacia el parque que queda a pocos cuadras de la casa, mientras yo ayudaba a christopher a ordenar y limpiar los espacios.

:Perspectiva de sarahí:”

Eran pasadas las cuatro de la tarde, y el día comenzaba a oscurecerse suavemente. Estábamos ambos en los columpios, frente al atardecer que teñía el cielo de naranja y rosa. Sentía la garganta cerrada; la emoción por todos los regalos que había recibido había tapado temporalmente en mi mente el hecho de que esta sería la última ocasión en que estaría junto a leonardo. Me quedé sentada mirando al suelo, hasta que una lágrima cayó sobre mi mano apoyada en el asiento. Los dos permanecimos en silencio durante varios minutos, sin saber qué decirnos.

— Sabes qué, princesita? fuiste lo mejor que me ha sucedido en toda mi vida, aunque no haya durado tanto tiempo. nuestra amistad es algo que nunca podré olvidar; los momentos bonitos que compartimos… llevamos cinco años de conocernos —dijo leonardo

— Sí, lo sé, leonardo… cinco años no se pueden borrar tan fácilmente. tú llegaste justo cuando me sentía más sola del mundo, y junto con tu abuelita judith, me ayudaste a volver a sonreír. y ahora te vas… ¿te acuerdas? cada cumpleaños lo pasábamos casi igual: el tuyo el quince de noviembre, el mío tres días antes, el doce de noviembre —contestó sarahí

Sentía el frío de los columpios de metal y madera permanecían en reposo después de varios minutos de balanceo. De repente, leonardo se levantó bruscamente y dirigió su mirada hacia mí, fijándome a los ojos. Intentó hablar, pero su voz temblaba por el nerviosismo; las palabras salían entrecortadas y no lograba articular frases completas. Lo único que pude distinguir con claridad fue una parte de lo que quería decir: “Nada, sarahí… yo te am…” En ese momento se detuvo, como si se hubiera atragantado con las propias palabras.Me incorporé de mi asiento y me acerqué un paso hacia él. Entonces, leonardo respiró profundo y preguntó con firmeza:

— Sarahí, dime en serio: ¿amas a joseph? ¿lo amas de verdad? —respondio leonardo

— No sabes lo que significa amar a alguien con demasiada intensidad. aunque en el fondo comprendas que la relación no tiene posibilidades de funcionar, sigues adelante sin mirar atrás, solo porque ese cariño es real… tal vez esta unión no funcione nunca, pero igual estarías dispuesta a hacer cualquier cosa por esa persona. —dijo sarahí

— Sabes algo: tú eres lo único verdadero que he tenido en toda mi miserable vida. pero hay algo que me preocupa: sigues tan empecinada con joseph, sarahí… te voy a extrañar muchísimo, mi pequeña princesita —dijo leonardo

— Yo también te extrañaré demasiado, mi romeo —contestó sarahí

De repente, nos abrazamos con tal fuerza que parecía querer fusionarnos el uno con el otro; en seguida, las lágrimas comenzaron a brotar de nuestros ojos. Al separarnos ligeramente, nos miramos fijamente, con las mejillas mojadas. Leonardo pasó sus dedos suavemente por mis mejillas para secar mis lágrimas, y yo hice lo mismo con las suyas, cuidando de no apretarle demasiado la cara. Entonces, él habló de nuevo, con una voz cálida y firme:

— Solo quiero que lo sepas, mi princesita: siempre habrá un pedazo de ti dentro de mí. estoy profundamente agradecido por esos cinco años juntos, por haber tenido la suerte de conocerte. no importa quién llegues a ser, ni en qué rincón del mundo te encuentres tú o yo, siempre seremos amigos. y una cosa estoy seguro: no sé cómo funcionará, pero nuestras almas estarán conectadas… para siempre. ellas encontrarán en el camino para llegar hasta ti, mi pequeña princesita —dijo leonardo

— ¿Te imaginas, leonardo, si nos volviéramos a encontrar dentro de diez años? si eso ocurre, ten por seguro que esta vez no te dejaré escapar —dijo sarahí

:Perspectiva de samantha:”

De repente, un vehículo apareció por la entrada del parque y avanzó hasta detenerse cerca nuestro. leonardo no dijo nada al principio; solo me miró, recorriendo con la mirada cada rincón de mi rostro como si quisiera guardarlo para siempre en su mente. Después, con una voz leve y acompañada de un suspiro, contestó:

— Sarahí… es que yo —dijo leonardo

Lo interrumpí de inmediato, sin dejarle seguir hablando. Lo abracé tan fuerte que sentí cómo su pecho se contraía con cada respiración. En ese instante, todos mis recuerdos con él desfilaron por mi mente: risas en el parque, cafés compartidos, conversaciones hasta el amanecer. Me sentía a la vez contenta y angustiada, había estado tan absorta en la alegría de mi cumpleaños que no me había percatado de nada más… y ahora comprendía que ese día sería la última vez que estaría junto a leonardo.

— Bueno, creo que ya es la hora de que te vayas. ¿verdad, mi romeo? —dijo sarahí

— Sí, mi princesita. ya es el momento de partir; te extrañaré —dijo leonardo

Al mirarnos una vez más, lo abracé de nuevo, con tanta fuerza que mis dedos se clavaron levemente en su espalda. Lo acompañé hasta el automóvil; sus padres esperaban en el asiento delantero, con la ventanilla bajada. Lo vi subir, cerrar la puerta con un clic seco y asentir hacia ellos. Cuando el vehículo arrancó y se perdió entre las calles que se alejaban del parque, me quedé ahí sola. Me acerqué a los columpios y me senté, agarrándome de los cables fríos. Empecé a llorar sin poder contenerme. De repente, escuché unos pasos sobre el césped y me volví: era samantha.

— Samantha… ¿puedes sentarte conmigo? por favor, necesito que me hagas compañía —le dije

— Claro que sí, amor —le respondió

— Samantha… ¿escuchaste toda nuestra conversación? —dijo sarahí

— No, cariño, no escuché nada pero oye, ¿cómo te sientes? —le díje

— Dime, samantha… ¿por qué las personas que quiero siempre se alejan de mí? hago todo lo posible para cuidarlas, pero ¿quién me cuida a mí? ¿dime? ¿quién cuida de mí? —dijo sarahí

— Perdón, sarahí… ¿de qué te refieres? —le pregunté

— Me paso la vida pendiente de todo a mi alrededor, pero nadie está pendiente de mí. no hablo de ti, ni de mi padre; hablo de las personas que quiero. uno de ellos se fue de mi lado… joseph, mi novio, nunca está pendiente de mí. estoy harta de ser la segunda opción, no quiero serlo más. no pido comprensión porque ya tengo suficiente para mí misma: que aguanten mis cambios de humor… mis alegrías; que me comprendan si me comporto como una idiota. pero si lloro, que me agarren del cabello si hace falta. solo quiero que me cuiden como yo cuido al resto… pero ni siquiera hay alguien que me ame como yo amo a los demás —dijo sarahí

Lo único que hice fue abrazarla de la manera que suelo hacerlo; pude notar que se sentía decepcionada, no solo con los demás, sino también consigo misma. Yo sabía de sobra que ella tenía sentimientos por leonardo, pero nunca se había atrevido a pronunciarle un “te amo”… y en.ese momento, ya era demasiado tarde para intentarlo. Todo lo que ella busca es sentirse realmente valorada por alguien. De repente, sarahí empezó a llorar a solas entre mis brazos, agarrándose fuerte a mi camisa.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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