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El diario de samantha - Capítulo 55

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Capítulo 55: El diario de samantha

Capítulo – 55: Maritza

Viernes – 13 de noviembre del 1998

Querida Aylin

9:20 de la noche

Mientras veíamos una película, sarahí se durmió profundamente, apoyada sobre mis piernas. Christopher la recogió en sus brazos para llevarla a su habitación. Entonces acompañe a christopher. En el camino, mencionó que su hija se parecía muchísimo a su madre, hasta compartía el mismo gesto cuando estaba enojada, así como los que mostraba en momentos de alegría o tristeza. Una vez que la acomodó en la cama, abandonamos la habitación de sarahí. El día había sido muy intenso. Estábamos organizando todo para el viaje a san francisco, para mañana;la estancia sería de un día como máximo. Al encontrarnos fuera de la habitación, noté que christopher manipulaba con sus dedos su anillo de matrimonio.

— Samantha, ¿no tienes sueño? —preguntó christopher

— No, para nada… christopher, se perfectamente, quieres hablarme de maritza, ¿verdad? se ven tus ojos que necesitas desahogarte… entonces, ¿te parece si vamos a la cocina a hacer algo de chocolate caliente? —le respondí

De repente, nos quedamos los dos mirándonos en silencio, sin articular ni una sola palabra. Después, descendimos hasta la cocina. Mientras preparaba la mezcla, noté a christopher sentado en el sofá; su mirada estaba clavada en el anillo de su dedo. Una vez listo el chocolate, me acerqué hasta él, le entregué una taza de chocolate y unas par de galletas de fresa y me senté a su lado

— Mi ex esposa… se llamaba maritza sarahí frantz atkinson. cuando nos conocimos, ella tenía catorce años y yo quince; los dos éramos demasiado jóvenes —comentó christopher

— Tan jóvenes… supongo que tuvieron a sarahí cuando aún eran jóvenes, ¿no es así, christopher? —le pregunté

— Exacto, samantha. y lo de no tener ninguna fotografía de maritza se debe a una promesa que le hice antes… de que ella muriera. todo está escrito en su diario; personal ni yo mismo sé qué dice en su interior. solo sé que maritza me pidió que se lo diera a nuestra hija cuando cumpliera la mayoría de edad. intenté negarme, pero fue su último deseo —dijo christopher

— Christopher, discúlpame… yo no sabía nada de esa promesa. solo quise ayudar a sarahí a tener una fotografía de su madre, pero en vez de eso, solo empeoré las cosas… lo lamento mucho, no tenía idea. actué sin pensar, por impulso, con el deseo de complacerla, y no medí las consecuencias de mis actos —respondí

— No te culpes, no podías saberlo. pero es cierto que tarde o temprano sarahí me iba a preguntar por una fotografía de su madre; quizás fue mejor que sucediera de esta manera. tal vez tus gestos fueron de buenas intenciones, quizás en tus ojos yo soy el egoísta… hice lo que hice por mantener mi palabra, de maritza pero no me di cuenta de que mi hija tiene todo el derecho de conocer quién fue su madre —dijo christopher

Me quedé en silencio durante unos minutos. Sabía que había cometido un gran error importante, porque siempre había visto la actitud de christopher como una muestra de egoísmo, como si no le importara lo que sintiera sarahí. Pero nunca se me ocurrió que detrás de todo estuviera una promesa, un último deseo de maritza. Por mi ignorancia esa promesa no se va cumplir

— Conocí a maritza en un parque. ya no me acuerdo cuál era el motivo de mi visita, solo que me sentía completamente estresado en ese momento. pero nunca podré olvidar la fecha: fue el once de mayo —dijo christopher

:Flashback: lunes 11 de mayo de 1983:”

Perspectiva de christophe

De repente, unos sollozos quebraron mi tranquilidad. Me puse de pie y empecé a buscar de dónde venían aquellos gemidos. A pocos metros de mi posición, una muchacha estaba sentada en un banco, intentando secar sus lágrimas con las manos. Me acerqué con cuidado y le pregunté si estaba bien. Ella me dijo que sí, pero sus hombros seguían temblando levemente, sabía que era una mentira. Al entablar contacto visual con ella, experimenté una conexión inmediata, una atracción que no podía describir con simples palabras. Le pregunté su nombre y por qué estaba tan

Triste, pero ella solo respondió con una sonrisa que revelaba cuán profunda era su pena. Mi corazón latía a mil por hora al contemplar aquel rostro hermoso; cuando habló, su voz me pareció más dulce que cualquier melodía celestial. Entonces decidí presentarme para romper el hielo entre nosotros.

— Hola, mi nombre es. christopher later miller. ¿qué te sucede?… si puedo ayudarte en algo, te lo prometo que haré todo lo posible —dijo christopher

— Mucho gusto, soy maritza sarahí frantz atkinson, pero me gusta que me llamen maritza. te agradezco tu buena voluntad, pero hoy simplemente no puedo con nada más —dijo maritza

De repente, maritza clavó su mirada en mí. Sentí cómo los nervios me recorrían el cuerpo ante aquella intensidad. Al fin, ella sonrió y se secó las lágrimas con la manga de su blusa; yo reí nervioso ante el momento. Luego, maritza me hizo una pregunta que me dejó sorprendido.

— ¿Por casualidad tú tienes una hermanastra llamada estefanía? o quizás me estoy confundiendo con otra persona —dijo maritza

— Sí, claro. ¿cómo la conoces? —dijo christopher

— Es la amiga, de mi hermano. —dijo maritza

Entonces me acerqué un poco más a maritza y le propuse: ¿Qué te parece si vamos a tomar un helado? Sería un gusto invitarte. Maritza se rió suavemente viendo mi empeño. Se levantó del banco, se colocó frente a mí y me contestó:

— ¡Cálmate, guapo! ¿en serio? acabamos de conocernos y ya me estás invitando de cita. no crees que vas muy rápido? —dijo maritza

— Perdón, maritza… no fue mi intención —dijo christopher

— ¡Relájate solo estaba! bromeando contigo, no te lo tomes personal, claro que sí… me gustaría ir por un. helado de sabor de fresa, —dijo maritza

Suspiré profundamente, aliviado de que no se hubiera enojado, solo estaba jugando conmigo. Mientras caminábamos rumbo al heladería, maritza me preguntó si tenía alguna novia, porque no quería causar problemas. Le respondí que no tenía novia estaba soltero. Después de comprar los helados, buscamos un rincón apartados de la personas para sentarnos, ya que el aire empezaba a refrescar. Pero de repente, vi que maritza comenzó a tener una tos fuerte, muy intensa.

— Maritza, tengo una pregunta… ¿sería posible que nos veamos mañana? sé que quizás tengas planes más importantes, pero la verdad es que me lo pasé genial a tu lado —dijo christopher

— ¡Por supuesto que sí, christopher! pero hay una cosa que debes prometerme… por favor, no te enamores de mí. no lo hagas, esa es mi única condición. no te vayas a enamorar de mí, porque podrías salir muy lastimado, y yo no quiero causarte ese dolor —dijo maritza

Me resultó extraño que maritza me hiciera esa petición, pero acepté. Mis deseos giraban en torno a volver a estar con ella, una vez más ya que sentía que podría convertirse en alguien importante en mi vida. Al observarla de nuevo, noté que en sus ojos comenzaban a acumularse lágrimas mientras pronunciaba las palabras. Su mirada mostraba una profunda tristeza, aunque su presencia seguía siendo impactante. Para mí, se había transformado en una chica misteriosa, con algo que parecía pesar en su corazón. Sentía curiosidad por conocerla mejor, pues experimentaba una atracción… hacia ella.

— Me gustan las películas de comedia y romance, christopher. ya se me hizo tarde ya tengo que regresar a casa. eres una persona muy amable; gracias por compartir estos momentos conmigo. —dijo maritza

De repente, maritza sufrió una fuerte crisis de tos rápidamente se cubrió su boca con las manos. Se detuvo un instante, respirando con calma para dominar la situación. En su rostro se apreciaba malestar, como si el dolor se concentrara en el pecho. Al fin se levantó del suelo y, con su voz entrecortada, concluyó:

— Debo marcharme. mañana nos reunimos aquí en el parque, a la misma hora, christopher —contestó maritza

De repente, maritza se adelantó hacia mí y dejó un ligero beso en mi mejilla. Me quedé paralizado en el acto, sin saber qué movimiento hacer. Enseguida, ella me guiñó un ojo; sus manos heladas recorrieron suavemente mi rostro mientras me habló con una voz cargada de felicidad

— Nos vemos mañana, christopher —respondío maritza

:Al día siguiente la misma hora 2:30 de la tarde:”

Martes 12 de mayo de 1983

Al llegar al parque, permanecí ahí por largo rato, temiendo que maritza me hubiera dejado plantado. De repente, unas manos me cubrieron los ojos y una voz preguntó: ¿Adivina quién soy?. No tuve dudas de que fuera ella. Al darme la vuelta, la vi con una bufanda envuelta alrededor del cuello, un abrigo calentito y guantes puestos. No podía apartar la mirada: para mí era increíblemente hermosa. Luego nos dirigimos a un lugar cercano para tomar café y cenar.

— Christopher, dime, ¿qué haces actualmente? ¿sigues estudiando? —pregunto maritza

— Sí, sigo con mis estudios, aunque los viernes, sábados y domingos trabajo junto a mi padre. el se dedica al sector inmobiliario, y yo me encargo de llevar y operar los equipos para medir terrenos. si es necesario excavar zanjas para colocar postes, también me encargo de eso —comentó christopher

— Dime algo christopher: ¿cómo alguien tan amable y carismático como tú no tiene pareja? me parece imposible que no la tengas, christopher —comentó maritza

— En serio, no tengo novia. pero te hago la misma pregunta a ti: ¿cómo alguien como tú no tiene novio, maritza? —dijo christopher

En ese momento, maritza soltó una pequeña carcajada. Cuando estaba a punto de hablar, se detuvo bruscamente; solo logró articular unas palabras, por mi enferm, después rio de nuevo. Con nerviosismo sin más preámbulos, maritza se levantó de la mesa, y se acercó hasta mí, y me dió un besó y yo le correspondí al instante.De repente, maritza se alejó tan despacio de mí, con una expresión que delataba su vergüenza por lo ocurrido. Entonces habló:

— Christopher, perdóname. solo me dejé llevar por el momento —dijo maritza

— No hay nada que disculpar. la verdad es que fue mi primer beso —contestó christopher

— En serio? cosita te robé tu primer beso… te confieso algo que también fue mi primer beso que di espero que no te haya parecido mal —dijo maritza

Después de cenar, salimos a dar un paseo. Ya la tarde comenzaba a sentir frío, así que maritza decidió irse a su casa. Le pregunté si podía acompañarla hasta su casa en esta ocasión. Entonces maritza dijo.Claro que sí, si quieres venir. Aunque desde aquí no está tan lejos, dónde vivo apenas son unas cuadras. Entonces la acompañé. Mientras caminábamos juntos, noté que la tos volvía a aparecer, aunque esta vez era más ligera. En ese momento, me preguntaba si estaría sufriendo de una tos persistente, una gripa o tal vez una bronquitis. Al llegar a la puerta de su casa, justo cuando

Estaba a punto de despedirme cuando maritza se volteó hacia mí y me brindó un nuevo beso. Aunque lo percibí como apasionado, me causó al mismo tiempo una extraña sensación. Noté que sus labios temblaban ligeramente, y en un instante mis mejillas quedaron húmedas. Al entreabrir los ojos, vi cómo las lágrimas recorrían su rostro para caer sobre mi piel.

:Perspectiva maritza:”

Al entrar en casa, una vez que me despedí de christopher, me recargué toda contra la puerta y comencé a llorar con fuerza. Me repetía una y otra vez: ¿por qué a mí me tuvo que pasar esto? De repente, me sobrevino un ataque de tos tan violento que no conseguía dominarlo. Me tapé la boca con las manos para no alertar a mis padres y ocultar la sangre que ya brotaba por mis labios.Entonces subí hacia mi habitación; necesitaba tomar mis medicamentos. Al llegar, escupí un poco de saliva mezclada con sangre. Después de tomar la dosis correspondiente, me recosté en la

Cama: sentía bastante dolor en mi estómago y en las costillas, y estaba tan exhausta que apenas podía moverme. Me repetía una y otra vez: ¿cuánto tiempo me quedaba de vida? No tenía miedo de morir ya había aceptado mi destino, pero sí temía enamorarme. Era la primera vez que salía con alguien, que experimentaba cosas como mi primer beso. Pasé mis manos por mis labios, recordando el contacto, mientras unas lágrimas rodaban por mis mejillas.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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