El diario de samantha - Capítulo 56
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Capítulo 56: El diario de samantha
Capítulo – 56: Maritza – parte 02
Viernes – 13 de noviembre del 1998
Querida Aylin
9:31 de la noche
El rostro de christopher mostraba una marcada tristeza al evocar el pasado de maritza. Sin pensarlo mucho, puse mi mano encima de la suya. De pronto, un trueno resonó con fuerza y la lluvia comenzó a caer torrencialmente. El estruendo me hizo sobresaltarme, tal como a él. Christopher me fijó con atención, y en sus labios se formó una leve sonrisa. Entonces le hablé:
— Quiero aclarar que no temo a los truenos. solo me sorprendió el sonido, nada más, christopher —le respondí
— No te preocupes, samantha. tu secreto estará a salvo, te lo aseguro —respondió christopher
Me levanté enseguida para preparar más chocolate; el de la primera vez estaba casi agotado, así que planeé servir dos tazas de chocolate. Al volver al sofá, la luz se apagó de repente. Christopher se puso de pie sin decir nada y fue a buscar veladoras, con el fin de proporcionar algo de claridad en el espacio. Luego de que christopher encendió las veladoras, se acercó hacia la ventana para comprobar si había luz en la zona. Todo el vecindario había quedado en oscuridad. Después, se sentó de nuevo en el sofá, agarró la taza de chocolate caliente y comenzó a beber despacio.
— Bueno, parece que toda la colonia está sin electricidad. tenemos que esperar a que la restablezcan pronto; de lo contrario, todo lo que compramos se estropeará —dijo christopher
— No te angusties, seguro que vuelve en un ratito. en lugar toma un sorbo de chocolate, ya se está enfriando, christopher… a propósito, cuando era pequeña, los truenos me daban mucho miedo —respondí
:Flashback lunes 23 de mayo del 1983:” – preceptiva de christopher
Ibamos rumbo a la casa de maritza: íbamos a acampar durante unas horas junto a ella y su hermano mayor. Estefanía me acompañaba, así no tendría que ir solo. Al llegar, pulsé el timbre. Pero quién nos recibió fue maritza. Aunque seguía siendo tan hermosa como siempre, en esta ocasión se notaba algo apagada. Se apreciaban señales de cansancio, además de una ligera palidez que contrastaba con su costumbre vitalidad. No obstante, su vestido blanco, adornado con flores, le daba un aire… Al llegar al lugar de acampar, el hermano de maritza se presentó: se llamaba jack. Luego estefanía y jack fueron recolectar leña, dejándonos solos a maritza y a mí. Nos instalamos en un tronco caído; su voz sonaba cansada, y le hablé:
— Maritza, realmente te ves agotada. ¿no crees que fue mejor haberte quedado descansando en lugar de venir? podríamos haber cambiado la fecha sin problema. —dijo christopher
— Estoy bien, christopher. me gusta mucho que te preocupes por mí. ver cómo te preocupa mi bienestar me hace entender que alguien en verdad le importa. —dijo maritza
— No deberías decir eso. todos nos preocupábamos por ti, —respondió christopher
De repente, sus manos llegaron a mi rostro, acariciándolo con suavidad. Al levantar la vista, vi que su mirada estaba cargada de tristeza. Se acercó lentamente y me dio un beso tierno; sus labios comenzaron a a temblar. Cuando se separó, observé las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y las secó con los dorso de sus dedos. Al principio pensé que eran de felicidad, pero entonces maritza respondió, como si hubiera escuchado mis pensamientos.
— Christopher, te quiero decir algo: tengo la sensación de que vas a ser alguien muy importante en mi vida… no sé cómo ni cuándo, pero estoy segura de que así será; vas a tener un papel clave en lo que me espera en mi vida… ¿te puedo preguntar algo más? —dijo maritza
— ¿En serio piensas así de mí, maritza? claro que sí, adelante con tu pregunta. —dijo christopher
— ¿Ya has tenido tu primera experiencia íntima con alguien mas? —preguntó maritza
—¿A qué te refieres? ¿hablas de lo que algunos llaman “prueba de amor”? —respondió christopher
— Exacto. porque yo aún no he vivido esa sensación que todos cuentan como algo mágico y maravilloso: entregar tu cuerpo completamente a la persona adecuada. eso deseo con toda la fuerza —dijo maritza
— ¿Por qué tienes esos pensamientos, maritza? —dijo christopher
— Quiero vivir cada instante al límite, antes de que mi vida deje este mundo terrenal… quiero dejar algo que perdure aquí, un legado en la tierra. —contestó maritza
De repente, maritza alzó la mirada al cielo con una leve sonrisa. Puso sus manos sobre el pecho y murmuró: La vida es realmente hermosa… pero es como una estrella fugaz. En un instante puede brillar con todo su esplendor, y en el siguiente apagarse. No lograba entender las preguntas que me había hecho ni por qué hablaba de estas cosas; éramos demasiado jóvenes para estar pensando en la muerte. ¿tenia miedo de que se acabara todo? De pronto, maritza volvió su mirada hacia mí, se acercó lentamente y me dio un beso suave, casi imperceptible. Con lágrimas en los ojos,
Me dijo que yo era lo más maravilloso que le había tocado vivir. El momento se vio interrumpido cuando estefanía apareció diciendo que ya habían conseguido encender la fogata y que era hora de pasar a comer. Entonces fuimos a cenar. Mientras comíamos, no conseguía sacar de mi mente por qué maritza pensaba de esa manera; no le encontraba sentido a sus palabras. Después de cenar, maritza sugirió explorar un poco más el lugar. Acepté la propuesta, aunque me llamara la atención su rostro cansado y pálido, con los ojos un poco hundidos. Mientras avanzábamos, noté
Que su respiración se tornaba cada vez más agitada; por ello, acordamos reducir el paso y caminar con mayor calma. Llegamos a un recodo donde abundaban árboles altos, con troncos retorcidos y ramas que se cruzaban por encima de nuestro camino. Allí, maritza se detuvo y habló:
— ¿Qué hermoso lugar, no crees, christopher? dime, ¿qué te parece? —dijo maritza
— No cabe duda de su belleza, pero maritza, te ves muy agotada… ¿no prefieres detenerte un rato para descansar? —dijo christopher
— De acuerdo, así no tendrás que preocuparte tanto, cariño —dijo maritza
Después emitió una leve carcajada, que fue seguida de una tos corta y suave. Nos sentamos sobre el terreno cubierto de flores silvestres, de diversos colores y con un aroma ligero a miel. Recogí una flor de pétalos blancos y la coloqué en su cabello largo, que caía sobre sus hombros. Maritza me miró con sus ojos azules, claros como el cielo al amanecer, y ambos nos besamos con intensidad. Ella puso su mano en mi rostro, acariciándolo con suavidad, y una vez separados, me formuló una pregunta que tocaba temas profundos:
— Christopher, ¿qué crees que existe más allá de la muerte? ¿crees que quienes no han hecho mal puedan llegar al paraíso? dime la verdad. ¿no te gustaría dejar algo aquí, en la tierra, cuando ya no estés y tu cuerpo se convierta en polvo? dejar un legado, —dijo maritza
De repente guardó silencio y colocó sus manos sobre las mías, estrechándolas. Al mirar su rostro, vi que se le escapaban lágrimas por las mejillas; lucía triste, pero al mismo tiempo tenía una expresión serena. Luego volvió a dirigirme la palabra, y en su voz se mezclaban la tristeza y una emoción contenida:
— Sabes qué? aunque apenas llevo una semana conociéndote, te has convertido en mi persona favorita… y creo que te amo. pero no quiero hacerte daño, porque terminarás sufriendo si sigues a mi lado —dijo maritza
— No me importa nada de eso, solo quiero estar contigo. estoy seguro de que podemos ser felices los dos. si al final me hieren, será por elección propia, porque quiero estar a tu lado. si no lo hago ahora, cuando sea mayor sé que me arrepentiré de no haberlo intentado —dijo christopher
—¿Estás realmente seguro de tu decisión, christopher? todavía puedes marcharte; te doy libertad. no quiero hacerte ningún daño, quiero que vivas plenamente y seas feliz. si así lo prefieres, puedes irte ahora mismo, y yo solo seré un recuerdo en tu vida, nada más que eso —dijo maritza
En ese momento me levanté, soltando sus manos con mucho cuidado, y la miré fijamente. Una tristeza profunda me invadió mientras hablaba con tono calmado, aunque la emoción hacía que mi voz se cortara de vez en cuando:
— Dime la verdad, maritza. ¿es eso lo que realmente quieres?… ¿ser solo un recuerdo para mí? necesito que me lo digas directamente. si me pides que me aleje, lo haré sin dudar. pero por favor, dime cómo sientes realmente —dije christopher
— Vete, christopher. no quiero que te quedes a mi lado, porque terminarás sufriendo más de lo que puedes soportar —respondió maritza
Justo cuando estaba a punto de dar media vuelta para irme, sentí sus manos sobre mi espalda y luego me abrazó con todas sus fuerzas, llorando a gritos y pidiéndome perdón. No quería que me fuera; simplemente estaba confundida, porque su mayor miedo era causarme daño, aunque yo no comprendía de qué se trataba ni por qué podría hacerlo. Entre lágrimas, maritza me explicó:
— Perdóname soy una tanto… soy tan estúpida, hablé sin pensar nada. no quiero que te vayas, en absoluto… quiero que estés a mi lado en el tiempo que me queda de vida; si puedo entregar todo lo que soy a ti, lo haré sin dudar —dijo maritza
— Los dos vamos a seguir viviendo, te lo juro. aprovechemos cada momento como si fuera el último que tengamos juntos —dije christopher
Maritza se volteó hacia mí con una sonrisa melancólica en los labios, luego me guió hasta un rincón más apartado, cubierto por la sombra de los árboles. Allí nos besamos con una pasión que parecía fusionar nuestras almas, y me susurraba que deseaba entregarme su alma
:En el presente:”
— Entonces lo hicieron en ese momento, christopher, tuvieron intimidad los dos —le respondí
— Sí, samantha, lo hicimos ahí. pero no quiero hablar de eso por respeto y a la memoria de maritza —respondió christopher
— No, no te preocupes, entiendo, christopher —le contesté
— Sabes algo: samantha al ver que mi hija con su nuevo corte de cabello y el color distinto de su cabello, me hizo acordarme de su madre. como ella, no le agradaba el color natural de su cabello, pelirrojo. hay otro detalle que me resulta curioso: maritza… nunca le agrado el nombre de sarahí, argumentando que sonaba demasiado infantil; y mi hija, a su vez, no le gusta el nombre de maritza, ya que dice que suena para una señora grande—dijo christopher
Eché una sonrisa, aunque la culpa me acompañaba. Porque había visto el diario de christopher, y sabía que había leído su diario; sin permiso además, sin intención alguna, había encontrado la fotografía de maritza.la sensación no era agradable, pero no pensé mencionárselo, pues estaba seguro de que ello le causaría enojo. En ese momento, christopher prosiguió con la historia de su relación con maritza.
:Flashback lunes 23 de mayo del 1983:” – preceptiva de christopher
Luego de regresar al campamento, mientras caminábamos, maritza tomó mi mano con fuerza y me dijo que había vivido algo tan especial a mi lado que siempre lo llevaría en su memoria y en su corazón. Después se detuvo y me preguntó:
— Dime, christopher, ¿qué es lo que buscas en la vida y qué es lo que esperas encontrar en mí? —dijo maritza
— Busco amar de verdad y ser amado igual. contigo puedo ser yo mismo, sin tener que fingir ser alguien más. sé que somos jóvenes, pero quiero que seas la madre de mis hijos y la única mujer que haya en mi vida —dijo christopher
— Y si no pudiera darte eso, ¿seguirías queriéndome? sé… perfectamente que me amas, porque lo que compartimos hace un rato no fue algo casual, no se hace con cualquiera. yo te amo… con ese corazón que se está muriendo con todo mi ser, te entregué lo mejor de mí: mi alma y mi cuerpo son tuyos. pero tarde o temprano tendré que volver a convertirme en polvo —dijo maritza
Al escuchar esas palabras, me quedé pensativo sin saber qué decir. Solo quería estar con Maritza: se había convertido en una parte fundamental de mi vida, y anhelaba compartir el resto de ella a su lado. En ese momento, Maritza respondió:
— Sabes algo, christopher? cuando estoy sola o triste, miro hacia el cielo… me gusta imaginar que, cuando muera, mi alma se transformará en una estrella fugaz. y siendo sincera contigo, veo la vida como uMaritzasu na película que se repite una y otra vez. solo deseo que esa cinta tenga un final feliz.—dijo maritza
— Maritza, ¿por qué mencionas que deseas un final feliz? ¿no eres feliz en este momento? ¿hay algo que me estás ocultando?—preguntó christopher
— Por supuesto que soy feliz, pero de eso no quiero hablar en este instante.—respondió maritza
— Dime, christopher: ¿cuál es tu mayor miedo en la vida, y cuál es tu mayor anhelo? el mío es dejar un legado aquí en la tierra; mi gran miedo, por otro lado, es lo que pueda existir después de la muerte —dijo maritza
— Mi gran miedo es perder a la persona que amo. y mi mayor anhelo, supongo, es formar una familia estable —dijo christopher
Después de abandonar el campamento y al llegar a la ciudad, me despedí de maritza. Habíamos acordado que nos veríamos nuevamente al día siguiente, y antes de irme maritza me dió un. Fuerte abrazo, y le. Correspondí también al irme sentía una felicidad
:Al día siguiente: martes 24 de mayo de 1983:”
Al llegar a su domicilio, accioné el timbre. Al abrirme la puerta, al ver a maritza mostraba un aspecto diferente; era la primera vez que la veía con maquillaje, a pesar de que su atractivo natural siempre había sido tan hermosa. Me propuso de irnos a la playa para recorrer la orilla, percibir el aroma del agua y la brisa que azotaba las olas. Al llegar a la playa. De repente, se detuvo en seco, alzó sus manos hacia el cielo abierto y comentó:
— “Dime, christopher: ¿qué no tiene de hermoso este paisaje? dímelo… ¿a qué le temes realmente? parece que ni la muerte te amedrenta, aún siendo tan joven. y entonces, ¿qué significa la vida para ti?”—preguntó maritza
—”Claro que le temo a la muerte. mi miedo radica en no alcanzar a cumplir mis propósitos; entre ellos, formar un hogar y tener hijos.”—respondió christopher
De repente, la expresión de maritza se tornó un tanto melancólica. Acercóse hasta mí, posando sus manos sobre mi rostro para sostenerlo suavemente; con voz baja y tono cálido, manteniendo su mirada clavada en la mía, pronunció unas simple palabras:
— “¿Crees que toda persona que fallecen ya sea por una enfermedad o cualquier causa, se transforma en una estrella en el firmamento…? si eso es cierto, te lo juro: te cuidaré siempre, sin importar lo que nos suceda. te guiaré en tu camino es una promesa irrompible.”—dijo maritza
— “Maritza, ¿qué te lleva a hablar así? ¿algún mal te aqueja? ¿te encuentras bien o algo pasa?” —dijo christopher
— “Sí, estoy bien, no te angusties. solo quiero hacerte una pregunta: ¿me amas lo suficiente como para aceptar un favor que te pediré?” —dijo maritza
— “Por supuesto que te amo, eso nunca debe ser un tema de duda.”—dijo christopher
— “Quiero convertirme en madre, christopher.”—dijo maritza
No comprendía por qué sentía tanta urgencia por dejar una huella en este mundo. Éramos muy jóvenes para enfrentar la paternidad, pero en mi interior brotaba la necesidad de cumplir su deseo. Le dije que estaba dispuesto, aunque le recomendé reflexionar con calma, ya que criar un bebé a tan temprana edad representaba una responsabilidad de gran envergadura.
Con
Cariño
Samantha
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