El diario de samantha - Capítulo 6
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6: El diario de samantha 6: El diario de samantha Capítulo – 06: El abismo Miércoles – 14 de octubre de 1998 Querida Aylin, “Me había despertado unas horas antes de lo habitual; estaba algo estresada, ya que no había conseguido el dinero: se vendía la fecha de pago de la renta del alquiler, y lo peor era que debía una cuota atrasada.
No sabía qué hacer.
Al llegar a la cocina, mi sorpresa fue encontrar a Rogue dormido en una silla, con una inyección abandonada sobre la mesa, lo que significaba que había consumido cocaína.” De nuevo: “De repente, Rogue se despertó al escucharme entrar a la cocina.
Intentó esconder la jeringa de prisa, pero yo se lo impedí.
— ¿Para qué lo escondes si ya lo miré?
no entiendes, verdad?
Si el administrador descubre que consumes, drogas nos van a desalojar —dije — Discúlpame, samantha, pero no puedo dejar de consumir.
tú no sabes por qué lo hago: lo hago para escapar de mi realidad.
tú crees que a mí me gusta la vida que llevo, de saber que soy una prostituta igual que tú?
esta es mi manera de salir de todo mi realidad —contestó rogue “Al escucharla hablar, me quedé en silencio.
Pero no había justificación para que ella se drogara dentro del departamento y hacerlo aquí: podía consumirlo afuera, como le había dicho, o buscar alguna otra manera, pero no en este lugar.” — Te entendí, rogue, pero si el administrador te descubre, nos van a desalojar, y necesitamos cuidar dónde vivimos, porque sabes que las rentas están muy caras —dije —Te entiendo lo que me quieres decir, samantha, pero ¿qué hago?
dime, tú: no has tenido pensamiento de acabar con tu existencia…
yo sí, samantha.
saber de qué me he convertido, algo repugnante —respondió rogue “De repente, rogue comenzó a llorar.
Agarró la jeringa con fuerza y la arrojó contra el suelo; se rompió en pedazos, y un resto de líquido se esparció por el suelo.
Ella soltó todo su frustración, golpeando su mano sobre la mesa, y comenzó a hablarme entre la voz intercortada por las lágrimas.
Verla así, tan vulnerable, me dejó inmóvil.
— Estoy harta de mi vida…
tú crees que me gusta?
de esa vida que llevo, tú crees que no me gustaría tener una pareja que me ame, que me cuide?
pero míranos…
esta vida es lo que nos tocó vivir, tenemos que aceptarlo —contestó rogue con las mejillas mojadas y el cuerpo temblando un poco.
Lo único que podía hacer fue darle un abrazarla.
Siendo honesta, no sentía ninguna empatía hacia ella; lo único que deseaba era no perder mi departamento.
No me interesaba la vida personal de las personas.
“Pero de repente, rogue se volteó hacia mí.
Su mano temblaba un poco cuando me sujetó el rostro entre sus dedos y trató de besarme.
Yo aparté el rostro de golpe; no le dije nada de inmediato, pensando que tal vez se había confundido con mis palabras.
Luego le contesté, intentando sonar calmada a pesar de la sorpresa.
— Rogue, ya te había dicho que si intentaras de besarme una vez más, te iba a pedir que te vayas.
Pero está bien, esta vez te lo voy a dejar pasar, y entiende: no tengo tu mismo gusto, no soy lesbiana como tú y exijo que me des el mismo respeto.
Qué merezco —dije.
—Discúlpame…
Me dejé llevar, no vuelvo a intentar hacer eso…..”me imaginaba que las dos habíamos sufrido el mismo destino: las mismas humillaciones, las mismas noches sin dormir, el mismo peso en el pecho cuando el sol salía.
pensé que tal vez, al vernos sufrir lo mismo, tú también te habías sentido tan cerca de mí…
que me veías más que a una compañera….
de piso, que también te gustaba, con esa misma nostalgia de querer escapar juntas.” —respondió rogué Soltándome el rostro y bajando la mirada.
“Después de terminar la conversación con rogue, salí del departamento para tomar un poco de aire.
Antes de irme, fui al baño: al verme en el espejo, vi que el moretón que tenía en mi rostro ya estaba desapareciendo, así que me coloqué un poco de maquillaje para cubrir lo que quedaba.
Luego salí de verdad, con la intención de ir al parque, que estaba a unas cuadras de donde vivía.
Sin darme cuenta, empecé a reflexionar sobre lo que me había pasado la noche anterior con ese oficial…
Al menos, esperaba no volver a verlo nunca más.
“Sin darme cuenta, había pasado el parque y me encontraba en una plaza donde mucha gente se juntaba: algunos sentados en bancas, otros caminando con bolsas de compras.
De repente, unas personas me llamaron la atención: eran los mismos que había visto días atrás en la playa.
La niña con el color cabello pelirrojo se acercó un poco hacia mi dirección, sin darme cuenta.
Oí que el hombre le habló con voz firme, a esa niña: — Sarahí, ya es la hora de irnos.
date prisa —dijo ese hombre —Sí, papi —respondió sarahí girándose hacia él con los ojos un poco cansados y agarrándose de su mano.
“Entonces creí que ya era el momento de regresar a mi departamento: tenía que descansar un rato antes de la noche, después de.
Llegar al departamento, quise disculparme con rogue por lo de la conversación anterior, pero ya no la encontré en ninguna habitación.
Tal vez se había ido a consumir afuera, como yo le había sugerido antes.
Me sentía un poco más tranquila, pensando que tal vez había entendido lo que le había dicho.” Entonces coloqué la alarma para irme a dormir, entonces me quedé plácidamente dormida.
Después tocó la alarma, me desperté, me bañé y de ahí me fui a mi esquina como siempre.
Después de unos minutos, apareció un joven que me contrató mis servicios, y estaba demasiado joven: parecía tener poco más de dieciocho años.
En mi mente, me imaginaba que quería perder su virginidad.
Entonces, el joven me habló con educación: —Muy buenas tardes.
¿puedo contratar tus servicios?
¿y cuánto cuestan?
—dijo ese joven —Cincuenta dólares —respondí.
El joven aceptó de inmediato.
Después, nos fuimos a un motel me había sorprendido de que el motel, estaba limpio: la recepción estaba ordenada y olía a cloro y flores.
Al entrar a la habitación, comencé a quitarme la ropa y le expliqué mis condiciones con claridad: —¿En qué posición te gusta?
más solo te puedo ofrecer dos posiciones.
no hay sexo oral, y el sexo oral lo hago con protección pero si cobrará un dinero extra y tampoco hago lluvia doradas —dije.” “Pero ese joven me detuvo con un gesto de la mano.
Se sentó en la orilla de la cama y me pidió, con voz suave, que me sentara a su lado.
Era extraño: lo único que hice fue mirarlo con sorpresa, porque si fuera otro hombre, ya me estaría empujando hacia la cama.
Luego, el joven me respondió, rompiendo el silencio: —Te puedo preguntar cuál es tu nombre?
El mío es bruno —dijo bruno — Soy samantha.
encantada de conocerte.
dime, ¿qué buscas conmigo?
sexo es lo que te puedo ofrecer, si no buscas eso, ¿por qué me haces perder el tiempo?
—dije.
— Necesito hablar con alguien…
¿puedes escucharme por una hora?
necesito hablar con alguien sin ser juzgado —dijo bruno — Como tu terapeuta?
está bien, ya me pagaste.
entonces, ¿qué debo hacer, bruno?
—respondí Con Cariño Samantha
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