Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El diario de samantha - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El diario de samantha
  4. Capítulo 8 - 8 El diario de samantha
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: El diario de samantha 8: El diario de samantha Capítulo – 08: Soledad Jueves -15 de octubre de 1998  Querida Aylin, Me encontraba recargada en un poste de metal frío, fumando un cigarrillo que se apagaba de golpe con cada ráfaga de viento.

¿Qué hacía ahí?

Tenía las manos metidas en los bolsillos de mi abrigo, el único que me quedaba para el frío de esa noche, y solo deseaba irme a casa.

¡Cómo me gustaría tener una noche tranquila para mí, con una taza de café caliente y nadie que me hable…!

Pero necesitaba el dinero para pagar el alquiler.

Estaba cansada de los hombres violentos, de sus puñetazos en la mesa y sus gritos, pero así es la vida de una prostituta: no tenemos el derecho de quejarnos, ni de callarnos.Ya debería estar acostumbrada de esos tratos ese sabor amargo de la sangre en mis labios, pero siendo sincera, cada vez que un hombre se acerca y me pregunta el precio, sentía muy dentro de mí un terror de saber que una noche me podrían asesinar por un mal rato, por un hombre violento que a veces son violentos conmigo en la intimidad.

Solo deseaba que esa noche pasara tan rápido, para no ser de nuevo…

prisionera de algún hombre que quería contratar mis servicios en algún rincón oscuro.

Lo único que me incomoda más que eso son las personas que me ven de reojo: con desprecio en sus ojos, con asco al pasar, o con lástima que me hace querer llorar.

Hace unos minutos, había pasado un hombre con su hija, una niña de unos diez años, con mejillas sonrosadas por el frío y un gorro de lana azul.

Esa niña le preguntó a su padre con la voz clara y curiosa, mirándome directamente:  — Papi, ¿por qué esa mujer está vestida de esa manera?

¿no tendrá frío si hace bastante frío…?

le puedo regalar mi bufanda para que se proteja del frío —dijo la niña y de repente se quitó con cuidado la bufanda que llevaba puesta alrededor del cuello, agarrándola con ambas manos como si estuviera lista para dármela.

Ese hombre me miró con desprecio, con ese gesto de superioridad que conozco: — ¿Ves lo que te decimos tu mamá y yo?

debes estudiar, si no terminarás como esa mujer: sin valor.

Mujeres como ella son solamente escoria de la sociedad —dijo ese hombre apretando aún más la mano de la niña contra la suya.

Rápidamente le lancé una mirada llena de odio y repugnación al saber que existen personas como él.

Le contesté antes de que se alejara de mi vista:  — Imbécil.

—dije  — Papi, esa mujer te contestó —dijo la niña — Ignórala.

no me rebajaré a su nivel —respondió el hombre con la voz baja pero curiosa, aún agarrando su bufanda roja entre los dedos.

Ellos aceleraron el paso hasta que sus figuras empezaron a borrarse en la oscuridad de la calle.

Me sentí tan frustrada que de repente una lágrima solitaria rodó por mi mejilla dejando un rastro frío en la piel.

Odiaba que me juzgaran sin conocerme.

Yo no tuve la culpa de involucrarme en la prostitución, no tenía otra opción para sobrevivir.

Yo también tenía mis sueños: deseaba construir una familia, envejecer con la persona que había elegido, alguien con quien compartir el café por la mañana y ver las estrellas por la noche.

Pero esos sueños se desvanecieron como si fuera arena entre mis dedos, se filtraban poco a poco hasta quedar nada más que polvo.Yo todavía deseaba tener una familia, pero debía aceptar que ningún hombre me aceptaría al saber que soy prostituta.

Ese era mi destino: un camino marcado por la soledad, sin espacio para esos deseos que aún latían en mi pecho.

Encendí otro cigarrillo, el tercero en diez minutos, para tranquilizarme un poco.

Estaba afectada emocionalmente, pero mi mente se desvió a ese día en que conocí a Jeremy: me hizo ilusionarme, me prometió dejar a su mujer por mí.

Pero lo único que quería era acostarse conmigo sin pagar.

¡Qué estúpida fui al creer en las palabras de un hombre!

Lo recuerdo bien: estaba en una cafetería, sentada en una mesa del rincón con una taza de té que ya estaba fría, cuando él se acercó hacia mí.

Comenzamos a hablar, me dijo que quería conocerme de verdad porque me había visto varias veces, pero le dije la verdad antes de que se enterara por su cuenta.

Trabajo como sexoservidora, le dije, mirándolo a los ojos, preparándome para ver ese mismo desprecio que todos ponen.

La taza de té fría se sintió pesada en mi mano, y esperé a que se levantara y se fuera, como siempre pasaba   :Flashback: Sábado 02 de abril de 1998:” Después de una semana de que nos hicimos novios, el nerviosismo ya no estaba: me sentía segura quería estar cerca de él.

Lo invité a mi departamento para tener intimidad, y todo fue rápido, caluroso, como si hubiéramos esperado eso desde el principio.

Luego que terminamos, él se levantó de la cama con fluidez, se vistió sin mirarme, y yo le hablé antes de que cogiera la camiseta — ¿Ya te vas, jeremy?

no te vayas, quédate a dormir conmigo —dije  — No, samantha, me tengo que ir —respondió jeremy Estaba acostada acurrucada en las sábanas frías.

Él, abrochándose el cuello de la camisa, me miraba fijamente, con sus ojos negros que parecían verme hasta el fondo de mi ser.

Me sentía la mujer más feliz del mundo.

Había encontrado a alguien que me amaba, que me aceptaba a pesar de lo que hacía, oh, mientras la luz de la lámpara del cuarto le daba un brillo suave a su rostro.

— Pero si te vas a divorciar de ella, verdad?

De tu mujer.

y nos vamos a vivir juntos —le contesté — Sí lo haré, solo…

dame un poco de tiempo —respondió jeremy — No te preocupes, yo cuidaré a tu hija como si fuera mía propia —dije — Claro que sí, pero ya te había platicado de que aún no puedo.

ella se encuentra enferma…

necesito que se cure para divorciarme para irnos tan lejos.

oye, ¿samantha me podrías prestar dinero?

—dijo jeremy — Claro que sí, mi amor, ¿cuánto necesitas esta vez?

—dije Cuando veamos de nuevo te lo pago —dijo Jeremy Luego de sacar el dinero de mi bolsa, los mismos billetes que había ganado la noche anterior, él se fue.

Se despidió de mí con un gesto rápido, llamándome: Ese es mi chica.

Después pasaron días que se repitieron como un ciclo: él venía cuando le daba la gana, teníamos intimidad, me pedía dinero, y se iba.

Pero llegó una fecha inolvidable para mí, un día que me hizo sentir tan pequeña, tan insignificante para él, que creí que mi corazón se rompía en mil pedazos.

:Sábado 04 de junio 1998:” Una tarde, recargada sobre el cuerpo de Jeremy.

Él estaba cansado; su piel aún tibia y ligeramente húmeda de haber terminado de tener sexo conmigo.

Le pregunté si se iba a divorciar de su mujer.

No quería ser la amante, no quería vivir en la sombra más tiempo.

Pero él me contestó con una risa seca una sonrisa sin alegría que me regresó a mi realidad de golpe — Tú crees que voy a dejar a mi familia por ti?

mírate.

no niego que contigo me la he pasado bien, pero imagínate: si un día te embarazas, y qué le voy a decir a nuestro hijo cuando me pregunta cómo conocí a su mamá, ¿qué le voy a decir?

que te conocí siendo una puta?

—dijo jeremy Me quedé tan sorprendida que no pude hablar.

lo miré fijamente a sus ojos negros negros que antes me parecían cálidos, ahora eran como piedra y no podía creer lo que había dicho.

Suspiré hondo, y mis labios comenzaron a temblar.

Jeremy se levantó de la cama de un salto y me dijo que no comenzara con el drama, que no me ponga a llorar.

Le contesté con mi voz entrecortada, como si me faltara aire: — ¿Por qué me hablas así?

¿por qué me dices esas palabras tan horribles, jeremy?

—dijo — Porque tú para mí eso significa nada más.

lo que vivimos fue una aventura pasajera.

lo siento mucho por ti, pero será mejor que ya no nos veamos —dijo Jeremy   :En el presente:”  Me limpié mis lágrimas con el dorso de la mano al recordar lo que me habían hecho creer con las palabras de los hombres.

De repente, un vehículo de color gris se detuvo frente a mí el motor funcionando en silencio y el hombre de dentro me hizo un gesto para subir.

Era un cliente que me contrataba mi servicio.

Me subí al vehículo, me acomodé en el asiento trasero y miré por la ventana: veía las luces de la calle pasar rápido, como si me llevaran de nuevo a ser prisionera de una vida que no pude escapar.

Cariño Con Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo