El Dios Dragón de la Corrupción: Sistema de Lujuria - Capítulo 546
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Capítulo 546: 546 – Para siempre (01)
—Mmm…, ¿por qué es tan grande? —se preguntó Nianxue, sentada en la enorme cama del dormitorio principal del palacio púrpura.
Sus dedos recorrieron la tela de seda espiritual que cubría el suave colchón.
Era lo suficientemente grande como para acoger a todas las chicas del templo, con delicadas cortinas de seda rosa que caían desde el techo sobre la cama, rodeándola por todos lados.
Esta, por supuesto, no era una cama cualquiera.
Era un artefacto de cultivo dual que Qingyi usaba para cultivar con todas sus esposas al mismo tiempo.
A pesar de su uso principal, normalmente, todas dormían siempre juntas con él allí.
Pero esta vez era diferente. Nianxue estaba sola, mirando las ricas decoraciones de aquella habitación mientras esperaba pacientemente.
De repente, alzó la vista y se centró en las puertas de la habitación; sus agudos sentidos notaron algo.
Qingyi había regresado al mundo de la mente.
Se llevó la mano al pecho, sintiendo los rápidos latidos de su corazón al recordar la conversación con las esposas del maestro durante su ausencia.
No estaba asustada, solo ansiosa.
A pesar de su traumático primer encuentro, veía a Qingyi como el hombre que le había dado permiso para vivir.
Era natural. Aquel que se suponía que era su maestro la había creado solo para que muriera, mientras que Qingyi había decidido perdonarle la vida y borrar el dolor que sentía.
Desde ese día, no había habido más dolor en la corta existencia de su consciencia y no hacía más que disfrutar de las bellezas de este mundo y comer cosas deliciosas con Elize.
¡Todo esto había sido gracias a aquel apuesto joven de ojos morados, y ella quería recompensarlo!
Un suave temblor recorrió el cuerpo de Nianxue cuando la puerta del dormitorio se abrió, revelando a un joven de mirada penetrante y rostro transcendente.
—Hola…, m-maestro…, cariño…, eh… —tartamudeó Nianxue, sonrojándose y mirando al suelo.
¿Cómo debía siquiera referirse a él?
—Ah… —suspiró Qingyi, acercándose a ella. Sus manos fluyeron inmediatamente hacia la esbelta y delicada cintura de la chica.
Con un rápido movimiento, la sentó en su regazo, sintiendo el peso de aquellas enormes tetas azuladas contra su pecho mientras su culo gordo y perfecto se ajustaba cómodamente a sus muslos.
Los dedos de Nianxue se dirigieron instintivamente a su túnica, agarrándola con fuerza mientras un intenso rubor rosado se extendía aún más por su hermoso rostro.
Sintió que una de sus manos se movía, pasando por sus rodillas y luego por sus muslos suaves y bien formados. La mano llegó finalmente a sus caderas, levantando su vestido y revelando grandes zonas de piel azul y cremosa.
—Nghnn~~ —Un agudo suspiro, casi un gemido, escapó de sus labios. Sus ojos se cerraron instintivamente bajo el toque cálido y protector.
—¿Sabes lo que esto significa? —preguntó Qingyi, mientras su otra mano descendía hacia los pechos de Nianxue.
Sus dedos se cerraron alrededor de una de esas enormes masas de carne perfecta y suave, sin poder siquiera acercarse a abarcarla por completo.
—S-sí… —jadeó Nianxue—. Significa que seré tuya y podré quedarme con mis hermanas mayores para siempre…
—Jajaja —rio Qingyi ante esa respuesta.
Sí, no se equivocaba.
Con un movimiento suave, la levantó de su regazo y la arrojó hacia la cama.
—¡Ah!~~ —Un agudo chillido escapó de sus labios rosados. Su cuerpo rebotó en el suave colchón, sus gordas y perfectas tetas ondeando contra su delicado torso.
—¿Q-qué estás, nghnnn~~, haciendo? —preguntó Nianxue, al tiempo que las manos de él descendían hasta la suave piel de sus muslos, forzando la separación de sus piernas.
El vestido ya estaba a la altura de sus caderas y sus piernas abiertas revelaban su coño virgen e intacto.
Qingyi se inclinó sobre ella, su lengua abandonó sus labios y se hundió en aquel valle rollizo y suave, provocando un largo y obsceno gemido de la chica.
—C-cariño~~… aghnn~~ —Se aferró a las suaves sábanas de la cama, arqueando la espalda mientras una explosión de sensaciones nunca antes sentidas se extendía por su cuerpo.
—Ah…, ¿te gusta? —preguntó él antes de volver a bajar, su lengua rodeando el clítoris de su compañera en un rápido movimiento circular.
—S-sí…, me… gusta…, oghnnn~~ —asintió Nianxue con timidez, con los dedos blancos por la fuerza con que apretaba los puños; cada movimiento de Qingyi provocaba otro gemido de sus labios.
Tenía que admitirlo… ¡esto era incluso mejor que la comida de Elize!
Qingyi sonrió y, sintiendo que Nianxue estaba lista, finalmente dejó que su lengua subiera, deteniéndose poco después en su esbelto y delicado vientre.
Se levantó y luego se inclinó, presionando sus labios contra los de ella mientras le arrancaba el vestido, el sonido de la tela rasgándose resonando en la habitación.
Nianxue respondió al beso con torpeza, su lengua enredándose con la de él mientras sus piernas se cerraban alrededor de sus caderas.
Cuando finalmente se separaron, Qingyi buscó sus propios pantalones. Abrió la apretada cremallera, liberando a su largo, grueso y palpitante dragón inferior.
Un suave chasquido resonó cuando el miembro, libre y ya duro como el acero, golpeó los labios gordos y perfectos del coño virgen, provocando otro gemido de Nianxue.
—¿Tan grande… cabrá dentro de mí?~~ —cuestionó ella, agarrando sus propios y enormes pechos y apretándolos con fuerza, sus dedos encantados hundiéndose en la carne suave y vasta.
Era exactamente como sus hermanas mayores le habían dicho.
Sus ojos se cerraron con expectación mientras el joven se movía, presionando la punta de su verga contra los labios azulados y rollizos de su vulva.
Empujó hacia delante.
La resistencia duró solo un instante antes de que la cabeza roja y bulbosa entrara, y las paredes del coño de Nianxue se apretaran desesperadamente alrededor del miembro invasor.
Qingyi se detuvo un momento y luego siguió empujando.
Su enorme verga se abrió paso en aquel coño apretado, rompiendo la virginidad de la chica y golpeando las paredes de su útero.
—Oghnn~~ cariño~~ tan… nghnn~~ …llena… —gimió Nianxue, salivando mientras su cuerpo rebotaba con el impacto de sus embestidas.
Sus enormes pechos salieron despedidos hacia arriba antes de rebotar contra su cuerpo, ondulando como grandes, llenos y suaves globos de agua.
—Ah… —jadeó Qingyi, aplastado por aquel coñito apretado, el contorno perfecto de su verga apareciendo en el esbelto vientre de Nianxue.
Agarró uno de sus pechos, controlando el vaivén y sintiendo esa piel ardiente y cremosa contra las palmas de sus manos, mientras la incomparable voluptuosidad de ella luchaba por engullirlo.
Qué mujer tan perfecta… Y toda suya, por el resto de la eternidad.
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