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El Dios Dragón de la Corrupción: Sistema de Lujuria - Capítulo 558

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Capítulo 558: 558 – ¿Cómo sabes eso?

Mientras el resto del mundo temblaba y millones de vidas se perdían, el ambiente en la tierra del pueblo dragón era animado.

No solo habían recibido invitaciones de la gente zorro para que sus jóvenes entrenaran en su tierra sagrada, sino que también tuvieron una explosión de nuevos nacimientos de dragones.

Uno de los ancianos más respetados incluso avanzó al reino del cuerpo astral después de un ritual con el patriarca, Long Tianjin.

¿Cómo no iban a estar celebrando?

Por desgracia, tanta emoción no duró mucho.

Para sorpresa de todos, Tianjin no tardó en anunciar su retiro, poco después de transmitirle todas sus técnicas a aquel anciano y nombrarlo nuevo patriarca.

En ese mismo momento, Tianjin estaba en la cima de la montaña más alta de toda la tierra del pueblo dragón, con la mirada fija en los cielos.

—De verdad, es hora de irse, ¿eh? —una amarga sonrisa se dibujó en el rostro del dragón dorado.

Ya había contactado a su cuerpo principal e intercambiado recuerdos importantes, así que no estaba demasiado preocupado.

Aun así, era difícil irse sin siquiera despedirse de su hija, Qianyao. Si tan solo hubiera venido a visitarlo una última vez…

Ni siquiera sabía cuándo estaría ella finalmente en los cielos celestiales, o cuándo podría alcanzar la región donde él vivía.

—Ah… —gimió Tianjin, poniéndose de pie y sintiendo cómo su cuerpo perdía lentamente la fuerza.

Ya estaba en su límite y podía sentir claramente los temblores que se originaban en el otro lado del mundo.

Una batalla se avecinaba.

Dando un último paso, dejó que su consciencia abandonara su cuerpo, partiendo como un destello de luz dorada hacia el horizonte.

Finalmente era libre. Ahora, solo necesitaba regresar al cuerpo principal.

Pero primero, había algo que quería hacer.

El destello de luz dorada atravesó miles de kilómetros en un solo segundo, alcanzando el reino divino de Auranys para luego elevarse, pasando a través del agujero en el cielo.

Inmediatamente, el fragmento de consciencia de Tianjin sintió que el mundo a su alrededor cambiaba.

El poder de la conexión con su cuerpo principal explotó, junto con la densa concentración de Qi que lo rodeaba.

Era como si hubiera pasado decenas de miles de años en un desierto infernal, solo para entrar de repente en una habitación perfectamente climatizada.

Entonces sintió un aura poderosa posarse sobre él.

Un par de ojos rojo sangre se abrieron en la oscuridad del cosmos.

Eran inmensos, cada uno del tamaño de montañas, y observaban aquel fragmento de luz con interés.

—Oh… ¡si no es el mismísimo Señor dorado, guardián de los justos, Long Tianjin, jajajá! —resonó una risa, llena de diversión y desdén.

—Sabes…, sentí tu olor en el heredero del Dios Dragón de la Corrupción… Incluso con un avatar roto, sigue siendo un olor muy fácil de detectar.

Una larga pausa siguió a esas palabras, acompañada de una risa ahogada.

—No sabía que te involucrarías con un ser tan… espantoso. Especialmente después de todo lo que sacrificaste para matar a ese maldito bastardo.

Tianjin no respondió de inmediato; su figura de luz comenzaba a tomar forma.

Su cuerpo real estaba demasiado lejos para intervenir, pero eso no importaba.

—El Dios Dragón de la Corrupción está muerto. Organicé la cacería para matarlo personalmente. Ese joven es Long Qingyi, mi yerno, el esposo de mi hija. Cuando alzas tu espada contra él, la alzas contra mí, inmundo demonio.

Las palabras de Tianjin fueron respondidas por una risa eufórica y demencial.

—¡Jajajá! ¡Parece que el honorable y glorioso Tianjin se ha convertido en un viejo loco y senil, jajajajá!

Potentes aplausos resonaron junto con la risa, y el sonido se extendió a través del Qi que llenaba el vacío del espacio.

—Quiero verte sonreír cuando tus planes sean aplastados y tus decenas de miles de años de patéticos intentos por dominar el Éter terminen en nada más que muerte —replicó Tianjin con un gruñido.

Por primera vez, el Demonio Celestial vaciló. La conmoción se apoderó de sus ojos rojo sangre.

—¿Cómo sabes eso? —resonó una pregunta, fría y cargada de intención asesina.

—¿Qué? ¿Creías que algo tan grande sería un secreto eterno? ¿Planeas dominar el Éter y gobernar los cielos? Muy bien. Ahógate en tus ambiciones. Mi lanza encontrará tu garganta pronto.

Un rugido de profundo odio siguió a las palabras de Tianjin, y el Qi del Demonio Celestial envolvió el cosmos a su alrededor, con la potencia suficiente para desgarrar una estrella.

Pero su ira ya no tenía un objetivo. Tianjin había abandonado aquel lugar, saliendo disparado a la velocidad de la luz hacia su cuerpo principal.

A solas, el Demonio Celestial se calmó.

La proyección de sus ojos desapareció y, al poco tiempo, su cuerpo apareció en el vacío.

Era alto, de largo cabello blanco y túnicas del mismo color que sus ojos, un rojo vibrante.

Su poderoso pecho estaba al descubierto, y su hermoso rostro, antes contraído por la ira, recuperó rápidamente la compostura.

No debía caer en provocaciones tan baratas.

No. Él estaba por encima de todo eso.

Calmando su furioso corazón, el Demonio Celestial centró su mente y encontró un pequeño desgarro en el espacio a su alrededor.

Era tan diminuto que apenas parecía caber una moneda, pero aun así, era suficiente.

Con cuidado, separó un fragmento de su consciencia y lo envió a través de aquel agujero en el espacio.

¿Qué importaba si ese maldito dragón dorado conocía sus planes?

Él era el Demonio Celestial. El ser más noble y perfecto que jamás había existido en ese patético universo.

Estaba destinado a gobernar sobre todo y sobre todos, y nadie jamás demostraría lo contrario.

***

Aún en los cielos inmortales, Qingyi miraba fijamente el desgarro en el cielo; las manos que lo mantenían abierto le temblaban ligeramente.

Había visto pasar antes ese rayo de luz dorada a través del desgarro, pero apenas le había prestado atención.

Había sido demasiado rápido como para que pudiera discernir el origen de ese Qi. Sobre todo con tantas cosas ocupando su mente al mismo tiempo.

—Así que…, por fin estás aquí… —los ojos de Qingyi se entrecerraron mientras un destello de luz carmesí irrumpía a través del desgarro en el cielo, cayendo hacia el orbe de sangre.

Su cabello se agitó mientras ascendía al cielo, posicionándose a la misma altura que el orbe y observando sus cambios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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