El Dios Dragón de la Corrupción: Sistema de Lujuria - Capítulo 622
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Capítulo 622: 622 – Que se joda también la Familia Yan
—Una formación que imita a un ser querido para infligir daño psicológico a un cultivador. Vaya una formación de mierda.
Qingyi gruñó, pisoteando la cabeza del anciano y rematándolo con un golpe seco.
Si hubiera sido cualquier otro, habría sido prácticamente imposible superar con vida la primera formación y luego, con el Qi agotado y la mente fatigada, enfrentarse a esa lágrima de plata.
Por desgracia para quienquiera que hubiese construido esa formación, Qingyi no era cualquiera.
Él era el enemigo natural de las formaciones que no estaban diseñadas para romperse por la fuerza bruta.
Él era el maestro en romper formaciones por la fuerza bruta.
La lágrima se desmoronó bajo sus pies, convirtiéndose en una fina ceniza que se desvaneció en silencio en el aire.
Ignorando los restos, Qingyi caminó hacia otra puerta en el extremo más alejado de aquella enorme sala.
Esta era diferente. Dorada, imponente, cubierta de caracteres grabados por toda su superficie.
Con la mirada concentrada, Qingyi leyó.
«Al atravesar el corredor de las mil muertes, has demostrado que tu linaje es digno y puro.
Al enfrentarte cara a cara con quien más amabas, has demostrado que tu corazón es resuelto.
Al matar a quien más amabas, has demostrado que tu voluntad es implacable.
Al dejar atrás a quien más amabas y seguir adelante, has demostrado que tu mente es clara.
La Familia Yan aún tiene esperanza para el futuro».
En el momento en que Qingyi terminó de leer, un fuerte chasquido metálico resonó por la sala, como si un pesado cerrojo se hubiera soltado tras siglos de espera.
La puerta dorada se abrió lentamente, revelando su interior.
Era una cámara tallada en la roca viva, con un pequeño pabellón rojo en el centro, apoyado sobre piedras negras y rodeado por un arroyo que brillaba con vida propia.
Cristales espirituales Celestiales iluminaban todo a su alrededor con una suave luz azul.
Armas, armaduras, conjuntos de ropa y materiales de alquimia raros. Objetos que serían raros incluso para los soberanos estelares llenaban por completo el pabellón, cada uno exudando un aura silenciosa y refinada.
Pero nada de esto llamó más la atención de Qingyi que lo que descansaba en un podio en el centro del pabellón: un elixir verdoso y, a su lado, un talismán de aspecto modesto.
Justo debajo, había apiladas unas cuantas docenas de libros. Técnicas ancestrales de varios tipos, ninguna de las cuales le llamó la atención.
—Joven Yan… Futuro de nuestra gloriosa familia…
Una voz resonó desde las profundidades del pabellón, y una figura etérea apareció ante él con los brazos abiertos.
Era un fragmento de la voluntad de un experto del pasado, claramente alguien que en vida había alcanzado el reino del soberano estelar.
No sería erróneo llamarlo un fantasma cuya alma había sido atada a ese pabellón para dar la bienvenida al heredero del reino secreto.
—Has demostrado ser un miembro de nuestra familia y has superado la prueba del alma y el corazón; eres…
Las palabras se extinguieron de repente.
El fantasma miró fijamente a Qingyi, parpadeando.
—¿No eres de la Familia Yan?
—No.
—Pero… ¿cómo?
—Usé mi línea de sangre para forzar el cierre de esas malditas formaciones trampa. Después de eso, fue bastante fácil llegar hasta aquí.
—Ah…
Se produjo un silencio incómodo.
—Entonces… ¿por qué no te vas? —preguntó el fantasma, rompiendo el silencio.
—Este tesoro es para el heredero de la Familia Yan, para reconstruir nuestro glorioso Imperio. No eres de la Familia Yan, así que… Oye, ¿me estás escuchando?
El fantasma apareció frente a Qingyi, que ya había empezado a guardar todos los objetos de la sala en su anillo espacial.
—Sí, te escucho —respondió Qingyi, echando un vistazo rápido a una hermosa espada antes de guardarla.
Se vendería bien en una subasta.
—¡Entonces por qué sigues cogiendo los objetos! ¡Pertenecen a la Familia Yan! —declaró el fantasma, indignado.
—Porque me costó un poco de esfuerzo llegar hasta aquí, y porque quienquiera que hiciera esa maldita sala trampa es, sin duda, un hijo de puta —respondió Qingyi con indiferencia, guardando otro objeto sin siquiera mirar al fantasma.
—Y te estoy robando en tu propia cara ahora mismo. ¿De verdad crees que me importa una mierda tu Familia Yan?
No había forma de responder a eso, y el fantasma no tenía medios para atacar, así que todo lo que pudo hacer fue observar en silencio cómo sus tesoros desaparecían uno por uno.
En realidad, el reino secreto tenía un sistema de autodestrucción para evitar este tipo de situaciones, pero solo se activaba cuando un experto de un reino superior intentaba romper el límite de cultivación y entrar a la fuerza.
En este caso, la autodestrucción era simplemente un elemento disuasorio, un mecanismo estándar en todos los reinos secretos de este tipo.
Al final, el fantasma solo pudo observar con expresión derrotada cómo Qingyi cogía tanto el elixir como el talismán.
—¿Qué es esto? —preguntó Qingyi, sosteniendo el talismán y examinándolo con curiosidad.
—Es un talismán de ataque capaz de matar incluso a un emperador celestial de un solo golpe… —suspiró el fantasma, ya completamente derrotado.
—Ni de coña —rio Qingyi.
Un emperador celestial era el pináculo de la cultivación en el reino celestial. ¿Cómo podía existir un objeto capaz de matar incluso a un ser así de un solo golpe?
La sonrisa en el rostro de Qingyi solo duró hasta que leyó la descripción del objeto usando el sistema.
Era, en efecto, un talismán capaz de desatar un ataque lo suficientemente poderoso como para matar a un experto del reino del emperador celestial.
¿Cómo demonios podía existir algo así aquí?
Qingyi no lo sabía, pero con una amplia sonrisa en el rostro, lo guardó en su anillo espacial.
Tras ser asaltado y brutalmente ignorado, el fantasma se encontró solo en aquella silenciosa cámara.
Sus ojos estaban distantes y su rostro etéreo mostraba una expresión pesada, como la de alguien que finalmente se da cuenta de que ha esperado para nada durante demasiado tiempo.
—Bueno, hice lo que pude. Que le den también a la Familia Yan. He estado aquí atrapado un millón de años para nada…
Con un último suspiro, el fantasma se disolvió, permitiéndose finalmente entrar en la rueda de la reencarnación.
***
Fuera, el Viejo Ma esperaba ansiosamente el regreso de Qingyi.
Por desgracia, esa ansiedad obtuvo respuesta antes de lo que esperaba cuando la puerta del pabellón dorado se abrió.
—Ah… otro fracaso… —murmuró el anciano, derrotado.
Realmente había albergado esperanzas esta vez, pero ver a Qingyi salir tan pronto le arrebató cualquier rastro que quedara de ellas.
Todos los jóvenes que habían desafiado ese reino secreto siempre habían corrido la misma suerte.
Salían cansados, exhaustos, relatando un corredor de trampas interminables que agotaban rápidamente su Qi.
Incluso los más talentosos rara vez daban más de veinte pasos antes de desesperarse y agotarse tanto que se veían obligados a retirarse.
Pero todos ellos, sin excepción, duraban al menos unas pocas horas.
Si Qingyi hubiera sido capaz de atravesar ese reino secreto con tanta facilidad, el anciano prometería personalmente la mano de su bella y talentosa nieta en matrimonio a ese joven.
Su nieta era el tesoro de la familia, una mujer de belleza y talento transcendentes que había sido llevada por un experto a entrenar en las regiones centrales de los cielos celestiales, donde incluso él no era más que una mera mota.
El anciano incluso hizo esa promesa a los cielos en un susurro bajo y burlón, sin siquiera imaginar lo pronto que se arrepentiría.
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