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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 El regreso del olvido
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1: Capítulo 1: El regreso del olvido 1: Capítulo 1: El regreso del olvido El universo se estaba rompiendo.

No había otra forma de describirlo.

Siete figuras, envueltas en la luz de leyes supremas, lo miraban desde lo alto, sus rostros ocultos por la indiferencia de la eternidad.

El Rey Supremo del Origen rugió, desatando su última técnica, intentando romper la barrera hacia el Plano Primordial, pero la emboscada había sido perfecta.

La Tribulación del Caos descendió.

Su cuerpo inmortal, capaz de resistir la destrucción de galaxias, se desintegró capa por capa.

—¡Si he de morir, arrastraré el destino conmigo!

En el último instante, antes de que su conciencia fuera borrada por el vacío, Lin Xuan quemó la totalidad de su Esencia de Vida y su Cultivo de millones de años.

No para atacar, sino para rasgar una pequeña grieta en el prohibido Río del Espacio-Tiempo.

Lanzó un fragmento remanente de su alma a la corriente turbulenta, una apuesta desesperada de una posibilidad entre un trillón.

No esperaba sobrevivir.

Solo esperaba que ese fragmento encontrara un nuevo huésped en algún rincón olvidado del cosmos para empezar de nuevo.

La oscuridad lo consumió todo.

…

—…Xuan?

¿Lin Xuan?

El sonido era molesto.

No era el estruendo de los truenos divinos, ni el grito de las bestias del vacío.

Era un zumbido constante, rítmico.

Clack-clack, clack-clack.

Lin Xuan abrió los ojos de golpe.

Su respiración era agitada, el sudor frío empapaba su espalda.

Sus manos se aferraron instintivamente a lo que tenía delante, esperando sentir el frío metal de su Espada del Origen, pero solo encontraron una tela áspera y sintética.

—¡Hey!

Ten cuidado, casi tiras mi bebida.

Lin Xuan parpadeó, confundido.

La visión del cosmos colapsando desapareció, reemplazada por un entorno estrecho, ruidoso y lleno de olores mundanos: sudor, pies descalzos, fideos instantáneos baratos y humo de tabaco rancio.

Estaba sentado en un asiento duro de color verde.

Frente a él, un hombre de mediana edad lo miraba malhumorado mientras protegía un termo de té.

A su izquierda, el paisaje pasaba borroso por una ventana sucia: campos de cultivo, postes eléctricos oxidados y pequeñas casas de ladrillo rojo.

—¿Esto es…?

—su voz sonó ronca, juvenil, carente de la autoridad que hacía temblar a los dioses.

Bajó la vista a sus manos.

Eran pálidas, delgadas, sin callos de espada, sin el brillo del jade inmortal.

Eran las manos de un chico de dieciocho años que nunca había trabajado un día en su vida.

—¿El Tren K564?

—murmuró, reconociendo el número impreso en el boleto arrugado que tenía en la mano—.

¿Rumbo a la Capital Imperial?

De repente, un dolor agudo, como una aguja, atravesó su cerebro.

Los recuerdos se fusionaron violentamente.

El Rey Supremo y el joven mortal se convirtieron en uno solo.

Lin Xuan se recostó contra el asiento, cerrando los ojos mientras una sonrisa amarga y helada se formaba en sus labios.

—El Río del Espacio-Tiempo…

—pensó, su monólogo interno resonando con una sabiduría antigua—.

Nunca imaginé que la turbulencia temporal me arrastraría de vuelta al origen de todo.

No reencarné en un extraño.

Reencarné en mi propio pasado.

Miró la fecha en un periódico abandonado en la mesa plegable.

Septiembre, año 2010.

Había regresado.

Regresó al momento exacto antes de que su vida se convirtiera en un infierno.

—Lin Xuan, ¿te sientes mal?

Estás sudando mucho.

Una voz suave, melodiosa, interrumpió sus pensamientos.

Una voz que no había escuchado en milenios, una voz que alguna vez fue su salvación y luego su mayor tormento.

Lin Xuan giró la cabeza lentamente.

A su lado, sentada junto a la ventana, había una chica de una belleza delicada.

Llevaba un vestido blanco sencillo que resaltaba su pureza, con el cabello negro cayendo como una cascada sobre sus hombros.

Sus ojos grandes lo miraban con una mezcla de preocupación superficial y una impaciencia oculta que solo un ser de su experiencia podía detectar ahora.

Su Qing.

La “Diosa” de su preparatoria.

Su novia actual.

En su vida pasada, Lin Xuan había dado todo por ella.

Ingresó a la Universidad de la Capital solo para estar con ella.

Trabajó, luchó y se humilló ante su familia para ser digno.

¿Y cuál fue el resultado?

Tres meses después de llegar a la capital, ella lo dejaría fríamente en una fiesta pública, humillándolo frente a toda la élite universitaria para irse del brazo del joven maestro de la familia Wang, el mismo hombre que luego orquestaría la ruina financiera de los padres de Lin Xuan y le rompería las piernas en un callejón oscuro.

Ella nunca lo amó.

Solo lo usó como un perro guardián, un consuelo temporal y un escudo contra el aburrimiento hasta que encontró una rama más alta a la cual trepar.

Ella fue el dominó que inició la caída de la familia Lin.

—Estoy bien —dijo Lin Xuan.

Su tono fue tan tranquilo que la chica parpadeó, sorprendida.

Esperaba que él se quejara o buscara su consuelo, como siempre hacía.

—Te ves pálido —insistió Su Qing, aunque rápidamente volvió su atención a su nuevo teléfono móvil, enviando mensajes de texto con una sonrisa leve—.

Deberías dormir.

Cuando lleguemos a la Universidad de Yan Jing, habrá mucha gente.

No quiero que te desmayes y me avergüences…

digo, que te sientas mal.

Lin Xuan la observó.

En sus ojos ya no había amor, ni siquiera odio.

Para un ser que había visto nacer y morir estrellas, el rencor de un romance adolescente era insignificante.

Sin embargo, la deuda de sangre de su familia era otra historia.

“Su Qing, Familia Wang…” pensó, girando su mirada hacia el frente.

“En mi vida pasada, ustedes me trataron como a una hormiga.

En esta vida, ante mis ojos, ustedes ni siquiera califican como polvo.” Cerró los ojos y dirigió su conciencia hacia el interior de su cuerpo.

Su cuerpo era un desastre.

Meridianos bloqueados, músculos débiles, ni una pizca de Qi.

Era la definición de un desperdicio.

Pero entonces, en las profundidades de su alma, sintió una vibración familiar.

Un zumbido que trascendía las dimensiones.

En el centro de su conciencia, una pequeña esfera gris, opaca y silenciosa, flotaba girando lentamente.

El Orbe Hongmeng del Alma.

El artefacto que había encontrado en las ruinas del Caos antes de su muerte, el objeto que causó la codicia de los siete Supremos y su eventual traición.

Había atravesado el tiempo con él.

—Con esto…

—Lin Xuan apretó el puño, sintiendo las uñas clavarse en su palma—.

No necesito mil años.

En diez años, haré que el universo entero tiemble bajo mis pies otra vez.

El tren silbó, entrando en un túnel oscuro, acercándose inexorablemente a la Capital Imperial, la boca del lobo donde su destino aguardaba.

Pero esta vez, la oveja que iba al matadero se había convertido en un dragón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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