El Dios Urbano del Origen - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 El Camino al Cielo y la Escritura del Fénix de Hielo
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11: Capítulo 11: El Camino al Cielo y la Escritura del Fénix de Hielo 11: Capítulo 11: El Camino al Cielo y la Escritura del Fénix de Hielo La noche volvió a cubrir la Villa Nube de Jade, pero esta vez, el ambiente era diferente.
La Matriz de Reunión de Espíritus zumbaba suavemente, manteniendo una temperatura agradable y una densidad de aire que revitalizaba el cuerpo con cada respiración.
En el comedor, Lin Xuan devoraba su tercera cena del día: una montaña de cajas de comida para llevar que Tang Yan había ordenado diligentemente.
—Maestro, ¿realmente planea dejar de asistir a clases?
—preguntó Tang Yan, sirviéndole un vaso de agua—.
Apenas es el primer día.
El decano podría expulsarlo.
Lin Xuan masticó un muslo de pollo y lo tragó, huesos incluidos, su cuerpo triturándolos para extraer calcio.
—La universidad es un jardín de infantes para la mente.
No tengo tiempo para jugar a las casitas con niños que piensan que el dinero de sus padres es poder —dijo Lin Xuan con indiferencia—.
Tú te encargarás de eso.
Inventa una enfermedad, soborna a los profesores o compra el edificio si es necesario.
Solo asegúrate de que no me molesten.
Tang Yan asintió, acostumbrada a las órdenes extravagantes.
—Entendido.
¿Y yo?
—Tú irás.
—Lin Xuan la miró fijamente—.
Necesito ojos y oídos allí.
Y más importante: tu misión principal es Shen Xi.
Tang Yan sintió un pequeño pinchazo en el pecho, pero lo ignoró.
—¿La chica del barrio pobre?
—Nadie debe tocarla.
Si alguien la intimida, lo destruyes.
Si le falta dinero, se lo das sin que sepa que viene de mí.
Ella es…
mi línea roja.
—La voz de Lin Xuan se volvió oscura—.
Cuídala como si tu vida dependiera de ello, porque lo hace.
Tang Yan tragó saliva y bajó la cabeza.
—Sí, Maestro.
Protegeré a la Señorita Shen con mi vida.
Lin Xuan terminó su comida y se limpió las manos.
Su expresión se suavizó ligeramente al mirar a Tang Yan.
Durante los últimos dos días, esta chica orgullosa había dejado de lado su ego, había servido comida, había conducido como chofer y, lo más importante, había abofeteado a un Joven Maestro sin dudarlo para defender el honor de Lin Xuan.
Para un Rey Supremo, la lealtad es más valiosa que el talento.
Y ella tenía ambos.
—Bien.
Has pasado la prueba —dijo Lin Xuan de repente.
—¿Prueba?
—Tang Yan parpadeó.
—Limpia la mesa y ve al jardín.
Esta noche, dejas de ser una sirvienta.
Esta noche, entras al verdadero mundo.
La niebla en el jardín trasero era densa, brillando con una luz lechosa bajo la luna.
Tang Yan estaba de pie frente a Lin Xuan, nerviosa.
Sentía que algo monumental estaba a punto de suceder.
Lin Xuan estaba de pie con las manos en la espalda, mirando el cielo nocturno.
—Tang Yan, dime.
¿Qué es lo más fuerte en este mundo?
—¿Las armas nucleares?
¿Los Grandes Maestros de Artes Marciales?
—aventuró ella.
Lin Xuan se rió.
Una risa que parecía burlarse del universo entero.
—Ranas en un pozo.
—Se giró hacia ella, y sus ojos brillaron con una luz dorada—.
Escucha bien.
El mundo que conoces, la Tierra, es solo un grano de polvo en el Plano Mortal.
Y el Plano Mortal es solo el primer escalón de la existencia.
La mente de Tang Yan se tambaleó mientras Lin Xuan comenzaba a hablar.
Le habló de los Cuatro Grandes Planos: Mortal, Inmortal, Divino y Supremo.
Le habló de imperios que abarcaban galaxias, de cultivadores que podían apagar soles con un soplido, y de bestias que se alimentaban de planetas.
—Lo que tu abuelo practica, esas “Artes Marciales”, son solo gimnasia glorificada —dijo Lin Xuan con desdén—.
El verdadero camino es el Cultivo.
Robar la fortuna del Cielo, templar el cuerpo y ascender hacia la eternidad.
Tang Yan estaba temblando.
Su visión del mundo se había hecho añicos en cinco minutos.
Se sentía pequeña, insignificante.
—Tú tienes el Cuerpo de Jade de Hielo Yin.
En la Tierra, es una maldición que te mataría joven.
Pero en el Mundo de Cultivo…
eres un genio.
Lin Xuan extendió su dedo índice y tocó la frente de Tang Yan.
—Hoy, te acepto oficialmente como mi Primera Discípula.
No eres solo una sirvienta.
Eres la espada que afilaré para cortar mis obstáculos.
Una oleada de información inundó el cerebro de Tang Yan.
No eran palabras, eran conceptos, imágenes, flujos de energía.
[Escritura del Fénix de Hielo de los Nueve Cielos] Era una técnica de cultivo de Grado Inmortal.
Perfecta para su constitución.
—Esta técnica no solo usará tu frío interno, sino que lo convertirá en tu arma —explicó Lin Xuan—.
Y si trabajas lo suficiente…
tu Cuerpo de Jade de Hielo Yin podría evolucionar.
Podría convertirse en un Cuerpo Sagrado de Escarcha.
—¡Maestro!
—Tang Yan cayó de rodillas, con lágrimas en los ojos.
Sentía el poder de la técnica en su mente.
Era profundo, vasto, increíble.
Su abuelo mataría por una sola frase de este libro.
—No llores.
Cultiva.
—ordenó Lin Xuan—.
Siéntate.
Guía el Qi.
Yo te ayudaré a romper la primera barrera.
Tang Yan se sentó en posición de loto.
Siguiendo las instrucciones mentales, comenzó a respirar.
El frío que siempre la atormentaba comenzó a moverse.
Ya no dolía.
Bajo la guía de la técnica, el frío se convirtió en una corriente de agua fresca que nutría sus huesos.
Lin Xuan colocó su mano en su espalda, inyectando una hebra de su propia Esencia Hongmeng para abrirle el camino.
Sin esa ayuda, le habría tomado meses sentir el Qi en este planeta estéril.
Pero con el Rey Supremo como guía, fue instantáneo.
¡BOOM!
Un vórtice de aire frío estalló alrededor de Tang Yan.
La hierba a su alrededor se congeló instantáneamente, cubierta de escarcha blanca.
Ella abrió los ojos.
Sus pupilas, antes de color café oscuro, ahora tenían un tenue anillo azul brillante.
Se sentía ligera.
Fuerte.
Podía escuchar el fluir de la savia en los árboles.
—Reino de Apertura de Qi: Nivel 1 —declaró Lin Xuan—.
Felicidades.
Ahora eres oficialmente una Cultivadora.
En términos de la Tierra, ya eres equivalente a un Gran Maestro de Fuerza Interna.
Tang Yan miró sus manos, incrédula.
¿En una noche?
¿Había superado a su abuelo, que entrenó 50 años, en una sola noche?
—Gracias, Maestro…
—Ella golpeó su cabeza contra el suelo tres veces, con una reverencia solemne—.
Tang Yan jura lealtad eterna.
—Levántate.
—Lin Xuan miró hacia el horizonte—.
Ahora que tienes fuerza, necesito que busques algo para mí.
—¿Qué necesita?
—preguntó ella, sintiéndose capaz de conquistar el mundo.
—Recursos.
Mi cultivo es diferente al tuyo.
Yo devoro todo.
Necesito materiales de los Cinco Elementos para forjar mi cuerpo —Lin Xuan sacó su teléfono y le mostró una noticia que había encontrado mientras ella estaba en la escuela—.
Mañana por la noche, habrá una subasta subterránea organizada por la Familia Chen en la capital.
Se rumorea que subastarán un “extraño metal caído del cielo”.
Los ojos de Lin Xuan brillaron con codicia.
—Es Hierro de Núcleo Estelar.
Lo necesito.
Prepara los fondos, discípula.
Mañana vamos de compras.
Y si alguien intenta quitármelo…
bueno, será una buena práctica para tu nuevo poder.
Tang Yan sonrió.
Una sonrisa fría y hermosa, digna de una cultivadora de hielo.
—Nadie se atreverá, Maestro.
O los congelaré hasta los huesos.
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