El Dios Urbano del Origen - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 Una Deuda de Gratitud y la Chica que se Desvaneció
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16: Capítulo 16: Una Deuda de Gratitud y la Chica que se Desvaneció 16: Capítulo 16: Una Deuda de Gratitud y la Chica que se Desvaneció El sol de la mañana iluminaba el Rolls Royce Phantom mientras descendía por la Montaña del Dragón.
Lin Xuan y Tang Yan discutían el plan para adquirir los suministros médicos de la familia Wang.
—Maestro, sus almacenes están en el Distrito Norte.
Si presionamos a sus proveedores…
—comenzó Tang Yan, con la tablet en mano.
Riiiing.
El teléfono de Lin Xuan vibró, interrumpiendo la estrategia.
Lin Xuan miró la pantalla.
[Tío Su].
Su expresión, generalmente fría e indiferente, se suavizó al instante, reemplazada por una mezcla de respeto y melancolía.
Su Wenbo, el padre de Su Qing.
En su vida pasada, este hombre fue el único en esa familia tóxica que lo trató como a un ser humano.
Cuando los padres de Lin Xuan murieron y él quedó lisiado, Su Wenbo intentó acogerlo en secreto, dándole dinero y comida, hasta que su esposa (la madre de Su Qing) lo descubrió y le hizo la vida imposible.
Al final, Su Wenbo murió de un infarto provocado por el estrés de las deudas de juego de su esposa y la ambición desmedida de su hija.
Fue un hombre bueno aplastado por las mujeres que amaba.
—Hola, Tío Su —contestó Lin Xuan.
—¡Xiao Xuan!
—La voz de Su Wenbo sonaba cansada pero genuinamente feliz—.
Me enteré de que llegaste a la capital.
¿Por qué no viniste a casa?
Tu tía Liu preparó el almuerzo.
Ven a comer, muchacho.
Quiero verte.
Lin Xuan sabía que era mentira.
La “Tía Liu” probablemente preferiría darle veneno que comida.
Pero no podía rechazar al hombre que lo protegió en su momento más oscuro.
—Iré, Tío Su.
Llego en media hora.
Colgó el teléfono y suspiró.
Casi al mismo tiempo, el teléfono de Tang Yan sonó.
Ella contestó, y su rostro se tensó.
—¿Papá?
¿Qué?
¿La Oficina de Comercio está auditando la empresa?
—Tang Yan miró a Lin Xuan con preocupación—.
Maestro…
ha surgido un problema urgente en la Corporación Tang.
Mi padre me necesita.
—Ve —dijo Lin Xuan sin dudarlo—.
Los asuntos mortales son molestos pero necesarios.
Yo iré solo a casa de los Su.
—Pero Maestro, usted no tiene auto…
—Tang Yan dudó.
—Tengo piernas.
Y no necesito un Rolls Royce para visitar a un viejo amigo.
Ve.
Tang Yan asintió, detuvo el auto en una avenida principal para que Lin Xuan bajara y luego aceleró hacia el distrito financiero.
Lin Xuan se arregló la ropa (sus jeans y camiseta simples) y detuvo un taxi.
—Al Complejo Residencial “Jardines del Lago”.
La casa de la familia Su no era una mansión, sino un apartamento espacioso en un barrio de clase media-alta.
Al entrar, el ambiente era tan tenso que se podía cortar con un cuchillo.
—¡Xiao Xuan!
¡Has crecido!
—Su Wenbo, un hombre con gafas y cabello canoso prematuro, lo abrazó con fuerza.
Sin embargo, detrás de él, sentada en el sofá como una reina, estaba la madre de Su Qing, Liu Mei, pelando una naranja con desdén.
Y a su lado, ocupando el sillón principal con las piernas cruzadas, estaba Wang Fei.
—Vaya, el invitado de honor ha llegado —dijo Wang Fei con una sonrisa burlona, ignorando la bofetada que recibió días atrás.
En el territorio de los Su, él se sentía el rey porque tenía el dinero—.
Pensé que vendrías en tu Rolls Royce, Lin Xuan.
¿Se te acabó el alquiler?
—Wang Fei, sé amable —dijo Liu Mei, aunque su tono era todo menos amable—.
Lin Xuan viene de un entorno difícil.
No todos pueden tener tu éxito.
Su Qing salió de su habitación, maquillada impecablemente.
Al ver a Lin Xuan, frunció el ceño.
—¿Por qué viniste?
Hoy tengo un compromiso importante.
—Tu padre me invitó —dijo Lin Xuan, ignorando a los tres y sentándose frente a Su Wenbo—.
Tío Su, te ves cansado.
¿Cómo está tu corazón?
Su Wenbo sonrió tristemente.
—Cosas de la edad, muchacho.
No te preocupes por mí.
Durante el almuerzo, la dinámica fue un infierno.
Liu Mei y Wang Fei no pararon de alardear sobre los negocios de la familia Wang, los regalos caros que Wang Fei le había dado a Su Qing, y lanzaban indirectas sobre la ropa “barata” de Lin Xuan.
Lin Xuan comió en silencio, soportando todo solo por respeto a Su Wenbo, quien trataba desesperadamente de cambiar el tema hacia los estudios o la salud.
Al terminar de comer, Wang Fei se levantó, ajustándose su reloj de oro.
—Bueno, tío, tía.
Me llevo a Qing’er.
Es el cumpleaños del Joven Maestro Chen.
Será una fiesta privada en el Club Golden Age.
—¡Oh, el Joven Maestro Chen!
—Liu Mei aplaudió—.
¡Diviértanse!
¡Qing’er, asegúrate de socializar bien!
Su Wenbo, sin embargo, parecía preocupado.
Sabía qué tipo de fiestas eran esas.
Excesos, alcohol y gente arrogante.
Miró a Lin Xuan con ojos suplicantes.
—Wang Fei…
¿podrían llevar a Lin Xuan?
—pidió Su Wenbo—.
Él acaba de llegar a la ciudad y no conoce a nadie.
Sería bueno que hiciera amigos.
—¡Papá!
—se quejó Su Qing—.
¡Es una fiesta de élite!
Lin Xuan no encajará.
—Por favor —insistió Su Wenbo, apretando la mano de Lin Xuan bajo la mesa.
Era una súplica silenciosa: Protégela.
No confío en ellos.
Lin Xuan miró al anciano.
Suspiró internamente.
Esta es la última vez, Tío Su.
Pagaré mi deuda contigo hoy.
—Iré —dijo Lin Xuan.
Wang Fei soltó una risita maliciosa.
—Está bien, tío.
Si insistes.
Pero no me hago responsable si se siente avergonzado.
Bajaron al estacionamiento del complejo.
Había una caravana de tres autos deportivos esperando.
Amigos ricos de Wang Fei.
Wang Fei abrió la puerta de su Ferrari para Su Qing.
—Ups —Wang Fei miró a Lin Xuan con una sonrisa de satisfacción—.
Lo siento, Lin Xuan.
Mi auto es de dos plazas.
Y los autos de mis amigos también están llenos.
Parece que tendrás que tomar un taxi o…
bueno, correr detrás de nosotros.
Los amigos de Wang Fei, desde sus descapotables, se rieron a carcajadas, acelerando sus motores para burlarse del “pobre”.
Su Qing miró a Lin Xuan desde el asiento del copiloto.
—Te lo dije.
No encajas.
Mejor vete a casa.
Lin Xuan no se inmutó.
Su mirada barrió la caravana de autos.
Su vista se detuvo en el último coche de la fila.
Un Audi A4 blanco, mucho más modesto que los Ferraris y Lamborghinis.
En el asiento del conductor había una figura femenina solitaria.
Lin Xuan caminó directamente hacia ese auto, ignorando las burlas de Wang Fei.
Abrió la puerta del copiloto y se sentó.
—¿Eh?
—Wang Fei parpadeó, sorprendido.
Dentro del Audi, la conductora dio un pequeño salto de sorpresa.
—¡Oye!
¿Qué haces…?
Lin Xuan giró la cabeza y la miró.
Era una chica joven, de unos diecinueve años.
Tenía el cabello corto estilo bob, gafas de montura negra y una expresión suave y tímida.
No llevaba ropa de marca, sino un vestido sencillo de algodón.
Al verla, los ojos de Lin Xuan, que habían permanecido indiferentes ante Wang Fei y Su Qing, brillaron con un destello de reconocimiento y dolor antiguo.
Ye Xiaoyu.
En su vida pasada, ella era la mejor amiga de Su Qing, pero siempre fue la sombra.
Mientras Su Qing la usaba como sirvienta, Ye Xiaoyu siempre trataba a Lin Xuan con amabilidad.
“Lin Xuan, no les hagas caso, eres inteligente…” “Lin Xuan, te guardé un poco de pastel…” Ella era la única voz amable en ese círculo de víboras.
Pero un día, en su vida anterior, Ye Xiaoyu simplemente…
desapareció.
Dejó la universidad, su familia se mudó de la noche a la mañana y nunca más se supo de ella.
Hubo rumores de suicidio, de secuestro, o de algo peor.
Lin Xuan nunca supo la verdad porque estaba demasiado ocupado sufriendo por Su Qing.
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