Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Dios Urbano del Origen - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Dios Urbano del Origen
  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 La Fiesta de los Lobos y la Deuda Pagada
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: Capítulo 17: La Fiesta de los Lobos y la Deuda Pagada 17: Capítulo 17: La Fiesta de los Lobos y la Deuda Pagada El interior del Audi A4 estaba sumido en un silencio incómodo.

Ye Xiaoyu conducía con la vista fija en el parachoques del Ferrari de Wang Fei, sus nudillos blancos sobre el volante.

De vez en cuando, miraba de reojo al copiloto, nerviosa.

Para ella, Lin Xuan era un misterio desagradable.

Sabía quién era: el chico del pueblo que había seguido a Su Qing a la capital, el “perro faldero” del que todos se burlaban.

Que se subiera a su auto sin pedir permiso fue rudo, pero su naturaleza tímida le impidió echarlo.

Lin Xuan, por su parte, estaba recostado con los ojos semicerrados, pero su Visión Espiritual estaba totalmente activa.

No miraba a Ye Xiaoyu físicamente, sino a su alma.

“Extraño…” pensó Lin Xuan, frunciendo el ceño internamente.

Alrededor del cuerpo de esta chica mortal, había una neblina gris densa, girando lentamente en sentido contrario a las agujas del reloj.

No era enfermedad, ni mala suerte ordinaria.

“Es un Sello de Ocultación Kármica.

Y uno de alto nivel.

Alguien gastó mucha energía para bloquear su destino y ocultar su presencia del cielo.” Lin Xuan sintió una punzada de curiosidad.

En su vida pasada, Ye Xiaoyu simplemente desapareció y él nunca supo por qué.

Ahora, viendo este sello, entendía que su desaparición no fue un accidente.

Había fuerzas del mundo del cultivo involucradas.

Pero Lin Xuan no dijo nada.

No eran amigos.

No había confianza.

Si le dijera: “Tienes una maldición en el alma”, ella pensaría que está loco.

—Gracias por llevarme —dijo Lin Xuan finalmente, rompiendo el silencio cuando llegaron al club.

Su voz fue fría y distante.

—D-de nada —tartamudeó ella, aliviada de que el viaje terminara.

El Club Golden Age era un palacio de neón y excesos.

La música retumbaba tan fuerte que hacía vibrar el suelo.

Wang Fei y su grupo entraron como dueños del lugar.

Lin Xuan y Ye Xiaoyu entraron al final, ignorados por los porteros al ir con el grupo VIP.

Dentro, fueron llevados a un reservado de lujo.

Sofás de cuero, mesas llenas de botellas de licor extranjero que costaban más que el salario anual de un obrero, y mujeres vestidas provocativamente paseando por ahí.

—¡Hermano Wang!

—Un joven con el cabello teñido de plata y un traje brillante se levantó para recibirlos.

Era el cumpleañero, Chen Feng.

Un miembro de una rama secundaria de la Familia Chen (la misma familia de la subasta, aunque este chico no tenía ni idea de quién era Lin Xuan).

—¡Joven Maestro Chen!

¡Feliz cumpleaños!

—Wang Fei se inclinó con una sonrisa aduladora—.

Te he traído el mejor whisky.

Y…

—Wang Fei empujó a Su Qing hacia adelante—, te presento a la belleza de nuestra universidad, Su Qing.

Chen Feng recorrió el cuerpo de Su Qing con una mirada lasciva que la hizo estremecer.

—Vaya, Wang Fei, tienes buen gusto —Chen Feng sonrió, mostrando dientes amarillentos por el tabaco—.

Siéntate aquí, belleza.

A mi lado.

Su Qing miró a Wang Fei, esperando que él se sentara en medio o dijera algo.

Pero Wang Fei simplemente se sentó al otro lado, dejándola expuesta al cumpleañero para ganar favor.

Su Qing se sintió helada.

¿Me está…

ofreciendo?

Lin Xuan observó todo desde un rincón oscuro del reservado.

Se sirvió un vaso de agua, ignorando el alcohol impuro.

Ye Xiaoyu se sentó lo más lejos posible de la acción, sacando su teléfono para evitar mirar.

La fiesta avanzó.

El alcohol fluyó.

Chen Feng, ya borracho, comenzó a ponerse agresivo.

—Vamos, belleza, bebe esto —Chen Feng le puso un vaso lleno de licor fuerte a Su Qing en la mano.

—Yo…

no bebo mucho, Joven Maestro Chen —dijo Su Qing, intentando alejarse.

—¿Me estás rechazando?

—La cara de Chen Feng se oscureció—.

¿En mi cumpleaños?

¡Wang Fei!

¿Tu novia no me respeta?

Wang Fei se puso pálido.

Quería cerrar un trato de negocios con el padre de Chen Feng.

No podía ofenderlo.

—Qing’er, no seas aguafiestas —dijo Wang Fei con frialdad—.

Es solo una copa.

Bébela por el Joven Maestro.

No lo hagas enojar.

Los ojos de Su Qing se llenaron de lágrimas.

Miró a Wang Fei, el hombre por el que había dejado a Lin Xuan, el hombre rico y poderoso que supuestamente la amaba.

Y vio la verdad: para él, ella era solo un accesorio negociable.

Miró alrededor buscando ayuda.

Ye Xiaoyu estaba asustada, mirando al suelo.

Los demás se reían.

Y en la esquina…

Lin Xuan estaba mirando su vaso de agua con indiferencia.

“Nadie me ayudará”, pensó Su Qing con desesperación.

Chen Feng agarró la muñeca de Su Qing con fuerza.

—¡Bebe!

Su Qing cerró los ojos, preparándose para la humillación.

CLANK.

Un sonido nítido de vidrio rompiéndose contra la mesa silenció la música y las risas.

Todos se giraron.

Lin Xuan había dejado su vaso de agua sobre la mesa con un poco más de fuerza de la necesaria.

Se puso de pie lentamente, sacudiéndose una mota de polvo invisible de su camiseta barata.

—Ya es tarde —dijo Lin Xuan, su voz tranquila cortando el ambiente festivo—.

Su Qing, tu padre me pidió que te llevara a casa temprano.

Chen Feng soltó a Su Qing y se levantó, tambaleándose de borracho.

—¿Quién carajos eres tú?

¿Un camarero?

Wang Fei se levantó de un salto, nervioso.

—Joven Maestro Chen, ignórelo.

Es solo el ex-novio pobre de Su Qing.

Un parásito.

¡Lin Xuan, lárgate!

¡Estás arruinando el ambiente!

Lin Xuan ignoró a Wang Fei y caminó hacia la mesa.

Sus pasos eran silenciosos, pero cada uno parecía aumentar la presión en la habitación.

Se detuvo frente a Chen Feng.

—Dije que se va a casa.

—Lin Xuan miró a Chen Feng a los ojos.

No usó su “Ojo Divino”, solo su intención asesina básica, esa que se gana matando dioses.

Para Chen Feng, fue como si la temperatura bajara a cero absoluto.

La borrachera se le pasó de golpe, reemplazada por un terror primitivo.

Vio…

oscuridad.

Vio un mar de sangre detrás de ese chico flaco.

—Tú…

—Chen Feng retrocedió, tropezando con el sofá.

Lin Xuan miró a Su Qing, que estaba temblando.

—Levántate.

O te quedarás aquí para siempre.

Su Qing reaccionó por instinto.

Se levantó de un salto y corrió hacia Lin Xuan, escondiéndose detrás de él.

En este momento, no le importaba si era pobre.

Era el único escudo que tenía.

—¡Lin Xuan!

—gritó Wang Fei, furioso por ver su negocio arruinado—.

¡Estás muerto!

¡Seguridad!

¡Mátenlo!

Dos gorilas de seguridad que estaban en la puerta entraron, crujiendo los nudillos.

Lin Xuan suspiró.

—Tío Su…

—murmuró para sí mismo—.

Con esto, tu hija está a salvo y mi deuda de gratitud por tu comida está pagada.

A partir de ahora, no nos debemos nada.

Lin Xuan agarró una botella de vino vacía de la mesa.

Los guardias se lanzaron sobre él.

¡ZAS!

¡ZAS!

Fue tan rápido que nadie lo vio.

Lin Xuan se movió dos veces.

La botella golpeó la cabeza del primer guardia con precisión quirúrgica, noqueándolo al instante sin romper el vidrio.

Luego, usó el cuerpo del guardia como escudo para empujar al segundo, enviándolo a volar contra la mesa de bebidas, destrozando todo.

Vidrios rotos y alcohol caro volaron por todas partes.

Los gritos de las mujeres llenaron la sala.

Lin Xuan tiró la botella (aún intacta) al sofá, justo entre las piernas de un aterrorizado Chen Feng, quien se orinó encima del susto.

—Vámonos —dijo Lin Xuan.

Se dio la vuelta y salió, con Su Qing pegada a sus talones.

Al pasar junto a Ye Xiaoyu, que estaba paralizada en su esquina, Lin Xuan se detuvo un segundo.

—¿Vienes?

—preguntó sin mirarla—.

¿O prefieres quedarte con ellos?

Ye Xiaoyu parpadeó, miró a Wang Fei gritando insultos y a Chen Feng llorando, y luego miró la espalda recta de Lin Xuan.

Agarró su bolso y corrió tras él.

Afuera del club, el aire de la noche era fresco.

Su Qing estaba llorando, abrazándose a sí misma.

Esperaba que Lin Xuan la consolara, que le dijera que todo estaría bien, como solía hacer antes.

Pero Lin Xuan se detuvo en la acera y se giró hacia ella.

Su rostro no tenía calidez.

—Sube al auto de Ye Xiaoyu.

Ella te llevará a casa.

—¿Y tú?

—sollozó Su Qing—.

¿No vienes?

Lin Xuan, tenía miedo…

Wang Fei, él…

—Eso no es asunto mío —cortó Lin Xuan fríamente—.

Le prometí a tu padre que te sacaría de ahí.

Cumplí.

Lo que hagas con tu vida, o con quién elijas estar, ya no me importa.

Su Qing se quedó helada.

Sintió, por primera vez, que realmente lo había perdido.

No había odio en sus ojos, solo…

nada.

Era como si ella fuera una extraña.

—Lin Xuan…

—intentó decir algo, pero las palabras no salieron.

Lin Xuan miró a Ye Xiaoyu.

—Llévala a casa.

Conduce con cuidado.

Sin decir más, Lin Xuan se dio la vuelta y comenzó a caminar solo hacia la oscuridad de la calle, perdiéndose entre las sombras de la ciudad, dejando atrás a las dos chicas: una con el corazón roto por la realidad, y la otra con el corazón latiendo rápido por el misterio de un hombre que creía conocer, pero que acababa de demostrar ser un desconocido total.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo