Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Dios Urbano del Origen - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Dios Urbano del Origen
  4. Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 El Dragón en Aguas Poco Profundas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: Capítulo 2: El Dragón en Aguas Poco Profundas 2: Capítulo 2: El Dragón en Aguas Poco Profundas El tren se sacudió violentamente, los frenos emitieron un chillido metálico que perforó los tímpanos, indicando el final del trayecto.

—Pasajeros con destino a la Ciudad Imperial, hemos llegado…

—la voz estridente y artificial de los altavoces rompió la breve meditación de Lin Xuan.

Lin Xuan exhaló un aliento turbio.

—Es hora —murmuró, sus ojos recuperando la claridad.

Tomó su maleta desgastada con calma, mientras detrás de él, Su Qing ni siquiera levantó la vista, sus dedos bailando frenéticamente sobre la pantalla de su celular, inmersa en su pequeña red de vanidades.

Al salir de la estación, el aire estaba cargado de ruido y humo, pero hubo un silencio repentino en la multitud.

Todas las miradas estaban clavadas en un solo punto.

Justo en la entrada, bloqueando el paso con arrogancia, descansaba un deportivo rojo fuego.

Su carrocería brillaba bajo el sol, gritando riqueza y poder a los cuatro vientos.

La multitud miraba con envidia y asombro.

Sin embargo, la mirada de Lin Xuan barrió el vehículo sin detenerse ni un segundo.

A los ojos de un Rey Supremo, esa máquina no era más que un montón de chatarra primitiva, un juguete de hierro incapaz de compararse con el más simple de los artefactos voladores de su vida pasada.

Pero para Su Qing, fue como ver un tesoro celestial.

Sus ojos se iluminaron con una codicia apenas disimulada, sus labios se curvaron en una sonrisa encantadora que Lin Xuan rara vez recibía.

Su atención se fijó instantáneamente en la figura apoyada contra el auto.

Lin Xuan entrecerró los ojos.

Una frialdad, antigua y abismal, cruzó por sus pupilas.

No necesitaba esforzarse para recordar ese rostro.

Esa postura arrogante, esa ropa de marca, esa sonrisa de desdén…

Era él.

El arquitecto de su desgracia.

El hombre que, en su vida pasada, había pisoteado su dignidad y destruido a su familia como si fueran insectos.

El joven maestro desvió la mirada hacia Su Qing, recibiéndola con una sonrisa encantadora, pero apenas un instante después, su atención cayó sobre Lin Xuan.

Su escrutinio fue afilado como una aguja, recorriendo la ropa barata y desgastada de Lin Xuan, juzgando su valor en un parpadeo.

Una mueca de desdén curvó sus labios.

“Un simple palurdo de campo”, se burló internamente.

Sin embargo, en el instante exacto en que sus miradas chocaron, la sonrisa del joven rico se congeló.

Una descarga eléctrica recorrió su columna vertebral, haciendo que cada vello de su cuerpo se erizara.

No vio los ojos de un estudiante tímido; sintió como si se asomara a un abismo sin fondo, oscuro y helado.

Su instinto gritó alarma, un terror primario e inexplicable surgiendo en sus entrañas, como el de una presa insignificante que, por error, ha despertado a un depredador ancestral.

La arrogancia de Wang Fei no podía aceptar el hecho de haber sentido miedo de un nadie.

¿Cómo podría él, el gran Joven Maestro de la familia Wang, temerle a un campesino?

Inmediatamente, desvió la mirada hacia Su Qing para recuperar su compostura.

—Su Qing, ¿este es el ‘amigo’ que mencionaste?

—escupió Wang Fei, forzando una risa burlona mientras evitaba deliberadamente los ojos de Lin Xuan—.

No sabía que hacías obras de caridad.

—Sí, es él…

—respondió Su Qing, bajando la cabeza con una timidez ensayada—.

Wang Fei, espero que no haya problema en que nos lleves a ambos a la universidad.

Wang Fei se palmeó la frente con exageración teatral.

—¡Ah, qué lástima!

Realmente me gustaría ayudar, pero…

¿sabes qué?

—Señaló su deportivo con una sonrisa de suficiencia—.

Mi auto es un modelo deportivo biplaza.

Solo caben dos personas.

Me temo que no podré llevar a tu…

‘amigo’.

El silencio cayó entre los tres.

Wang Fei esperaba ver ira o vergüenza en el rostro de Lin Xuan.

Esperaba que suplicara o que se enfadara para poder humillarlo más.

Su Qing mordió su labio, mirando de reojo a Lin Xuan, esperando que él “entendiera” y se sacrificara por ella, como siempre hacía.

Sin embargo, la expresión de Lin Xuan no cambió.

Simplemente los observó como si estuviera viendo a dos monos haciendo trucos en una jaula.

En su vida pasada, este momento le rompió el corazón.

Había insistido en acompañarlos, corriendo detrás del auto como un idiota, solo para ser el hazmerreír.

Pero ahora…

Lin Xuan soltó una pequeña risa, una risa seca y carente de humor que desconcertó a Wang Fei.

—No hace falta tanto teatro —dijo Lin Xuan con voz tranquila, interrumpiendo la disculpa falsa que Su Qing estaba a punto de formular—.

Váyanse.

Me gusta caminar.

—¿Lin Xuan?

—Su Qing parpadeó, sorprendida.

No esperaba que él se rindiera tan fácil, ni que sonara tan…

indiferente.

—El aire dentro de ese auto es demasiado viciado para mí de todos modos —añadió Lin Xuan, dándose la vuelta y comenzando a caminar sin mirar atrás, arrastrando su vieja maleta—.

Disfruten su viaje.

Dejó a la pareja parada allí, con la sonrisa de triunfo de Wang Fei congelada a medias, sintiendo extrañamente que, aunque él tenía el Ferrari, acababa de perder el enfrentamiento.

Lin Xuan no miró atrás.

El sonido del motor del deportivo rugiendo a sus espaldas, una mezcla de ostentación y rabia contenida, se desvaneció rápidamente entre el tráfico de la estación.

Para Wang Fei y Su Qing, ese breve encuentro había sido un momento de incomodidad social; para Lin Xuan, fue el corte final de los lazos que ataban su corazón a la mortalidad.

Arrastrando su maleta vieja, cuyas ruedas chirriaban rítmicamente contra el asfalto caliente, Lin Xuan se adentró en las calles de la Ciudad Imperial.

El sol de la tarde golpeaba con fuerza, pero no era el calor lo que le molestaba.

Era el aire.

Cada vez que inhalaba, sentía como si estuviera tragando lodo.

El aire de la capital no solo estaba lleno de smog y polvo; espiritualmente, era un pantano tóxico.

La escasa energía espiritual (Qi) que existía estaba mezclada con la turbidez de millones de personas viviendo, deseando, odiando y sufriendo juntas.

—La “Estrella Ancestral Sellada”…

—murmuró para sí mismo, frunciendo el ceño—.

La energía aquí es tan delgada y sucia que es casi veneno.

No es de extrañar que los verdaderos cultivadores se hayan extinguido, dejando solo a esos artistas marciales que juegan a ser fuertes.

Caminó durante media hora, alejándose del distrito comercial hacia la zona universitaria.

Pronto, una fina capa de sudor cubrió su frente.

Sus piernas empezaron a temblar ligeramente y su respiración se volvió pesada.

Lin Xuan se detuvo en una esquina, apoyándose en un poste de luz para recuperar el aliento, una sonrisa amarga curvando sus labios.

“Patético”, pensó, mirando sus manos pálidas.

“Mi voluntad puede abarcar los cielos, pero este cuerpo es un saco de carne inútil.

Apenas he caminado unos kilómetros y mis meridianos ya están gritando de agotamiento.

Un dragón atrapado en aguas poco profundas es acosado hasta por los camarones.” Sabía que no podía ir a la universidad en este estado.

Necesitaba purificar su cuerpo, aunque fuera un poco.

Necesitaba un lugar donde el “veneno” del mundo mortal fuera menos denso.

Sus instintos, agudizados por eones de supervivencia, lo guiaron hacia el norte.

Allí, oculto entre la jungla de concreto, encontró el Parque del Lago Ming.

Aunque el lago artificial tenía un tono verdoso dudoso y los sauces llorones estaban cubiertos de una fina capa de hollín, era el único lugar en kilómetros a la redonda donde Lin Xuan podía sentir un leve rastro de Qi natural generado por la vegetación antigua.

Buscó un banco apartado, oculto bajo la sombra densa de unos árboles viejos, lejos de las miradas de las parejas que paseaban y los ancianos que practicaban Tai Chi.

Se sentó y cruzó las piernas, ignorando la suciedad del banco.

Nadie le prestó atención.

Para los transeúntes, solo era un estudiante pobre y cansado que acababa de llegar del campo, probablemente abrumado por la gran ciudad.

Nadie podía ver la tormenta que se estaba gestando detrás de sus ojos cerrados.

Lin Xuan ajustó su respiración.

Inhalar.

Exhalar.

Adoptó un ritmo lento y profundo, una técnica básica para calmar el latido errático de su corazón mortal.

Luego, hundió su conciencia en su interior.

La oscuridad de su mente se abrió y allí, flotando en el centro de su alma, estaba la esfera gris.

El Orbe Hongmeng del Alma.

No brillaba con luz dorada ni emitía cánticos sagrados.

Era simple, opaco y antiguo, como una piedra que existió antes de que el tiempo tuviera nombre.

—Viejo amigo —saludó Lin Xuan mentalmente.

El Orbe vibró.

Un zumbido bajo resonó en su cráneo, una mezcla de saludo y lamento.

El artefacto también estaba gravemente dañado; había gastado casi toda su energía divina protegiendo el fragmento de alma de Lin Xuan durante el viaje suicida por el Río del Espacio-Tiempo.

Lin Xuan no perdió tiempo revisando el interior vacío del Orbe.

Sabía que sus tesoros estaban sellados o destruidos.

Su prioridad ahora era sobrevivir.

Activó la técnica suprema grabada en su memoria, el método prohibido que complementaba al Orbe y que había causado la envidia de los Supremos.

—Gran Dao de la Devoración Primordial.

¡Vwoom!

Un vórtice invisible, imperceptible para el ojo humano pero aterrador en el plano espiritual, se formó alrededor de su cuerpo.

El Orbe Hongmeng dentro de su alma comenzó a girar.

Si hubiera otros cultivadores presentes, se habrían horrorizado.

Normalmente, absorber Qi es un proceso delicado, como beber agua con una pajita para no ahogarse.

Pero Lin Xuan estaba usando su alma como un agujero negro.

La escasa energía espiritual del parque, la esencia vital de los árboles viejos, e incluso el “Qi sucio” de la contaminación urbana…

todo fue arrastrado violentamente hacia él.

La energía entró por sus poros como un torrente y se precipitó directamente hacia el Orbe.

El Orbe actuó como un filtro divino.

Trituró las impurezas.

Quemó la toxicidad.

Y devolvió a los meridianos de Lin Xuan una única hebra de energía, tan fina como un cabello, pero de un color violeta puro y real.

Esencia Hongmeng.

En el momento en que esa minúscula hebra de energía violeta tocó sus meridianos mortales…

—¡Gh…!

Lin Xuan apretó los dientes con fuerza, su cuerpo se tensó violentamente como un arco a punto de romperse.

Un gemido de dolor agudo se escapó de su garganta.

Sintió como si le hubieran inyectado plomo fundido en las venas.

Sus vasos sanguíneos se hincharon, visibles bajo su piel pálida como gusanos azules retorciéndose.

Su corazón golpeó contra sus costillas como un tambor de guerra enloquecido, amenazando con estallar.

Crack.

Un sonido sordo, interno, provino de su hombro derecho.

Un capilar había estallado por la presión.

Una fina línea de sangre negra y maloliente se filtró por sus poros, manchando su camisa barata.

Lin Xuan detuvo la técnica de inmediato.

Jadeó pesadamente, con la frente perlada de sudor frío, sus manos temblando incontrolablemente sobre sus rodillas.

—Tal como calculé —dijo con voz ronca, limpiándose la sangre negra con indiferencia—.

La Esencia Hongmeng es demasiado tiránica.

Mi cuerpo actual es como una botella de vidrio barato intentando contener metal fundido.

Apenas absorbí una hebra y casi destruyo mi sistema circulatorio.

Miró su mano.

Aunque dolía, podía sentir esa única hebra de energía violeta fluyendo ahora dócilmente en su interior, fortaleciendo ligeramente su agarre.

Era un poder minúsculo, ni siquiera el primer nivel de la etapa de Apertura de Qi, pero la calidad de esa energía estaba más allá de cualquier cosa que este mundo pudiera ofrecer.

El diagnóstico era claro y brutal: Su Alma: Poderosa pero fragmentada.

Su Cuerpo: Frágil como el papel.

Necesitaba ser reforjado urgentemente antes de poder cultivar en serio.

El Entorno: Hostil.

Sin recursos, moriría de viejo antes de alcanzar el Reino Inmortal.

Lin Xuan se puso de pie lentamente, sus articulaciones crujiendo.

El dolor había desaparecido, reemplazado por un hambre voraz y una claridad mental absoluta.

—Para el Cuerpo Estelar Inmaculado, necesito los Cinco Tesoros Elementales.

Hierro de Meteorito, Ginseng de Mil Años…

—enumeró mentalmente—.

Cosas que en este mundo de ranas en el pozo se consideran tesoros invaluables.

Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó su billetera de tela.

La abrió.

Unos pocos billetes arrugados y unas monedas tintinearon tristemente.

Quizás lo suficiente para comer fideos instantáneos una semana y pagar un hostal de mala muerte dos noches.

Una sonrisa irónica, casi cruel, se dibujó en su rostro bajo la sombra de los árboles.

El Rey Supremo del Origen, el ser que una vez usó estrellas como canicas y galaxias como tablero de ajedrez, ahora estaba en la quiebra total.

—Dinero —dijo en voz baja, mirando a través de las ramas hacia los rascacielos iluminados de la capital, donde las grandes familias como los Wang vivían en el lujo—.

En este mundo mortal regido por el capital, el dinero es el primer paso del cultivo.

Con dinero compro hierbas.

Con hierbas hago píldoras.

Con píldoras…

recupero mi trono.

Cerró la billetera de golpe y agarró el asa de su maleta.

Su paso ya no era errático.

Ahora tenía un ritmo, una dirección.

La noche había caído sobre la Ciudad Imperial.

Las luces de neón se encendían, ocultando las estrellas verdaderas.

Lin Xuan se mezcló con las sombras, sus ojos brillando con una determinación depredadora.

La oveja había muerto en ese tren.

Ahora, el cazador salía a buscar su primera presa.

Pero primero…

necesitaba encontrar dónde dormir y cómo conseguir su primer capital inicial.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo