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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 El Caldero Oculto y la Promesa de la Abuela
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23: Capítulo 23: El Caldero Oculto y la Promesa de la Abuela 23: Capítulo 23: El Caldero Oculto y la Promesa de la Abuela Horas antes, la tarde había sido tranquila, bañada por la luz dorada que entraba por los ventanales de la biblioteca de la Universidad de Yan Jing.

Ye Xiaoyu estaba sentada frente a una pila de libros, tomando notas con su caligrafía ordenada.

Frente a ella, Su Qing hojeaba una revista de moda, suspirando dramáticamente.

—Xiaoyu, mira este bolso —se quejó Su Qing en voz baja—.

Wang Fei prometió comprármelo, pero ahora dice que tiene problemas de dinero por una “mala inversión”.

Hombres…

todos son iguales.

Ye Xiaoyu asintió levemente, sin dejar de escribir.

—Por cierto, ¿has visto a Lin Xuan?

—continuó Su Qing con una mueca de desdén—.

Escuché rumores de que ya no viene a clases.

Seguro que ese auto alquilado y la señorita Tang eran solo una farsa y ahora se esconde por vergüenza.

Es tan patético.

Ye Xiaoyu detuvo su pluma.

Apretó los labios, sintiendo una punzada de molestia inusual en su carácter dócil.

—No digas eso, Su Qing —susurró Ye Xiaoyu, sin levantar la vista, pero con firmeza—.

Lin Xuan…

él ha cambiado.

No creo que se esté escondiendo.

Quizás tiene cosas importantes que hacer.

Además, él siempre fue bueno contigo.

No deberías hablar mal de él a sus espaldas.

Su Qing rodó los ojos, indignada.

—¿Tú también?

Dios, Xiaoyu, eres demasiado ingenua.

Siempre defendiéndolo como si fuera un santo.

Si es tan “importante”, ¿por qué no está aquí?

Ye Xiaoyu no respondió, prefiriendo evitar el conflicto, pero en su mente, la imagen de Lin Xuan en el auto, tranquilo y misterioso, persistía.

Salieron de la biblioteca cuando el sol comenzaba a ponerse.

Caminaban por una calle lateral poco transitada, un atajo hacia la parada del autobús.

Fue entonces cuando el mundo se rompió.

Una furgoneta gris frenó con un chirrido de neumáticos junto a ellas.

La puerta corredera se abrió violentamente.

—¡Ah!

—gritó Su Qing, retrocediendo y tropezando con sus propios tacones.

Ye Xiaoyu se quedó paralizada un segundo.

Antes de que pudiera correr, dos manos fuertes la agarraron de los brazos.

Sintió un paño húmedo con un olor químico dulce presionar su nariz y boca.

—¡Su Qing!

—intentó gritar, extendiendo una mano hacia su amiga.

Lo último que vio antes de que la oscuridad la tragara fue a Su Qing en el suelo, pálida y temblando, abrazando su bolso de marca contra el pecho, paralizada por el miedo, sin hacer ni un solo movimiento para ayudarla.

Cuando Ye Xiaoyu despertó, el olor a libros viejos había sido reemplazado por el hedor a tierra mojada y descomposición.

Hacía frío.

Un frío antinatural que calaba hasta los huesos.

Intentó moverse, pero sus muñecas y tobillos estaban atados con cuerdas rojas empapadas en algo pegajoso.

Estaba acostada sobre una losa de piedra fría en medio de un cementerio en ruinas.

—¿D-dónde estoy?

—susurró, temblando de terror.

La niebla se arrastraba por el suelo, y velas verdes flotaban alrededor, iluminando lápidas rotas.

—Finalmente despiertas, pequeña joya.

Una voz rasposa la hizo estremecer.

De la oscuridad emergió una figura encapuchada con túnicas negras sucias.

Al bajar la capucha, reveló el rostro de un hombre demacrado, con ojos inyectados en sangre y piel grisácea.

—¿Q-quién es usted?

—lloró Ye Xiaoyu—.

¿Quiere dinero?

Mi familia es pobre, pero…

—¿Dinero?

—El hombre soltó una carcajada seca—.

El dinero es basura para los que buscamos el Dao.

Lo que tú tienes, niña, vale más que una montaña de oro.

El hombre se acercó, olfateando el aire sobre ella con éxtasis.

—Un Cuerpo de Yin Puro Superior.

Ye Xiaoyu lo miró sin entender.

—He buscado durante décadas —murmuró el hombre fanáticamente—.

En esta era donde el Qi es escaso, encontrar una mujer con tal concentración de energía Yin es un milagro.

Eres un tónico humano.

Eres el “Caldero” perfecto.

Sacó un cuchillo ceremonial de hueso.

—Es increíble que nadie te haya encontrado antes.

Alguien puso un sello extraño en tu alma para ocultar tu aura.

Un trabajo muy fino…

probablemente algún viejo maestro que quiso protegerte.

Pero su sello se ha debilitado con los años.

Mi insecto espiritual captó tu olor ayer.

—No entiendo…

—sollozó Ye Xiaoyu—.

¿Qué es Yin Puro?

¿Qué es un caldero?

—No necesitas entender —sonrió el hombre con crueldad, mostrando dientes amarillos—.

Solo necesitas saber que tu sangre y tu energía vital me ayudarán a romper mi cuello de botella.

Cuando te consuma, finalmente tendré el poder para dominar el bajo mundo de las artes marciales.

Seré un Inmortal Terrenal.

Energía…

Sangre…

Consumir…

De repente, un recuerdo borroso surgió en la mente de Ye Xiaoyu.

Tenía seis años.

Estaba en el regazo de su abuela en el campo.

Su abuela no era cultivadora, ni maestra de artes marciales, era solo una vieja campesina supersticiosa que a veces “veía cosas”.

“Xiaoyu,” le había dicho su abuela con voz temblorosa, apretando su manita, “tienes una luz fría dentro de ti.

No sé qué es, pero es peligrosa.

He rezado a los viejos dioses para que te escondan.

Nunca dejes que los hombres extraños te miren demasiado.

Para los monstruos, tú no eres una niña…

eres medicina.” Ye Xiaoyu siempre pensó que eran cuentos de viejas para asustarla.

“Abuela…

tenías razón,” pensó con desesperanza, cerrando los ojos.

“No eran cuentos.

Soy comida para monstruos.” El hombre levantó el cuchillo de hueso.

La hoja brilló bajo la luz verde.

—No temas —susurró el Cultivador Diabólico—.

Tu muerte será útil.

Tu esencia vivirá en mí.

El cuchillo comenzó a descender hacia su corazón para iniciar el ritual de sangre.

Ye Xiaoyu apretó los dientes, esperando el final.

Nadie vendría.

Su Qing había huido.

Sus padres no sabían dónde estaba.

Estaba sola en el infierno.

“Lo siento, mamá…

Lin Xuan…” Extrañamente, el rostro de Lin Xuan fue lo último que cruzó por su mente.

Recordó la seguridad que sentía a su lado en el auto.

—¡Conviértete en mi poder!

—gritó el hombre.

Pero el golpe nunca llegó.

En cambio, una voz tranquila, fría y cargada de una autoridad absoluta que heló la sangre del cultivador diabólico, resonó desde la oscuridad.

—Si te atreves a tocar un solo cabello de ella, te garantizo que la muerte será el menor de tus problemas.

Ye Xiaoyu abrió los ojos de golpe.

Esa voz.

A pesar del terror, a pesar de lo imposible de la situación, su corazón dio un vuelco violento.

Miró más allá del hombro del asesino.

Allí, de pie sobre una lápida alta, con la luna llena a su espalda recortando su silueta y sus ojos brillando como oro fundido en la noche, estaba él.

—…¿Lin Xuan?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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