El Dios Urbano del Origen - Capítulo 26
- Inicio
- Todas las novelas
- El Dios Urbano del Origen
- Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 La Doncella del Yin Sagrado y el Adiós al Mundo Mortal
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
26: Capítulo 26: La Doncella del Yin Sagrado y el Adiós al Mundo Mortal 26: Capítulo 26: La Doncella del Yin Sagrado y el Adiós al Mundo Mortal El taxi se detuvo frente al viejo edificio de apartamentos en el Distrito Hongguang.
Las luces de la calle parpadeaban, iluminando la pintura descascarada y la basura acumulada en las aceras.
Lin Xuan pagó al conductor y acompañó a Ye Xiaoyu hasta la puerta de su pequeña habitación en el tercer piso.
—Estás a salvo —dijo Lin Xuan, deteniéndose en el umbral—.
He colocado un sello temporal en tu hombro.
Ocultará tu aura de los monstruos por ahora.
Descansa, Xiaoyu.
Mañana será otro día.
Se dio la vuelta para irse, su mente ya calculando cómo reforzar el sello al día siguiente.
—Espera.
La voz de Ye Xiaoyu era suave, pero tenía un temblor de urgencia.
Ella extendió la mano y agarró la manga de su camisa, deteniéndolo.
—Lin Xuan…
por favor, no te vayas aún.
Necesito saberlo.
Lin Xuan se giró, mirándola a los ojos detrás de sus gafas sucias.
—¿Saber qué?
—¿Por qué ese hombre me secuestró?
—preguntó ella, apretando los puños—.
Dijo cosas sobre mi sangre, sobre ser un “caldero” y que tenía mucha energía Yin.
Y luego tú…
tú hiciste explotar su cabeza y rompiste una puerta de piedra con luz violeta.
Ella levantó la vista, sus ojos brillando con una mezcla de miedo y fascinación.
—Eso no fue kung fu.
Y no fue un truco de magia de televisión.
¿Qué es lo que tienes?
¿Y qué es lo que tengo yo para que quieran matarme?
Lin Xuan suspiró.
Pensó en mentirle, en decirle que era una alucinación por el gas somnífero para que pudiera vivir tranquila, pero al ver la determinación en sus ojos, supo que la chica tímida que conocía había muerto en esa tumba.
—No te preocupes por eso —dijo Lin Xuan, intentando suavizar la realidad—.
Tienes una condición física…
única.
Atrae a gente mala.
Pero no pienses en ello.
Mañana vendré y te pondré un sello permanente.
Podrás vivir una vida normal, casarte, tener hijos y envejecer sin que nadie te moleste.
Es lo mejor para ti.
Ye Xiaoyu soltó su manga y bajó la mirada, riendo con amargura.
—¿Una vida normal?
Miró su habitación: un espacio pequeño, húmedo, con muebles viejos y fotos de sus padres fallecidos en la mesita de noche.
—Mis padres murieron hace años —susurró ella—.
Vivo al día, trabajando en la biblioteca para pagar la universidad, comiendo fideos instantáneos.
Mi única “amiga” me abandonó cuando me secuestraron.
No tengo a nadie, Lin Xuan.
Esa “vida normal” de la que hablas…
es solo soledad y pobreza hasta que muera.
Levantó la cabeza de nuevo, y esta vez, había fuego en su mirada.
—Lo que hiciste hoy…
¿es magia?
¿Es lo que llaman Cultivo en las historias?
Lin Xuan asintió lentamente.
—Es Cultivo.
El camino hacia la inmortalidad y el poder absoluto.
—Si tengo ese cuerpo especial…
—Ye Xiaoyu dio un paso adelante—.
¿Significa que yo también puedo hacerlo?
¿Puedo ser fuerte como tú?
¿Puedo dejar de ser la víctima?
Lin Xuan la miró con seriedad.
—Tienes el Cuerpo Sagrado Yin.
En el mundo del cultivo, es una bendición del cielo.
Tu cuerpo genera energía pura naturalmente.
Si cultivas, tu velocidad será monstruosa, superando a cualquier genio de este planeta.
Pero nadie más aquí sabe cómo enseñarte.
Solo yo sé cómo despertar tu verdadero potencial.
Ye Xiaoyu no lo dudó ni un segundo.
Se dejó caer de rodillas en el pasillo sucio del edificio.
—¡Lin Xuan!
—suplicó—.
¡Por favor, enséñame!
¡No quiero ser normal!
¡Quiero ir contigo!
Lin Xuan la miró desde arriba, su expresión impasible.
—Levántate.
No acepto discípulos por lástima.
Ye Xiaoyu se levantó, temblando, pero no retrocedió.
—Escucha bien, Ye Xiaoyu —dijo Lin Xuan con frialdad—.
El camino que yo recorro es un camino de sangre y soledad.
Si vienes conmigo, no serás una “princesa” ni una estudiante universitaria.
Levantó tres dedos.
—Tengo tres condiciones.
—Lo que sea —dijo ella.
—Primero —dijo Lin Xuan—, no serás mi discípula directa todavía.
Tu voluntad es débil.
Comenzarás como mi sirvienta.
Limpiarás, cocinarás y lavarás mi ropa, igual que lo hace Tang Yan ahora.
No tendrás privilegios solo por ser mi compañera de clase o por conocer a Su Qing.
¿Aceptas?
—Acepto ser tu sirvienta —dijo ella sin dudar.
Servir al hombre que la salvó no era una deshonra, era un honor.
—Segundo —continuó Lin Xuan—, vendrás a vivir conmigo ahora mismo.
Tu cuerpo es un faro para los monstruos.
No puedo protegerte si estás aquí.
Dejarás este apartamento y no volverás.
—No tengo nada que me ate a este lugar —respondió ella.
—Y tercero…
—La voz de Lin Xuan se volvió profunda, resonando con un peso antiguo—.
Un día, dejaré este planeta.
Me iré de la Tierra para siempre, hacia las estrellas, hacia mundos donde la muerte acecha en cada esquina.
Si me sigues, tendrás que cortar todos tus lazos mortales.
No habrá regreso.
¿Estás dispuesta a dejar tu hogar, tu mundo y tu humanidad atrás?
Ye Xiaoyu miró alrededor.
Miró las paredes manchadas, la puerta cerrada de sus vecinos ruidosos, y la ciudad gris que nunca la había tratado bien.
Luego miró a Lin Xuan.
Él era misterioso, peligroso y brillaba con una luz que prometía un destino más allá de la imaginación.
—No tengo nada aquí —dijo Ye Xiaoyu con una sonrisa triste pero liberadora—.
Tú eres lo único real que me ha pasado.
Donde tú vayas, yo iré.
Lin Xuan la observó durante un largo momento.
Finalmente, una leve sonrisa de aprobación cruzó sus labios.
—Bien.
Ve a empacar.
Solo lo esencial.
Tienes cinco minutos.
Ye Xiaoyu entró corriendo a su habitación.
No tomó ropa, ni libros de la universidad.
Fue directa a la mesita de noche.
Tomó la foto enmarcada de sus padres y un pequeño collar de plata que le dio su abuela.
Metió ambas cosas en una mochila escolar desgastada.
Miró su habitación por última vez.
—Adiós, Ye Xiaoyu la estudiante pobre.
Salió al pasillo, cerrando la puerta tras de sí para siempre.
—Estoy lista, Maestro —dijo ella, bajando la cabeza con respeto.
Lin Xuan asintió.
—Vamos a casa.
Ambos bajaron las escaleras y desaparecieron en la noche.
Lin Xuan ahora tenía dos espadas en formación: Tang Yan, el Fénix de Hielo, y Ye Xiaoyu, la portadora del Cuerpo Sagrado Yin.
Su facción en la Tierra comenzaba a tomar forma, y el Torneo del Dragón Oculto se acercaba rápidamente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com