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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Capítulo 29 Lobos en la Puerta y la Mirada del Dios
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29: Capítulo 29: Lobos en la Puerta y la Mirada del Dios 29: Capítulo 29: Lobos en la Puerta y la Mirada del Dios La entrada de Chen Yurao a la arena fue un evento en sí mismo.

Caminando con la elegancia de una pantera y la dignidad de una reina, atrajo las miradas de todos los presentes.

Los jefes de clanes, los empresarios millonarios y los oficiales militares giraron la cabeza.

En el mundo subterráneo de la capital, ella era una leyenda: la “Viuda Negra” que mantenía el imperio de la Familia Chen con mano de hierro.

Sin embargo, hoy, las miradas no eran solo de admiración.

Había burla, codicia y una anticipación cruel.

Todos sabían que la Familia Chen estaba acorralada.

Chen Yurao ignoró los murmullos y guió a su grupo hacia la Zona VIP Este, un palco elevado con sillones de cuero y la mejor vista al lago.

Apenas se sentaron, una sombra bloqueó la entrada de su palco.

—Yurao, querida.

Te ves tan hermosa como siempre, aunque un poco pálida.

¿Has estado durmiendo mal pensando en tu inevitable derrota?

El que hablaba era un hombre joven de unos veinticinco años, vestido con un traje blanco extravagante y fumando un cigarro importado.

Tenía una cara atractiva pero arruinada por una expresión de arrogancia y lujuria desmedida.

Era Li Tianhao, el heredero de la Familia Li de la Provincia del Sur, la principal fuerza que estaba devorando el territorio de los Chen.

Chen Yurao no se levantó.

Cruzó las piernas elegantemente y lo miró con frialdad.

—Joven Maestro Li.

No sabía que los perros del sur ladraban tan lejos de casa.

¿Viniste a saludar o a buscar sobras?

Li Tianhao se rió, soltando humo hacia ella.

—Qué lengua tan afilada.

Me encanta.

Pero disfrútalo mientras puedas.

Esta vez, la Alianza de las Cinco Provincias te ha acorralado.

Se inclinó, bajando la voz para que solo ellos escucharan.

—El experto que traje del Sudeste Asiático, el Rey de Muay Thai, es alguien que ha matado con las manos desnudas a tigres en la selva.

Nadie en tu patética lista de empleados puede tocarlo.

Cuando pierdas hoy, perderás los puertos, los casinos y tu estatus.

Y entonces…

—Li Tianhao la miró de arriba abajo con una sonrisa obscena—, tendrás que venir a mi casa a servirme personalmente si quieres sobrevivir.

Chen Yurao apretó los puños, sus nudillos blancos, pero mantuvo la compostura.

—El resultado se verá en la arena.

Li Tianhao soltó una carcajada y luego, su mirada cayó sobre Lin Xuan, que estaba sentado relajadamente bebiendo un sorbo de té, y Tang Yan, que estaba de pie detrás de él como una estatua.

—¿Y estos quiénes son?

—Li Tianhao señaló a Lin Xuan con su cigarro, burlándose—.

No me digas que este flacucho es tu “experto”.

Parece un estudiante de secundaria que se perdió en la excursión.

¿O es tu nuevo juguete sexual, Yurao?

Realmente has bajado tus estándares.

Con ese cuerpo debilucho, se romperá con un soplo de viento.

En el instante en que las palabras salieron de su boca, la temperatura en el palco cayó diez grados bajo cero.

¡CRACK!

El reposabrazos de madera sólida que Tang Yan estaba rozando se convirtió en polvo de hielo.

Sus ojos de zafiro brillaron con una intención asesina tan pura y violenta que Li Tianhao sintió un escalofrío instintivo.

La mano de Tang Yan se movió hacia su cintura, lista para decapitar a este insolente en una fracción de segundo.

Para ella, insultar a su Maestro era un pecado digno de exterminio.

Pero Lin Xuan ni siquiera levantó la vista de su té.

No hubo reacción.

Ni un parpadeo.

Simplemente lo ignoró como un humano ignora el zumbido de un mosquito.

Al ver la inacción de su Maestro, Tang Yan se obligó a detenerse.

Respiró hondo, guardando su aura asesina, y volvió a su postura de guardia, aunque sus ojos seguían clavados en la garganta de Li Tianhao como dagas.

Ye Xiaoyu, sentada en la esquina, observó todo.

Vio la furia contenida de Tang Yan.

Vio cómo esa mujer, que parecía una diosa intocable, estaba dispuesta a convertirse en un demonio solo por una palabra contra Lin Xuan.

Y vio cómo se detuvo solo porque él no dio la orden.

“Eso es lealtad absoluta”, comprendió Ye Xiaoyu, sintiendo admiración y vergüenza de su propia debilidad.

“Por eso ella es la Primera Discípula.

Ella es su espada.

Yo…

solo soy alguien que limpia su casa.” Li Tianhao, ajeno a que estuvo a un segundo de morir congelado, se burló una última vez.

—Preparen los ataúdes.

Los necesitarán.

Se dio la vuelta y se fue hacia su propio palco, riendo con sus secuaces.

Cuando se fue, Chen Yurao exhaló el aire que había estado conteniendo.

Sus hombros se hundieron ligeramente, revelando por un segundo a la mujer asustada detrás de la máscara de reina.

—Señor Lin…

—susurró ella—.

Ese hombre, Li Tianhao, ha unido a las familias Liu, Zhang y Wang contra mí.

Si perdemos hoy, no solo perderé el negocio.

Me entregarán a ellos como trofeo de guerra.

Mi destino será…

peor que la muerte.

Ella miró hacia la arena, donde un hombre gigantesco de piel oscura y músculos como rocas (el luchador de Li Tianhao) estaba calentando, golpeando un pilar de concreto hasta agrietarlo.

—Ese es el experto.

Dicen que es una Santidad Marcial.

¿Realmente…

tenemos oportunidad?

Chen Yurao estaba temblando.

Lin Xuan dejó su taza de té sobre la mesa con un movimiento suave.

Giró la cabeza y la miró directamente a los ojos.

No dijo “te prometo que ganaré”.

No dijo “soy fuerte”.

Simplemente la miró con esa profundidad insondable, sus ojos negros como el vacío del espacio, transmitiendo una calma absoluta, una certeza que trascendía la arrogancia.

Era la mirada de un Dios viendo un juego de niños.

En esa mirada, Chen Yurao leyó un mensaje silencioso: “Mientras yo esté aquí, el cielo no puede caerse.” El pánico en el corazón de Chen Yurao se evaporó instantáneamente.

Una extraña paz la invadió.

Asintió, tragándose sus miedos.

—Confío en usted, Señor Lin.

En ese momento, un gong resonó en toda la isla, vibrando en los huesos de los espectadores.

Las luces se apagaron y un foco iluminó el centro de la arena.

Un presentador anciano, con túnicas tradicionales, caminó hacia el centro, su voz amplificada por Fuerza Interna resonando en cada rincón.

—¡Damas y caballeros!

¡Guerreros y magnates!

—gritó el anciano—.

¡Las disputas se resuelven con sangre!

¡El fuerte gobierna, el débil obedece!

¡Bienvenidos al Quincuagésimo Torneo del Dragón Oculto!

¡QUE COMIENCE LA MATANZA!

La multitud rugió.

La guerra había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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