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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 Puños de Algodón y una Maldición Oculta
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3: Capítulo 3: Puños de Algodón y una Maldición Oculta 3: Capítulo 3: Puños de Algodón y una Maldición Oculta El Parque del Lago Ming era un refugio de tranquilidad relativa en medio del caos urbano.

Los sauces llorones se mecían con la brisa nocturna, sus ramas rozando la superficie del agua oscura.

Lin Xuan caminaba por un sendero de piedra, su mente calculando frenéticamente planes para obtener recursos, cuando un sonido rítmico captó su atención.

Hoo…

Haa…

A unos cincuenta metros, en un claro iluminado por una farola solitaria, había tres personas.

Un anciano vestido con un traje tradicional de seda blanca se movía con una fluidez engañosa.

Sus manos trazaban arcos en el aire, empujando y tirando, practicando una forma de Tai Chi que, a simple vista, parecía contener una fuerza explosiva oculta.

A su lado, una chica joven de unos diecinueve años intentaba imitarlo.

Tenía una figura atlética y una coleta alta que rebotaba con cada golpe, su rostro perlado de sudor bajo la luz ámbar.

Vigilando a ambos como una torre de hierro, un hombre corpulento con traje negro y un auricular en la oreja permanecía inmóvil, sus ojos escaneando el perímetro con profesionalismo.

Lin Xuan se detuvo un momento, observando.

El anciano lanzó un golpe de palma hacia un árbol cercano.

Las hojas temblaron violentamente y un sonido sordo resonó en la madera.

—¡Abuelo, eso fue increíble!

—exclamó la chica, aplaudiendo con entusiasmo—.

¡Tu Palma del Dragón Errante es invencible!

Lin Xuan, que pasaba justo en ese momento, no pudo evitarlo.

—Pff…

Una risa se le escapó.

No fue una carcajada maliciosa, sino una reacción involuntaria, cargada de nostalgia y un poco de lástima.

Esa “Palma del Dragón Errante”…

En su vida pasada, antes de ascender, él había visto estilos similares.

Pero a los ojos del actual Rey Supremo, los movimientos del anciano estaban llenos de agujeros.

Su flujo de energía estaba fragmentado, su postura dejaba expuestos tres puntos vitales y, lo peor de todo, estaba forzando su energía vital (Jing) en lugar de nutrirla.

Era como ver a un niño intentando correr con los cordones atados.

Lin Xuan sacudió la cabeza y siguió caminando, sin intención de involucrarse.

Sin embargo, sus oídos captaron un movimiento rápido.

—¡Hey, tú!

¡Detente ahí!

La chica se había girado, sus ojos bonitos ahora llenos de ira.

Había escuchado esa risa despectiva.

Como la orgullosa nieta de la familia Tang, nadie se había atrevido jamás a burlarse de su abuelo en su presencia.

Lin Xuan se detuvo y se giró lentamente, su expresión tranquila como el agua estancada.

—¿Sí?

—¿De qué te reíste?

—La chica dio un paso adelante, señalándolo con un dedo acusador—.

Mi abuelo está practicando una técnica secreta de alto nivel.

Un ignorante como tú, que ni siquiera sabe pararse derecho, ¿se atreve a burlarse?

El anciano, que había detenido su práctica, miró a Lin Xuan con el ceño fruncido, pero no intervino, curioso por ver cómo reaccionaría el joven.

El guardaespaldas, por otro lado, tensó sus músculos, listo para atacar a la menor señal.iento Lin Xuan miró a la chica.

Luego miró al anciano.

—No me burlé —dijo Lin Xuan con indiferencia—.

Solo me pareció gracioso que llamen a eso “técnica secreta”.

A mis ojos, no son más que puños floreados y piernas bordadas.

Se ven bonitos, pero son inútiles para matar.

Y lo peor…

es suicida.

El silencio cayó en el claro.

Fue un silencio helado.

La cara de la chica se puso roja de furia.

¿Inútil?

¿Suicida?

—¡Atrevido!

—gritó ella—.

¡Si crees que son puños floreados, entonces pruébalos tú mismo!

Sin esperar la orden de su abuelo, la chica se lanzó hacia adelante.

Era rápida.

Para un humano normal, su velocidad sería borrosa.

Era una practicante del nivel de “Maestro Marcial”.

Su pierna derecha se disparó en una patada alta dirigida a la sien de Lin Xuan, cortando el viento con un silbido agudo.

El guardaespaldas sonrió con desdén.

Ese chico va a terminar en el hospital, pensó.

Pero Lin Xuan ni siquiera parpadeó.

En sus ojos, la patada de la chica venía en cámara lenta.

Podía ver el cambio en su centro de gravedad, la tensión en su cadera, el error en su equilibrio.

No necesitaba Qi.

No necesitaba fuerza bruta.

Solo necesitaba…

un paso.

Lin Xuan dio medio paso hacia la izquierda, con las manos aún en los bolsillos de su pantalón.

Whoosh.

La patada de la chica golpeó el aire vacío, pasando a milímetros de su nariz.

—Demasiado lento —dijo Lin Xuan suavemente.

La chica, sorprendida porque su ataque falló, intentó corregir su postura y lanzar un puñetazo de revés.

Pero antes de que pudiera cerrar el puño, Lin Xuan levantó un dedo y golpeó suavemente un punto específico en su hombro.

No usó fuerza, solo precisión quirúrgica en un nervio.

—¡Ah!

El brazo de la chica se entumeció instantáneamente.

Perdió el equilibrio y tropezó hacia adelante.

Lin Xuan simplemente se hizo a un lado, dejándola caer de bruces al suelo de manera poco elegante.

—¡Señorita!

—rugió el guardaespaldas.

El hombre corpulento, viendo a su protegida en el suelo, se lanzó como un oso enfurecido.

Su puño era del tamaño de un melón, cargado con la fuerza para romper ladrillos.

Un “Gran Maestro de Fuerza Externa”.

—¡Muere!

El puño venía directo a la cara de Lin Xuan.

Lin Xuan suspiró.

—Fuerza bruta sin cerebro.

En el último segundo, Lin Xuan estiró su mano pálida y delgada.

No bloqueó el puño; eso le habría roto los huesos de su débil cuerpo actual.

En su lugar, agarró la muñeca del guardaespaldas y giró su propio cuerpo, usando la inercia del hombre contra él.

Técnica Mortal: Desviación de las Cuatro Onzas.

Con un tirón fluido y una zancadilla oportuna, los 100 kilos de músculo del guardaespaldas volaron por el aire, trazando un arco perfecto sobre la cabeza de Lin Xuan, y se estrellaron contra el césped con un THUD que hizo temblar el suelo.

Todo sucedió en menos de diez segundos.

La chica estaba en el suelo, aturdida.

El guardaespaldas gemía, intentando recuperar el aliento.

Y Lin Xuan estaba de pie, sacudiéndose el polvo invisible de su ropa, tan tranquilo como si solo hubiera espantado una mosca.

—¡Alto!

El anciano gritó, su voz cargada de urgencia y conmoción.

Se adelantó rápidamente, pero no para atacar.

Sus ojos, que antes miraban con severidad, ahora brillaban con incredulidad y respeto.

Él era un experto.

Había visto claramente lo que pasó.

Ese joven no usó fuerza bruta.

Usó una comprensión del movimiento y la anatomía que superaba a cualquier Gran Maestro que él conociera.

—¡Xiao Yan, Ah Hu, deténganse!

—ordenó el anciano.

Luego, se volvió hacia Lin Xuan y juntó sus manos en un saludo marcial profundo, inclinando la cabeza—.

Este viejo tiene ojos pero no vio el Monte Tai.

Pequeño…

no, Gran Maestro, por favor perdone la rudeza de mi nieta.

Ella ha sido mimada y no conoce la inmensidad del cielo y la tierra.

Lin Xuan miró al anciano con calma.

No mostró arrogancia por la victoria, ni humildad por el halago.

—No importa —dijo Lin Xuan, dándose la vuelta para irse—.

Solo le di una lección.

Si fuera un enemigo real, ya estarían muertos.

—¡Espere, por favor!

—El anciano dio un paso adelante, desesperado—.

Lo que dijo antes…

dijo que mi técnica era suicida.

¿Por qué?

Lin Xuan se detuvo.

Giró la cabeza ligeramente y sus ojos se entrecerraron, activando por un segundo su visión espiritual remanente.

Bajo la piel del anciano, vio una masa de energía negra y purulenta enroscada alrededor de sus pulmones y corazón, como una serpiente venenosa que devoraba su vida poco a poco.

—No es tu técnica la que está mal, aunque es mediocre —dijo Lin Xuan sin piedad—.

Es que estás practicando un estilo de Fuego Yang cuando tus pulmones están llenos de una energía Yin Maldita.

El anciano se puso rígido como una estatua.

Su rostro perdió todo color.

—¿C-cómo…?

¿Cómo lo sabe?

—tartamudeó el anciano.

Ese era su secreto médico más profundo, algo que ni los mejores doctores de la capital habían podido diagnosticar, solo llamándolo “insuficiencia pulmonar”.

—Cada vez que usas tu Qi para golpear, esa maldición se alimenta.

Tienes dolor en el pecho a medianoche, toses sangre cuando llueve y tus piernas se entumecen al amanecer —recitó Lin Xuan con frialdad—.

A este ritmo, no vivirás para ver el próximo invierno.

El anciano tembló visiblemente.

Todo era cierto.

Lin Xuan entonces desvió su mirada hacia la chica, que se había levantado y lo miraba con una mezcla de miedo y curiosidad.

La observó, no por su belleza, sino por su estructura ósea y su aura latente.

Sus ojos brillaron con un interés real por primera vez.

—Y en cuanto a ella…

—Lin Xuan señaló a la chica—.

Es una pena.

Un desperdicio de talento celestial.

—¿Yo?

—La chica parpadeó, confundida.

—Tienes el Cuerpo de Jade de Hielo Yin.

—Lin Xuan sonrió levemente—.

Un físico raro, uno entre un millón.

Un cuerpo inmortal en potencia.

Pero tu abuelo te está enseñando artes marciales de fuego agresivo.

Es como echar agua fría en aceite hirviendo.

No solo estás arruinando tu futuro cultivo, sino que si sigues así, quedarás lisiada antes de los treinta años.

El anciano y la chica se quedaron boquiabiertos, clavados en su lugar.

Lin Xuan había soltado dos bombas que destrozaron su visión del mundo en un instante.

—Bueno, eso es todo —dijo Lin Xuan, reanudando su caminata—.

Considérenlo un consejo gratuito por las molestias.

Adiós.

Pero en su mente, Lin Xuan estaba contando hacia atrás.

Tres…

dos…

uno…

—¡Gran Maestro!

¡Por favor, sálveme!

El anciano cayó de rodillas, su orgullo olvidado, golpeando su frente contra el suelo.

Sabía que había encontrado a la única persona que podía ver la verdad.

Lin Xuan se detuvo y sonrió.

El pez había mordido el anzuelo.

—¿Salvarte?

—Lin Xuan se giró, su voz tomando un tono comercial—.

Mi consulta no es barata.

¿Puedes pagarla?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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