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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 El Corazón de la Sirvienta y la Barrera del Dios
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32: Capítulo 32: El Corazón de la Sirvienta y la Barrera del Dios 32: Capítulo 32: El Corazón de la Sirvienta y la Barrera del Dios En el palco VIP de la Familia Chen, la atmósfera estaba cargada de electricidad estática.

Ye Xiaoyu se aferraba al borde del asiento, sus ojos muy abiertos detrás de las gafas, incapaces de apartarse de la figura de Tang Yan en la arena.

Veía la elegancia letal, la fuerza que hacía temblar la tierra y, sobre todo, la libertad absoluta que emanaba de su “Hermana Mayor”.

Luego, miró a Lin Xuan.

Él estaba sentado tranquilamente, observando su obra maestra con una mirada crítica pero satisfecha.

El miedo que Ye Xiaoyu sentía hacia este mundo violento comenzó a transmutar.

El terror se convirtió en envidia.

Y la envidia, lentamente, se convirtió en un hambre voraz.

—Lo está haciendo bastante bien —dijo Lin Xuan, rompiendo el silencio, notando la mirada aterrorizada de Chen Yurao y la fascinación de Xiaoyu—.

No le di la técnica antes porque quería ver qué tanto podía entender en un momento de peligro mortal.

La iluminación nace al borde del abismo.

Lin Xuan tomó un sorbo de té.

—Aunque su comprensión de la técnica no llega ni al 2%, su poder ya es bastante decente para este plano mortal.

Se giró hacia Ye Xiaoyu, clavando sus ojos oscuros en ella.

—Xiaoyu.

¿Ves eso?

—Señaló la destrucción abajo—.

Para controlar ese tipo de poder, el cuerpo es secundario.

Primero se entrena el corazón y la determinación.

Sin una voluntad de acero, el poder te corromperá o te matará.

La voz de Lin Xuan fue suave pero penetrante.

—¿Ahora comprendes un poco del porqué tienes que empezar como sirvienta a mis órdenes?

No es para humillarte.

Es para que aprendas a bajar tu ego, a ser paciente y a observar.

Solo quien sabe servir con humildad puede gobernar con autoridad.

Ye Xiaoyu sintió que un rayo iluminaba su mente.

Miró sus propias manos, que hasta ayer solo sostenían libros y escobas.

Siempre se había sentido una víctima, lamentando su suerte.

Pero Tang Yan…

ella no esperaba.

Ella tomaba.

“Ser sirvienta no es un castigo,” pensó Ye Xiaoyu, su corazón latiendo con una nueva devoción.

“Es el fuego donde se forja la espada.

Si barro el suelo, barreré mi debilidad.

Si sirvo al Maestro, aprenderé su grandeza.

No quiero ser la princesa rescatada nunca más.

Quiero ser…

peligrosa.” Ella levantó la vista hacia Lin Xuan, sus ojos brillando con determinación.

—Entiendo, Maestro.

Barreré, cocinaré y esperaré.

Y cuando esté lista…

seré tu segunda espada.

Lin Xuan sonrió levemente.

La semilla estaba plantada.

En la arena, la batalla alcanzó su punto crítico.

Tang Yan vio una apertura.

Guo Yifan, jadeando y cubierto de escarcha, había dejado su costado derecho expuesto.

“¡Ahora!” pensó Tang Yan.

Se preparó para asestar el golpe final.

Pero entonces, el aire cambió.

El cuerpo de Guo Yifan comenzó a convulsionar.

Las venas de su cuello se volvieron negras.

—¡Jejeje…

jajaja!

—La risa de Guo Yifan sonó distorsionada—.

¿Crees que me has ganado, niña?

¡Yo sacrifiqué mi humanidad para obtener esto!

¡BOOM!

Una columna de energía negra y púrpura estalló desde el cuerpo de Guo Yifan.

No era Qi marcial.

Era una energía viscosa, fría y nauseabunda que olía a sangre vieja y locura.

La presión fue tan intensa que el suelo de la arena se pudrió al instante.

—¡Ahhh!

—En las gradas, los espectadores se agarraron la cabeza, sintiendo náuseas repentinas.

—¡Qué es eso!

—gritó un anciano maestro—.

¡Se siente maligno!

¡Es un arte demoníaca!

Tang Yan fue golpeada por la onda expansiva.

Sintió como si mil agujas se clavaran en su mente y cayó de rodillas, tosiendo sangre.

Su Qi de hielo fue suprimido.

Lin Xuan, en el palco, se inclinó hacia adelante, sus ojos entrecerrándose peligrosamente.

“Esa energía…” analizó Lin Xuan, reconociéndola al instante.

“Es Energía Divina Corrupta.

Es idéntica a la que emanaba de aquella esfera negra en la tumba donde encontré el esqueleto de la Supremacía del Cielo.” Su mente trabajó rápido.

“¿Cómo es que un simple mortal tiene acceso a este poder?

¿Acaso encontró otra tumba similar?

¿O hay otra grieta en este planeta por donde se filtra esta suciedad?” Abajo, Guo Yifan, ahora rodeado de un aura monstruosa, levantó su puño mutado.

—¡Muere, perra!

Tang Yan miró hacia arriba, paralizada.

“Maestro…

ayúdame…” Pero Lin Xuan no bajó.

En su lugar, una voz resonó directamente dentro del cráneo de Tang Yan.

Fría e imperiosa.

“¿Vas a rendirte ante un poco de oscuridad?

Tu cuerpo es el Fénix de Hielo.

El hielo no teme a la oscuridad; la congela.” Tang Yan abrió los ojos de golpe.

“Desata tu fuerza,” continuó la voz de Lin Xuan.

“Sé que has estado reprimiendo el 30% para no dañar tus meridianos.

Olvida las consecuencias.

¡Usa el Tercer Movimiento!

¡Congelalo todo!” Y la orden final: “Destrózalo por completo.” El miedo de Tang Yan se evaporó.

—¡AHHHHHH!

Gritó, liberando el sello de su Dantian.

Toda su esencia vital se convirtió en Qi.

Su cabello se volvió completamente azul hielo.

—¡Arte Divino del Loto de Escarcha, Tercer Movimiento: Lamento del Fénix Invernal!

Detrás de ella, la imagen fantasma de un Fénix de Hielo gigante apareció, chillando hacia los cielos.

Guo Yifan, enloquecido, rugió y lanzó un golpe devastador cargado de oscuridad.

—¡MATAR!

Tang Yan se lanzó hacia él.

¡KABOOOOOM!

Las dos energías colisionaron.

La luz cegadora devoró todo.

La onda de choque fue apocalíptica.

Rocas del tamaño de coches salieron volando como proyectiles hacia las gradas VIP.

—¡Vamos a morir!

—gritaron los magnates, viendo la muerte acercarse.

Pero el impacto nunca llegó.

Lin Xuan se había puesto de pie en su palco.

Con una expresión de aburrimiento total, levantó su mano derecha y empujó suavemente el aire hacia abajo.

—Quietos.

¡ZUM!

Una barrera dorada translúcida apareció de la nada, cubriendo todas las gradas como una cúpula celestial.

Los escombros mortales y la energía destructiva chocaron contra la barrera de Lin Xuan y se desintegraron en polvo inofensivo.

El silencio cayó sobre el lago.

Lentamente, los espectadores abrieron los ojos.

Vieron la cúpula dorada que los había salvado.

Y luego, todos los ojos se giraron hacia el palco de la Familia Chen.

Vieron a un joven delgado, de pie con una mano extendida, mirando la destrucción con indiferencia divina.

Nadie sabía quién ganó la pelea abajo todavía.

Pero todos entendieron una cosa: La Familia Chen y la Familia Tang ya no eran simples clanes mortales.

Tenían a un Dios protegiéndolos.

Y a partir de hoy, en toda China, sus nombres debían ser pronunciados con la cabeza baja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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