El Dios Urbano del Origen - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 Capitulo 36 La Pesadilla de la Excursión y la Furia del Hermano Mayor
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36: Capitulo 36: La Pesadilla de la Excursión y la Furia del Hermano Mayor 36: Capitulo 36: La Pesadilla de la Excursión y la Furia del Hermano Mayor El Bentley negro se deslizaba suavemente por la autopista interestatal hacia Jiangbei.
Dentro, el ambiente era tranquilo.
Tang Yan conducía con destreza, Ye Xiaoyu miraba el paisaje rural pasar, y Lin Xuan descansaba en el asiento trasero con los ojos cerrados, meditando para estabilizar su recién refinada base.
Para Lin Xuan, este viaje era una formalidad necesaria.
Su mente estaba en cosas más grandes, pero su corazón mortal aún tenía lazos que no podía cortar.
Sin embargo, a mitad del camino, en un tramo solitario de la carretera rodeado de bosques, el destino decidió cruzarse en su camino.
A unos cientos de metros delante de ellos, vieron una escena caótica.
Un autobús escolar amarillo había sido interceptado y obligado a orillarse contra la barandilla de seguridad por dos camionetas blindadas negras que lo habían golpeado repetidamente hasta detenerlo.
Hombres encapuchados bajaron de las camionetas, armados con bastones de metal y cuchillos.
Rompieron la puerta del autobús y comenzaron a sacar a rastras a los pasajeros: adolescentes de entre 12 y 15 años, estudiantes de secundaria en una excursión escolar.
—Delincuentes comunes secuestrando niños —murmuró Ye Xiaoyu, asustada, llevándose una mano a la boca—.
Maestro, ¿deberíamos ayudar?
Lin Xuan ni siquiera abrió los ojos.
Para el Supremo, las tragedias mortales ocurrían cada segundo en el universo.
No era un héroe de la justicia.
—Ignóralos.
Rodéalos y sigue conduciendo —ordenó Lin Xuan con indiferencia—.
No tengo tiempo para jugar al policía hoy.
Tang Yan asintió, obediente a su Maestro, y giró el volante para pasar por el carril de emergencia.
Pero mientras el Bentley pasaba lentamente junto al autobús, una curiosidad instintiva hizo que Lin Xuan extendiera su Sentido Divino una fracción de segundo, solo para escanear la situación por aburrimiento.
La onda invisible atravesó el metal del autobús.
Y entonces, el corazón de Lin Xuan se detuvo.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Las pupilas doradas desaparecieron, reemplazadas por un rojo sangre aterrador.
¡BOOM!
Una sed de sangre tan densa, fría y pesada como el fondo del océano estalló dentro del auto.
El aire se volvió irrespirable.
Tang Yan sintió que sus manos se congelaban en el volante y Ye Xiaoyu se agarró la garganta, sintiendo que se asfixiaba por la pura presión asesina que emanaba de Lin Xuan.
—Maestro…
¿q-qué pasa?
—jadeó Tang Yan, frenando el auto en seco instintivamente.
Lin Xuan miraba el autobús con una expresión que podría haber congelado el infierno.
—¡Es ella!
—rugió Lin Xuan—.
¡Detén el auto!
Su mente fue bombardeada por un recuerdo de su vida pasada que había reprimido bajo capas de tiempo.
El cumpleaños 80 del Abuelo…
En su vida anterior, ese día no solo fue marcado por la humillación de sus padres.
Fue el día en que su hermana menor, Lin Xue, llegó a la fiesta arrastrándose, cubierta de sangre y con la ropa rasgada.
Había estado en una excursión escolar.
Un grupo de mercenarios secuestró el autobús.
Sus compañeros de clase intentaron defenderla y varios fueron asesinados frente a sus ojos.
Ella logró escapar por un milagro, corriendo kilómetros por el bosque hasta llegar a la casa ancestral de los Lin, moribunda.
Lin Xuan recordaba vívidamente a sus padres arrodillados frente al Abuelo Lin y a sus tíos, suplicando ayuda para buscar a los secuestradores y salvar a su hija.
Y recordaba la respuesta fría de su tío mayor: “¿Movilizar a la familia por esa bastarda?
Tu regalo de cumpleaños es basura, y tu hija es irrelevante.
No desperdiciaremos recursos.” Ese día, la inocencia de Lin Xue murió.
“¡Es hoy!” pensó Lin Xuan, temblando de rabia pura.
“¡Es este maldito momento!
¡Casi lo olvido!” —Tang Yan —la voz de Lin Xuan era un susurro gutural que prometía muerte—.
Sal ahí.
Señaló el autobús donde los hombres estaban golpeando brutalmente al conductor.
—Ese autobús…
mi hermana pequeña está ahí.
Tang Yan y Ye Xiaoyu abrieron los ojos con horror.
¡La hermana del Maestro!
—¡Salva a todos!
—ordenó Lin Xuan—.
No mates a los secuestradores todavía.
Rómpeles los huesos, déjalos inválidos, pero quiero que puedan hablar.
¡VE!
—¡Sí, Maestro!
Tang Yan salió del auto como un rayo azul.
Ya no era la CEO tranquila.
Era una tigresa protegiendo a la familia de su señor.
Llegó a los secuestradores en un segundo.
¡CRACK!
¡BAM!
—¡¿Quién eres?!
—gritó uno de los encapuchados antes de que una patada reforzada con Qi le rompiera las costillas y lo enviara a volar contra el guardarraíl.
Tang Yan se movió entre ellos como un fantasma.
Era intocable.
Cada golpe suyo rompía brazos y piernas con precisión quirúrgica.
En diez segundos, los ocho secuestradores estaban en el suelo, retorciéndose de dolor, incapaces de levantarse.
El camino quedó despejado.
Lin Xuan bajó del auto.
Caminó hacia el autobús con pasos pesados, ignorando a los matones que gemían en el suelo.
Subió los escalones de la entrada.
El interior era un caos de mochilas tiradas y adolescentes llorando.
—¡Xue’er!
—llamó Lin Xuan, su voz temblando ligeramente.
Nadie respondió al principio.
Lin Xuan caminó por el pasillo.
Su Sentido Divino le dijo exactamente dónde estaba.
Llegó a los asientos traseros.
Allí, en el rincón más oscuro, hecha un ovillo debajo de un asiento, estaba una niña de quince años.
Tenía el uniforme escolar sucio y el cabello desordenado.
Su rostro estaba hinchado por los golpes.
Tenía un ojo morado y sangre en la nariz.
Los secuestradores la habían identificado y golpeado específicamente a ella para someterla primero, ignorando a los demás.
—No…
no me peguen…
—sollozó la niña, cubriéndose la cabeza con las manos al ver los zapatos de Lin Xuan—.
Por favor…
ya no…
haré lo que digan…
El corazón de Lin Xuan se estrujó.
Esta vez, gracias a que él estaba aquí, ninguno de sus compañeros había muerto defendiéndola.
Pero el terror y el dolor eran reales.
La habían torturado psicológicamente.
Se arrodilló lentamente y extendió la mano, tocando suavemente su cabeza.
—Xue’er.
Soy yo.
Soy tu hermano.
La niña se congeló.
Lentamente, bajó las manos y levantó la vista con su ojo sano.
Al ver el rostro familiar de Lin Xuan, lleno de dolor y preocupación, la presa de sus emociones se rompió.
—¡Hermano!
—gritó ella con un llanto desgarrador.
Se lanzó a sus brazos, aferrándose a su chaqueta como si fuera su única tabla de salvación en un mar de monstruos.
—¡Tenía miedo!
¡Preguntaron por mi nombre!
—lloraba Lin Xue contra su pecho, empapando su camisa—.
¡Sabían quién era yo!
¡Dijeron que le enseñarían una lección a papá a través de mí!
Lin Xuan la abrazó con fuerza, envolviéndola en una capa de Qi cálido para calmar su dolor y comenzar a sanar sus heridas internas.
Sus ojos, mirando por encima de la cabeza de su hermana, brillaban con una promesa de aniquilación.
“Preguntaron por su nombre…
Lección a papá…” Eso confirmaba todo.
No fue un secuestro al azar por dinero.
Fue un ataque dirigido.
Alguien quería destruir a su padre justo antes del cumpleaños.
Lin Xuan se levantó, cargando a su hermana en brazos como si fuera una pluma.
Bajó del autobús, donde los estudiantes lo miraban como a un salvador divino.
Afuera, Tang Yan tenía a los secuestradores apilados.
—Maestro —dijo Tang Yan, viendo el estado de la niña—.
¿Cuáles son sus órdenes?
Lin Xuan acarició la espalda de su hermana, que seguía temblando.
—Llama a Chen Yurao.
Llama a la Alianza Marcial —dijo Lin Xuan, y su voz era tan fría que las hojas de los árboles cercanos se marchitaron—.
Diles que envíen un equipo de interrogatorio experto ahora mismo.
Quiero saber quién los contrató.
Miró a los hombres en el suelo con desprecio absoluto.
—Quiero nombres.
Quiero saber qué familia se atrevió a tocar a mi hermana.
Y quien sea que esté detrás de esto…
sufrirá consecuencias que harán que el infierno parezca un paraíso.
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