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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 Capítulo 38 Lágrimas en el Umbral y la Magia del Hermano Mayor
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38: Capítulo 38: Lágrimas en el Umbral y la Magia del Hermano Mayor 38: Capítulo 38: Lágrimas en el Umbral y la Magia del Hermano Mayor La puerta de madera vieja se abrió con un chirrido familiar que Lin Xuan no había escuchado en eones.

Una mujer de mediana edad, con el cabello atado en un moño sencillo y un delantal de cocina manchado de harina, apareció en el umbral.

Tenía arrugas prematuras alrededor de los ojos, marcas de años de preocupación y trabajo duro, pero su sonrisa era la misma que iluminaba los recuerdos más profundos del Supremo.

—¿Xuan’er?

—Su madre, Li Xiulan, se limpió las manos en el delantal y abrió los ojos con sorpresa y alegría—.

¡Hijo!

¡Realmente llegaste!

Detrás de ella, un hombre con gafas de lectura y un periódico en la mano se levantó del sofá.

Era su padre, Lin Wentao.

Aunque su espalda estaba un poco encorvada por el peso de ser la “vergüenza” de la familia Lin, sus ojos brillaban con orgullo al ver a su hijo.

—¡Papá, Mamá!

—dijo Lin Xuan.

Por un segundo, la máscara del Dios Urbano, del asesino de Santidades Marciales y del líder de la Alianza, se rompió.

Lin Xuan sintió un nudo en la garganta.

Sus ojos se humedecieron ligeramente.

Para ellos, solo habían pasado unos meses desde que se fue a la universidad.

Pero para él…

habían sido millones de años de soledad, guerras estelares y cultivo en el vacío.

Había soñado con este momento a través de eras enteras.

Rápidamente, parpadeó para disipar las lágrimas y mostró una sonrisa cálida y juvenil.

—He vuelto.

—¡Mírate!

Estás más alto, ¿y qué es esa ropa?

—Su madre lo abrazó, oliendo a aceite de cocina y amor—.

Entra, entra.

Fue entonces cuando notaron a las personas detrás de él.

—Oh…

—Li Xiulan se detuvo al ver a Tang Yan y Ye Xiaoyu.

Ambas eran excepcionalmente hermosas.

Tang Yan tenía un aire de nobleza que intimidaba, y Ye Xiaoyu parecía una muñeca delicada—.

¿Ellas son…?

—Mamá, Papá, les presento a mis compañeras de clase —dijo Lin Xuan, haciéndose a un lado—.

Ella es Tang Yan y ella es Ye Xiaoyu.

Vinieron a visitar Jiangbei y se quedarán unos días.

—¡Hola, tíos!

—dijo Ye Xiaoyu con una sonrisa dulce, inclinándose.

Tang Yan, luchando contra el instinto de arrodillarse ante los “Padres del Supremo”, hizo una reverencia rígida pero respetuosa.

—Es un honor conocerlos…

eh…

Señor y Señora Lin.

Soy amiga de Lin Xuan.

—¡Cielos, qué chicas tan guapas!

—Li Xiulan se puso nerviosa, alisándose el delantal—.

Pasen, la casa es pequeña y está desordenada, no esperábamos visitas tan elegantes.

—Y también…

—Lin Xuan empujó suavemente a Lin Xue hacia adelante—.

Miren a quién me encontré en la carretera.

—¡Xue’er!

—Lin Wentao se sorprendió—.

¿No estabas en la excursión escolar?

—El autobús se descompuso en la autopista, papá —dijo Lin Xue, recitando la mentira que su hermano le había dicho—.

Estuvimos varados horas bajo el sol.

Por suerte, Lin Xuan y sus amigas pasaban por ahí y me rescataron.

—¡Ay, mi niña!

—La madre la abrazó—.

Con razón te ves tan despeinada.

Qué suerte, qué suerte.

Una vez dentro, la casa se sentía acogedora pero apretada.

Muebles viejos, fotos familiares en las paredes y el olor a estofado de cerdo.

Lin Xuan sacó la caja de madera de su bolsillo.

—Papá, esto es para ti.

—Le entregó el Jade de la Eterna Primavera—.

Sé que el cumpleaños del abuelo es pasado mañana, pero quería darte esto primero.

Úsalo.

Dicen que el jade trae buena salud.

Lin Wentao abrió la caja.

Vio el disco de jade blanco, simple y sin adornos lujosos.

—Hijo…

esto se ve caro.

¿De dónde sacaste dinero?

—Lo encontré en un mercado de antigüedades en la capital —mintió Lin Xuan con naturalidad—.

El vendedor no sabía lo que tenía y me lo dejó a precio de ganga.

Es una baratija, pero me gustó para ti.

Póntelo.

Lin Wentao, confiando en su hijo, sacó el jade y se lo colgó al cuello.

En el instante en que la piedra tocó su piel, una corriente cálida invisible recorrió su columna vertebral.

El dolor crónico en su espalda baja, causado por años de trabajo de oficina en mala postura, se alivió instantáneamente.

Su mente se aclaró.

—Vaya…

—Lin Wentao se frotó el pecho, sorprendido—.

Tienes buen ojo, hijo.

Se siente…

tibio.

Gracias.

Lin Xuan sonrió internamente.

Solo espera, papá.

En unos días, tendrás la fuerza de un toro.

La noche cayó.

La casa solo tenía tres habitaciones.

La de los padres, la de Lin Xuan y la de Lin Xue.

—Tang Yan y Ye Xiaoyu pueden dormir en mi habitación —ofreció Lin Xue—.

Yo dormiré con mamá.

Al final, Tang Yan y Ye Xiaoyu se acomodaron en la pequeña habitación de Lin Xue, maravilladas por la sencillez de la vida mortal de su Maestro.

Medianoche.

Lin Xuan estaba sentado en su vieja cama, mirando los posters de bandas de rock y estrellas de baloncesto que adornaban las paredes de su yo adolescente.

La puerta se abrió con un chirrido suave.

Lin Xue entró de puntillas, cerrando la puerta tras de sí.

Se sentó en el borde de la cama, mirando a su hermano con una mezcla de adoración y duda.

—Hermano…

—susurró ella—.

Papá y mamá se creyeron lo del autobús.

Pero yo sé la verdad.

Lin Xuan la miró.

—¿Qué verdad?

—Vi lo que hiciste —dijo ella, sus ojos brillando en la oscuridad—.

Vi cómo esos hombres volaron por el aire.

Vi cómo esa mujer hermosa, Tang Yan, te obedecía como si fueras un general.

Y vi cómo la gente de los autos negros se arrodillaba ante ti.

Ella apretó las sábanas.

—Tú no eres solo un estudiante, hermano.

Antes…

eras tímido.

Lloraste cuando Su Qing te rechazó.

Pero ahora…

das miedo.

Pero un miedo que me hace sentir segura.

¿Qué te pasó en la capital?

Lin Xuan suspiró.

Sabía que no podía ocultárselo a ella, no después de que lo vio en acción.

Pero la verdad de la reencarnación era demasiado pesada.

—Xue’er, tienes razón.

He cambiado.

Lin Xuan levantó su mano derecha.

—En la capital, conocí a un anciano.

Un maestro ermitaño que vive oculto en la ciudad.

Él vio potencial en mí.

Me tomó como su discípulo y me enseñó cosas que la ciencia no puede explicar.

—¿Cosas como Kung Fu?

—preguntó ella.

—Más que eso.

Se llama Cultivo.

Es el arte de evolucionar el cuerpo y el espíritu para tocar lo divino.

—¿No me mientes?

Lin Xuan sonrió.

—Mira.

Chasqueó los dedos.

¡Fwoosh!

Una pequeña bola de fuego dorado, del tamaño de una nuez, apareció flotando sobre su dedo índice.

No quemaba, pero iluminaba toda la habitación con una luz cálida y mágica, haciendo bailar las sombras de los posters en las paredes.

Luego, movió la mano y la bola de fuego se transformó en un pequeño pájaro de luz que voló alrededor de la cabeza de Lin Xue, piando suavemente antes de desvanecerse en chispas.

Lin Xue se quedó boquiabierta, con los ojos reflejando las chispas doradas.

—¡Es…

es magia real!

¡Como en las películas!

Miró a su hermano como si fuera un dios bajado del cielo.

Todo tenía sentido ahora.

Por eso era fuerte.

Por eso era rico.

Por eso Tang Yan lo respetaba.

—Hermano…

—Lin Xue agarró su brazo con emoción, su miedo del secuestro completamente olvidado—.

Tú…

¿tú mandas sobre esa gente poderosa porque eres un mago?

—Un Cultivador —corrigió él—.

Y sí.

En ese mundo, la fuerza es la ley.

Y yo soy fuerte.

Lin Xue tragó saliva.

Pensó en su propia debilidad, en cómo se sintió impotente en el autobús, en cómo siempre se burlaban de su familia.

Miró la mano de su hermano, donde la magia había bailado.

—Hermano…

—preguntó ella con voz temblorosa pero llena de esperanza—.

Yo…

¿yo también puedo aprender?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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