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El Dios Urbano del Origen - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 Capítulo 39 El Destino es Basura y la Leyenda de la Supremacía del Cielo
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39: Capítulo 39: El Destino es Basura y la Leyenda de la Supremacía del Cielo 39: Capítulo 39: El Destino es Basura y la Leyenda de la Supremacía del Cielo La habitación estaba en silencio, solo iluminada por el tenue resplandor de la luna que entraba por la ventana y las partículas de magia residual que Lin Xuan acababa de mostrar.

Lin Xue miraba a su hermano con ojos llenos de esperanza, sus manos apretadas sobre su regazo.

La pregunta flotaba en el aire: ¿Yo también puedo aprender?

Lin Xuan sonrió suavemente, pero su mente estaba calculadora.

—El camino del cultivo no está cerrado para nadie, Xue’er.

Pero qué tan lejos llegues depende de tu talento innato.

Dame tu mano.

Lin Xue extendió su muñeca.

Lin Xuan colocó dos dedos sobre su pulso y envió una hebra de su Qi Dorado para explorar su cuerpo.

Cerró los ojos.

La hebra recorrió los meridianos de su hermana, buscando la “Raíz Espiritual” o alguna constitución especial oculta.

Un segundo.

Diez segundos.

Un minuto.

El rostro de Lin Xuan se mantuvo impasible, pero internamente suspiró con decepción.

Bloqueo total.

Sus meridianos eran estrechos y frágiles, llenos de impurezas mortales.

Su Dantian era sólido como una roca, incapaz de almacenar energía.

No había Constitución Sagrada, ni Raíz Espiritual, ni siquiera una afinidad elemental básica.

En términos del Mundo del Cultivo, Lin Xue era un “Desperdicio Marcial”.

Si intentara cultivar, le tomaría cien años lograr lo que Tang Yan logró en un día.

Lin Xuan retiró su mano y abrió los ojos.

Lin Xue, viendo que la sonrisa de su hermano había desaparecido, sintió que su corazón se hundía.

—Hermano…

¿qué pasa?

¿No tengo talento?

Lin Xuan decidió no mentirle.

Ella necesitaba saber la verdad para valorar el milagro que estaba por venir.

—Xue’er, seré honesto.

Tu cuerpo…

es el de un mortal común.

No tienes raíces espirituales.

Tus canales de energía están cerrados.

Los ojos de Lin Xue se llenaron de lágrimas.

Bajó la cabeza, avergonzada.

—Lo sabía…

siempre fui torpe para los deportes y para todo.

Solo soy una carga.

Tang Yan y Xiaoyu son especiales, pero yo…

yo solo soy normal.

La habitación se llenó de una tristeza pesada.

Pero entonces, una risa suave rompió el silencio.

—¿Por qué lloras, tonta?

—Lin Xuan le revolvió el cabello—.

Dije que no tienes talento “según las reglas del Cielo”.

Pero…

¿desde cuándo tu hermano sigue las reglas?

Lin Xue levantó la vista, confundida.

Lin Xuan se puso de pie y caminó hacia la ventana, mirando las estrellas.

Su aura cambió.

Ya no era el hermano cariñoso, sino el Supremo que miraba el universo desde arriba.

—Xue’er, el talento es una excusa para los débiles.

Para los mediocres, el destino es una pared.

Para mí…

el destino es solo arcilla que puedo moldear a mi antojo.

Se giró hacia ella, sus ojos brillando con una intensidad aterradora.

—Escucha bien.

El universo es vasto.

Existen Cuatro Grandes Planos de Existencia.

Levantó un dedo.

—Primero, el Plano Mortal, donde estamos ahora.

Aquí la gente vive cien años y muere.

Son polvo.

Levantó el segundo.

—Encima está el Plano Inmortal.

Allí, los seres vuelan, mueven montañas y viven millones de años.

Levantó el tercero.

—Luego, el Plano Divino.

Donde residen los Dioses Verdaderos, seres que crean leyes y controlan la realidad.

Y finalmente, levantó el cuarto dedo, cerrando el puño.

—Y en la cima…

está el Plano Supremo.

Lin Xuan miró a su hermana.

—Yo he estado en la cima de todo eso.

He visto imperios galácticos arder y estrellas nacer.

Para alguien como yo, el hecho de que no tengas talento es un problema tan pequeño como un grano de arena.

—¿Entonces…

puedes ayudarme?

—preguntó ella, sin entender la magnitud de lo que él decía, pero sintiendo la grandeza de sus palabras.

—No solo “ayudarte”.

Voy a reescribir tu existencia.

Lin Xuan tocó su Anillo Espacial.

Su mente voló hacia el esqueleto de cristal que reposaba dentro.

El Esqueleto de la Supremacía del Cielo (Inmortal de Rango 9).

Esos huesos contenían la esencia pura de un ser que estaba a medio paso de la Divinidad.

Originalmente, Lin Xuan planeaba usar esos huesos para construir su propio Altar de Cimiento Espiritual.

Era el material perfecto para su propia ascensión.

Si lo usaba en su hermana, él perdería ese recurso invaluable.

Tendría que retrasar su avance al siguiente reino hasta encontrar otro cuerpo inmortal, lo cual en la Tierra podría tardar años…

o nunca suceder.

¿Vale la pena retrasar mi regreso al trono por una mortal?

se preguntó Lin Xuan.

Miró a Lin Xue.

Vio sus ojos rojos, su vulnerabilidad, y recordó cómo ella se aferró a él en el autobús.

Ella era su sangre.

Su única hermana.

“A la mierda el trono.

A la mierda la velocidad,” decidió Lin Xuan con una sonrisa arrogante.

“Si soy el Supremo, puedo encontrar otro esqueleto.

Puedo matar a un Dios si es necesario para robarle los huesos.

Pero no puedo reemplazar a mi hermana.” —Xue’er —dijo Lin Xuan solemnemente—.

Tengo un objeto.

Es el cadáver de un ser antiguo, un experto del Nivel de Supremacía del Cielo.

Un ser tan poderoso que un solo suspiro suyo podría destruir este planeta.

Lin Xue jadeó.

¿Un cadáver extraterrestre?

—Voy a tomar esos huesos inmortales, voy a triturarlos y voy a usar una técnica prohibida para fusionarlos con tu cuerpo.

Voy a arrancar tus huesos mortales inútiles y reemplazarlos con una Constitución de Jade Inmortal.

Lin Xuan se acercó a ella y la tomó de los hombros.

—Te convertiré en un genio artificial.

Tu talento superará a Tang Yan, superará a Xiaoyu y superará a cualquier ser nacido en la Tierra.

Pero te advierto: el proceso será doloroso.

Sentirás como si te quemaras viva y te rompieran en pedazos una y otra vez.

La miró fijamente.

—¿Estás dispuesta a soportar el dolor del infierno para dejar de ser débil?

Lin Xue tembló.

La descripción era aterradora.

Pero luego recordó las burlas de sus tíos.

Recordó la mirada de desprecio de los secuestradores.

Recordó a sus padres humillados.

Sus ojos cambiaron.

El miedo se convirtió en acero.

—Hazlo, hermano —dijo ella con voz firme—.

No me importa el dolor.

No quiero ser una carga nunca más.

Quiero ser fuerte para proteger a papá y mamá…

y para estar a tu lado.

Lin Xuan sonrió con orgullo.

—Esa es mi hermana.

—Prepárate —dijo Lin Xuan—.

Mañana, mientras todos estén ocupados con los preparativos de la fiesta, tú y yo haremos el ritual.

Voy a robarle la suerte a los cielos para dártela a ti.

Lin Xue asintió, sellando su destino.

No sabía que esa decisión le costaría a su hermano su recurso más preciado, pero Lin Xuan jamás se lo diría.

Para el Supremo, la familia valía más que cualquier tesoro inmortal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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