El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 108
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108: Capítulo 108: Su equipaje estaba lleno de la ropa de él 108: Capítulo 108: Su equipaje estaba lleno de la ropa de él No había ni rastro de Jace en primera clase, a pesar de que Ruby llevaba un buen rato esperando.
No fue hasta que el avión despegó que se dio cuenta de que él no estaba allí.
En su lugar, una rápida mirada a su lado reveló a Quentin, con los ojos cerrados como si intentara echar una siesta.
Lo reconoció: era el chico que le llevaba comida a Nerissa al hospital con regularidad.
Estaba claro que eran más que amigos.
Los ojos de Ruby se iluminaron mientras se inclinaba ligeramente hacia él.
—¿Oye, no eres el novio de Nerissa?
Los ojos de Quentin se abrieron de golpe y se clavaron en el rostro de ella con una mirada de curiosidad.
—¿Y tú eres?
Echándose el pelo detrás de la oreja, Ruby se quitó las gafas de sol y le tendió la mano con naturalidad.
—Ruby Sullivan, del St.
Verena General.
Te he visto antes, cuando le ponía el suero a Nerissa.
Le llevabas la comida todos los días.
Quentin le dio un breve y educado apretón de manos.
—Encantado de conocerte.
Quentin Lowell.
Así que se llamaba Quentin.
Ruby anotó mentalmente el nombre.
Por ahora, decidió no sacar a relucir la sospechosa situación de Nerissa y sus dobles citas.
Era mejor guardar ese tipo de trapos sucios para el momento perfecto; preferiblemente, uno que de verdad le diera donde más le duele.
Y, claramente, ese momento no era ahora.
Al ver que tenían una conexión mutua a través de Nerissa, Quentin hizo una pausa antes de hablar.
—De hecho, señorita Sullivan, ¿le importaría si le pido un pequeño favor?
—Tú dirás —dijo Ruby, enarcando una ceja—.
Si puedo ayudar, claro, por qué no.
Quentin dudó un momento, y entonces dijo: —Mi novia, Nerissa, está en clase turista.
En realidad, es la primera vez que vuela y estoy un poco preocupado.
¿Podría pedirle que le cambie el asiento?
¿Para que pueda sentarse a mi lado?
Se lo compensaría con creces: el doble del precio del billete.
Ante eso, la sonrisa de Ruby se apagó visiblemente.
¿Ceder su asiento de primera clase…
por esa chica tan sosa de Nerissa?
Sí, claro, ni hablar.
Sinceramente, la idea de que Nerissa estuviera apretujada y sola en clase turista hacía que Ruby se sintiera un poco mejor.
Forzó una sonrisa educada.
—Lo siento, señor Lowell.
Me temo que no va a poder ser.
Nunca he volado en clase turista; los espacios reducidos no son lo mío.
Esa parte, en realidad, era cierta.
A Ruby la habían mimado toda su vida; los asientos estrechos y los reposabrazos compartidos eran inaceptables.
Si fuera Jace quien estuviera sentado a su lado, podría habérselo planteado…, pero estaba claro que no era el caso.
Demonios, ella misma cambiaría su asiento para sentarse junto a Jace si pudiera.
Quentin vio que no iba a ceder y no tuvo más remedio que rendirse.
—De acuerdo, disculpe las molestias.
*****
Varias horas después, el avión aterrizó.
Nerissa se aseguró de no cruzarse con Jace y salió disparada del avión en cuanto tomaron tierra.
Ella y Quentin corrieron a la zona de recogida de equipajes para coger sus maletas facturadas.
En cuanto la cinta transportadora empezó a girar, Nerissa localizó rápidamente su nueva y elegante maleta negra.
Quentin la levantó de la cinta por ella y salieron juntos del aeropuerto.
Ya había alguien esperándolos.
Justo cuando Nerissa salió, vislumbró a otro grupo en la zona de llegadas que sostenía una gran pancarta.
Tenía algo escrito sobre un hospital en Caelisia; claramente, era para Jace y su equipo.
Apartó la mirada rápidamente y se subió al coche con Quentin.
Para cuando llegaron al hotel, el cielo ya había empezado a oscurecer.
Cenaron abajo, en el restaurante del hotel.
Después de comer, la noche ya había caído por completo.
Tras un día largo y agotador, un atisbo de cansancio se reflejaba en el rostro de Nerissa.
Quentin le sugirió que se fuera a descansar pronto y que mañana irían a la obra.
Ella asintió y subió con él.
Sus habitaciones estaban una al lado de la otra, lo que facilitaba el contacto si surgía algo.
Eso le dio a Nerissa una agradable sensación de seguridad en un país extranjero.
Una vez en su habitación, echó un vistazo a su alrededor.
Resultó ser una suite, bastante espaciosa y bien equipada.
Incluso había un pequeño balcón al aire libre y una piscina privada.
El baño tenía una gran bañera de lujo; sin duda, más elegante que cualquier sitio en el que se hubiera alojado antes.
Llenó la bañera con cuidado con agua caliente, preparándose para disfrutar de un buen baño.
Entonces abrió la maleta para coger el pijama…
y se quedó completamente helada al ver lo que había dentro.
El contenido estaba perfectamente ordenado…
y todo pertenecía a un hombre.
Había camisas, pantalones, cosas en los compartimentos laterales como una cuchilla de afeitar, un paquete de cigarrillos, corbatas e incluso un cinturón…
Un momento.
¿Por qué ese cinturón le resultaba familiar?
Nerissa se quedó mirándolo un rato, intentando hacer memoria.
Entonces, un recuerdo le vino a la mente: recordaba vagamente que Jace tenía uno que se le parecía mucho.
Pero no se atrevió a rebuscar demasiado.
Quién sabe, ¿quizás a muchos chicos les gustaba este tipo de cinturón?
Pasó un buen rato comprobando la etiqueta del equipaje, pero la mayor parte se había roto.
El nombre había desaparecido y solo quedaba parte del número de reserva.
Nerissa sacó su teléfono y llamó a la aerolínea para explicar la situación.
Por suerte, localizaron un número de teléfono vinculado a la reserva y le sugirieron que intentara llamar directamente al dueño de la maleta.
Marcó el número.
El nombre del contacto que apareció en su pantalla fue: 911.
Nerissa parpadeó.
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