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El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 124

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  3. Capítulo 124 - 124 Capítulo 124 Pillados besándose en cámara
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124: Capítulo 124: Pillados besándose en cámara 124: Capítulo 124: Pillados besándose en cámara Al final, Nerissa se quedó dormida, atontada y exhausta, sin siquiera tener claro cuándo había terminado Jace o cuándo se había marchado.

A la mañana siguiente, la alarma la arrancó del sueño.

Sentía todo el cuerpo dolorido y un dolor sordo en el bajo vientre.

No fue hasta que fue al baño que se dio cuenta: sí, le había venido la regla.

Gracias a Dios.

Nerissa por fin soltó un largo suspiro de alivio; al menos durante los próximos días, Jace no volvería a molestarla.

No se atrevió a bajar a desayunar.

En su lugar, pidió servicio de habitaciones para evitar toparse con Jace y Ruby.

La verdad es que hoy no tenía energías para lidiar con ellos.

Mientras comía, su teléfono vibró con una notificación.

Miró la pantalla: una transferencia de dinero.

Solo una cadena de números y dos simples palabras: «Pago final».

Era de Jace.

Nerissa la aceptó sin pensárselo dos veces.

[¿No bajas a comer?]
Dos minutos después, Jace volvió a escribir, claramente impacientándose.

Nerissa cogió el teléfono y le respondió: [Me vino la regla, los cólicos me están matando.

No voy a bajar.]
Su mensaje tenía un doble sentido: uno, que no bajaría en los próximos días; y dos, que le estaba diciendo sutilmente que se calmara, que no habría nada de «eso» por un tiempo.

Al otro lado, Jace guardó silencio durante unos minutos y luego no respondió.

Ya sin más distracciones, Nerissa se instaló en el hotel, sumergiéndose en sus libros y repasando los planos de construcción.

Hacia el mediodía, llamaron a la puerta.

Un empleado del hotel estaba fuera con un pequeño paquete y se lo entregó amablemente.

—Señorita Noland, hola.

Un caballero, el señor Whitmore, me pidió que le trajera esta medicina.

Cogió la caja y le echó un vistazo: eran analgésicos, del tipo específico para los cólicos menstruales.

Sí, tenía que ser cosa de Jace.

No se esperaba que de verdad recordara aquel comentario casual sobre su dolor de vientre.

Mientras sostenía la caja, con el bajo vientre todavía doliéndole levemente, sintió una extraña calidez florecer en su interior.

Qué curioso.

De todas las personas, él era el primero al que le importaba que tuviera cólicos.

Y eso, en cierto modo…, la conmovió.

Los días siguientes, Nerissa apenas salió de la habitación del hotel, enterrada en planos día y noche.

Todo parecía caótico, pero en medio de aquello, se dio cuenta de lo diferentes que eran los diseños en comparación con los de su país; tan solo las estructuras internas eran como un mundo completamente nuevo.

Básicamente, tuvo que empezar de nuevo, aprendiendo a dominarlos desde cero.

Nerissa anotó todo lo importante en su cuaderno, con cuidado de guardar un registro por si lo necesitaba más adelante.

Unos días después, Quentin la llevó a la obra; el proyecto daba comienzo oficialmente.

Esta vez, la metieron de lleno en el trabajo, y Quentin estuvo allí para guiarla de cerca durante los primeros días.

Era la primera vez que seguía un proyecto de construcción a gran escala desde sus cimientos.

Estaba prácticamente vibrando de emoción y se entregó a ello en cuerpo y alma.

Realizó cada tarea a la perfección —de forma limpia, precisa y mejorando rápidamente—.

Quentin parecía muy satisfecho con ella.

El proyecto estaba ahora en pleno apogeo.

*****
Mientras tanto, en el simposio de Thavira-Caelisia, los profesores daban discursos largos y prolongados, repletos de jerga académica.

Jace estaba repantigado en su asiento bajo el escenario, jugueteando perezosamente con el teléfono.

Hacía días que no veía a Nerissa, en parte porque ella estaba hasta arriba de trabajo y, en parte, porque él tenía su propia agenda caótica llena de eventos sociales del hospital.

Por suerte, hoy el día era un poco más ligero.

Cogió el teléfono y le envió un mensaje rápido: [Ven a mi habitación esta noche.]
Pero se quedó mirando la pantalla un buen rato…

y seguía sin haber respuesta.

Jace fulminó el teléfono con la mirada, y su siguiente mensaje fue una clara advertencia: [Si no te veo antes de las diez, bajaré a arrastrarte yo mismo.]
Ruby, que lo había estado observando desde cerca, no pudo evitar notar lo distraído que parecía.

Su forma de moverse, tan despreocupada y natural, exudaba esa especie de encanto desenfadado que hacía que su corazón se acelerara un poco.

Durante el descanso, aprovechó la oportunidad para acercarse a él.

—Doctor Whitmore, hoy es el último día del seminario, ¿verdad?

¿Qué tal si después vamos a dar una vuelta por la ciudad?

Thavira tiene algunos lugares fantásticos.

—Paso.

No me interesa.

Sin darse por vencida, Ruby sonrió y dijo: —Pero van a ir todos.

Esperábamos que te unieras para hacer algo de piña…

—Estoy aquí por el seminario, no para socializar —la interrumpió Jace bruscamente—.

Obligar a alguien a unirse no lo hace divertido, ¿verdad, doctora Sullivan?

Le lanzó una mirada fría y distante, sin darle la más mínima oportunidad de salvar las apariencias.

La expresión de Ruby vaciló, alternando entre sonrisas forzadas y un silencio incómodo, antes de que finalmente se diera la vuelta y se marchara, avergonzada.

¿Seminario, eh?

Qué chiste.

Todo el mundo sabía que en realidad estaba aquí por esa tal Nerissa.

—Doctora Sullivan, ¿quiere que la acompañemos?

He oído que hay un centro comercial enorme cerca, con todo tipo de marcas de lujo en oferta.

Hay muy buenos descuentos, ¿podríamos ir a gastar algo de dinero?

Intervinieron algunas colegas, intentando claramente aliviar la tensión y mantener el buen ambiente.

Ruby sabía perfectamente lo que estaban haciendo: hacerle la pelota por su estatus.

Aun así, les dedicó un pequeño asentimiento; era suficiente.

—Claro.

Esa tarde, después de que concluyera el simposio, Ruby y dos de sus compañeras de trabajo se dirigieron a uno de los centros comerciales más grandes de Thavira.

Ir de compras con mujeres solía significar maquillaje, bolsos, joyas…

todo el lote.

Miraron las indicaciones y se dirigieron directamente a la tienda libre de impuestos más grande de la zona.

Justo cuando estaban a punto de entrar, algo captó la atención de Ruby.

Por el rabillo del ojo, en la enorme pantalla LED cercana, vio a una pareja besándose.

El video duraba solo unos segundos, pero fue suficiente.

Sus ojos se clavaron en el hombre del video: era Jace.

Ruby se detuvo en seco, clavada en el sitio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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