El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 Una mujer escondida en casa
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13: Capítulo 13: Una mujer escondida en casa 13: Capítulo 13: Una mujer escondida en casa En cuanto salieron las palabras de su boca, Nerissa sintió cómo se le sonrojaban un poco las mejillas.
Desde la última vez que se marchó de su casa, llevaba días con dolor de vientre.
Justo había empezado a sentirse mejor, pero el desastre de anoche lo había vuelto a agitar todo; ahora el dolor estaba de vuelta, y era demasiado familiar.
Jace hizo una ligera pausa y su mirada se desvió hacia las piernas de ella.
—¿Te duele otra vez?
Ella asintió, un poco avergonzada pero sincera.
—Es el mismo dolor de antes.
Es un asco, la verdad.
Jace apretó los labios y un destello oscuro cruzó su mirada.
Dejó el vaso de agua en la mesa de centro y soltó dos simples palabras.
—Espera aquí.
Unos minutos después, salió del dormitorio con dos cajas de pastillas importadas, que dejó caer en su regazo.
—Analgésicos.
Una al día después de las comidas.
Si en dos días te sigue doliendo, ven a verme al hospital.
Nerissa metió rápidamente los medicamentos en su bolso.
—Gracias —le dijo.
—Pues vete.
Se dio la vuelta hacia el dormitorio sin decir nada más; sin ningún intento de retenerla.
Ya habían tenido un par de encuentros bastante «cercanos», y Nerissa ya se había hecho una idea de su aire seco y distante.
Su relación era estrictamente transaccional.
El hecho de que la dejara pasar allí la noche era más que suficiente.
Se colgó el bolso al hombro y se acercó a la puerta para irse.
—¡Din, don!
¡Din, don!
—El timbre sonó de repente, fuerte e inesperado.
Nerissa dio un respingo, sobresaltada.
Instintivamente, miró la pantalla junto a la entrada.
Apareció una cara familiar.
Era Liam.
El corazón le dio un vuelco.
Volvió corriendo a la sala, con la cara enrojecida por el pánico, con aspecto de no saber qué hacer.
—¿Qué pasa?
—preguntó Jace, asomando la cabeza al verla actuar de forma extraña.
—Tu sobrino está en la puerta —dijo ella rápidamente, con las mejillas todavía ardiendo—.
Recordó lo respetuoso que había sido Liam la noche anterior, llamando a Jace «tío» con toda propiedad.
Nunca imaginó que aparecería en casa de Jace tan temprano.
Si Liam la veía aquí ahora, probablemente querría hacerse un ovillo y desaparecer.
Jace pareció sorprendido por un momento, pero se recompuso rápidamente.
Mientras se ataba el cinturón del batín a la cintura, asintió hacia el dormitorio con una ligera inclinación de la barbilla.
—Escóndete ahí.
Nerissa lo entendió al instante.
Sin pensarlo, dio media vuelta y corrió hacia el dormitorio, cerrando la puerta tras de sí.
Jace echó un vistazo al salón, que estaba un poco desordenado, antes de dirigirse a abrir la puerta.
—Tío Jace, ¿por qué has tardado tanto?
Mi padre me ha pedido que te deje unos documentos…
—La voz de Liam llegó flotando desde el pasillo.
A través de la puerta cerrada del dormitorio, Nerissa apenas podía entender lo que decía.
—Ya lo tengo.
Ya te puedes ir.
—Jace cogió el archivo y ni siquiera se molestó en ser amable.
—Espera, que todavía tengo algo que decir —dijo Liam, acercándose con una sonrisa socarrona—.
Es sobre lo de anoche en el club.
¿Puedes…
simplemente no meterte?
Jace frunció ligeramente el ceño y le lanzó una mirada penetrante.
—¿Qué quieres decir exactamente?
Liam soltó una risita lasciva.
—¿La chica de anoche?
Una cosita dulce, inocente como ella sola.
Me encantaría domarla.
La expresión de Jace no se inmutó, pero sus ojos se desviaron brevemente hacia el dormitorio.
Su voz se mantuvo fría como el hielo.
—No.
—¿Por qué no?
—Liam parecía perplejo.
No era como si Jace hubiera intervenido antes, ni siquiera cuando él había jugado más sucio.
Ahora, de repente, se estaba haciendo el tío responsable; era raro.
—No es para ti.
Solo lo estropearías —replicó Jace, firme y definitivo.
Liam no se lo tragó.
—No me digas que crees que voy a arruinar a una chica buena.
Déjame decirte algo: hace poco estaba vendiendo sus óvulos por dinero.
La oí por teléfono.
¿Crees que es pura?
Por favor.
La mitad de los tíos del campus babean por ella.
Si no la cojo yo, lo hará otro.
Al final, no importa quién lo haga primero.
La van a arruinar de todas formas.
Ante eso, la mirada de Jace se ensombreció y sus ojos perdieron algo de su calidez.
Al pensar en Nerissa sollozando en su cama la noche anterior, y en cómo otros la miraban como buitres, Jace sintió que le dolía la cabeza.
—Los demás no me importan, ¿pero tú?
—Fue directo al grano—.
Estate quieto.
Como te pille cruzando la línea, ya sabes perfectamente lo que pasará.
Liam se estremeció un poco a su pesar.
Solo de pensar en todas las tácticas despiadadas que su tío había usado a lo largo de los años le hacía sentir un hormigueo en el cuero cabelludo.
—Vale, vale, lo pillo.
No iré a por ella, ¿de acuerdo?
Jace le lanzó una mirada gélida antes de volverse hacia el armario para cambiarse.
—Si no hay nada más, lárgate.
Deja de merodear por aquí.
Viendo a su tío desaparecer tras la esquina, Liam dejó escapar un suspiro, entre divertido e impotente.
Justo se había dado la vuelta para irse cuando algo llamó su atención: una sombra en la rendija de la puerta del dormitorio.
Liam se detuvo a medio paso.
La casa de su tío, normalmente vacía y silenciosa…
¿había alguien dentro?
¿Y escondido en el dormitorio?
¿Era una chica?
Su curiosidad se despertó al instante.
Con una sonrisa formándose en su rostro, empezó a caminar hacia la puerta.
Nerissa estaba pegada en silencio a la parte de atrás de la puerta, conteniendo la respiración para escuchar.
Hacía ya un rato que todo se había quedado en silencio fuera.
Entonces, de la nada —clic—, el pomo de la puerta empezó a girar.
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