El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 15
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15: Capítulo 15: Ella empieza a destacar 15: Capítulo 15: Ella empieza a destacar Nerissa se quedó un rato en el pasillo.
Solo cuando estuvo segura de que Liam se había ido, empezó a caminar de vuelta lentamente.
—¿Qué haces aquí, Nerissa?
—una voz masculina sonó de repente más adelante.
Ella levantó la vista y, en el momento en que vio su rostro, se enderezó instintivamente.
—¿P-Profesor Lowell?
Así lo llamaba, pero, sinceramente, Quentin Lowell no era solo su profesor; también era un pez gordo en la Universidad de Arbridge, miembro del consejo directivo.
Cada año, donaba una cantidad considerable como fondos para becas.
Como alguien que la había recibido durante cuatro años consecutivos, Nerissa se había acostumbrado a hacerse una foto con él anualmente.
Así que no eran del todo desconocidos.
—¡El mundo es un pañuelo!
No esperaba encontrarte por aquí.
¿Estás de visita en casa de un amigo?
—Quentin llevaba un chándal gris informal, con una mano en el bolsillo.
Su sonrisa relajada lo hacía parecer accesible, como si la conociera de toda la vida.
Nerissa se inventó algo sobre la marcha.
—No, solo estoy trabajando a tiempo parcial.
Ahora voy de vuelta a la universidad.
Siempre había sido muy trabajadora.
Todo el mundo en el departamento sabía que aceptaba trabajos para llegar a fin de mes.
Quentin asintió con complicidad.
—Ah, claro.
Te gradúas pronto, ¿verdad?
¿Eres de la promoción de este año?
—Sí, las prácticas empiezan en un mes —respondió Nerissa con sinceridad.
—Mmm…
—Quentin hizo una pausa y, de repente, dijo—: ¿Qué tal si hablo un momento con tu tutor?
¿Por qué no vienes a hacer las prácticas conmigo?
—¿Eh?
—Nerissa parpadeó, algo confundida, mirándolo sin comprender.
—Tengo un proyecto de diseño en marcha y me vendría muy bien un asistente júnior.
¿Te interesa?
Sus ojos se iluminaron al instante y casi dijo que sí en el acto.
—¡Me encantaría!
¡Gracias, profesor Lowell!
¡Le aseguro que me esforzaré al máximo!
Para una estudiante como ella, este tipo de oportunidad era como si le hubiera tocado la lotería.
Quentin no era solo un miembro del consejo directivo; tenía contactos, una gran experiencia y montones de recursos.
¿Hacer prácticas con él en un proyecto real?
Era mucho más de lo que jamás había imaginado.
—De acuerdo, entonces, trato hecho.
Ya te buscaré en unos días.
Nerissa sonrió radiante.
—¡Gracias, profesor Lowell!
¡Hasta pronto!
Prácticamente salió del complejo de apartamentos dando saltitos, sin que ya le dolieran las piernas en lo más mínimo.
En serio, Jace debía de ser una especie de amuleto de la suerte; ¡zas!, así sin más, ¡había conseguido unas prácticas geniales!
*****
Bip…
Poco después de que Nerissa se fuera, un Range Rover negro se detuvo junto a Quentin.
La ventanilla tintada bajó hasta la mitad, revelando el rostro frío e inexpresivo de Jace.
Quentin se subió como si el asiento del copiloto le perteneciera.
—Doctor Whitmore, ¿en serio?
Ayer fue mi cumpleaños y desapareciste a mitad de la fiesta.
¿A qué vino esa espantada?
Jace arrancó el motor, con voz neutra.
—Tenía un asunto que resolver.
—Venga ya, ¿qué clase de asunto?
No me digas que fue por una chica —bromeó Quentin, observándolo de arriba abajo—.
Las marcas en tu brazo te delatan, colega.
Vaya, son recientes…
¿Quién te ha arañado así?
¿Una gatita salvaje?
Jace echó un vistazo a su brazo sobre el volante; tenía la manga de la camisa remangada hasta la mitad, lo justo para dejar ver unos cuantos arañazos rojos.
¿Gatita salvaje?
Más bien un conejito furioso acorralado.
Apartó la mirada y preguntó con indiferencia: —¿Esa chica con la que hablabas antes es una de tus alumnas?
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