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El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 157

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  3. Capítulo 157 - 157 Capítulo 157 El castigo viene con un beso
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157: Capítulo 157: El castigo viene con un beso 157: Capítulo 157: El castigo viene con un beso —¿Doctor Whitmore?

—Lydia parpadeó sorprendida, sin saber a ciencia cierta qué se proponía Jace.

—Suban —dijo el hombre de nuevo, con tono firme—.

Las llevaré a casa.

Nerissa se quedó paralizada, con el corazón en un puño.

Un momento…

¿después de días de silencio, por fin le estaba hablando?

—Eh…

lo siento, doctor Whitmore, pero ya tenemos quién nos lleve.

Estamos esperando al señor Lowell —dijo Lydia apresuradamente, tirando del brazo de Nerissa en un intento de rechazarlo con educación.

Pero Jace no dudó ni un instante.

—Entonces espera aquí a Quentin.

Nerissa, sube al coche.

Su voz no admitía discusión y en sus ojos se traslucía un destello de impaciencia.

—¿¡Perdona!?

—Lydia le lanzó una mirada fulminante y luego miró a Nerissa, atónita.

¿A qué venía todo esto?

Definitivamente, aquí había algo raro.

Ya en la sala privada, había sentido esa extraña tensión; sobre todo, cuando Nerissa cantaba.

La forma en que Jace la había mirado…

era intensa, demasiado posesiva, como si quisiera devorarla entera.

¿Y Nerissa?

Se había pasado todo el tiempo sonrojada, y su mirada tampoco es que derrochara inocencia.

Un momento…

¿acaso estaban juntos?

Antes de que Lydia pudiera terminar ese pensamiento, Nerissa ya había abierto la puerta del coche sin decir palabra y se había girado hacia ella.

—Lydia, espera aquí al señor Lowell.

Dile que me fui antes y pídele que te lleve a casa.

Lydia vio a Nerissa subir al coche y luego observó cómo el Range Rover negro salía disparado del garaje en un abrir y cerrar de ojos.

Incluso después de que el humo del tubo de escape se disipara, seguía procesando lo que acababa de ocurrir.

*****
Dentro del coche, reinaba un silencio sepulcral.

Ninguno de los dos decía nada; solo el suave sonido de sus respiraciones llenaba el espacio.

Al cabo de un rato, como Jace seguía sin decir nada, Nerissa tragó saliva y rompió el silencio.

—Eh…

gracias por llevarme a casa, doctor Whitmore.

—¿Es la única frase que sabes decir?

Jace tenía una mano en el volante, con el rostro completamente inexpresivo.

Su tono era cortante, claramente de mal humor.

Pero al menos le respondía, no le aplicaba la ley del hielo.

Nerissa se humedeció los labios, sabiendo exactamente lo que debía decir en ese momento…

y lo que él en realidad estaba esperando oír.

Le estaba dando una oportunidad.

—Lo siento, fue culpa mía —admitió Nerissa rápidamente, sin dudarlo en absoluto.

—¿Qué hiciste mal exactamente?

—preguntó Jace, con el rostro completamente indescifrable.

—No debería haber vendido el regalo que me hiciste.

Incluso si de verdad tenía que hacerlo, debería habértelo preguntado primero.

No debí decidir por mi cuenta, y ocultártelo fue aún peor…

Es la primera vez que meto la pata así.

¿Podrías…

ser un poco indulgente conmigo?

Sinceramente, Nerissa sentía que acababa de agotar todas las disculpas que tenía para el resto del año.

Jace giró ligeramente la cabeza para mirarla.

Ella le devolvía la mirada, muy, muy seria; con los ojos muy abiertos, brillantes como si estuviera a punto de llorar, con esa expresión lastimera y suave.

Otra vez jugando la carta de la lástima.

Haciéndose la pobre víctima de nuevo.

Y, sin embargo, esa mirada de desamparo siempre le podía.

Todas.

Y.

Cada.

Una.

De las veces.

Su corazón se derretía en un instante, y solo podía pensar en acorralarla y demostrarle cuánto le importaba.

Giró el volante y dio un giro brusco, deteniéndose en un mirador panorámico junto al Río Northveil.

La vista resplandecía con las luces de la ciudad que se extendían ante ellos como un mar de estrellas.

Nerissa miró a su alrededor, confundida.

Se aferró al cinturón de seguridad con un poco más de fuerza, medio esperando que la echara del coche o algo por el estilo.

Entonces, de la nada, Jace dijo: —Canta algo.

—¿Qué?

—Nerissa parpadeó, pillada totalmente por sorpresa.

—Canta algo.

Lo hiciste bastante bien en el KTV antes, ¿no?

Déjame oírlo de nuevo.

Nerissa se quedó helada.

Ya había hecho el ridículo cantando una vez, ¿y ahora quería una actuación privada?

Eso era puro daño psicológico.

Estaba claro que se estaba burlando de ella.

Pero entonces vio a Jace sentado allí, con la paciencia escrita en el rostro, esperando a que abriera la boca.

Nerissa se aclaró la garganta con torpeza y se lanzó: —At first I was afraid, I was petrified…

—¡Siguiente!

Apenas había terminado la primera estrofa cuando Jace la interrumpió, tajante.

Nerissa parpadeó y probó con otra.

—This shit is bananas, B-A-N-A-N-A-S~
Jace cerró los ojos.

—Para…

ya está.

Ahora se sentía ofendida.

Era él quien le había pedido que cantara, y ahora no la dejaba terminar dos estrofas sin mostrarse molesto.

¿Qué demonios quería?

Los hombres.

Un completo misterio.

—¿Solo te sabes estas canciones ridículas?

—preguntó él, con una ceja arqueada y la voz teñida de irritación.

—¡Oye!

¡Son clásicos del pop!

Viejas pero buenas, todo el mundo las conoce —se defendió Nerissa.

—Sigue cambiando —musitó Jace, con los ojos fijos en ella y una mirada indescifrable—.

Seguiremos hasta que escuche algo decente.

Nerissa se quedó sin palabras.

En serio, había sido una buenaza toda su vida, ¿por qué tenía que aguantar algo tan irracional ahora?

¿No podía simplemente pedirle que cantara la canción que él quería?

¿Por qué la hacía jugar a las adivinanzas?

Se estrujó los sesos, repasó todas las canciones que conocía, descartó las que eran demasiado agudas o difíciles y finalmente se decidió por una que supuso que a Jace podría gustarle.

Aclarándose la garganta, Nerissa empezó:
—I don’t wanna close my eyes,
I don’t wanna fall asleep,
‘Cause I’d miss you, babe,
And I don’t wanna miss a thing…

Era un clásico: «I Don’t Wanna Miss a Thing» de Aerosmith.

Su afinación no era perfecta, pero su voz tenía una suavidad especial, como una confesión silenciosa que se escapaba por las grietas de su corazón.

Las palabras sonaban suaves y sinceras, como un susurro que rozaba el pecho de Jace.

Antes de que pudiera darse cuenta, su nuez de Adán se movió.

—I just wanna hold you close,
Feel your heart so close to mine~
Ni siquiera terminó la estrofa cuando, de repente, algo cálido se presionó contra sus labios…

Jace la besó.

Así sin más.

Sin previo aviso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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