El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 72
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72: Capítulo 72: Observando en secreto cada uno de sus movimientos 72: Capítulo 72: Observando en secreto cada uno de sus movimientos Nerissa se quedó helada un segundo, apretando los labios, sin saber cómo responder.
Andaba muy corta de dinero en ese momento; le faltaba al menos medio millón.
Lo suficiente para comprar su libertad.
Pero en ese momento solo era una becaria que a duras penas se las arreglaba con una paga mínima y la ocasional y mísera bonificación por proyecto.
El sueño de conseguir esas jugosas comisiones parecía a años luz de distancia.
No tenía ni idea de cuándo sería lo bastante buena como para encargarse de diseños de edificios completos y alcanzar de verdad ese objetivo económico.
Quentin fue el primero en hablar: —Hay un proyecto en el extranjero que necesita más gente.
Podrías venir conmigo.
Sería una gran oportunidad de aprendizaje, y la empresa cubre los gastos adicionales: el triple de paga.
El triple.
De paga.
A Nerissa le dio un vuelco el corazón.
Era tentador.
—¿Dónde es?
—preguntó ella.
—Thavira.
No estaba muy lejos.
Llegar allí no sería demasiado complicado.
Cuanto más lo pensaba, más ganas tenía de aceptar.
Quentin continuó: —Allí hay escasez de arquitectos, así que principalmente ayudamos con el soporte de diseño.
El margen de error es alto, el modelado es más sencillo…
Es una gran oportunidad para meter las manos en la masa y ver cómo funcionan las cosas en el mundo real.
¿Qué te parece?
En Caelisia, para que alguien como Nerissa pasara de becaria a diseñadora oficial, se necesitarían al menos de tres a cinco duros años.
Ir a Thavira la ayudaría sin duda a adquirir experiencia práctica más rápido, y quizá incluso a acelerar el proceso de conseguir sus propios proyectos y alcanzar antes su objetivo económico.
—Vale, me apunto —aceptó Nerissa sin dudarlo.
Cuando dijo que sí, los labios de Quentin se curvaron ligeramente y un destello de algo indescifrable brilló en sus ojos.
—Bien.
Esperemos a que termine el proyecto del hospital y entonces te llevaré al extranjero.
—¡De acuerdo!
Nerissa asintió con una chispa de emoción.
A decir verdad, nunca antes había estado en el extranjero.
Desde que había empezado a trabajar a las órdenes de Quentin, sentía que su suerte había empezado a cambiar; él no era solo su jefe, era como un código de trucos para la vida real.
Del compartimento de almacenaje del coche, Quentin sacó unos cuantos libros y unos planos de arquitectura.
—Familiarízate con esto primero.
Los estilos arquitectónicos de Thavira son muy diferentes a los de aquí; tendrás que diseñar en consecuencia.
Nerissa asintió y tomó los libros como si fueran tesoros muy preciados.
*****
Cuando llegaron a la obra del hospital, Nerissa se sorprendió al descubrir que habían cambiado al jefe de proyecto; incluso le habían asignado a ella algunas de las tareas de Linda.
—¿Dónde está Linda?
—preguntó, extrañada.
Quentin hizo una breve pausa y luego dijo con indiferencia: —La envié a trabajar al extranjero.
No volverá en una buena temporada.
—¿También a Thavira?
—preguntó Nerissa con cierta curiosidad.
—Sí, algo así.
Al ver que Quentin no parecía tener ganas de dar más explicaciones, Nerissa zanjó el tema.
Se limitó a seguir con el proyecto en silencio y por su cuenta.
Los obreros todavía se acordaban de ella, así que cooperaron sin problemas.
Todo fue sobre ruedas.
Quentin parecía estar especialmente ocupado últimamente.
Tras quedarse con ella un rato, se marchó de nuevo.
Siguió trabajando durante la mañana y, cuando por fin llegó la hora de comer, se dirigió a la cafetería con sus compañeros.
Justo era el cambio de turno en el hospital, así que la cafetería estaba abarrotada.
La gente iba y venía, y las mesas se llenaban rápidamente.
Nerissa cogió su bandeja con comida y se hizo con un sitio libre, concentrada únicamente en comer.
No se dio cuenta de que, en un rincón del fondo, dos tipos bien vestidos la observaban en silencio.
Repanchigado despreocupadamente en la silla, Leo le lanzó una mirada burlona a Jace.
—¿Haciendo un poco de vigilancia hoy, doctor?
Jace lo miró de reojo, a la defensiva.
—No.
—¡Venga ya!
Odias la comida del hospital, odias aún más los sitios abarrotados y, sin embargo, aquí estás, eligiendo el asiento más a la vista y sin quitarle los ojos de encima a esa chica desde que te has sentado.
Si eso no es vigilar a alguien, ¿qué es?
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