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El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 84

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  3. Capítulo 84 - 84 Capítulo 84 Le agradeciste a él ahora agradéceme a mí
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84: Capítulo 84: Le agradeciste a él, ahora agradéceme a mí 84: Capítulo 84: Le agradeciste a él, ahora agradéceme a mí Quentin no se quedó mucho tiempo; se fue después de una hora, más o menos.

Nerissa no intentó retenerlo.

Sabía lo saturado que estaba desde que había vuelto del extranjero.

Las llamadas de trabajo no dejaban de entrar, una tras otra.

La noche se volvió silenciosa, muy silenciosa.

Ni un solo sonido fuera de la habitación del hospital.

La enfermera de noche se dio cuenta de que estaba dormida, así que atenuó las luces y salió.

Quién sabe cuánto tiempo había pasado cuando la puerta se abrió sigilosamente.

Una figura alta y vestida de blanco se deslizó dentro y caminó hasta su cama, donde se quedó inmóvil.

Nerissa sintió algo que le hacía cosquillas en la cara mientras dormía.

Se removió, parpadeando, medio despierta…

solo para entrar en pánico al ver la sombría figura de pie junto a ella.

—¡¿Qué estás haciendo?!

Aunque su rostro se veía borroso en la penumbra de la habitación, ese ligero y fresco aroma y su postura alta y erguida lo delataron al instante.

Jace tenía una mano en la mejilla de ella.

Su voz le llegó desde arriba, grave y fría.

—El estómago ya está bien, ¿eh?

Incluso tienes suficiente energía para protestar.

Sus palabras no tenían ningún sentido para ella.

Nerissa frunció el ceño, confundida.

—¿Qué te pasa?

Hoy no he dicho ni he hecho nada para cabrearte.

—Gratitud.

—¿Qué?

Jace se inclinó y susurró: —Quentin te trae un par de tazones de gachas y actúas como si te hubiera salvado la vida.

Yo te he sacado del borde de la muerte más de una vez, ¿no debería pedirte yo también un poco de gratitud?

Mientras hablaba, su mano se deslizó hacia abajo y sus dedos comenzaron a desabrochar los botones de la camisa de ella.

Los ojos de Nerissa se abrieron como platos, horrorizada.

—¡Me acaban de operar!

¡Mi herida ni siquiera ha cicatrizado!

¿Estás loco?

Jace soltó una risa fría.

—Los puntos los tienes en el estómago, no en los labios.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Sus pupilas se contrajeron y el pánico destelló en su mirada.

Entonces se oyó un suave clic: el sonido de la hebilla de su cinturón al soltarse.

Acto seguido, él le tapó la boca con la mano; uno de sus dedos presionó con fuerza mientras el pulgar la obligaba a abrirla.

Su mente se quedó en blanco, con un zumbido ensordecedor resonando en su cabeza.

Intentó apartar la cara, pero él la inmovilizó con una fuerza aterradora, sin permitirle moverse ni un centímetro.

—¡Jace, ¿has perdido la cabeza?!

—exclamó ella sin aliento, con los ojos desorbitados por la incredulidad.

No podía distinguirle la expresión en la oscuridad, pero cada uno de sus movimientos delataba una ira apenas contenida.

Estaba furioso, aunque quién sabía por qué esta vez.

—Hacer de enfermerita para un ricachón te pone, ¿a que sí?

Te encanta devolver la amabilidad.

Entonces, ¿por qué es diferente cuando se trata de mí?

La voz de Jace era gélida, cargada de celos.

Y así, de repente, lo entendió: él había oído lo que le había dicho a Quentin antes.

Los celos que emanaban de él cobraban un sentido perfecto y aterrador.

Mierda.

Nerissa, presa del pánico, intentó alcanzar el botón de llamada junto a la cama, pero Jace le agarró la muñeca y le inmovilizó ambas manos junto a la almohada.

Abrió la boca para gritar, pero justo en ese momento, el eco de unos pasos llegó desde fuera de la habitación.

—No te muevas.

En la oscuridad, su enorme mano le tapó la boca en un instante.

Ambos se quedaron paralizados, apretados el uno contra el otro en la oscuridad total de la habitación del hospital, tensos y sin aliento.

Su pecho subía y bajaba rápidamente, con la cercanía y el miedo mezclándose en una sensación caótica.

La sujetaba con tanta fuerza que no podía emitir ni un sonido.

Desesperada, Nerissa le mordió la palma de la mano.

La respiración de Jace se cortó y sus ojos se entrecerraron con dureza en la oscuridad.

Al segundo siguiente, se abalanzó sobre ella, apresando sus labios en un beso rudo que no tardó en profundizar.

No se contuvo; fue feroz, un castigo.

Vaya, el tiro le había salido terriblemente por la culata.

En ese momento, Nerissa se estaba arrepintiendo de todo.

Incluso después de que los pasos del exterior por fin se desvanecieron, él le dio un último y brusco mordisco en el labio antes de apartarse, dejando claro que no estaba dispuesto a soltarla.

Jadeante, susurró con voz ronca, baja y forzada.

Intentó moverse, pero sus manos seguían inmovilizadas contra la almohada.

—Suéltame.

—Ni hablar.

—¿Qué es lo que quieres de mí?

—Terminar lo que empezamos.

Ya sabes a qué me refiero —dijo Jace sin rodeos.

Lo que empezaron…

Como si humillarla no fuera suficiente, ahora también iba a por su boca…

Nerissa se mordió el labio inferior, mirándolo como si hubiera perdido el juicio.

—¿Esto es la habitación de un hospital, has perdido la cabeza?

—Eso es lo que lo hace más excitante, ¿no?

No podía creer que se presentara así en mitad de la noche, tan alterado e intratable; no había forma de razonar con él, ni con palabras ni a la fuerza.

—¿Podemos llegar a un acuerdo?

—Tragó saliva con dificultad, intentando sonar tranquila—.

Entiendo que estés excitado ahora mismo, pero de verdad, estoy dolorida, la herida todavía me duele horrores.

Solo dame un respiro…

cuando me recupere…

podrás hacer lo que quieras.

Jace enarcó una ceja, y su voz sonó despreocupada: —¿Ah, sí?

Ella volvió a morderse el labio.

—Lo que me acabas de pedir…

te lo daré el doble.

Voluntariamente.

¿Te parece?

Antes, por mucho que él la hubiera presionado, sin importar sus juegos, ella nunca había cedido en este último punto.

¿Pero ahora?

Ahora lo estaba poniendo todo sobre la mesa.

La mirada de Jace se desvió hacia los labios de ella.

A la tenue luz que entraba por la ventana, los vio temblar ligeramente: suaves, apenas entreabiertos, tentadores de un modo que le trastornaba.

Aquello despertó algo oscuro en él.

Su mirada se tornó más intensa, y su mandíbula se tensó al tragar saliva.

Entornando los ojos, Jace dijo lentamente: —El triple.

Seis veces.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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