El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya - Capítulo 93
- Inicio
- El doctor multimillonario tomó mi primera vez y me hizo suya
- Capítulo 93 - 93 Capítulo 93 Dos hombres una mesa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
93: Capítulo 93: Dos hombres, una mesa 93: Capítulo 93: Dos hombres, una mesa Nerissa sintió al instante una oleada de pánico.
Le sudaban las palmas de las manos.
—N-no, por supuesto que no.
Pero a Quentin no se le escapó su reacción azorada.
La miró fijamente durante unos segundos y sus labios esbozaron una media sonrisa socarrona mientras se agachaba para cambiarse de zapatos.
—Tranquila, solo bromeaba.
Pareces como si te acabara de pillar en algo.
Nerissa se quedó helada.
Bueno, no se equivocaba; de verdad pensó que había metido la pata en algo.
Cuando Quentin terminó de cambiarse los zapatos, entró con paso decidido en la cocina y se arremangó, listo para cocinar.
Nerissa lo siguió en silencio para ayudar.
—No sabía que alguien tan ocupado como tú tendría tiempo para cocinar —dijo ella, cambiando de tema.
—Cuando vivía en el extranjero, no me acostumbraba a la comida de allí, así que empecé a aprender a cocinar platos de mi tierra por mi cuenta.
Aunque ha pasado un tiempo… no tengo ni idea de si todavía se me da bien.
—¿Estuviste en Thavira?
—preguntó con curiosidad.
—Más o menos —respondió sin levantar la vista—.
Pasé un tiempo en varios países del Sudeste Asiático.
¿Sudeste Asiático?
Nerissa repasó una lista mental.
Aparte de Thavira, el resto eran países bastante inestables y caóticos, no precisamente las opciones más populares para los expatriados caelisianos.
Probablemente tampoco habría muchos restaurantes de Caelisia, con razón no se acostumbraba a la comida.
Parece que el negocio de construcción de su empresa es bastante grande: tienen proyectos por todo el Sudeste Asiático.
Nerissa respiró hondo, sintiéndose de repente supermotivada.
Si podía seguir trabajando en el Grupo Lowell, ¡quizá algún día se convertiría de verdad en una arquitecta internacional con sus propios proyectos de autor!
Por primera vez, realmente le ilusionaba el viaje a Thavira.
Quentin se movía rápido, con fluidez y eficacia.
Con la ayuda de Nerissa, en menos de treinta minutos ya tenían varios platos sobre la mesa.
Sin embargo, a mitad de cortar la fruta, se le resbaló la mano y el cuchillo le hizo un corte en el dedo.
La sangre brotó al instante.
Nerissa dio un respingo, presa del pánico.
Corrió al dormitorio, cogió el botiquín de primeros auxilios y se sentó para curarle la herida.
Tardó un minuto en sacar el yodo, los bastoncillos de algodón, un poco de polvo hemostático y una gasa.
Sostenía torpemente las pinzas, intentando desinfectar el corte.
Quentin echó un vistazo al botiquín, observándolo un instante antes de decir con naturalidad: —¿Este me resulta familiar.
¿No es del doctor Whitmore?
La mano de Nerissa se quedó paralizada en el aire.
El corazón le dio un vuelco.
Justo cuando buscaba desesperadamente una excusa, la cerradura electrónica emitió un pitido y alguien entró como Pedro por su casa.
Mierda.
Ha vuelto.
Nerissa levantó la vista, aterrorizada, y, en efecto, aquella figura alta y esbelta de rasgos afilados y fríos estaba allí de pie.
No se había movido del umbral, todavía sujetando la puerta.
Sus ojos, oscuros e indescifrables, recorrieron la habitación y se posaron directamente en el sofá donde estaba sentado Quentin.
El ambiente se tensó al instante.
A Nerissa se le cortó la respiración.
Se apresuró a decir: —Tú…
Jace permanecía tranquilo en la puerta, con voz inexpresiva.
—Me dejé aquí el botiquín.
Solo he venido a recogerlo.
Justo después de que dijera eso, Quentin enarcó una ceja, rompiendo el incómodo silencio.
—Así que de verdad era tuyo.
Me pareció reconocerlo.
—Hizo una pausa y luego añadió con un deje de confusión—: ¿Pero cómo has entrado?
El código de este sitio…
—Se lo di yo —lo interrumpió Nerissa, con demasiada rapidez—.
Le di el código al doctor Whitmore para que pudiera cogerlo.
La última vez que tuve fiebre, fue él quien vino con su botiquín para ayudarme.
Lo explicó de forma vaga y sencilla, cualquier cosa con tal de evitar un drama innecesario.
Porque si Quentin descubría lo que ella y Jace eran en realidad… ¿qué le diría?
¿Que era su mantenida?
¿Una aventura?
¿Una mascota comprada?
No se atrevía a decir nada de eso; sobre todo, delante de alguien que de verdad se preocupaba por ella.
Los labios de Quentin se curvaron en un amago de sonrisa.
—¿Ah, sí?
Jace ladeó la cabeza hacia la comida de la mesa y enarcó una ceja, fingiendo curiosidad.
—¿Y todo esto?
—Es solo la forma que tiene Nerissa de darme las gracias por ayudarla después de que le dieran el alta —respondió Quentin con naturalidad.
Jace soltó una risita.
—Una cena de agradecimiento, ¿eh?
Sin esperar invitación, se agachó, sacó un par de zapatillas desechables del zapatero, se las puso y se dirigió directamente a la mesa del comedor como si estuviera en su casa.
—Entonces, llego en el momento perfecto.
La señorita Noland también me debe mucho.
La cuidé muy bien en el hospital.
Ya que estamos, podría aprovechar para recibir mi parte del «agradecimiento».
Nerissa se quedó sin palabras.
Quentin tampoco dijo nada.
¿Desde cuándo se había vuelto tan descarado?
Nerissa terminó rápidamente de curar la herida de Quentin, la vendó con fuerza con una capa de gasa y luego lo acompañó a la mesa.
Con la irrupción de Jace, no tuvo más remedio que ir a buscar un juego de cubiertos para él.
Durante la cena, se aseguró de sentarse lo más lejos posible de Jace, por si decidía volver a propasarse.
Mantuvo la cabeza gacha, comiendo en silencio, sin atreverse a cruzar la mirada con él.
Aun así, podía sentir su intensa mirada clavada en ella, fría como el acero, provocándole escalofríos por la espalda.
Sí… ya lo sabía: la noche iba a ser dura.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com